|
¿Tiene que haber un
nuevo papel del sindicalismo?
por Francisca Dussaillant
“Una gran proporción de la inmigración
hacia los países desarrollados
ha sido de trabajadores no calificados con
salarios de reserva más bajos que los
trabaja- dores locales no calificados,
lo cual ha puesto una presión a la baja
en los salarios reales de éstos”.
La densidad de membresía sindical ha disminuido en
gran parte del mundo desarrollado. Una
explicación para esto es la mayor competitividad de
los mercados, que hace muy difícil la sobrevivencia
de empresas que se vean obligadas a pagar salarios
sobre el nivel competitivo.
“Una Mirada Internacional al
Sindicalismo”
La densidad de membresía
sindical ha disminuido en casi todos los países,
excepto Suecia. En algunos países, como Gran Bretaña
y Nueva Zelandia, este declive en la densidad
sindical también se ha visto reflejado en una
disminución del rol de los sindicatos en las
actividades del mercado laboral en general. En otros
países, la cobertura de los contratos de
negociación colectiva ha permanecido alta y
virtualmente sin cambios. No obstante, el declive en
la densidad sindical pone presión en los recursos
financieros de los sindicatos y en la influencia
social y política de éstos.
La teoría elemental de
precios sugiere que un entorno competitivo del
mercado de productos ofrece un contexto menos
favorable para las actividades de estructuración
salarial de los sindicatos que en los mercados
oligopólicos o en mercados protegidos estatalmente.
Al no existir un colchón de utilidades sobrenormales
o monopólicas que ayude a las empresas a afrontar
las actividades sindicales de alza de salarios, la
demanda laboral de una empresa competitiva tenderá a
ser elástica al salario.
El incremento salarial que
surge de la negociación sindical
tiene que financiarse con algún
otro ahorro de costos, de manera de evitar la
eventual disminución de su participación de mercado.
La demanda laboral para monopolios o para la
totalidad de una industria tiende a ser menos
elástica al salario que la de una sola empresa
competitiva.
Por lo tanto, sindicatos y
monopolios pueden coexistir por más tiempo.
Esencialmente, en las últimas décadas, los
mercados de productos en el mundo desarrollado se
han hecho más competitivos y, por lo tanto,
tienen menor espacio para acomodar las actividades
de estructuración salarial de los sindicatos de
trabajadores. Hay tres razones para esta mayor
competencia. Primero está el aumento del comercio
internacional entre las economías desarrolladas y
las emergentes y entre las mismas
economías desarrolladas. Luego,
el gran aumento de la movilidad
internacional del trabajo y el
capital. Por último está el cambio
tecnológico incluyendo los
cambios aso- ciados al desarrollo y avance de los
computadores, cambios que en general han provocado
una disminución en las barreras a la competencia.
Algunos trabajadores en las
economías desarrolladas se han visto más afectados
que otros en este desplazamiento hacia entornos de
mercados de producto más competitivos.
En particular, los trabajadores
menos calificados han sufrido relativamente respecto
de los altamente calificados. Las economías
desarrolladas han tendido a importar los
productos que normalmente hubieran sido fabricados
por mano de obra no calificada de estas
economías y las importaciones más baratas reducen la
demanda de trabajadores menos calificados.
Además, una gran proporción de
la inmigración hacia los países desarrollados ha
sido de trabajadores no calificados con salarios de
reserva más bajos que los trabaja- dores locales no
calificados, lo cual ha puesto una presión a la baja
en los salarios reales de éstos. Algunas empresas
en las economías desarrolladas especialmente las
que emplean trabajadores menos calificados han
mostrado su disposición a trasladar sus operaciones
a economías con salarios bajos.
Este movimiento de capital ha
incrementado la vulnerabilidad de la mano de obra
poco calificada en las economías desarrolladas.
Además, el cambio tecnológico no ha sido neutral con
respecto a los diferentes tipos de trabajo. Los
métodos de la tecnología moderna requieren de
trabajadores bien educados para manejarla y operarla
mientras que las máquinas están prontas a reemplazar
el trabajo de los trabajadores no calificados.
En las economías con una
intensiva fijación de salarios por parte de los
sindicatos de trabajadores o los gobiernos, estas
presiones han provocado una baja en la tasa de
utilización de trabajadores de baja calificación.
