Dimensión estratégica y

política externa de los Estados Unidos

por el profesor Luiz Alberto Moniz Bandeira

 

“…America is too democratic at home

 to be autocratic abroad. This limits the

 use of America’s power, especially

 its capacity for military intimidation”.

Zbigniew Brzezinski[i]

 

Eurasia es la masa de tierra que se extiende de Europa a Asia, separada por la cordillera de los Montes Urales, teniendo Rusia y Turquía parte de sus territorios en los dos continentes. Su heartland, situado, fundamentalmente, entre Asia Central y el Mar Caspio, abarca Kazakistán, Armenia, Azerbayán, Kirguistán, Tadjikistán, Turcomenistán, Usbekistán, Siberia Occidental y parte septentrional de Pakistán, y es circundado por Afganistán, Rusia, China, India e Irán. Sir Halford John Mackinder, a principios del siglo XX, en conferencia, en la London’s Royal Geographical Society, bajo el título  "The Geographical Pivot of History"[i], sustentó que este "closed heartland of Euro-Asia" era el "pivot" del equilibrio global y el Estado que lo controlase tendría posibilidades de proyectar el poder de al otro de la región.  Allí el poder terrestre tendría una ventaja mayor, debido al hecho de que sus ríos fluían hacia mares mediterráneos, lo que la tornaba inaccesible una fuerza naval, a través del Océano Ártico, y podría no solo explotar los recursos naturales allá existentes sino usar los medios de comunicación terrestre, más rápidos que los marítimos. El Estado que dominase heartland, “the greatest natural fortress on earth”, tendría, por lo tanto, la posibilidad de comandar a toda Eurasia, llamada por Mackinder de World Island[ii].

 


Asia Central -  Heartland

 

Durante el gobierno presidente James Earl Carter (1977-1981), Zbigniew Brzezinski, su asesor de Seguridad Nacional, trató de orientar la política externa, dentro de los mismos parámetros de Mackinder. Él consideraba que, en aquel contexto de la Guerra Fría, la forma como los Estados manejaban Eurasia era crítica y enfatizó la doctrina según la cual el Estado que dominase este vasto continente, que constituía un eje geopolítico, controlaría dos de las tres regiones económicas más productivas y avanzadas del mundo, subordinaría a África y tornaría el hemisferio occidental y Oceanía geopolíticamente periféricos. Allí, en Eurasia, vivía el 75% de la población mundial y estaban depositadas 3/4 de las fuentes de energía conocidas en todo el mundo.[i] Con esta percepción, Brzezinski indujo al presidente Carter a abrir un tercer front, en la Guerra Fría, instigando contra Moscú a los pueblos islámicos de Asia Central, en el heartland de Eurasia e integrantes de la Unión Soviética, con el objetivo de formar un green belt[ii] y contener el avance de los comunistas en la dirección de las aguas calientes del Golfo Pérsico y de los campos de petróleo del Oriente Medio.[iii]

 

Brzezinski, en su libro Game Plan – How to Conduct the U.S. – Soviet Contest, reconoció que la contienda entre los Estados Unidos y la Unión Soviética no era entre dos naciones. Era “between two empires”, i. e., entre dos naciones que habían adquirido “imperial attributes even before their post-World War II colision”.[iv]  La Unión Soviética se desmoronó, entre 1989 y 1991, cuando perdió el dominio no sólo sobre los Estados del Este-Europeo sino, también, sobre otras repúblicas que la integraban, inclusive las del Báltico y de Asia Central, abriendo un vacuum político, que los Estados Unidos aprovecharon para ocupar.  Y una consecuencia geopolítica, producida por el fin de la Guerra Fría, fue azuzar la disputa en torno de las inmensas fuentes de energía – gas y petróleo – existentes en aquella parte del heartland euro-asiático. Con independencia de las cinco repúblicas soviéticas de Asia Central y la debilidad de los nuevos Estados emergentes de los escombros de la Unión Soviética, los Estados Unidos aprovecharon el vacuum y avanzaron sobre la región.  Expandieron la OTAN a las fronteras de Rusia, incorporando algunos Estados que antes pertenecieron al Bloque Socialista, impusieron su superioridad en los Balcanes, con el desmembramiento de la antigua Yugoslavia, y emprendieron guerras hacia la ocupación de Afganistán e Irak.

