|
Entre el yo, la
tuya y el nosotros
por El Perro Gil
Ya esta, es un hecho. La
campaña se instaló sin que nos pida permiso. Cada
noche apreciamos en los noticieros como se reparten
los segmentos políticos de quienes se lanzan a cazar
los votos para dirimir un lugar en la madre de todas
las elecciones que cada cinco años ocupa la vida de
los uruguayos. Y entre tanta danza de promesas y
críticas a lo hecho por el actual gobierno, es
notable como se aprecian las distancias que separan
a cada candidato y en consecuencia a cada partido.
La lucha ideológica está
plasmada en las propias consignas o frases que los
identifican en estas lídes. Es notorio como las
filas tradicionales de los partidos de la oposición
–quienes hasta hace muy poco detentaban el poder-
siguen su rutina de incitar a la individualidad que
todo lo puede en la idea central del “hacé la tuya”,
el “bien por vos”, “primero yo y luego los demás”;
en fin, una idea que apela al individuo como centro
de todo y principio de la nada a la que nos llevó
dicha política años atrás.
La irresistible tentación de
promover tamañas actitudes parece no tener recelo
entre quienes las promueven en contraposición de
políticas sociales de resultados permanentes, que
generen inclusión social, y no remiendos o parches
circunstanciales y perecederos.
Pero parece ser que la vida
misma se encarga de demostrar que esos modelos se
caen a pedazos, cuando la primer economía del mundo
(¿?), panacea de la competencia y la superación
individual por excelencia, atraviesa la peor de sus
crisis y recurre a salvarla haciendo aquello que
denostaba, o sea socializar las pérdidas.
Porque de eso se trata cuando
acude a inyectar esa descomunal cifra de miles de
millones de dólares para evitar el quiebre de un
modelo que creían infalible. Ahora se habla del
esfuerzo colectivo y todo eso que bien aprendimos
por estos lares, pero que algunos pretenden ignorar
para reinstalar conceptos minimalistas del uno a
uno, la competencia, el ganar como meta exclusiva, y
todo eso que nos fue aislando durante años y que
poco a poco tenemos que recuperar para disfrute de
todos. Por supuesto que uno no olvida la historia de
un país forjado al impulso del trabajo y el esfuerzo
individual de nuestros padres y abuelos. Eso no se
discute, no se pretende idealizar con la existencia
de un Uruguay socialista en estado puro, simplemente
revalorizar aquello que fuimos perdiendo como
colectivo social, el juntarnos para discutir, para
trabajar por un barrio, una escuela, un club
deportivo.
Hoy los tiempos aceleran
nuestro diario vivir quitándonos aquella esencia de
detenernos a conversar con el vecino por ejemplo, y
en cambio somos extraños hasta de quienes tenemos al
lado de nuestros propios hogares.
Tanta individualidad
reivindicada parece un anacronismo cuando ya se
creía superada esa etapa nefasta de la vida de los
uruguayos; sin embargo, se utiliza la idea como eje
central de campaña promoviendo el “hacé la tuya”
pícaramente encubierto en un juego de palabras y
encabalgamiento literario. Sinceramente creía
superada esa etapa pero los hechos hablan por sí
mismos y confirman que aún se persiste en que esa
idea es la mejor para salir adelante como país.
Tamaña soberbia asusta, pues
qué es sino soberbia el pensar que fomentando el
individualismo podremos avanzar como sociedad.
Discrepo sustancialmente con la idea de entender a
ésta como una mera sumatoria de individualidades. Es
un cuerpo que vive y crece como tal, merced al
auxilio y complemento de todos y cada uno de quienes
contribuyen con su esfuerzo a darle vida. Si bien es
cierto que venimos al mundo solos, lo hacemos como
seres que ni bien respiramos necesariamente nos
relacionamos y crecemos en comunión permanente. Nos
nutrimos cada quien con el esfuerzo que derraman
generosamente otros, que a su vez generan y derraman
sobre otros, construyendo solidaridad.
Fomentar el individualismo solo
generará personas recelosas y materialistas que en
el afán de proteger sus intereses no escatimarán
recursos ni medirán consecuencias en acciones
egoístas que aportarán más recelo y desconfianza. No
entiendo bien el fin que se persigue emitiendo esos
mensajes.
La sociedad de consumo es de
por sí generadora de situaciones egoístas, que
construye ansiedades por culpa de “innecesidades” no
satisfechas. “Con mucho menos se vivía mejor”,
emiten nuestros viejos y nos parecen situaciones
irreales, sin embargo, son muy ciertas. Por eso es
inexplicable que aún haya gente que entienda posible
un país de individuos a la máxima potencia.
Verdaderos ermitaños que desechan la idea de un país
conectado entre su gente y construido para felicidad
de todos y no solo de unos cuantos.
Por eso es que me afilio a la
idea de un nosotros, mucho más sólida cuanto más
seamos los que estemos en sintonía. No sé, por ahí
me parece que va la cosa. Prefiero entonces dejar de
ser solo yo, sin hacer la tuya, e invitarlos a ser
un poco más nosotros…
El perro se le arrimó, y el
hombre sonrió aliviado…
LA
ONDA®
DIGITAL |