Esta baja tasa de utilización
de trabajadores puede adoptar varias formas: un alza
en las tasas de desempleo; un lento crecimiento o
una caída en la relación empleo-población; una baja
en las horas de trabajo o un incremento en la
incidencia de los retiros anticipados.
En las economías donde los
sindicatos de trabajadores y las instituciones
gubernamentales que determinan los salarios son
menos importantes o donde han sido minadas por la
competencia estas presiones al mercado del trabajo
se sienten menos en la utilización del trabajador
(desempleo) y más en los cambios en la
desigualdad de los ingresos.
En otras palabras, se observa
un tradeoff entre cambios en el desempleo y en la
desigualdad de ingresos que está íntimamente
relacionado con el sindicalismo. Donde la extensión
de los contratos de negociación colectiva ha crecido
(en Francia, Suecia y Alemania), las tasas de
desempleo han tendido a incrementarse más; donde la
sindicalización se ha contraído
más (Gran Bretaña y Estados Unidos), las tasas de
desempleo han aumentado poco o nada. No sólo ha
cambiado en diferentes grados la extensión del
sindicalismo entre los países desarrollados, sino
que también se ha alterado el carácter de la
negociación colectiva.
Los acuerdos entre múltiples
empleadores y múltiples sectores se han hecho menos
comunes y más asuntos se han arreglado a nivel de
empleador o quizá de lugar de trabajo. Esto ocurre
no sólo en economías donde el alcance de los
contratos de negociación colectiva haya declinado,
sino que asimismo en países don- de el ámbito de la
negociación colectiva continúa siendo extendido (por
ejemplo, Australia y Suecia). Las remuneraciones
vinculadas al desempeño han aumentado en todos los
países y los procedimientos en los lugares de
trabajo han pasado a ser menos formales.
En suma, los sindicatos
incrementan los salarios de trabajadores de baja
calificación más que los salarios de los
trabajadores altamente calificados pero, dadas las
presiones en los mercados labora- les de baja
calificación, esta actividad arriesga un mayor
desempleo en los poco calificados.
En ese sentido, los sindicatos
han contribuido a prevenir el incremento en la
desigualdad de ingresos, pero este logro es en gran
medida a costa de un mayor desempleo. Más aún, los
sindicatos han sido inca- paces de resistir el
crecimiento de otros factores que debilitan su
influencia la descentralización de la negociación
colectiva, el incremento de las privatizaciones y la
utilización de contratos contingentes.
Es difícil evitar concluir que,
para mantenerse duraderos, los sindicatos deben
enfatizar sus roles relacionados con hacer más
productivos los lugares de trabajo y con servir los
intereses de sus miembros representándolos de una
manera constructiva.
Pencavel distingue tres clases
de actividades sindicales: las actividades de
estructuración del salario de los sindicatos, sus
actividades políticas y el rol de éstos en la
regulación de la relación de empleo. A continuación
se analiza cada uno de estos roles, entregando un
análisis sobre las implicancias económicas de la
actividad sindical.
La presión salarial de los
sindicatos
Para los economistas, la
actividad más familiar e investigada de los
sindicatos es su rol en la
negociación de contratos con sus empleadores. Estos
acuerdos de negociación colectiva normalmente
cubren los salarios y, en las economías más ricas,
cubren otros aspectos que incluyen horas y días de
trabajo, beneficios suplementarios, procedimientos
de despido, organización del trabajo y procedimiento
de reclamos.
Al negociar, los sindicatos
empujan los salarios (y otros componentes de
compensación total) por sobre el nivel que
resultaría en su ausencia.
En algunos países es común la
práctica de que los salarios negociados por
sindicatos sean extendidos a todos los trabajadores
de la misma industria o sector. Estas normas de
extensión de salarios fomentan las confederaciones
de empleadores: un empleador siempre preferirá
pertenecer a la confederación de manera de tener
alguna influencia en la negociación.
En general cuando rige esta
práctica de extensión de salarios la presión
salarial de los sindicatos aumenta. Incluso en
ausencia de normas de extensión, los salarios de los
trabajadores no sindicalizados se ven afectados por
la presencia de sindicatos.