 

En el gobierno del presidente George H. W. Bush (1989–1993), período en que ocurrió el desmoronamiento de la Unión Soviética y de todo el Bloque Socialista, el general Colin Powell, como jefe del Estado-Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, recomendó que el gobierno preservase la “credible capability to forestall any potential adversary from competing militarily” con los Estados Unidos[v], impidiese a la Unión Europea tornarse una potencia militar, fuera de la OTAN, la re-militarización de Japón y de Rusia, y desanimase cualquier desafío a su preponderancia o tentativa de revertir el orden económico y político internacionalmente establecido. Y señaló para las Fuerzas Armadas de los países latinoamericanos sus nuevas misiones, que consistían en

 

to maintain only such military capabilities as are necessary for self-defense and alliance commitments counter-narcotrafic efforts, disaster relief, international peacekeeping  forces and consistent with their laws and constitutions and other missions, with the principles of the Organization of American States and United Nations Charters”.[vi]         

 

En la misma época, 1992, Dick Cheney, como secretario de Defensa del gobierno de George H. W. Bush, divulgó un documento, en el cual confirmó que la primera misión política y militar de los Estados Unidos  post-Guerra Fría consistía en impedir el surgimiento de algún poder rival en Europa, en Asia y en la extinta Unión Soviética.

 

Pero, desde la administración del presidente Ronald Reagan (1981-1989), el Pentágono, estaba gestando nuevas amenazas, como justificación para los voluminosos recursos presupuestales con los cuales financiaba el complejo industrial-militar y toda su cadena productiva, así como la cadena de bases militares y tropas en las más diversas regiones del mundo. El “peligro verde”, identificado con el fundamentalismo islámico, comenzó a sustituir el “peligro rojo”, representado por la Unión Soviética, y el “terrorismo internacional” pasó a ocupar un espacio relevante en la agenda internacional de los Estados Unidos. En 1984, sin embargo, Reagan tomó como principal blanco, ya no a las organizaciones responsables por los atentados, sino a algunos Estados, en el Tercer Mundo, los cuales clasificó como “rogue states” (estados irresponsables, indisciplinados) y los acusó de patrocinar el terrorismo (state-sponsored terrorism). Y luego del desmoronamiento de la Unión Soviética y de todo el Bloque Socialista, el terrorismo y el narcotráfico configuraron los nuevos enemigos a combatir[vii], por cuanto ya no había otro Estado o bloque de Estados con capacidad de desafiar y poner en riesgo al sistema económico, social y político de los Estados Unidos, cuya fuerza militar se había tornado, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la única en el mundo que tuvo como principal misión, no la defensiva, sino la ofensiva, no la de resguardar las fronteras nacionales, sino la de proyectar su poder sobre todos los continentes, en los cuales instaló seis comandos militares, que caracterizan el dominio imperial.[viii]

 


Fuente :
http://www.defenselink.mil/specials/unifiedcommand/ 

 

Aunque buscase un mayor compromiso multilateral, el presidente William “Bill” Clinton (1993-2001), del Partido Demócrata, mantuvo sustancialmente la agenda política externa de sus antecesores del Partido Republicano, Ronald Reagan y George H. H. Bush. El “counter-terrorism fue  “a top priority for the Clinton Administration”, según la Casa Blanca anunció en 1995.[i]  Y Madeleine Albright, secretaria de Estado en su administración, enfatizó que el terrorismo constituía la más importante amenaza que los Estados Unidos y el mundo enfrentarían a comienzos del siglo XXI y altos funcionarios norteamericanos reconocieron que los terroristas, más que nunca, estaban en condiciones de obtener y usar armas nucleares, químicas y biológicas. 

 

Lo que predominó en Washington, en los años 1990, fue la doctrina, según la cual los Estados Unidos deberían ejercer su “unrivaled power”, como un imperio, a fin de traer estabilidad internacional, resolver los problemas del terrorismo, de las “rogue nations”, de las armas de destrucción masiva, etc... Las propuestas para tornar a los Estados Unidos en un imperio no eran intelectualmente serias, en opinión del periodista William Pfaff,  del International Herald Tribune,  pero eran significativas, porque la clase política y la burocracia estaban enamoradas del poder internacional y “they want more[ii]. La enorme cadena de bases militares, que los Estados Unidos mantienen en todos los continentes, excepto la Antártida, configura, de hecho, una forma de imperio.[iii] De acuerdo, con las estadísticas del Departamento de Defensa, había cerca de 725 bases militares de los Estados Unidos, en 38 países, alrededor de 2003, y en torno de 100.000 soldados en toda Europa[iv]. Sólo en Alemania, incluso después de finalizada la Guerra Fría y la retirada de las tropas por parte de la extinta Unión Soviética, los Estados Unidos poseían cerca de 17 bases militares y cuarteles (facilities), debido a la ventaja de estar más cerca del Oriente Medio y de Asia Central, en un país con una democracia estable y condiciones de vida, que proporcionaban un mejor confort y comodidad a sus tropas, cuyo total era de aproximadamente 75.000 soldados, en 2004. 

