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Las patitas
de una sota
por Félix Duarte
En
la película aquella, había gente que estaba al borde
de un ataque de nervios. La verdad sea dicha, en
este bendito país hay muchos, bastantes que están al
borde de algo. Ataque de nervios es poco, es común,
prosaico... Debe ser una situación que se mete en
el tipo –te copiamos Wimpi– y les remueva las cosas
que se tienen asumidas, las costumbres, pensares y
hasta la rutina. Y en lugar de todo eso coloca
urgencias y motivaciones nuevas que hicieran al tipo
moverse hacia objetivos de otro tipo, diferentes.
Que viera el escenario conocido con ojos y mente
distintos.
Se nos ocurrió eso habida
cuenta que apenas despunta el calorcito que anuncia
verano, Papa Noel y vacaciones, pareciera que algún
bichito anda en el aire –no debe ser el “mangangá
amarillo” de Los Olimareños; se vería, se sentiría–
y esto empieza a meter a la gente en el brete
proselitista y electoral. Hay candidato a rolete y
“pa’tuitos los’gustos aura que dice paisano” diría
el gaucho de “El Resorte”. Los que han sido
nominados por sus organismos idóneos. Los que se han
auto–nominado. Pero todos andan trillando el
Uruguay, por los cuatro rumbos y a lo bobo.
Hacen actos, se multiplican en
las entrevistas de los medios, etc. Empresas de
encuestas no dan abasto y como los herreros que
arman rejas, saborean la zafra de ganancias. Se hace
una encuesta para ver que pasaría si las elecciones
fueran este domingo. Si hay balotaje o si se
resuelve de primera. Después se reúne un simposio de
analistas, politólogos y otras mentes afines y dan
vuelta a los resultados de la encuesta, Y se debate,
se opina, etc .etc. Pero en el tal día de la
hipótesis, saboreamos los ravioles de cada domingo.
A la elección le falta más de un año.
A veces uno duda si este país
es real. O es aquel que le sirvió como idea a María
Elena Walsh y que no es preciso nombrar. Todos
fuimos niños. Hoy aquí todo el mundo habla, piensa y
se mueve con el tema elecciones y avisos ya empiezan
a ser protagonistas en la calle. En la oposición se
puede decir que eso es casi lógico, por obvias
razones. En las tiendas oficiales cada grupo anda
carpiendo y regando la chacrita de cada uno, por eso
de ganar espacios y no sería tan lógico. Y a los
que no se ven en la TV –el Juan y las Maria– un
gran hastío los empieza a ganar.
Hace unas semanas mencionamos a
un político. Querido, respetado por todos y un
referente ineludible de la fuerza política. Hablando
de candidatos es el que más “suena” junto con otro
compañero, referente también y de prosapia. Se nos
ocurrió pensar que no sería una buena apuesta como
candidato, porque cargaba pesada mochila, que lo
hacía vulnerable ante un profesional manejo
mediático de esa carga. Y que si ese manejo se daba
seria un componente que iba a distraer esfuerzos en
la campaña, donde los centros deberían ser: El
programa. Lo hecho por el Gobierno.
¿A que recordar lo anterior? El
diario “El País” edita los jueves fascículos que
contienen fotos de la Historia del país. Buen
material. El jueves pasado salio el Nº 8 (de 9) que
recoge, de la página 50 a la 61, el capítulo
“Aquellos años del odio y del terrorismo” y algunas
fotos son estas: “Destrucción del Club de Golf por
una bomba” “Los hijos de Dan Mitrione” “Sergio
Molaguero luego de su liberación” “El embajador
británico Geoffrey Jackson” “Sanguinetti en la
cárcel del pueblo” “Detención de Lucía Topolansky” y
la última es: “Julio Marenales cuando fue detenido”.
Esa es la parte gráfica del
capítulo. Cada foto se complementa con un texto, que
no es del todo corto y lo interesante es que el
texto tiene un planteo muy elaborado y muy
estudiado. Busca, en todos los casos, unir dos
puntas que son: 1) aquel momento como hecho puntual.
2) el presente de aquel protagonista del hecho de la
foto. Eso es en particular claro en los dos últimos
casos de la nomina de fotos. O sea lo referido a
Lucia Topolansky y Julio Marenales. Las fotos están
en blanco y negro y aspecto de época. ¿Qué ocurriría
hoy con eso procesado en técnicas actuales?
La foto de los hijos de Dan
Mitrione fue elegida con cuidado, para trasladar el
mensaje subliminal. Una niña y un niño, el dolor y
la angustia en sus rostros, tomados en primer plano
a medio cuerpo. Para centrar la atención, solo las
dos caritas, al fondo parte de los trajes de
personas (no caras) y en un ángulo, de otro ser
humano, solo la boca de una mujer, en rictus de
dolor, vestida de negro y apoyada en el niño,
sugiriendo ser la madre. El momento de la foto es
cuando suben al avión, en el que va el cuerpo del
padre. Nada ahí en esas fotos, es casualidad.
Seguro que se ha trabajado con
registros de esa época. Hoy, debe haber cientos o
miles de piezas. Si se procesan con los recursos
sofisticados que da la tecnología actual y se ponen
a punto videos en la TV, presentaciones de Power
Point en pantallas grandes e infinidad de otras
aplicaciones, se puede conformar un problema para
cualquier campaña. Son las cosas que vienen bien en
los remates. ¿Se acuerdan los memoriosos de los
tanques rusos, el alambre de púa, los niños
arrancados de las madres, etc.? en un final reñido
que el frentista no olvidó. El espacio nos indica el
fin. Queda para pensar, que eso no ocupa lugar. ¿O
sí?
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