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El miedo al futuro, condición
natural de nuestros días
Entrevista a Zygmunt
Bauman
“Yo creo que, en estas circunstancias,
la pérdida de la esperanza es el mayor
desastre que le puede acontecer a la
humanidad. Tener esperanzas es
nuestra obligación”.
El
sociólogo y escritor Zygmunt Bauman nacido en
Poznan- Polonia, ascendencia judía, tuvo que
abandonar su país, formándose en la URSS y
regresando a Polonia tras finalizar la II Guerra
Mundial. Luego se vio obligado a abandonar de nuevo
Polonia en 1968, pasando a impartir docencia en la
universidad de Tel Aviv y más tarde en la de Leeds
(1971), de la que es profesor emérito de Sociología.
Bauman es uno de principales
referentes del pensamiento contemporáneo. La
imprevisibilidad, la incertidumbre, la fragilidad
que asumieron los lazos humanos se traducen tanto en
la inestabilidad de los sistemas políticos como en
las afecciones familiares, son alguno de sus tópicos
de reflexión. Es el padre intelectual del concepto
“amor líquido” y
Modernidad Líquida
,
para referirse a la incertidumbre de los vínculos
personales en las sociedades contemporáneas. Su
producción data desde los años 50 y se ocupa, entre
otras cosas, de cuestiones tales como clase,
socialismo, hermenéutica, modernidad y
posmodernidad, globalización y nueva pobreza.
En la entrevista que sigue a
continuación- inicialmente publicada por la revista
Debate - Bauman aborda sus ideas y las relaciona
con el uso de las nuevas tecnologías de la
comunicación y la información, los blogs y los
fotologs. Considera que su origen está en la
necesidad de exposición cada vez más presente en las
personas, los califica como “el culto a la
celebridad”.
- Podemos considerar a la Web
como un correlato de esta “sociedad líquida”
- Yo creo que las personas que
nacieron y crecieron en el mundo saturado por la
electrónica y lo digital sienten la presión de crear
identidades más amplias para sí, como la de las
celebridades que aparecen en los medios.
- ¿A qué se refiere cuando
habla de identidades más amplias?
- Identidades más amplias
significa una mayor exposición, más gente mirando,
más usuarios de Internet disponibles para mirar, más
devotos excitados y entretenidos con lo que ven,
estimulados lo suficiente como para compartirlo con
sus contactos, rebautizados por el consejo de los
Web sites como “amigos”. Myspace, Facebook, Second
Life y la variedad de blogs personales reivindican
el imaginario de la revista Hola, reproducen el
culto a la celebridad. Son una copia, de menor
calidad, que radica en la esperanza que tienen las
personas de que sus sueños ordinarios pasen a ser lo
mismo que las ambiciones de los héroes de esas
tapas.
- En realidad, es un fenómeno
instalado en nuestra cultura desde hace años…
- Por eso, ¿se puede culpar a
los más jóvenes por desgastar su vida en esta
carrera tras una ilusión? La verdad que no. Son
igual que el resto de nosotros, seres racionales al
igual que sus antecesores, que hacen lo mejor que
pueden para responder a las demandas sociales y a
los nuevos de-safíos. Ellos no eligieron esta
condición líquida de la sociedad, o la modernidad,
en la cual las representaciones individuales por un
momento pueden ser exitosas pero nunca son seguras a
largo plazo, en donde lo que hoy es lo mejor, al día
siguiente está pasada de moda. En otras palabras, en
donde mantenerse actualizado es una tarea que
demanda las 24 horas.
- Podría decirse que Internet
se volvió en una interpelación social constante…
- Y la capacidad de interacción
que ofrece Internet está hecha a la medida de esa
necesidad. Ayuda a estar enterado del último
momento, a conocer el tema más escuchado, el último
diseño de ropa, los festivales y las fiestas más de
moda, etcétera. Simultáneamente ayuda a actualizar
los contenidos y redistribuir el énfasis en la
representación de uno mismo. Es una endemia de la
cultura de lo rápido.
- En uno de sus libros, también
cita el caso de Gran hermano.
- El formato de Gran Hermano
tuvo un éxito inesperado, fue reproducido
incontablemente por los show masivos de televisión.
Ya en esta instancia, la audiencia del reality logró
focalizar su interés en los momentos de eliminación.
Fíjese cómo se comporta la audiencia cuando alguien
es suspendido, rechazado, echado, públicamente
humillado y rápidamente olvidado. Se está taladrando
la cabeza de la gente con la idea de que ser más
débil es una razón suficiente para ser expulsado,
que las personas inferiores se deben ir y que esas
personas merecen irse por su inferioridad. La
exclusión pasa a ser un momento de justicia. En este
adoctrinamiento, la idea de los derechos humanos
universales, de la dignidad o el derecho de plena
participación en la vida comunitaria, han sido
dejados a un lado o convenientemente olvidados. Creo
que los realities nos dicen más acerca de nosotros
que los eslóganes que usan los líderes políticos.
- Ahora, la concentración y
universalización con la que contribuye la Web, ¿no
resulta alarmante?
