¡Y
se largó nomás! La campaña de recolección de
firmas por la reelección de Tabaré se anunció el
viernes 17 en ocasión de inaugurarse el local
central en Montevideo y se lanzará el lunes 27,
en conferencia de prensa. La movida ya no tiene
vuelta atrás, salvo que el protagonista de esta
historia mande parar, circunstancia que aún no
se vislumbra.
Honestamente debo
manifestarles que me cuesta creer que esto
llegue a concretarse, pues es inocultable que
los tiempos marcan un anacronismo tal que hacen
poco viable un intento de reforma constitucional
como el que se necesita para llegar a buen fin.
En efecto, es un hecho objetivo que el sistema
electoral vigente dispone la realización de
elecciones internas el próximo año como paso
previo a la elección de un candidato que puje
por un nuevo período de gobierno. Entonces nos
preguntamos si está prevista esa instancia por
parte de este movimiento, y de estarlo, si se
consideró la inconstitucionalidad que ello
significa por cuanto el Presidente está inhibido
de cualquier manifestación política durante el
ejercicio de su mandato según reza el Art. 77,
numeral 5°) de la Constitución de la República
vigente. Si bien es cierto que el Presidente
nada dice, hilando fino (y no tanto), la simple
omisión y permisividad del uso de su imagen,
rozaría la violación que referimos, ¿o no?
Y me surge entonces la
pregunta: ¿Tabaré está dispuesto a cometer una
violación constitucional? ¿Borrará con la
“reelección” lo que escribió históricamente una
vez obtenido el primer gobierno de izquierda en
el país, aquello de “dentro de la ley, todo;
fuera de la ley, nada”?
“Difícil que el chancho
chifle”, solía decir mi viejo cuando un
imposible pretendía expresar, y honestamente
creo que estamos ante un caso irrefutable. No
imagino siquiera un escenario donde el
Presidente asista - como presidenciable
reformista - en concurrencia real con otros
candidatos, a la instancia de las elecciones
internas. Pues haciéndolo estaría vulnerando la
actual Constitución más allá de la ultra
intención de subsanar la inconstitucionalidad
posteriormente, en la elección de noviembre,
cuando se la plebiscite en busca de reformarla
permitiendo la reelección presidencial.
Entonces no queda otra que
pensar que el Presidente busca torcer lo que no
ha podido convencer aún, es decir, la voluntad
de quien poco a poco se fue sintiendo fuerte
para aceptar lo que no pretendía pero a lo que
le fue encontrando una vuelta posible. En otras
palabras, que Mujica acepte ser compañero de
fórmula de Astori, siendo éste el presidenciable
preferido por el Presidente.
Queda poco tiempo para el
Congreso, y vislumbro que poco a poco se irán
acomodando los zapallos en el carro. El tan
ansiado consenso se irá construyendo para
beneplácito de un conglomerado de voluntades que
hicieron y harán posible continuar disfrutando
estos cambios.
A todo esto, no es menor
el hecho de considerar que un tema de semejante
relevancia no debiera estar reservado a unos
pocos que han tomado al tema como bandera, sino
que el mismo tendría que ser tratado en el
órgano deliberativo por excelencia que tiene la
fuerza política, verdadero y único soberano,
para decidir los destinos del Frente Amplio: el
Congreso.
Me afilio a la mesura y
sensatez de no exponer, al país primero y a
los frenteamplistas luego, a una encrucijada de
la que no es fácil aventurar resultados. Nadie
duda de la potencialidad de Tabaré, pero el
tiempo es el mayor enemigo en estos momentos.
Por eso apelo a que se logre el consenso que
históricamente caracterizó a nuestra fuerza
política, para laudar en el tema. Consenso que
también permita a nuestro querido Presidente,
cumplir con la promesa efectuada el 1° de Marzo
del año 2005:
"Yo, TABARÉ VÁZQUEZ, me comprometo por mi honor
a desempeñar lealmente el cargo que se me ha
confiado y a guardar y defender la Constitución
de la República". (Art. 158 de la Constitución)
El perro suspiró aliviado,
y esta vez fue el hombre
el que se le echó al lado.