 

Los Estados Unidos, por medio del poder militar, con el apoyo de los medios de comunicación, pasaron a dominar el mundo y conformaron un imperio informal, a partir de la derrota de Alemania y de Japón, en 1945.  Según resaltó el periodista William Pfaff, “Washington ignores whenever convenient[v] los principios de la soberanía nacional y de la igualdad de las naciones, que desde el siglo XVII, cuando fue celebrado, el 30 de enero de 1648, el Tratado de Westfalia, en Münster (Alemania), poniendo fin a la Guerra de los 30 Años, constituyeron los fundamentos del Derecho Internacional. Fue basado en dichos principios que el gran jurista brasileño Rui Barbosa, como jefe de la Delegación de Brasil, en la Segunda Conferencia de Paz, en La Haya (1907), proclamó que “la souverainité est la grande muraille de la patrie y defendió la “l’égalité des Etats souverains”, contra la posición de los Estados Unidos y otras grandes potencias, que pretendían crear un Supremo Tribunal Arbitral, discriminando a los demás países en su composición.[vi]

 

Con la ascensión de George W. Bush a la presidencia, los neo-conservadores, conocidos como neocons, la hard right” del Partido Conservador, trataron de orientar la política internacional de los Estados Unidos, según el Project for the New American Century (PNAC), que consistía en aumentar los gastos en defensa, fortalecer los vínculos democráticos y desafiar los “regímenes hostiles a los intereses y valores” americanos, promover la “libertad política” en todo el mundo, y aceptar para los Estados Unidos el papel exclusivo en “preservar y extender un orden internacional amigable (friendly) a nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros principios”.  Con todo, la primer prioridad del presidente George W. Bush, cuando inauguró el gobierno a comienzos de 2001, no fue combatir el terrorismo o la proliferación de armas de destrucción masiva, sino aumentar el flujo de petróleo del exterior, debido a la reducción de los stocks de petróleo y de gas natural, en los Estados Unidos, evidenciada por los blackouts ocurridos en California, mientras las importaciones de petróleo estaban sobrepasando el 50% del consumo interno. Y los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las torres-gemelas del World Trade Center, en Nueva York, permitieron que el gobierno de Washington, bajo la consigna de la “war on terrorism”, intensificase la militarización de la política externa y emprendiese la campaña para asegurar las fuentes de energía – gas y petróleo – y las rutas de abastecimiento, una “vital sphere” de intereses de los Estados Unidos, de la cordillera de Hindu Kush, en Afganistán y el nordeste de Pakistán, involucrando a Irán y al Oriente Medio, hasta el Bósforo.[vii] Así, la guerra contra el terrorismo constituyó una mera figura de retórica, un eufemismo, para disfrazar los objetivos reales del presidente George W. Bush, que consistían en vencer la resistencia y/o la insurgencia islámica, y controlar a Asia Central y al Oriente Medio, con sus enormes yacimientos de gas y petróleo. La convergencia de las necesidades de la economía mundial capitalista y los intereses de las grandes corporaciones pautó su política internacional.

 

El cambio en la estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos, sustituyendo la doctrina de containment and deterrence (contención y disuasión) por la de preemptive attacks, i. e., de ataques preventivos, contra grupos terroristas o países percibidos como amenaza, fue oficializada en septiembre de 2002, con la emisión del documento “The National Security Strategy of the United States of America”.[viii] Este cambio era necesario, como fundamento para las intervenciones militares, que el presidente George W. Bush y los neocons pretendían promover, apuntando a asegurar la superioridad militar, política y estratégica de los Estados Unidos, mediante el control, sobre todo, de las fuentes de energía existentes en Asia Central y en el Oriente Medio. La perspectiva era, entonces, la de que la sociedad americana estaría enfrentando la mayor crisis de suministros de energía, en las dos próximas décadas.  Se preveía que, en los próximos 20 años, i. e., hasta el 2020, el consumo de petróleo por parte de los Estados Unidos aumentaría a cerca de 6 millones de barriles por día, , mientras su producción declinaría a cerca de 1,5 millón de barriles por día y atendería a menos del 20% del consumo. Al mismo tiempo, el consumo de gas natural crecería cerca del 50%, pero la producción aumentaría apenas el 14%.[ix] Frente a dichas perspectivas, inmediatamente en los primeros meses de la administración de George W. Bush, el 19 de marzo de 2001, el secretario de Energía, Spencer Abraham, admitió en una conferencia en la National Energy Summit que la “America faces a major energy supply crisis over the next two decades," told The failure to meet this challenge will threaten our nation’s economic prosperity, compromise our national security, and literally alter the way we lead our lives."[x] En dichas circunstancias, cuando la crisis de energía en California, en aquella época, comenzó a salirse del control, Dick Cheney, vice-presidente de los Estados Unidos y ex-jefe ejecutivo de la Haliburton, se reunió, en secreto, con directores de las principales compañías de petróleo y gas, a fin de debatir la cuestión energética. Y una Task Force, nombrada por el presidente George W. Bush y dirigida por  Dick Cheney, formuló la National Energy Policy, como un problema de seguridad nacional.

