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No hubo Nobel para Gallo,
codescubridor del Sida
por Luis González de Alba
La gran sorpresa del Nobel fue
que Estocolmo no incluyera a Robert Gallo como
codescubridor del virus causante del sida, el VIH.
Así, la polémica acerca de la paternidad parece
tener una conclusión: Luc Montagnier y sus
colaboradores lo descubrieron. La decisión parece
dejar a Gallo en una posición incómoda, cuando ya
había hecho las paces con Montagnier luego de la
demanda en tribunales. Una magnífica nota de Jon
Cohen y Martin Enserink en Science del viernes
pasado permite asomarse al conflicto.
La mañana del 6 de octubre
pasado sonó el teléfono de Robert Gallo. No, no era
el Comité felicitándolo porque compartiría el Nobel
de fisiología o medicina con Montagnier, sino un
reportero informándole que había sido para Luc
Montagnier y Françoise Barré-Sinoussi del Instituto
Pasteur de París. Había un tercer premiado, y era el
alemán Harald zur Hausen, por su descubrimiento del
virus del papiloma humano que causa el cáncer
cérvico-uterino y mata millones de mujeres.
“Los 50 profesores del
Instituto Karolinska de Estocolmo, Suecia, dieron a
Montagnier y Barré-Sinoussi la mitad del premio,
$1.4 millones, y la otra a Zur Hausen, de la
Universidad de Heidelberg”. Anunciados estos tres no
podía haber un cuarto, Gallo, porque el Nobel no se
entrega a más de tres. Nadie puede negar la
estupenda contribución de Gallo al conocimiento del
VIH. Lo que quedaba al parecer resuelto era la
polémica sobre el supuesto codescubrimiento por vías
independientes.
Gallo reaccionó con aliviane a
la noticia haciendo notar que los tres premiados
merecían el Nobel. Sin embargo, reconoció lo
evidente: su decepción: “Sí, estoy un poco abatido
por eso, pero no mucho”, dijo a Science. “Lo único
que me preocupa es que esto dé a la gente la
impresión de que yo pudiera haber hecho algo
equivocado.”
El propio Montagnier también
dijo a Science que le sorprendía la eliminación de
Gallo. “Fue importante probar que el VIH era la
causa del sida, y Gallo tuvo un papel muy importante
en esto”, reconoció Montagnier. “Lo siento mucho por
Gallo”.
El equipo francés aisló el VIH
de un ganglio linfático inflamado en un paciente con
un padecimiento todavía desconocido en 1983, pero
similar a otros aparecidos un año antes en
California, siempre entre jóvenes homosexuales. La
definición de la nueva entidad clínica permitió
localizar la zona donde ya cundía como una
devastación general sin fronteras de sexo, edad ni
orientación sexual, que eran los países
centroafricanos: aldeas completas desaparecían a
causa de un mal nunca visto, resistente a brujería y
medicina.
El equipo francés del Instituto
Pasteur detectó actividad de una enzima llamada
transcriptasa reversa: el VIH no era un virus, sino
un retrovirus que se caracterizan por usar la
maquinaria genética de células infectadas para
replicarse. El equipo de Montagnier describió por
primera vez el VIH en el número de Science
correspondiente al 20 de mayo de 1983. Concluían
diciendo: “El papel del virus en la etiología del
sida aún debe determinarse.”
La primera evidencia de que el
VIH era la causa misma llegó un año después, y del
equipo de Gallo. Con cuatro artículos en Science
demostraron que el VIH pertenecía a virus similares
descubiertos por ellos. El primer retrovirus humano
(con ARN en vez de ADN) había sido descubierto
también en el laboratorio de Gallo y fueron estos
trabajos los que permitieron cultivar luego el VIH
en laboratorio.
La polémica entre Gallo y
Montagnier estalló en 1985 al tratar de patentar la
primera prueba sanguínea para localizar anticuerpos
contra el VIH, señal de la infección.
“En 1987, el presidente Ronald
Reagan y el primer ministro francés Jacques Chirac
calmaron las aguas legales al proclamar dos
codescubridores del virus y concertar que las
regalías por la patente [de la prueba] se dividieran
entre los dos países. Gallo y Montagnier aceptaron”.
La rama de olivo fue un extenso ensayo sobre la
cronología del VIH que publicaron en Nature como
coautores.
“Pero se reencendió la polémica
en 1990, cuando el Chicago Tribune publicó una
extensa investigación realizada por John Crewdson,
quien se preguntaba si el laboratorio de Gallo no
había robado el virus al grupo de Montagnier.” El
conflicto llegó hasta el Congreso de Estados Unidos,
pero investigaciones posteriores exculparon a Gallo
y su equipo de cualquier conducta desleal.
En 2002, Gallo y Montagnier
escribieron sendos ensayos para Science. Ambos
reconocían las mutuas aportaciones. Sus escritos
fueron vistos como preparación del terreno para
recibir un Nobel compartido. Pero un miembro del
Comité Nobel 2008, Jan Anderson, dice que al tomar
su decisión siguieron el deseo de Alfred Nobel, “al
honrar el primer descubrimiento” y no cada sucesivo
hallazgo.
El secretario del Comité, Hans
Jörnvall, fue más contundente durante la conferencia
de prensa en Estocolmo: “Al decidir qué
descubrimiento merece el Nobel, nosotros somos los
expertos, no un grupo de abogados…”
Mi
página web:
www.luisgonzalezdealba.com
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