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Apuntes para
una autobiografía
por
Martín Bentancor

Del escritor Roberto
Bolaño mucho se ha escrito. Tras su muerte, en julio
de 2003, proliferaron los ensayos, las reseñas, los
seminarios, las críticas, las exaltaciones de todo
tipo. Kilómetros y más kilómetros de tinta real y
virtual, la necesidad imperiosa de convertirlo en la
Voz de la literatura latinoamericana y el faro y luz
al que se dirigen, y que alumbra, los jóvenes
escritores en lengua española. Toda esa magnitud,
todo ese intento sostenido, se presenta innecesario
ante la contundencia de una voz única. En sus
cincuenta años de vida, Bolaño se las ingenió para
crear una obra intensa y particularmente coherente;
una obra tan personal que los intentos por imitarla
suenan, necesariamente, ridículos.
Un capítulo aparte,
lo constituyen las ediciones post mortem; una
mezcla de rescate del olvido y voracidad económica
por presentarle al público una serie de obras
inconclusas o que, en vida, Bolaño se hubiera cuidad
mucho de publicar. Afortunadamente, dentro de ese
movimiento editorial, dirigido por el crítico
Ignacio Echeverría y el director de la editorial
Anagrama, Jorge Herralde, han surgido algunos
aciertos. El primero fue la publicación de la
monumental novela 2666, texto que Bolaño
estaba a punto de terminar cuando su hígado le falló
irremediablemente. Contra la orden expresa del autor
de publicar el texto dividido en cinco secciones
(cinco libros) para que las regalías pudieran
beneficiar a su familia durante los años posteriores
a su muerte, Echeverría y Herralde optaron por
editar la novela en su integridad, un sólido bloque
que supera con creces las mil páginas y se
constituye, por el alcance argumental, la estructura
y la solidez narrativa, en el mejor texto del
escritor chileno.
De esa lista de
libros póstumos, uno de los más ambiguos e
inquietantes se llama Entre paréntesis,
publicado por Anagrama en junio de 2004 y que ya va
por su cuarta edición. Entre paréntesis es un
libro que Bolaño nunca hubiera publicado; primero,
por su carácter fragmentado y heterogéneo en los
registros que alcanza(1) y, en
segundo término, por que es lo más cercano a una
autobiografía, escritura despreciada por el autor.
Sobre el género, escribe en un pasaje de Entre...
“Pocas son las autobiografías realmente
memorables. En Latinoamérica, probablemente ninguna.
En estos días ha salido el primer tomo de las
memorias de García Márquez. Todavía no lo he leído,
pero se me ponen los pelos de punta sólo de imaginar
lo que allí ha escrito nuestro premio Nóbel. Más aún
cuando lo imagino luchando contra su enfermedad,
sacando fuerzas de donde ya quedan pocas fuerzas, y
sólo para realizar un ejercicio de melancolía y de
ombliguismo.”(2)
Roberto Bolaño, que
se valió de las peripecias de su propia vida
(vagabundo en México, vendedor de bijouterie en la
Costa Brava española, guardián de un camping en un
balneario de Barcelona, escritor desconocido ganando
ignotos concursos literarios provincianos) nunca se
había presentado tan expuesto como en Entre
paréntesis. El volumen recoge todos los trabajos
publicados por Bolaño en la prensa escrita,
particularmente en el periódico chileno Las
últimas noticias y en el Diari de Girona.
Se trata de textos breves, que no pueden ser
llamados periodísticos y que están a medio camino
entre la reseña y el ensayo. En esa secuencia de
textos, Bolaño escribe sobre una infinidad de temas,
generalmente de alcance literario pero también sobre
viajes, pintura e, inclusive, sobre algunos de sus
vecinos en el pequeño pueblo de Blanes. Las sombras
tutelares de los poetas Nicanor Parra y Enrique Lihn
sobrevuelan su abordaje a la poesía chilena y, en el
apartado de gustos literarios, Bolaño escribe desde
su admiración por Philip K. Dick hasta el escritor
Rodolfo Wilcock, cuya obra La sinagoga de los
iconoclastas adelanta, en su estructura
superpuesta y su modelo literario, a La
literatura nazi en América.
Pese al orden
impuesto por Echeverría en la edición, por momentos,
Entre paréntesis se vuelve repetitivo y poco
sincero. Por ejemplo, sorprende la variedad de
elogios que Bolaño le dedica a escritores que
publican en Anagrama (casa editorial que, a
excepción de La literatura nazi ha publicado
toda su obra) o las opiniones encontradas que, en
diferentes textos, sostiene sobre un mismo escritor,
tal es el caso del argentino César Aira(3).
A pesar de esos desmanes, Bolaño no deja de aportar
lucidez y una visión privilegiada sobre el complejo
fenómeno literario. Su análisis sobre la literatura
argentina, exento de academicismos y ajeno a
cualquier corriente o teoría, es un auténtico
trabajo de cirujano sobre uno de los fenómenos más
complejos de la literatura en español. A partir de
tres ejes opuestos y excluyentes – Jorge Luis
Borges, Roberto Arlt y Osvaldo Lamborghini – Bolaño
construye una suerte de constelación poblada de
estrellas luminosas y satélites menores(4).
En las paginas que el
escritor dedica a hablar de sus lecturas, a narrar
las peripecias detectivescas que emplea para hacerse
con un determinado volumen y en las sensaciones
físicas que el contacto con una obra le merecen
(desde el estremecimiento hasta el vómito), aparece
un personaje que es, en definitiva, quién marca la
cadencia de este libro ambiguo y desconcertante:
Roberto Bolaño lector. En entrevistas, conferencias
y hasta en alguno de los textos incluidos en
Entre paréntesis, el escritor chileno se empeñó
en destacar el rol del lector por sobre el de su
proveedor, el escritor. En él mismo combatían los
dos seres, como una versión sedentaria de la lucha
entre Jekyll y Hyde o, como escribiera en un
pasaje de 2666: “La lectura es placer y
alegría de estar vivo o tristeza de estar vivo y
sobre todo es conocimiento y preguntas. La
escritura, en cambio, suele ser vacío. En las
entrañas de un hombre que escribe no hay nada.”
(1)
– El carácter heterogéneo y la variedad de
registros, dos marcas de fábrica de la literatura de
Bolaño, expuestas magistralmente en las novelas
Los detectives salvajes y La literatura nazi
en América, no funcionan en Entre paréntesis
por dos razones: la ausencia del autor ordenando el
material y el origen de los textos que va desde
reseñas literarias hasta la lectura de un pregón en
el pueblo costero de Blanes.
(2)
– Roberto Bolaño. “Autobiografías: Amis y Ellroy”,
en Entre Paréntesis (Anagrama, 2004). pp.
205-207
(3)
– Cesar Aira pasa de contar con “una prosa que en
su deriva neovanguardista y rousseliana (y
absolutamente acrítica) la mayor parte de las veces
sólo es aburrida” (pg.30) a convertirse en “increible”
y “uno de los tres o cuatro mejores escritores de
hoy en lengua española” (pg, 137).
(4)
– Roberto Bolaño. “Derivas de la pesada”, en
Entre paréntesis (Anagrama, 2004). pp 23-30
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