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Misia Dura: el rescate de
la (verdadera) memoria*
1969
no fue un año cualquiera de cualquier década.
Resonaban aún los ecos del mayo francés, al que no
fuimos ajenos. Nosotros lo habíamos adelantado en el
58, o más tarde en el 63, en las luchas por el
boleto estudiantil, que encabezara el entrañable
petizo Diego López. Aún hoy se habla del
“sesentismo” casi como de una categoría
socio-política.
Buena
parte de las luchas populares desarrolladas en
nuestro país en esa década estuvieron presididas por
la emblemática consigna “obreros y estudiantes
unidos y adelante”, acuñadas en la épicas jornadas
del 58, cuando las reivindicaciones de los
asalariados confluyeron en un solo haz con la brega
estudiantil por Ley Orgánica.
Los
trabajadores uruguayos, tras años de búsquedas y
desencuentros habían logrado nuclearse en una
central única. El Congreso del Pueblo, al llamado de
la clase obrera, había rodeado a ésta de un
amplísimo entramado de sectores representativos de
los más diversos ámbitos de la actividad nacional, y
estaban maduras las condiciones para el
alumbramiento de la unidad política de las fuerzas
del cambio, como finalmente aconteció a poco de
despuntar la década de los setenta.
Es en
este cuadro que, fallecido prematuramente el Gral.
Gestido, asume la Presidencia de la República Jorge
Pacheco, un oscuro personaje habitué a los gimnasios
de box, quién había llegado a la vicepresidencia por
descarte, ante las múltiples negativas obtenidas por
Gestido para llenar el cargo, entre otras del
emblemático Zelmar.
Pacheco
gobernó al margen de la Constitución, congeló los
salarios, clausuró diarios, asesinó estudiantes, se
burló del Parlamento, ubicó en los puestos claves
del Gobierno no ya a representantes de la rosca,
sino a la rosca misma, como Peirano Facio, Frick
Davie y otros, y allanó el camino para la dictadura
que finalmente se abatiera sobre la República.
Si
virulenta era la confrontación entre las fuerzas del
pueblo y el pachecato, no lo era menos la que se
daba en el seno de la izquierda entre dos
concepciones ideológicas y sus correspondientes
estrategias diametralmente opuestas. Una que
apostaba todo a la construcción de la fuerza social
y política de los cambios, generando conciencia en
la movilización y en la lucha. Otra –desoyendo el
sabio consejo del Che en el Paraninfo- a las
acciones efectistas pero estériles de un grupo
armado aislado de la gente.
La
práctica, finalmente jueza suprema de certezas y
viabilidades ya ha dado su veredicto inapelable.
Sería ocioso volver sobre aquella antigua polémica,
tanto más cuando ahora estamos todos en lo mismo,
como debimos estarlo siempre. Sin embargo, sería
bueno que cuando algún iluminado estratega de la
moda de estos últimos veinte años derrocha su
sabiondez y dicta cátedra para propios y extraños,
como si hiciera una vida que están en lo mismo,
tuvieran cuando menos la honradez intelectual de
reconocer lo poquito que hace que hicieron suya esta
metodología (en buena hora); total, a esta altura,
no creo que nadie pretenda cobrarles derechos de
autor.
Es en
estos tiempos tormentosos, complejos y fermentales
que surge la Revista de humor “Misia Dura”. Si no se
la ubica en este contexto difícilmente se la pueda
entender, más allá de la sonrisa que pueda arrancar
algún gag puntual o un chiste atemporal.
“Misia
Dura” nació en una reunión realizada en el altillo
de la vieja imprenta del Partido Comunista ubicada
en la calle Justicia y Lima, donde vieron la luz por
primera vez “El Popular” y anteriormente “Justicia”.
En ella participamos José Campaña, quien la convocó
en nombre de la Comisión Nacional de Propaganda,
Denry Torres –creador del personaje y el logo-,
Julio César Castro –Juceca-, Jorge Sclavo – El
Cuque-, Néstor Silva –Néstor-, quien por entonces
realizaba la ilustración diaria en El Popular con su
tira “Patricia, “La Chocha” (creo que su apellido
era Figueredo) una funcionaria de la imprenta que se
integró en tal condición al equipo que formamos ese
día, el Flaco Carlos Palleiro, Mónica Dutrenit,
Nadiezdha Rywiaczuk y Miguel Angel Rodríguez –Mar-.
Tras casi cuarenta años parecería saludable
desproscribirnos y decir estas cosas con total
claridad, dejándonos de joder con esa tendencia a
envolver en celofanes asépticos e incontaminados (no
sólo en el caso de “Misia Dura”) hechos de la
historia reciente cuyo origen pudiera considerarse
“espurio”.