 

La seguridad nacional de los Estados Unidos, por lo tanto, implicaba, necesariamente, el dominio de las fuentes de energía, en el Oriente Medio, donde estaban depositadas cerca del 64,5% de las reservas conocidas de petróleo, así como en Asia Central. Cualquier otra potencia, que dominase aquellas regiones, tendría una poderosa arma para amenazar a la sociedad americana, cuya seguridad energética se había tornado bastante vulnerable, dado que más del 50% del consumo de petróleo en los Estados Unidos dependía de las importaciones.  De ahí el ataque a Afganistán, por donde debería pasar un oleoducto, uniendo Turcumenistán a Pakistán, y la invasión y ocupación de Irak, donde estaban las mayores reservas probadas de petróleo, algunas con bajo costo de extracción. Y, con el objetivo estratégico de establecer plataformas aéreas para eventuales guerras preventivas u otras misiones militares, los Estados Unidos expandieron su aparato militar, mediante la construcción de un nuevo arco de bases e instalaciones en las antiguas repúblicas soviéticas – Kirguistán, Tadjikistán y Uzbekistán – en el heartland de Eurasia, así como en Pakistán, Qatar y Dijibouti.


Documentos fechados en marzo de 2001, que el Departamento de Comercio de los Estados Unidos tuvo que desclasificar, a mediados de 2003, como resultado de un proceso promovido por las organizaciones Sierra Club (ambientalista) y por la Judicial Watch, revelaron que la Task Force, dirigida por el vice-presidente Dick Cheney, había elaborado dos mapas de los campos de petróleo,  oleoductos, refinerías y terminales, así como dos mapas detallando los proyectos y las compañías que pretendían ejecutarlos. [i] Después de la invasión por parte de los Estados Unidos, en 2003, los geólogos de las compañías multinacionales realizaron investigaciones y estimaron que en los territorios relativamente no explotados los desiertos del oeste y sudeste del país podían contener reservas adicionales de 45 a 100 mil millones de barriles (bbls) de petróleo recuperable.[ii] Y, el 19 de junio de 2008, The New York Times publicó un artículo titulado "Deals With Iraq Are Set to Bring Oil Giants Back”, comprobando que la ocupación de Irak apuntó realmente a capturar los campos de petróleo. Basado en informaciones de funcionarios del ministerio responsable por el petróleo en Irak y de un diplomático americano, mantenido en el anonimato, el periodista Andrew Kramer, en su artículo, escribió  que  la "Exxon Mobil, Shell, Total and BP ... along with Chevron and a number of smaller oil companies, are in talks with Iraq's Oil Ministry for no-bid contracts to service Iraq's largest fields." [iii] De acuerdo con el Oil and Gas Journal, las reservas de petróleo probadas como existentes en Irak eran de 115 mil millones de barriles, en 2001, pero posiblemente el número sería mucho mayor aún.

 

El control de estas y otras reservas de petróleo se tornó cada vez más fundamental para los Estados Unidos, por cuanto sus importaciones totalizaron U$S 327 mil millones en 2007 y, de acuerdo con las estimaciones, alcanzarían U$S 400 mil millones, en 2008, lo que representaba un incremento del 300%, con relación al 2002.  La cuenta del petróleo respondió por 35% al 40% de todo el déficit comercial de los Estados, en 2006, un porcentaje mucho mayor que en 2002, que fue de apenas el 25%.[iv] En 2007, el total del déficit comercial de los Estados Unidos fue U$S 708,5 mil millones[v]. Aunque fuese cerca de U$S 50 mil millones menor que en el año anterior, 2006, gracias a la devaluación del dólar y, consecuentemente, al aumento de las exportaciones, la tendencia, sin embargo, era aumentar cada vez más. No sin razón, el presidente George W. Bush, en la State of Union de 2006, advirtió que los Estados Unidos, para mantener su producción competitiva, requería recursos energéticos baratos y ahí estaba el grave problema: “America is addicted to oil, which is often imported from unstable parts of the world[vi].

