El edificio Solanas del Mar, del
arquitecto A. Bonet, está en peligro
Entrevista al Arq. Jorge Nudelman

Antonio Bonet fue un arquitecto español catalán nacido en el año 1913.  En 1945 ya radicado en Maldonado planificó con notable profesionalidad la urbanización de Punta Ballena, construyó la casa para el poeta Rafael Alberti que por esos años vivía exiliado en Uruguay y en 1946 levantó en la costa de Punta Ballena el edificio Solanas del Mar, estructura de vanguardia para el momento con piedra, madera y ventanales.

 

Por estos días un grupo de profesionales de la arquitectura, profesores, estudiantes e integrantes de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, con el apoyo de reconocidos profesionales e intelectuales nacionales y extranjeros, vienen reclamando a la Intendencia Municipal de Maldonado y al Ministerio de Educación y Cultura detener las obras de remodelación emprendidas.

 

A la vez declarar a Solana Monumento Histórico Nacional y devolver el edificio a su estado original. “En pocas palabras: pedimos que se proteja una de las mejores obras construidas en todo el territorio uruguayo”

dice el documento en circulación.

 

Importa indicar que este inmueble siempre perteneció a privados y en ese carácter hoy se realizan las innovaciones cuestionadas.

 

La ONDA digital dialogó con el arquitecto Jorge Nudelman, Profesor Titular (Gº 5) de Arquitectura y Teoría en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la Repúbica, para conocer más sobre este tema que afecta un edificio de referencia

no solo de Maldonado sino del mundo.

 

 

¿De qué estamos hablando, de qué problema estamos hablando?

- ¡Ahhh! El problema, en el fondo, es de reconocimiento de una obra y no tener plata para poder mantenerla, conservarla y restaurarla. Ese es el problema desde mi punto de vista.  Es decir, por un lado tenemos una obra reconocida – más allá de estas vicisitudes burocráticas que estábamos comentando de las autorizaciones municipales – pero, sin duda, que ya, a esta altura, está instalada en la sociedad y es una obra emblemática, importante, que está en manos de privados que quieren sacarle un rédito al asunto.  No lo pueden mantener, no pueden pagar los impuestos por tenerla ahí de adorno.

 

- ¿Siempre fue privada?

- Siempre fue privada.

 

- ¿Y de lo que se trata es de que intervenga el Estado? ¿Es lo deseable?

- Eso también es complicado, porque el Estado, ¿qué Estado?  El problema es que tiene que haber un mantenimiento, ahora tiene que haber una restauración, con lo cual tiene que haber una inversión importante en esto porque el daño realmente es muy fuerte.

 

- ¿El daño provocado por el pasaje de los años, o el provocado ahora por el reciclaje?

- No, según muchas fotos que tengo, hasta los 90’, prácticamente están todas las cosas desde los años 40’. O sea, estaba incólume, estaba conservada.  Yo pensaba investigar más concretamente el tema de los Solana allá entre el 92 y el 95 que fue la época de las publicaciones fundamentales y, cuando fuimos a La Solana, estaba perfecta.  Habían algunas cosas que se habían deteriorado, había desaparecido una celosía de madera que estaba en las fotos de época pero que se habían oxidado y la habían desmontado.  Pero los muebles y todo estaba tal cual, ¡estaba fantástico!  Los materiales de los cuales está hecha La Solana son de primerísima calidad.  Pisos de granito y madera puesta de parquet con la veta vertical, en fin, una serie de lujos que hoy va a ser muy complicado poder recuperar, ¿no?

 

- Pero, así como en otros lugares del Uruguay ha intervenido, incluso, hasta la UNESCO – hablemos por ejemplo de Colonia – ¿en ese sentido es que se puede apelar al Estado?

- Sí, el tema del Estado en su capacidad de gestión y de financiación del bien al final, porque tampoco se lo puede dejar encerrado, cerrado al público y sin uso.  Y los usos, muchas veces, de oficinas estatales, también son muy desgastantes, muy depredadoras. Fíjese, por ejemplo, la casa de Julio Villamajó en Campbell y Sarmiento, que también es monumento histórico, durante mucho tiempo fue una oficina y fue también muy deteriorada.  Se logró el pasaje a la Facultad de Arquitectura, se hizo una costosísima restauración  y después quedó vacía y abandonada, al punto que después de muchos años hubo que restaurarla – de hecho está en estos momentos en curso de restauración otra vez – porque mientras tanto la casa estaba vacía, fue invadida.  O sea que puede suceder con estas cosas que cuando hay “muchas manos en un plato, hacen mucho garabato” y que nadie, en realidad, termina, al final, tomando la responsabilidad.

 

- Desde el punto de vista de parar la depredación actual……..

- Sí, esa obra hay que pararla, hay que lograr que se pare.  Lo ideal sería que quedara en manos de privados con una declaración de “monumento” y una compensación a los privados para que no estén financiando un monumento.  Ese sería el estado ideal. Que lo usen, que lo usen como posada, que sea una cafetería, que sea un restaurante, que es un lugar fantástico para usarlo, ¿no?, para disfrutarlo.

 

- Y también para estudio. Porque los estudiantes de esta Facultad, ¿no van a España a ver la arquitectura de Bonet?

- Sí, si.  Sin duda que la arquitectura de Bonet ha sido muy difundida en los últimos 10 años y, realmente, recibe muchos visitantes – estudiantes profesionales de la arquitectura y estudiosos  de estos temas.  

  

- ¿Pero a aun con los reclamos la obra de reciclaje sigue su curso?

