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Tres comedias y el
humor como mérito
por Oribe Irigoyen

La circunstancia de
que en una misma semana se estrenaran tres comedias,
de distinto calibre, claro, para la risa, permite al
escriba pergeñar una nota al respecto. Porque
“Muerte en un funeral”, comedia inglesa de Frank Oz,
“El diario de la niñera”, humor a cargo de los
estadounidenses Shari Spinger Berman y Robert
Pulcini y “No te metas con Zohan”, producto de
Hollywood con protagonismo de Adam Sandler se
aproximan y difieren de tal modo como para acicatear
reflexiones acerca del humor. Sin internarse en los
escabrosos laberintos de la semiótica, pero
atendiendo a algunas de sus premisas respecto de la
relación entre film y espectador, la nota se
propone analizar las tres comedias. Al igual que
lo que ocurre en toda comunicación artística, en
particular las letras, el teatro o el cine – la
televisión queda afuera por razones de gusto
personal – el humor cinematográfico ofrece “imágenes
de placer”, definidas así como aquellas que parten y
se orientan hacia una práctica cultural confortable
y refuerzan el “yo” del espectador a través de
mecanismos de inteligencia, ironía y delicadeza. O
trasmite “imágenes del goce”, que ponen en crisis
nuestra relación con el lenguaje haciendo vacilar
las bases históricas, psicológicas y culturales
sobre las cuales se asienta nuestra competencia como
espectador. Las primeras, corren a favor del público
y lo afirman en su credo ante el mundo. Las
segundas, lo retan – no es rapapolvo – en su
ubicación ante él. De algún modo las tres comedias
participan, para bien o lo contrario, de esos dos
planos de comunicación.
El humor negro
britanico
“Muerte en un
funeral”, puede decirse que mantiene casi hasta el
final su carácter de una unidad convincente de
“imágenes de goce” con algunas pérdidas de ritmo o
caída en convenciones ( imágenes de placer ). Es
comedia de humor negro y como tal se ubica de pleno
derecho en una tradición característica del cine
inglés, que supo alcanzar niveles de culminación
maestra en lejanos éxitos de la firma Ealing Studios
( “Los 8 sentenciados”, “El quinteto de la muerte”
protagonizadas por el enorme Alec Guiness ) o en las
andanzas cinematográficas del célebre equipo de los
Monty Python ( “La vida de Brian”, por ejemplo
ilustrativo ). El director Frank Oz ( “La tiendita
del horror”, “Dos pícaros sinvergüenzas”, “Es o no
es” ) junto con su libretista Dean Craig, obtiene
buenos réditos de risas burlándose de la muerte,
pero sobre todo de la reacción de los vivos ante
ella.
La trama se dirige a
la muerte de un anciano adinerado y prestigioso,
cuyo funeral comienza mal, la empresa de pompas
fúnebres se equivoca de cadáver, arreglado el
percance las anomalías no mejoran, porque los
numerosos familiares e invitados traen al velatorio
todos los problemas y conflictos de seres vivos. Se
reaviva vieja competencia entre dos hermanos, uno
responsable, que asume los gastos del funeral,
escritor tímido sin editar y su hermano, egoísta e
irresponsable como exitoso escritor en Nueva York;
algún tío odia a todos los presentes, tiene a su
cargo alguna escena escatológica, otro tío rechaza
el noviazgo de su hija con un abogado probo,
nervioso ante el rechazo ingiere Valium de un frasco
que contiene, en realidad, alucinógenos, que otro
invitado trata de disimular y luego pierde el
frasco; alguna mujer casada es acosada por enamorado
pertinaz, etc. A esos conflictos se suma un extraño
en el dolor quien revela más o menos secretamente,
que ha sido un amigo muy íntimo del difunto e
intenta chantajear a la familia con el escándalo de
la homosexualidad del muerto. En síntesis, la vida
con todos sus desaguisados y su prisma negro se
adueña del funeral, que se concreta con un buen
ritmo de comedia, manejo de los tiempos de humor (
timing ), agudeza de los diálogos, buen retrato
coral en el que los personajes son individualizados
con rasgos propios caricaturizados, abundante
despliegue de humor visual.