 

Los Estados Unidos, con el fin de mantener la posición de potencia mundial, que hace más de un siglo alcanzaron, dependen más y más de fuentes de energía confiables, especialmente petróleo, cuyas importaciones, sobre todo de la región del Golfo Pérsico, tienden a crecer, significativamente, en las próximas décadas. La expectativa era de que la demanda mundial de petróleo saltaría de 82 millones de bpd, en 2004, a 111 millones bpd en 2025, lo que representaría un aumento del 35%. Y la Energy Information Administration (EIA), de acuerdo con el Annual Energy Outlook, preveía un incremento aún mayor de la demanda de suministros de petróleo por parte de los Estados Unidos y por los países emergentes de Asia – principalmente China – y, consecuentemente, el aumento del precio, a través de 2030.  Por otra parte, la seguridad nacional de los Estados Unidos pasó a significar, también, seguridad energética, elemento central de su política externa, y el Great Game[vii], el juego de poder, se intensificó en el heartland de Eurasia, debido a la emergencia de China y a la recuperación económica de Rusia, involucrando a los países islámicos, con reflejos directos sobre el escenario de guerra en el Oriente Medio.

 

 

Los Estados Unidos, desde el fin de la Guerra Fría, avanzaron decididamente sobre Uzbekistán, Turcumenistán, Tadjikistán y Kadzakistán, países de la  margen oriental de la bahía del Mar Caspio. Eran las repúblicas más pobres de la extinta Unión Soviética, pero poseían con vastas reservas de petróleo, iguales o mayores que las de Arabia Saudita, y las más ricas reservas de gas natural del mundo, más de 236 trillones de metros cúbicos comprobados, prácticamente cerradas. El total de las reservas de petróleo de toda la región podría sobrepasar los 60 mil millones de barriles, llegando a alcanzar 200 mil millones, según reveló John J. Maresca, vice-presidente de relaciones internacionales de la Unocal Corporation, en una declaración efectuada al Subcommittee on Asia and Pacific y al Comité on International Relations de la House of Representatives, el 12 de febrero de 1998. Y las compañías occidentales estaban en condiciones de aumentar en más del 500% la producción, del orden de apenas 870.000 barriles  en 1995, hasta 4,5 millones, en 2010, el equivalente al 5% de la producción mundial de petróleo.[i]

 

Los Estados Unidos no son más el lonely power, que predominó, como un global cop, a lo largo de los años 1990, luego del colapso de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría. China emergió como potencia económica, política y militar cada vez más poderosa. Y Rusia, como sucesora jurídica, heredó todo el poderío bélico de la extinta Unión Soviética, que había sido, militarmente, derrotada en la Guerra Fría, se recuperó, beneficiada, en gran medida, por el alza de los precios de la energía y materias primas, y se tornó la décima economía mundial, con un PBI del orden de U$S 2 trillones (est. 2007), según el método de la purchasing power parity.[ii] Y no está dispuesta a permitir que los Estados Unidos amplíen su presencia en Asia Central y en el Cáucaso, amenazando su seguridad.

 

A comienzos de 2007, el entonces presidente de Rusia, Vladimir Putin, advirtió que “los Estados Unidos habían sobrepasado sus fronteras nacionales en todos los sectores”, lo que era “muy peligroso”, y se mostró contrario a la expansión de la OTAN, “una organización político-militar que refuerza su presencia en nuestras fronteras”. Y agregó: “Un error” [iii]. El presidente Vladimir Putin siempre dejó en claro la decisión de no tolerar que la OTAN extendiese su máquina de guerra hacia las fronteras de Rusia, amenazando su posición estratégica, ni el estacionamiento del escudo anti-misiles, en los territorios de Polonia y de la República Checa, según pretendía el presidente George W. Bush, así como no aceptaba la independencia de Kosovo, según el plan del ex-presidente de Finlandia y mediador de la ONU, Martti Ahtisaari, que preveía el reconocimiento de una soberanía parcial de la región, bajo vigilancia internacional. Rusia, al percibir la amenaza implícita en las iniciativas militares de los Estados Unidos, dio una demostración de fuerza. Restauró otra vez su flota en el Atlántico y en el Mediterráneo, así como trató de transformar el puerto de Tartus, en Siria, en una base naval para su flota en el Mar Negro, junto con la instalación de un sistema de defensa anti-aérea, con misiles balísticos S-300PMU-2 Favorit, capaces de alcanzar 200 km. Al mismo tiempo, reactivó los vuelos de patrullaje por bombarderos atómicos, suspendidos desde  1992.