- Es que lo que se volvió
universal es lo particular solamente. El mundo on
line se está convirtiendo en un cruce de diásporas
de manera distinta al mundo off line en tanto no es
territorial. Todo el mundo virtual está dibujado
digitalmente, esto significa que la supervivencia de
cualquier entidad está sujeta a la posibilidad de
conexión. En el mundo digital habitado por los más
jóvenes, las fronteras se dibujan para separar a
aquéllos con intereses similares del resto, los
cambios y vueltas implican distintos grados de
atención y lealtad, pero no necesariamente deben ser
exclusivos. Evitar a aquéllos que no piensan como
uno es más fácil en el universo virtual que en la
ciudad, donde se requieren elaboradas técnicas de
separación espacial para mantener distancia, como un
circuito cerrado de televisión, guardias armados,
cercos.
-¿Y cómo afecta este fenómeno a
las relaciones interpersonales?
- Y, por ejemplo, hay
actualmente una tendencia universal de reemplazar
los votos matrimoniales -unidos a la idea de que
“hasta la muerte nos separe”- por otro tipo de
prácticas, como el estar en pareja o la convivencia.
Ahora la idea es: “Siempre y cuando la satisfacción
dure”. Lo que resulta peor es que esta tendencia es
generalmente confundida como un síntoma de que se
está cayendo la viabilidad del matrimonio. Usted
está en lo correcto al arriesgar que esa tendencia
está relacionada con la atmósfera de incertidumbre
más amplia. El matrimonio comparte la crisis que
atraviesan los compromisos a largo plazo en general.
Los hombres y mujeres se enfrentan a un estado de
ambivalencia que parece no tener una solución fácil.
Porque, por un lado, necesitan un compañero estable
y confiable más que nunca. Pero, por el otro,
sienten temor de quedar atados cuando la situación
cambie y nuevas demandas y oportunidades aparezcan.
-¿A esto se refiere cuando
afirma que nuestra cultura contribuye con una
ciencia sexual en vez de desarrollar una ars
erótica?
- Yo hago referencia a lo que
plantea Volkmar Sigusch, y es que el erotismo, que
es un fenómeno multifacético o multifuncional, ha
quedado reducido a un sólo aspecto: el sexo. Las
relaciones sexuales hoy desconocen su conexión
histórica con cada uno de los aspectos de la vida
humana, y la gente comenzó a creer que el placer
sexual reside en el resultado y no entiende que
se pierde con el resultado. Esta tendencia se
ajusta a la sociedad líquida. Emancipado de su
conexión social, el encuentro sexual queda
“purificado” de consecuencias duraderas. Se vuelve,
como cualquier otro aspecto de la vida
contemporánea, flexible, ajustable. Se ofrece pura
satisfacción sin ningún tipo de ataduras. Lo que
aquí debemos resaltar es que parece que ganamos con
esto, pero también estamos perdiendo. Las relaciones
demandan tiempo, crecen con el tiempo. El placer del
amor no es algo que se pueda encontrar y ya, es algo
que debe construirse, que resucita todos los días.
Es una debilidad de las obligaciones individuales,
que está totalmente en línea con la crisis que
atraviesan los compromisos a largo plazo. Se
cuestionan los derechos y deberes, y las
obligaciones con excepción de las obligaciones con
uno mismo. Fíjese cómo siempre escuchamos o decimos
“me lo debo a mí mismo”, “yo merezco esto”. El amor,
por su parte, o es perfecto o es un fracaso desde el
comienzo. Y en ese caso resulta mejor abandonarlo y
reemplazarlo por uno nuevo, que de paso sea
mejorado. No se espera que ese amor sobreviva ni a
la primera pelea, o al primer desacuerdo o
confrontación.
¿Por eso habla del amor
líquido?
Y un líquido se caracteriza por
la imposibilidad de mantener su forma, cambia ante
la menor presión. En esta modernidad líquida, las
nuevas tendencias son demasiado breves para
cristalizar en formas duraderas, los modos de
conducta cambian demasiado rápido para transformarse
en hábitos persistentes.
- ¿Esto también se puede
aplicar a otros ámbitos de la vida social y
política?
- Por supuesto, esta liquidez
se presenta en diversas dimensiones de la vida
social, incluidos los sistemas políticos y también
la vida política, es decir aquella conducida por
individuos que actúan bajo estos parámetros. Las
condiciones futuras son menos predecibles que nunca,
el pensamiento a largo plazo y los modos de actuar a
largo plazo nunca fueron tan pocos factibles.
¿Esta liquidez no erosiona la
base de poder de los Estados nacionales?
Y con las presiones de la
globalización, los Estados han quedado privados de
un buen manejo de su poder, y han tendido a
tercerizar sus políticas, dejándolas en manos del
mercado. Es decir, lo que tenemos hoy es un
planeamiento individual, en función de un riesgo
individual y una responsabilidad individual. La
consecuencia de esto es, por un lado, una libertad
sin precedentes de la voluntad individual, pero por
el otro, las personas deben cargar con varias
cuestiones que no son capaces de cumplir o
satisfacer por la falta de conocimientos y recursos
para hacerlo. Esto, sumado a una falta real de poder
y la incertidumbre provocada por la debilidad de las
instituciones políticas, profundiza
considerablemente la sensación difundida de
inseguridad. El miedo acerca de lo que el futuro
pueda deparar parecería ser una condición natural de
nuestros días.
-
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