- Si, no hay nadie que la haya detenido hasta ahora.  Nadie sabe en realidad que es lo que va a pasar. Se han manejado diversas alternativas incluso el tema de algún tipo de compensaciones dado el carácter de privado de la obra.

 

- Pero puede llegar un momento que puede no ser viable dar marcha atrás

- No, en realidad, podrían volver a hacerla de nuevo si quisieran.  Sin duda. Se puede reconstruir, se puede hacer de nuevo.  Lo que hubo fue una especie de tregua pero que me parece que se acabó y ahora – no estoy muy enterado – pero hubo una tregua de 15 días cuando surgió todo el escándalo a ver qué pasaba.

 

- Lo encuentro algo pesimista en cuanto a la salida de esto.

- Yo soy pesimista la experiencia que tenemos al respecto es una experiencia de fracaso y, entonces, ojalá que esto sea el comienzo de una nueva manera de entender …

 

- ¿Esto es un accidente o en el Uruguay, o hay una subestimación por estas cosas?

- Ah, no, yo creo que esto no es un accidente, es una subestimación. Por ejemplo, ahí esta lo que hicieron con el edificio del Casmu I, en Colonia y Arenal Grande: ¡es un crimen, es un crimen!  ¡Es un edificio fruto de un concurso, con unos valores realmente estimables!  Que, de repente, el común de la gente no lo aprecia, pero un arquitecto sí lo aprecia.

 

- Usted esta refiriéndose a la obra que le adicionaron en la fachada, un banco.

- Sí, la obra esa que le adicionaron en la planta baja, sí, una sucursal de un banco, pero que realmente la hicieron muy mal.  Un arquitecto tenía que saber que aquello no se podía tocar así.  Pero bueno. Y lo que hicieron con el entrepiso de Pablo Ferrando, lo que no termina de suceder con la obra de Villamajó en Lavalleja, el Ventorrillo de la Buena Vista y el Mesón de las Cañas, que son obras de un valor equiparable perfectamente.  Yo creo que, de hecho, Villamajó era accionista de Punta Ballena S.A., o sea, eran tipos que se admiraban mutuamente, Bonet y Villamajó.  Había una relación que no es muy conocida de consejos sobre las obras.  ¡Y el Ventorrillo de la Buena Vista, que es una obra magnífica, absolutamente fuera de lo común, está abandonado hace años!  ¡Abandonada, destruida, no sé! Y todo por las mismas causas, eh.  Porque una vez que las restauramos, ¿qué hacemos? ¿cómo llevar gente? ¿cómo hacer viable financieramente ésto y que se mantenga solo? Y bueno, hay ciertas cosas que no se pueden mantener solas, yo que sé. ¡Algo hay que inventar!

 

- Para cerrar este diálogo, ¿éstas cosas tienen una lógica si no se salvan, después mueren?

- Si no se salvan mueren. Sí, sí, es así, sin duda.  Ejemplos tenemos sobrados.  Ahora, en este momento, las discusiones realmente han desaparecido….

 

 

Antonio Bonet:

Antonio Bonet Castellana nació en Barcelona en 1913 y se formó como arquitecto dentro del círculo selecto de los primeros modernos españoles. Participó del IV congreso de los CIAM, en el que se elaboró la Carta de Atenas, fue miembro del GATEPAC, trabajó en el mítico estudio de Le Corbusier y colaboró con Josep Luis Sert en la construcción del Pabellón de la República Española en París, en 1937, donde Pablo Picasso presentó el Guernika.

 

En 1938, alentado por un grupo de arquitectos argentinos y cercado por el fin de la guerra civil española, Bonet emigró al Río de la Plata y se estableció allí hasta 1963, fecha en la que regresó definitivamente a España.

 

Amigo personal de Pablo Picasso, Rafael Alberti, Margarita Xirgu, Susana Soca, Roberto Matta y del torero Dominguín, Bonet construyó una sólida carrera profesional expuesta en publicaciones de todo el mundo y elogiada por historiadores y arquitectos de la talla de Dieste, Torres García, Giedion, Le Corbusier y Richard Neutra, entre otros tantos.

 

A su notable obra arquitectónica debe agregarse su destacada labor como diseñador de equipamiento interior: uno de sus diseños más famosos es el conocido sillón BKF (Bonet, Kurchan, Ferrari-Hardoy), pensado en hierro y cuero, barato, sencillo, cómodo y sumamente agradable.

 

En 1946 el directorio de Punta Ballena SA' encarga a Bonet las obras de urbanización y los edificios de un emprendimiento turístico modelo sobre la costa uruguaya. El conjunto de los trabajos realizados por el arquitecto comprende loteamientos, trazado de caminerías para peatones y automóviles, obras de paisajismo, viviendas para los obreros de la empresa y equipamiento urbano, a lo que se agrega la casa Berlingieri y el parador Solana del Mar.

 

Desde el inicio de las obras hasta 1950, Antonio Bonet y su familia se establecieron en la zona, lo que permitió al arquitecto el seguimiento milimétrico de las mismas y el diseño casi obsesivo de cada uno de los detalles. El parador Solana del Mar es una obra singular y una de las mayores muestras de la capacidad de diseño del arquitecto. Desde la implantación del edificio y la sensualidad del diálogo que entabla con la duna y el horizonte, hasta los detalles de mobiliario, luminarias, estufa, la elección de materiales y de cada pequeña cosa, junta y objeto, Solana del Mar ha sido y debe seguir siendo una enorme lección de arquitectura y un pequeño fragmento de utopía anclado sobre las arenas uruguayas.

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