 

Los objetivos estratégicos de los Estados Unidos y de la Unión Europea, en Asia Central, colisionan con los intereses geopolíticos de Rusia, que se siente gravemente afectada con el avance de la OTAN. Y el duro ataque militar perpetrado contra las fuerzas de Georgia, que invadieron la región separatista de Ossetia del Sur, constituyó una seria advertencia de que aquella región, en el Cáucaso, al margen del Mar Negro, está en su esfera de influencia y no permitirá una mayor penetración de los Estados Unidos y de las potencias industriales del Occidente.  Así, con la invasión de Georgia para defender la autonomía de Ossetia del Sur, Rusia se vengó del apoyo que los Estados Unidos y la Unión Europea dieron a la independencia de Kosovo, instrumentando la OTAN (Operation Allied Force) para bombardear a Yugoslavia en 1999. Y demostró, como ejemplo, lo que podrá ocurrir si Polonia y la República Checa permitieran la instalación, en su territorio, de las bases anti-misiles pretendida por el presidente George W. Bush.

 

Varios y complejos factores naturalmente contribuyeron hacia la irrupción de este conflicto armado. Georgia, de las antiguas repúblicas que antes integraron la Unión Soviética, fue la que más estrechamente se alió a los Estados Unidos, después de la llamada Revolución Rosa, el regime change  manipulado por la CIA y por el embajador Richard Miles[iv], en noviembre de 2003. Con la ascensión al poder del abogado Mikhail Saakashvili, que había cursado la Columbia Law School y la George Washington University Law School, en los años 1990, el gobierno del presidente George W. Bush, ejecutó el Georgia Train and Equip Program (GTEP), entre 2002 y 2004, y a partir de 2005, el Georgia Security and Stability Operations Program (Georgia SSOP), enviando al Cáucaso asesores de la U.S. Special Operation Forces (Green Berets), U.S. Marine Corps y otros para el entrenamiento contingentes militares de Georgia. Estos contingentes participaron de las operaciones en Kosovo y, después, de las guerras en Afganistán y en Irak. Posteriormente, en medio de las tensiones con  Abecasia y Ossetia del Sur, regiones separatistas y que aspiran a la integración con Rusia, el presidente Mikhail Saakashvili, alentado por los Estados Unidos, solicitó la adhesión de Georgia a la OTAN. Lo mismo hizo el presidente de Ucrania Victor A. Yushchenko, que en noviembre de 2004 asumiera el poder, mediante otra operación del regime change, la Revolución Naranja, fomentada igualmente por la CIA, teniendo como vice-presidenta, a la billonaria Yulia Timoshenko,  conocida como la “princesa del gas”.[v] 

 

Estos acontecimientos en Georgia y en Ucrania resultaron de la política externa del presidente George W. Bush, orientada en el sentido de promover “freedom and democracy” en Asia Central, en el Oriente Medio y en otras regiones del mundo,  lo que significaba, de acuerdo con las directrices del Project for New American Century (PNAC), “desafiar los regímenes hostiles a los valores” americanos,  y “preservar y extender a una orden internacional (friendly) nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros principios”.[vi] En mayo de 2005, el presidente George W. Bush visitó Tiflis, capital de Georgia, que pretendía transformar en beacon of democracy, dado que el control del sur del Cáucaso y de Asia Central era percibido como indispensable al éxito de la guerra en Afganistán.  Los Estados Unidos ya habían asegurado el establecimiento de bases aéreas en Uzbekistán y en Kirguistán, asentando su poder militar en el heartland de Asia Central, y en el sur del Cáucaso, principalmente en Georgia y en Azerbayán, cuyo espacio aéreo se tornó esencial para el transporte de material bélico pesado y tropas de la OTAN, con destino a Afganistán, primer campo de batalla del presidente George W. Bush denominó de guerra contra el terrorismo.

 

Dentro de este esquema logístico, las bases en Georgia debían servir como backup de las bases en Turquía, mientras Azerbayán funcionaría como área de sustento para eventuales operaciones militares de los Estados Unidos contra Irán.  El ataque para derrocar el régimen de Saddam Hussein mostró la importancia del establecimiento de dichas bases en las inmediaciones del Oriente Medio, cuando el Parlamento de Turquía prohibió que las tropas de los Estados Unidos abriesen un segundo frente en el nordeste de Irak, a partir de su territorio.