Nueva york
aristocrático
Los estadounidenses
Shari Springer Berman y Robert Pulcini recogieron
merecidos elogios con el excelente film anterior
“Esplendor Americano”, que combinaba la ficción con
el documental testimonial para trazar la trayectoria
vital y artística de Harvey Pekar, un creador de
“comics” norteamericano, que aparecía en persona en
las imágenes, confrontado al actor Paul Giamatti que
lo encarnaba en la ficción. Este “El diario de la
niñera” los lleva a adaptar, libretar y dirigir el
material de una novela de gran éxito, escrita por
Emma McLauglin y Nicola Kraus, dos auténticas
niñeras de las capas altas de Nueva York durante 8
años.
El film sigue los
pasos de una joven neoyorkina de clase media,
diplomada en antropología y puericultura, quien
luego de alguna confusión decide emplearse de niñera
en una familia rica de la ciudad. Comienza para la
chica una experiencia cotidiana en la que intenta
enriquecer sus conocimientos universitarios con una
investigación práctica, en la que lidia con un niño,
se hace cargo de las indicaciones de la dueña de
casa no siempre coherentes, padece desde luego los
avances eróticos del padre de familia, se ve
envuelta y enfrenta los problemas de un matrimonio
en crisis.
El buen material para
la sátira o la descripción corrosiva es desestimado
por la dupla Berman-Pulcini, que prefiere adoptar
una actitud bonachona o de burla educada para
resolver las imágenes, que transcurren sin aristas
críticas, decaen sucesivamente en sus momentos de
buen humor, como para cumplir con un entretenimiento
simpático y nada más. En algún momento, los
realizadores abandonan esa tesitura de narración
pulcra y pulso correcto ( imágenes de placer ), para
saltar a un nivel más significativo en la escena del
Museo de Historia Natural, que muestra ilustraciones
de costumbres, conductas y modas de los neoyorkinos
( imágenes del goce ).
La política también
Es el factor
político lo que proporciona a “No te metas con Zohan”,
una comedia producida en Hollywood con la dirección
de Dennis Dugan y la decisiva presencia del
comediante Adam Sandler, quien además de
protagonizar las imágenes interviene como
co-libretista del film, junto con Robert Smigel y
Judd Apatow. Ese ingrediente político, posee un
singular interés al contenido del film, puesto que
hace referencia a israelíes y palestinos en eterno
conflicto, uno de los más intricados y difíciles de
resolver del Oriente Medio. El otro rasgo
característico de la película proviene del hecho que
Adam Sandler, en tanto que participante en el guión
y protagonista a la vez, se aleja notoriamente de su
carácter de gran humorista de rasgos refinados y
sutilezas actorales, y prefiere una metodología del
golpe y porrazo. Que no por tal, deja de ofrecer
interés debido a la eficacia para obtener la risa.
En ese sentido, constituye un entretenimiento real y
verdadero.
Esa eficacia del
golpe y el porrazo resulta del personaje de Zohan (
Adam Sandler ), un super agente del Mosad de Israel,
capaz de asombrosas hazañas físicas y heroicidades
continuas, además de ser una máquina inagotable de
sexo. Pero Zohan está cansado de luchar contra los
palestinos. Resuelve irse a Nueva York para realizar
el sueño de su vida y convertirse en peluquero. En
esa nueva identidad pasa desapercibido, aunque en el
nuevo oficio aplique algún drástico método de espía.
Hasta que es descubierto en su verdadera identidad.
Y tiene que volver a las andadas.
A los efectos de la
nota, importa establecer que el film reparte dardos
hacia todos, tanto israelíes como palestinos,
también a las autoridades estadounidenses, y en ese
plano revela una verdadera audacia temática y su
correspondiente lenguaje formal, en el cual Sandler
se apoya en el uso de efectos digitales para el
humor de grueso estilo y asombro físico. Audacia y
mordacidad humorística que aproximan a “No te metas
con Zohan” a un cine de “imágenes del goce”, pero
cuya buena intención temática hacia el final – un
cuento de hadas de entendimiento entre los grandes
enemigos del Oriente Medio en plena calle de Nueva
York – termina por distorsionar y diluir la crítica
política con un final feliz carente de sutilidad y
convicción clásico de Hollywood cuando se arrepiente
de meter los dedos en el enchufe. En ese terreno,
las imágenes retroceden al nivel de “imágenes de
placer”.
Postdata
Demás está escribir
que las tres comedias gozan de un alto rendimiento
de los respectivos elencos.
LA
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