Qué
decir del privilegio inmenso –con aquellos veinte
pocos años-, de poder hacer cosas con monstruos como
Juan Capagorry, la inefable Elina Berro (Mónica),
Daniel Waksman (Al Kaloide), Jorge Varlotta (Mario
Levrero), Luis Blanco (Blankito), la exquisita Yenia
Dumnova, y tantos otros.
Cómo
olvidar a Lucio, el viejo imprentero de la calle
Cerro Largo (Imprenta Norte) y la botella de la
desaparecida Añeja Especial que donó para festejar a
pie de máquina la aparición del primer número, o a
Don Washington Fernández, antiguo Ministro de Obras
Publicas de Luis Batlle, quien nos editó un par de
números en su Imprenta La Idea de la calle Joaquín
Requena, o a la gente de Talleres Gráficos 33, la
imprenta donde se editaba “Marcha”, donde fuimos a
recalar al amparo solidario de Don Carlos Quijano y
Hugo Alfaro, allá por la calle Piedras al final.
Desde la
piecita que generosamente nos cediera la gente de
Club de Teatro, en el viejo local de la calle Rincón
516, nos honraron con su calidez el Flaco Denevi,
Pepe Vázquez, Julio Calcagno (eran los tiempos de
Chau Che), Mary Da Cunha, Till Silva, nos visitaba
“El Sabalero” (por esos días estrenaba “Chiquillada”
en “Discodromo Show” y el Negro Rada nos invitaba al
recital despedida que daba en “El Galpón”, antes de
viajar a competir con su tema “Las Manzanas” en el
Festival Oti de la canción. Eran tiempos de Beatles
y Musicaciones.
También
eran tiempos de inconciencias como poner la foto de
Pacheco en la tapa el día del animal, y convocar a
homenajearlo, o aquel título “Abajo las Medias” (la
gente desde el ómnibus o al pasar por los kioscos
leía “Abajo las Medidas”) acompañado de aquella
imagen hoy por demás naif de una chica bajándose las
medias, o “Cacho Caetano: no soy tupamaro” cuando el
celebrado half mirasol, en un encuentro clásico,
dejara groggi de un certero pelotazo al Comisario
Alejandro Otero, juez del partido, pero a la sazón
Jefe de Inteligencia y Enlace, repartición policial
a cuyo cargo estaba la represión del MLN.
La
revista no se sostenía con el producido de las
ventas ni con los escasos avisadores que se animaban
a apoyarnos, por más que se mataran en esa tarea
Mónica y Nadia. Y a Eduardo Bleier, el histórico
Secretario de Finanzas del Partido no se le sacaba
un mango partido el medio. Es más, a lo último ya
nos daba cosa ir a mangarlo, no sólo porque se le
sacaba más jugo a un ladrillo, sino porque además
terminaba rezongándonos pues según él éramos
incapaces de generar mecanismos creativos de
autofinanciación.-
Así fue
que ideamos aquellos formidables Festivales de Cine
de Humor, en la sala del Cine Universitario, con el
ineludible e imprescindible aporte del tipo que
sabía (y sabe) ,más de cine en el Uruguay, el gran
Manolo Martínez Carril, a quién llegamos a acosar
hasta en su propia casa de la calle Gaboto.
Nunca se
hizo una encuesta, pero si a aquel loco colectivo se
le hubiera preguntado qué cosa nos gustaba más que
hacer la Revista, seguro habría ganado por
unanimidad el participar en las geniales peñas del
boliche que estaba en la proa de Brecha y
Reconquista, donde había en forma permanente una
exposición de diferentes pintores nacionales. Queda
claro que lo nuestro ahí era escuchar y aprender
–amén de ingerir alguna virundela-. Sólo allí se
podía presenciar acción tan irreverente como al
Flaco Denry, apretándose con dos dedos la nariz para
que su voz adquiriera un tono bien nasal, y
encarando a Zitarrosa decirle “flaco, el día que se
te pase esa sinusitis aguda que tenés, te morís de
hambre”. Está claro que la gran amistad que tenían,
permitía estas licencias.
En fin
no sé si aquellas locas cosas que hicimos en esos
tiempos tan duros, sirvieron para aportar algo a
esta era progresista por la que tanto se luchó,
aunque presumo que un granito de arena tienen que
haber arrimado. De lo que estoy seguro es que el
Flaco Denry, Juceca, Capita, el Canario Campaña y el
resto de la barra que hoy no está con nosotros, en
algún lugar se debe seguir cagando de la risa.
LA
ONDA®
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