 

Con todo, a pesar del empeño de los Estados Unidos, Alemania y demás Estados europeos entendieron que todavía no era el momento para admitir tanto a Georgia como a Ucrania en la OTAN, bajo el argumento de que la situación de los dos países era aún inestable. En verdad, Alemania y algunos Estados europeos no quisieron provocar a Rusia y crear una grave crisis, con fuertes reflejos económicos, si la Gazprom[vii], como represalia, cortase el suministro de gas del cual dependían y dependen[viii] enormemente. Entre tanto, las potencias occidentales dejaron las puertas a Georgia y a Ucrania para una eventual admisión, en el futuro, como miembros de la OTAN.  Y, si esto realmente se consumase, los Estados Unidos y las potencias occidentales conquistarían una enorme ventaja geoestratégica, cercando a Rusia con una poderosa estructura militar, al armar los ejércitos de Ucrania y de Georgia e instalar bases de la OTAN en sus fronteras.

 

Esta posibilidad, amenazando directamente los intereses vitales de Rusia, tornó previsible la intervención en Georgia, en defensa de Ossetia del Sur. El Kremlin señaló que iría a reaccionar, cuando aviones de su Fuerza Aérea Rusa entraron en el espacio aéreo de Georgia y sobrevolaron el territorio de Ossetia del Sur, pocas horas antes de la visita de la secretaria de Estado Condollezza Rice a Tiflis y del inicio (15 de julio) del ejercicio militar Immediate Response 2008, en que 1.000 soldados de los Estados Unidos entrenarían a las fuerzas de Georgia, Azerbayán, Armenia y de Ucrania, en las inmediaciones de la base militar de Vaziani. El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, declaró entonces que las iniciativas de Tiflis representaban una “real amenaza a la paz y seguridad”, lo que podría llegar “al borde de un nuevo conflicto armado, de consecuencias imprevisibles”.[ix] El presidente Mikhail Saakashvili sabía y declaró que Georgia no estaba en condiciones de enfrentar a Rusia, sin embargo podía usar los instrumentos políticos y diplomáticos para impedir su intervención. Y emprendió la aventura, con el propósito de retomar el control de Ossetia del Sur, por cierto imaginando que Rusia no reaccionaría, militarmente, y esperando una eventual asistencia de los Estados Unidos y demás miembros de la OTAN, con la cual había firmado el Partnership Action Plan (IPAP), para recibir su asistencia, con vista a la futura admisión como miembro.

 

Los vínculos militares establecidos por los Estados Unidos con Georgia, inclusive incentivando su aspiración de ingresar en la OTAN, involucran igualmente un importante interés económico y geo-estratégico, que es garantizar la seguridad de los oleoductos de petróleo y gas, entre los cuales el oleoducto Baku-Tiflis-Ceyhan (BTC). Este oleoducto, que pasa por el territorio de Turquía, permite a las compañías occidentales desviar de Rusia y de Irán el flujo de petróleo procedente de Azerbayán y de otras repúblicas de Asia Central, y por otro lado, reducir la dependencia del Golfo Pérsico. Su construcción por parte de las compañías BOTAS Petroleum Pipeline

 

Ruta del oleoducto

Baku-Tiflis-Ceyhan

 

Corporation y Bechtel Corporation (Bechtel Group), esta última íntimamente vinculada al presidente de los Estados Unidos, comenzó en 2002 y terminó en 2006, al mismo tiempo en que los Estados Unidos trataban de estrechar las relaciones militares con Georgia, mediante el envío de asesores con la misión de entrenar a su ejército. Este oleoducto, con capacidad para transportar 1 millón de barriles de petróleo por día, es el segundo mayor del mundo y se extiende por 1.768 km, desde los campos de petróleo de Azeri-Chirag-Guneshli, al margen del Mar Caspio. Liga Baku, capital de Azerbayán, pasando por Tiflis, capital de Georgia, al puerto de Ceyhan, en el sudeste del Mediterráneo, en la costa de Turquía.  El oleoducto Baku-Supsa lleva 150.000 barriles de petróleo por día del Mar Negro al puerto de Supsa en Georgia. Y el gasoducto Baku-Tiflis-Erzrum (BTE transporta, por año, 6 millones de metros cúbicos de gas de Azerbayán hacia Turquía.

