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Paco Ignacio Taibo II
Narrativa policiaca: la gran
narrativa del fin del milenio
por Eduardo Corrales
“Es
imposible desligar los factores políticos y sociales
de la criminalidad en nuestros países: están tan
absoluta e íntimamente vinculados, que el hecho del
crimen es un reflejo de los comportamientos, los
modelos y los conflictos de cada una de nuestras
sociedades”, afirma el escritor mexicano Paco
Ignacio Taibo II.
A punto de aparecer
en las librerías latinoamericanas su biografía de
Tony Guiteras -un revolucionario cubano de la década
de 1930-, que lleva por título Un hombre guapo, e
inmerso en la escritura de una novela, el creador
del entrañable detective Héctor Belascoarán Shyne ha
pasado por Nueva York.
“Cada vez más, en
América Latina el neopoliciaco se está volviendo la
gran literatura social”, acota y –ante la
multiplicidad de los hechos y procesos que
identifican la política con la corrupción y el
delito en general- parece redundar cuando juzga con
exactitud que “no puede hacerse literatura policiaca
sin hacer novela social y política por lo tanto”.
Por fortuna, en el
terreno de la creación artística la infame
combinación de crimen y poder –muy a menudo sin
castigo- tiene la posibilidad de transformarse en un
digno hecho literario. “El neopoliciaco en América
Latina es una literatura que tiene un montón de
elementos de experimento y búsqueda literaria y
formal; de tal manera que compite en términos de
calidad con cualquier otra literatura”, comenta el
autor de Días de combate (1976).
“La novela policiaca
estuvo en una especie decadencia a fines del siglo
pasado. Había un montón de repetición, una tremenda
influencia del bestseller norteamericano, que es una
novela sin atmósfera, sin contenido, sólo con trama;
muy débil en la construcción del ámbito social y
también en los términos del experimento literario”,
anota.
“El neopoliciaco en
América Latina vino a reverdecer eso y a
enriquecerlo de una manera inmensa, así como el
neopoliciaco en países como Francia o Italia también
operó en ese sentido”, agrega.
“Yo diría que a fines
del siglo pasado se creó lo que podríamos llamar un
arco latino en la nueva novela policiaca, con
autores que venían de España, Francia y América
Latina y revivieron el género”, acota el autor de La
bicicleta de Leonardo (1994), quien, además, desde
hace dos décadas organiza el certamen que, bajo la
denominación de la Semana Negra en Gijón, reúne
anualmente a escritores que cultivan el género
policial.
Si bien la cuasi
fusión de la política y el crimen no constituyen
patrimonio de ningún país, Paco Ignacio Taibo II
observa que el (sub)género se ha ido (con)formando
en respuesta a procesos históricos específicos.
“Cada país tuvo su
historia y todas confluyeron al final: en España el
neopoliciaco apareció a partir de la quiebra de
franquismo y la necesidad de contar la transición.
En México el neopoliciaco surgió después del
movimiento del ‘68 y la necesidad de narrar el país
otra vez, de otra manera”, afirma.
“En Argentina se dio
después de la dictadura militar, antes era
prácticamente imposible; mientras que en Cuba nació
como una literatura laudatoria, de la lucha contra
los Estados Unidos y la guerra sucia -en las novelas
de contraespionaje- y luego empezó a evolucionar
hacia una novela más crítica de la realidad cubana”,
reflexiona.
“Cada país tiene su
historia, pero todos confluyeron en la idea de que
la narrativa policiaca podía ser la gran narrativa
del fin del milenio en cuanto a la descripción de
las sociedades en las que viven”, sintetiza.
Lo que queda de 1968,
cuarenta años después
Paco Ignacio Taibo II
(Francisco Ignacio Taibo Mahojo) nació en Gijón
(Asturias), el 11 de enero de 1949. Llegó a México
llevado por su familia (sus dos abuelos habían
participado en la Guerra Civil española resistiendo
contra el bando nacional) en 1958.
Se considera un
hombre de izquierda de toda la vida y en su juventud
militó en la Liga Comunista Espartaco, habiendo
participado activamente en el movimiento estudiantil
de 1968.
A cuatro décadas de
distancia reflexiona acerca de lo que dejaron esas
intensas y dramáticas jornadas: “Creo que quedó un
espíritu libertario que sigue corriendo en la
sociedad mexicana, que confrontó a las clases medias
ilustradas con el autoritarismo del gobierno priista.
Eso permanece .y pervive”.
El autor precisa que
“cada ’68 –aunque se le ponga la fecha y se creen
identidades- tiene un historia nacional diferente:
no es lo mismo el de Praga, que el mexicano, el
brasileño o el francés”.
En cuanto a la
vigencia de las iniciativas políticas que se
reclaman de izquierda comenta: “El péndulo del
neoliberalismo ha llegado a tocar el tope. La gente
ya no cree en el proyecto neoliberal en ninguna
parte de América Latina y lo está revisando
críticamente desde posiciones de izquierda -más
suave o más fuerte- en todos lados”.
Pero el escritor no
abandona su visión crítica y también observa que
“hay un proceso de descomposición, burocratización,
y pérdida ideológica en toda la izquierda y hay que
rescatar el sentido romántico y épico de la
propuesta de la izquierda a escala universal; en ese
sentido, la cultura es uno de los valores
dinamizadores”.
El 2005 escribió la
novela Muertos incómodos, conjuntamente con el
dirigente zapatista que se hace llamar Subcomandante
Marcos, y es autor también de los volúmenes
biográficos Ernesto Guevara, también conocido como
El Che (1996) y Pancho Villa, una biografía
narrativa (2006).
“Necesitamos saber de
dónde venimos para ver hacia dónde vamos. En esa
línea se inscriben mis trabajos sobre Pancho Villa,
el Che y -el más reciente- una biografía de Tony
Guiteras, un personaje prácticamente desconocido”.
Paco Ignacio Taibo II
opina también acerca de las experiencias de los
gobiernos izquierdistas en la región: “En Bolivia,
la transformación viene teniendo tremendas
dificultades y está en un momento muy crítico pero
creo que va a seguir para delante”.
En cuanto a la
experiencia venezolana aprecia que "hay que verla en
toda su riqueza. Ha sido vista muy esquemáticamente
desde fuera y muy en torno la figura de Chávez. No
es justo medir la transformación venezolana a partir
sólo de Chávez; hay que ver las cosas que se han
hecho en cultura, en educación y salud en estos
últimos años, son muy impresionantes”.
Y en relación al
proceso cubano apunta: “Hay una crisis postergada
que tarde o temprano va estallar. El modelo cubano
tuvo la utilidad de desarrollar -en un determinado
momento- inmensas fuerzas sociales y productivas, la
cultura, el deporte, la educación y la salud, pero
frenó el debate ideológico, que es fundamental. Esa
crisis está pospuesta y tiene que resolverse tarde o
temprano”
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