Si los empleadores que no
tienen sindicatos estiman que existe
una seria amenaza de que sus
trabajadores se sindicalicen (y prefieren no tener
que tratar con sindicatos), podrán pagar a sus
trabajadores salarios más elevados para reducir el
incentivo a sindicalizarse. Este fenómeno es
conocido como el efecto amenaza del sindicalismo.
Los empleadores que actúan de este modo
tienden a ser los que operan en lugares o
industrias donde los sindicatos han demostrado
recientemente su habilidad para organizar a los
trabajadores.
El efecto amenaza del
sindicalismo reduce la brecha salarial entre
trabaja- dores sindicalizados y no sindicalizados
por debajo de la que habría si éste no existiera.
Aun en ausencia del efecto
amenaza, los salarios del sector no
sindicalizado se podrían ver
afectados. Debido a que los trabajadores del sector
sindicalizado que quedan desempleados podrían ir a
buscar empleo en el sector no sindicalizado, habría
una presión a la baja en los salarios de ese sector.
En esta instancia, los salarios
de los trabajadores no sindicalizados estarán por
debajo de lo que obtendrían en ausencia del
sindicalismo. La brecha salarial de los sindicatos
tiende a ser mayor en Estados Unidos y Canadá donde
las normas de extensión de salarios son inusuales y
donde, al menos en años recientes, los efectos
amenaza de los sindicatos han sido modestos.
En el Continente Europeo, las
estimaciones de las brechas
salariales entre los
sindicalizados y los no sindicalizados han sido
mucho menores. Pero, como acabamos de ver, esto
difícilmente permite inferir que el sindicalismo y
la negociación colectiva no hayan afectado los
salarios en Europa Continental; más bien significa
que la negociación colectiva ha afectado los
salarios de los no sindicalizados casi lo mismo que
los salarios de los sindicalizados.
Empleo
Análisis económicos
convencionales sugieren que, si el sindicato impone
un salario más alto en una sola empresa de una
industria competitiva y no hay una reducción
compensatoria de los costos, el empleo en esta
empresa se contraerá. Los datos empíricos de
salarios y empleo en varios países sugieren
elementos de esta relación. Se registra una
asociación entre, por
un lado, la extensión de la
cobertura de la negociación colectiva y, por otro,
salarios relativos más altos y menor empleo relativo
para los hombres de baja calificación.
Las firmas sindicalizadas de
industrias competitivas (con cobertura sindical
incompleta) se encogen hasta finalmente cerrar.
Pero este
Proceso puede tomar varios
años. Para sobrevivir en el largo plazo los
sindicatos deben encontrar maneras de contrarrestar
la desventaja de costos que enfrentan las empresas
sindicalizadas y deben continuamente organizar a los
nuevos trabajadores para evitar un declive en la
densidad sindical.
Esto explica por qué los
sindicatos están profundamente interesados por las
reglas que regulan su organización: cuando la nueva
organización es costosa, es difícil para el
sindicalismo mantenerse como una presencia viable.
Debido a las dificultades que enfrentan los
sindicatos para organizarse en empresas individuales
en industrias competitivas, éstos intentan
preferentemente organizarse en industrias completas
o empresas con algún grado de poder de mercado.
Además, ya que el sindicato captura algunas
de las rentas, reduciendo los retornos al capital
para los productores en cuestión, nuevas empresas no
sindicalizadas podrán ver la oportunidad de ingresar
a la industria y lograr una mayor utilidad.
Por ello, los sindicatos
prefieren mercados donde el ingreso y la salida de
empresas sean algo costosos o estén regulados por el
Estado. Además de las normas de “extensión salarial”
ya mencionadas, los sindicatos tratan de frustrar la
tendencia de los establecimientos no sindicalizados
para expandirse a costa de los lugares de trabajo
sindicalizados, mediante su apoyo consistente a las
leyes de salario mínimo.
Los salarios de los
trabajadores sindicalizados normalmente están por
encima de estos niveles mínimos, por lo que éstos se
aplican a los trabajadores no sindicalizados,
aumentan- do los costos de las empresas
competidoras.
La manera por la cual los
sindicatos se aseguran el poder del Estado para
extender su influencia en la estructuración de los
salarios, es mediante aportes económicos a algún
partido político, o a través de proporcionar los
votos de los miembros del sindicato para legitimar
las posiciones de algún partido. Los sindicatos
tienden a ser efectivos políticamente cuando tienen
éxito en mostrarse a sí mismos no como un limitado
grupo de interés sino que como defensores de todos
los trabajadores.
