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¿Para qué sirve
hoy el FMI?
por Mario Osava
El
futuro inmediato pide "una nueva generación de
políticos" no contaminados por los errores del
pasado, y el candidato presidencial demócrata Barack
Obama puede ser el primero, Sin cumplir, hasta
ahora, un papel activo en la crisis financiera
iniciada en Estados Unidos, el Fondo Monetario
Internacional (FMI) puede ser símbolo del fin de un
ciclo y de la necesidad de otro sistema adecuado al
nuevo orden mundial.
Pero la crisis no significa la
extinción del Fondo, sino que le ofrece "una
oportunidad" para reflotar, superando el "vacío de
misión" en el que se encuentra hace un tiempo,
estimó Eduardo Viola, profesor del Instituto de
Relaciones Internacionales de la Universidad de
Brasilia.
Ante la evidente "necesidad de
gobernanza global" en el área financiera, el FMI
podría adquirir autoridad de "monitoreo y
regulación", incluso sobre las grandes potencias,
pero eso es para el futuro, y después de mucha
negociación, dijo Viola a IPS.
Un FMI "enjuto y
reestructurado" podría adquirir una función en la
nueva "era de la regulación" que vendrá, como
organismo que "uniformaría las reglas" de una
"globalización efectiva", impidiendo que "cada uno
haga lo que quiera", como ocurre ahora, coincidió
Carlos Thadeu de Freitas, ex director del Banco
Central brasileño.
El sistema financiero, tal como
existe internacionalmente y en muchos países, "está
acabando" y será necesario encontrar "soluciones
nacionales", para luego, y en base a lo que
sobreviva, "reinventar un nuevo formato" mundial,
dijo a IPS el profesor de economía en la Universidad
de Campinas, Ricardo Carneiro.
El FMI --que celebra desde este
viernes y hasta el lunes su reunión anual junto a la
institución hermana, el Banco Mundial-- perdió
importancia en una crisis de la magnitud actual, y
no dispone de recursos para ayudar a las grandes
naciones, "sólo a países periféricos".
En una operación mayor de apoyo
a Brasil, en 1998, el Fondo aportó 41.500 millones
de dólares, de los cuales 18.000 millones eran
propios y el resto procedentes de bancos
internacionales de desarrollo y de países ricos,
como Estados Unidos, Japón y algunos europeos.
Hoy Brasil dispone de más de
200.000 millones de dólares en reservas cambiarias,
superando el monto del que dispone el FMI para
socorrer a naciones en dificultades. Las sumas
necesarias hoy para salvar a sistemas financieros
nacionales alcanzan billones de dólares y no se
conoce aún la dimensión total de la crisis.
Los consensos que se van
formando permiten prever una tendencia a la fuerte
regulación, pero la forma de establecerla exigirá
una difícil negociación. "Primero habrá que apagar
incendios" y evitar colapsos, antes de negociar un
sistema internacional, observó Freitas a IPS.
Por ahora el camino de la
solución parece ser la coordinación entre los bancos
centrales y las autoridades financieras de las
mayores economías.
Pero las incertidumbres son
enormes, aún no se sabe si el proceso avanzará a
través de "formas cooperativas o conflictivas". En
el segundo caso se crearía "un escenario peligroso
como el de los años 1930", que podría reactivar, por
ejemplo, el "aislacionismo de Estados Unidos",
evaluó Viola.
De todas formas, la crisis
precipita un reordenamiento mundial por lo menos en
términos económicos y afectará el cuadro
internacional más que los atentados terroristas del
11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos,
promoviendo transformaciones equivalentes al fin de
la Guerra Fría, en 1989, arriesgó Viola, sociólogo y
doctorado en economía internacional.
No es posible ya imaginar al
Grupo de los Ocho países más poderosos (Alemania,
Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña,
Italia, Japón y Rusia) sin China, mucho más potente
que varios miembros, alegó.
Su participación es "decisiva"
en la reestructuración internacional, como lo son
Estados Unidos, Gran Bretaña, el bloque del euro en
la Unión Europea y Japón, sostuvo. También deberían
tener voz en la coordinación países "de segunda
línea", como Brasil, India, Rusia, Canadá, México y
Corea del Sur, acotó.
De hecho, el G-8 podría
celebrar una reunión de emergencia en los próximos
días, y Rusia ha pedido que tomen parte también
alguno de los países emergentes.
En opinión de Viola, "no hay
solución nacional para esta crisis", ya que las
"políticas monetarias nacionales la agravan". Una
reforma del sistema financiero internacional exige
mayor cooperación y regulación, lo que entraña
"ceder parte de la soberanía nacional".
Eso incluiría, por ejemplo,
reglas para políticas cambiarias que podrían limitar
controles como los practicados por China, que
mantiene su moneda muy devaluada, favoreciendo sus
exportaciones. ¿Lo aceptaría Pekín? Es posible,
porque ese país también tiene interés en evitar
crisis como la actual, según Freitas.
Mientras se trata de superar la
fase aguda del terremoto, marcada por el pánico y la
falta de confianza, con una coordinación aún
informal de los bancos centrales, los economistas
tienen protagonismo, pero será necesario un nuevo
liderazgo para reencauzar la globalización, vaticinó
Viola.
Los actuales líderes,
economistas y políticos, sufren una "erosión de su
legitimidad" por la crisis. "Héroes recientes", como
Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal,
el banco central estadounidense, se han convertido
en "responsables del desastre", apuntó el profesor
de la Universidad de Brasilia.
El
futuro inmediato pide "una nueva generación de
políticos" no contaminados por los errores del
pasado, y el candidato presidencial demócrata Barack
Obama puede ser el primero, como próximo presidente
de Estados Unidos, "joven, de mente abierta y que
inspira confianza en la juventud", concluyó.
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