La competencia en los mercados
de producto o la amenaza de competencia es
usualmente menor cuando el empleador es el Estado y
es lo normal en las economías desarrolladas que,
cuando el sindicalismo no está prohibido, tiende a
ser más fuerte en el sector público que en el sector
privado. Este patrón se observa también en los
países en desarrollo. No se trata solamente de que
los mercados de producto sean menos competitivos
cuando la fabricación se realiza en el sector
público, sino que también el Estado a veces siente
que debe dar el ejemplo a la industria privada de lo
que es ser un “buen” empleador y esto puede
significar su apoyo a la organización sindical.
Ganadores y perdedores
El impacto de los sindicatos en
los salarios y el empleo en una economía no
totalmente sindicalizada tiene una cantidad de
dimensiones diferentes.
Cuando la presión salarial no
está acompañada de cambios en la
productividad, el tamaño de los
recursos de la economía es necesariamente constante
y por lo tanto los incrementos de ingreso que gozan
los trabajadores sindicalizados deben salir de los
in- gresos de los demás. No obstante algunos a veces
suponen que las ganancias salariales de los
sindicatos son obtenidas a expensas de las
utilidades; esto es en gran medida una ilusión. Las
empresas protegen sus utilidades mediante
recortes en el empleo y pasando los mayores costos
salariales a los consumidores en la
forma de precios más altos.
Todavía más, la proporción
del ingreso nacional proveniente de utilidades y
dividendos es pequeña en relación al número de
trabajadores, por lo que el potencial de
redistribución de este tipo es considerablemente
menor de lo que generalmente se piensa.
Las ganancias salariales de los
sindicatos entonces surgirán de los ingresos de los
trabajadores no organizados y de transferencias.
Las empresas responderán
también a la presión salarial de un sindicato
cambiando el tipo de trabajadores que emplean. Si
una empresa puede elevar completamente el nivel de
su fuerza de tra bajo para equiparar el mayor
salario impuesto por el sindicato, los salarios
serán más altos que en una empresa comparable no
sindicalizada, pero las calificaciones laborales de
la empresa sindicalizada serán también más altas de
modo que, manteniendo la calidad del trabajador
constante, no existe una brecha salarial entre
sindicalizados y no
sindicalizados.
Los sindicatos como grupo de
presión frente al Gobierno
El bienestar de los miembros de
un sindicato es a menudo afectado por las acciones
legislativas, ejecutivas y judiciales del gobierno.
En consecuencia, los sindicatos
de trabajadores sirven los intereses de sus
trabajadores influenciando la política gubernamental
mediante la formación de alianzas con partidos
políticos, pidiendo a sus miembros y adherentes dar
sus votos a personas o legislaciones en particular,
y utilizando los ingresos de los sindicatos para
hacer campaña por variadas personas o estatutos y
reglamentos.
Asuntos microeconómicos
Como una norma, los sindicatos
han sido escépticos de los mercados y han apoyado
medidas que obstruyan las fuerzas del libre
mercado. A modo de ejemplo, los sindicatos apoyan
de manera rutinaria la legislación sobre salario
mínimo, aran- celes y cuotas sobre las importaciones
extranjeras, y la regulación –si no la propiedad
gubernamental de las grandes industrias.
En cada caso, los sindicatos
están promoviendo los intereses inmediatos de sus
miembros. En lo que se refiere al salario
mínimo, normalmente los trabajadores sindicalizados
ganan salarios más altos que los establecidos por el
Estado como salario mínimo, de modo que un salario
mínimo más alto reduce la competencia con las
empresas no sindicalizadas.
En cuanto al comercio exterior,
los sindicatos buscan incrementar los
ingresos de sus miembros
reduciendo la competencia externa. En lo relacionado
con la regulación o propiedad de la industria, los
sindicatos aspiran a “capturar” la administración y
utilizan la administración para elevar los ingresos
de sus miembros.
Asuntos macroeconómicos
Las actividades de los
sindicatos como grupo de presión no se limitan a
asuntos microeconómicos. En los asuntos
macroeconómicos, los sindicatos normalmente
respaldan políticas expansivas cuyo impacto
inmediato es aumentar el empleo aun
cuando esto vaya acompañado de
una mayor inflación. El poder de negociación de los
sindicatos es mayor cuando la mano de obra es
relativamente escasa de modo que las
políticas monetarias expansivas que disminuyen
el desempleo dan a los sindicatos más influencia
sobre la administración.
Centralización y coordinación
de la negociación
y el desempeño macroeconómico
En el párrafo anterior se
argumentó que los sindicatos tienden a promover
políticas macroeconómicas expansivas. Al cuestionar
este argumento, algunos sostienen que, cuando
virtualmente todos los salarios de los trabajadores
son afectados por los acuerdos de negociación
colectiva y cuando el nivel de coordinación de
acuerdos entre los sindica- tos y los empleadores es
alto, los sindicatos tienden a estar más contenidos
en su respaldo a políticas expansivas y menos
agresivos en sus demandas salariales.
Una de las razones principales
de esto es que cuando un pequeño
grupo de trabajadores negocia
sus salarios, pueden dejar de lado como de
importancia menor las consecuencias que su
negociación colectiva tiene en los precios al
consumidor de los bienes de consumo que compran. Sin
embargo, así continúa el argumento, esta
externalidad negativa se internaliza cuando
virtualmente todos los trabajadores están negociando
simultáneamente sus alzas de salarios. Con ello, un
sindicato centralizado se inclinará por una posición
más moderada en la negociación de salarios.
Utilizando razonamientos
como el anterior, algunos economistas
especulan que estructuras de
negociación altamente centralizadas y
coordinadas pueden producir
resultados macroeconómicos más favorables. Sin
embargo, la investigación econométrica ha generado
pocos resultados robustos al respecto.
Esta falta de robustez se debe
a problemas de medición y de especificación en los
trabajos econométricos que investigan el tema. Sin
embargo, la falta de resultados empíricos
concluyentes no significa que la centralización y
coordinación de la negociación colectiva sean
irrelevantes. Simplemente, no tenemos todavía
certidumbre sobre la materia, por lo que los
economistas no tienen aún una base sólida para
hacer recomendaciones a países en vías de
desarrollo sobre cuál es la estructura óptima de
negociación.
La relación del trabajo:
el sindicato como agente del
empleado
El intercambio de servicios
laborales tiene características
distintivas que hacen de la
compra y la venta de éstos diferentes a la
compra y venta de otros bienes
y servicios. Los contratos de trabajo son
manifiestamente incompletos.
En estas circunstancias, lo
que se espera que cada trabajador haga y lo que éste
legítimamente puede rehusar a hacer no está siempre
bien definido. La vaguedad de la mayoría de los
contratos de trabajo resulta en discusiones sobre si
los términos del contrato han sido violados. Estas
disputas surgen porque el intercambio de servicios
laborales proporciona oportunidades para que un lado
persiga
sus intereses a expensas de la
otra parte.
Por lo tanto las transacciones
requieren de una suerte de supervisión o
reglamentación. Normalmente, las regulaciones del
Estado son generales y, necesariamente, no se
encuentran ligadas a las circunstancias particulares
de una empresa.
Todavía más, las regulaciones
del Estado son algunas veces
evadidas o son cosméticas. Pero
las regulaciones se complementan con otros
mecanismos para controlar el intercambio de
servicios laborales, los más comunes de los cuales
son la costumbre y la convención.
El sindicato es otro mecanismo
para regular el intercambio de servicios laborales.
En economías pobres, un sindicato puede no hacer más
que intentar alterar salarios y dejar el resto del
contrato de empleo sin cambios. Sin embargo, a
medida que las economías se hacen más ricas, los
sindicatos responden a las inquietudes de sus
miembros sobre otros aspectos de la relación de
trabajo. Así, algunas investigaciones sugieren que
los miembros de un sindicato no identifican
salarios más altos como el aspecto más valioso de
las actividades de su sindicato.
Los miembros se inclinan más a
menudo a declarar como lo más
valorado la protección que su
sindicato les proporciona en contra del trato
arbitrario de los supervisores de la empresa. En
muchos países
desarrollados, los contratos de
los sindicatos se caracterizan por
establecer reglas a través de
las cuales las quejas de un trabajador en contra de
sus supervisores pueden ser abordadas.
Estas reglas constituyen la
jurisprudencia interna de una empresa donde el
sindicato actúa como un agente del empleado.
Evidencia de que los sindicatos pueden servir de
agente del trabajador es provista por el papel que
ha jugado el sindicalismo en hacer respetar
variados requerimientos legales
sobre el lugar de trabajo, por ejemplo, en asuntos
sobre seguridad.
También los sindicatos aumentan
la efectividad de otras
reglamentaciones legales tales
como la recepción del seguro de
discapacidad laboral, la
presentación de solicitudes de beneficios del
seguro de desempleo y los
procedimientos de aviso previo a cierres de plantas
y despidos.
Utilizando un lenguaje
diferente, el sindicato proporciona una “voz” a los
trabajadores para expresar sus valores y
preferencias. En ausencia de esta organización, las
preferencias de los trabajadores se manifestarán a
través de otros mecanismos como el de “salida”, esto
es, por medio de renunciar al empleo y buscar
trabajo en otra parte.
Cuando existen en los
lugares de trabajo bienes públicos tales como
seguridad y complementariedades entre trabajadores,
un mecanismo de “voz” puede producir eficiencias
comparado con empresas que no tengan dicha
organización formal para los trabajadores.
Es más, en algunas
circunstancias, estas eficiencias han causado que
las empresas acojan al sindicalismo. Cuando el lugar
de trabajo no sindicalizado es turbulento y caótico,
el sindicato puede reemplazar la agitación y el
disturbio por el orden.
Un mecanismo alternativo para
enfrentar las quejas laborales es a través del
sistema legal y el aumento de la litigación laboral
en varios países bien podría ser el resultado de la
ausencia de una voz sindical valedera en el
trabajo. En efecto, al tomar las quejas
laborales, el abogado demandante reemplaza al
delegado sindical.
Pencavel no cree que este haya
sido un buen cambio.
El rol del sindicato como
partícipe en la gestión de recursos humanos de una
compañía no es simplemente el de procesar las quejas
de los empleados. Al negociar y cooperar en la
administración de reglas para contratar, adiestrar,
promover,
sancionar, despedir y echar
trabajadores el sindicato está participando con los
supervisores en la gestión de la compañía.
Académicos en relaciones
industriales han conjeturado que la
participación engendra mayor
eficiencia, que empresas con sindicatos
comprometidos con la regulación de los contratos de
trabajo pueden ser más eficientes que empresas que
no tienen un sindicato sirviendo de agente de los
trabajadores.
De hecho, algunos estudios
empíricos ahora sugieren que, en algunas
circunstancias, una mayor participación de los
trabajadores promueve la productividad. Un resultado
general, sin embargo, no parece estar
justificado. Cuando un sindicato protege o impone
prácticas de trabajo
ineficientes tales como reglas de demarcación
que impiden las sustituciones entre diferentes tipos
de trabajo y capital, está reduciendo la
productividad.
El que los establecimientos
sindicalizados sean más o menos productivos que sus
contrapartes no sindicalizadas depende del grado en
que las partes se enfrentan con una mentalidad de
“nosotros contra ellos”.
Esta posición se asocia con
relaciones antagónicas entre los trabajadores y la
administración. Por otro lado, cuando el sindicato y
la administración se ven envueltos en una relación
en que hay conciencia por ambos lados de que la
cooperación aumenta la torta a ser dividida, las
relaciones entre sindicatos y administración son
productivas.
Las prácticas modernas de
recursos humanos están destinadas a promover –aun
cuando no siempre asegurarla cooperación.
Un sindicato de
trabajadores no es el único vehículo apropiado
para hacer de agente de los empleados.
Es más, en muchos países
europeos continentales, los “consejos de
trabajadores” asumen este rol de “voz” de
manera separada y distintiva. Estos consejos
operan mano a mano cono a veces en lugar de el
sindicato.
Muchos países acogen con gusto
a las asociaciones que represen- tan a los
trabajadores. La política pública tiene que
determinar cómo y si puede alentar estas formas
alternativas de proporcionar una “voz” a los
trabajadores. La experiencia internacional sugiere
que puede haber un lugar para estos otros mecanismos
de “voz” al lado del sindical.
Francisca Dussaillant.
Investigadora del Centro de Estudios Públicos de
Chile
LA
ONDA®
DIGITAL |