 


Fuente: BBC

 

Azerbayán y Georgia son dos países claves, no sólo por su producción de gas y petróleo, sino porque de ellos depende el establecimiento de un corredor que una el Cáucaso y Asia Central a Occidente, sin pasar por Rusia, y del cual la piedra fundamental fue la construcción del oleoducto BTC.  Entre tanto, la intervención de Rusia en Georgia, el 8 de agosto de 2008, para defender la autonomía de Ossetia del Sur, así como la autonomía de Abecasia, otra región separatista, mostró que el transporte de petróleo y gas a través de los ductos que atraviesan Georgia es tan vulnerable como a través del Golfo Pérsico.  Sus tropas conquistaron la ciudad de Gori, donde nació Stalin, y la garganta de Kodori, ocupada por Georgia desde 2006, y destruyeron depósitos de armamentos y bases militares. Los oleoductos no fueron atacados, sino cerrados por las propias compañías, por motivos de seguridad o precaución. Pero los proyectos de construcción de nuevos ductos o expansión del BTC quedaron aparentemente inviables, en virtud de la inestabilidad presentada por la región, alarmando a las compañías que allá pretendían invertir.

 

Los Estados Unidos nada pudieron o pueden hacer, sino protestar y enviar ayuda humanitaria a Georgia, a pesar de que el vice-presidente Dick Cheney proclamase que la intervención de Rusia en defensa de Ossetia del Sur "must not go unanswered”. Están económica y financieramente agotados con dos guerras, en Afganistán y en Irak, cuyos costos, incluyendo el alto precio del petróleo, los gastos de tratamiento de los veteranos heridos y el pago de los intereses del dinero prestado, totalizaban, en noviembre de 2007, cerca de U$S 1,5 trillones,  un 10% por encima del PBI (U$S 13,8 trillones, est. 2007[i]), de acuerdo con un estudio hecho por los representantes del Partido Demócrata, integrantes de la Comisión Económica Conjunta del Congreso americano.[ii]  Y la estimación era de que, solamente en el año 2008, los gastos con las dos guerras sobrepasarían los U$S 1,6 mil millones, el doble de U$S 804 mil millones, anunciado por el presidente George W. Bush.

 

Con dichos gastos, la deuda pública de los Estados Unidos, saltó de U$S 5,6 trillones, en el año 2000, a un total de aproximadamente U$S 9.5 trillones en abril de 2008[iii].  Y la deuda nacional (externa e interna) continúa creciendo cerca de U$S 1,82 mil millones por día, desde 2007. En diciembre de 2007, China poseía reservas en dólares del orden de U$S 1,5 trillón (10% del PBI americano), de los cuales los títulos (securities) del Tesoro americano, en junio de 2007, totalizaban más de U$S 922 mil millones, superando en 61% a Japón como el mayor acreedor de los Estados Unidos.[iv] De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, estas reservas representaban el 23,9% de las reservas en dólares mantenidas por todos los países, cuyo total era de U$S 6,4 trillones.[v] Esto significa que el valor del dólar podría caer dramáticamente si la propia China, que es el mayor comprador de títulos de los Estados Unidos, inclusive de la deuda pública, colocase en el mercado mundial gran parte de las reservas que mantiene.[vi]  Y ya amenazó con hacerlo.

 

Los Estados Unidos están dependiendo fuertemente del influjo de capitales de otros países, sobre todo de China, a fin de ayudar al desarrollo de su economía y cubrir el déficit fiscal. Son una potencia, virtualmente, quebrada. Todavía no se dio el default porque el dólar, en el esquema actual de fiat money, es una moneda fiduciaria y el gobierno tiene libertad para emitir la cantidad que quiera. Esto no significa que el gobierno de Washington pueda continuar emitiendo dólares indefinidamente. Al contrario de China y de Japón, los Estados Unidos son actualmente deudores y necesitan mantener la confianza de los inversores extranjeros. Sin embrego, más temprano o más tarde, esta burbuja va a estallar, como ocurrió con los financiamientos subprime, la burbuja inmobiliaria. Ella se conjuga con la fragilidad del sistema financiero, generando enormes riesgos no sólo para los Estados Unidos sino también para todos los demás países. Y el gobierno de Washington solamente estará en condiciones de evitar una gran explosión, si recorta los gastos militares y, por consiguiente, reduce su aparato bélico y su presencia en todas las regiones, algo extremadamente difícil, dado los intereses económicos y financieros implicados.

 

De cualquier forma, el hecho es que los Estados Unidos pasaron a depender de China, así como Gran Bretaña, para vencer en la Segunda Guerra Mundial, pasó a depender financieramente de los Estados Unidos, declinando, al punto de tornarse su satélite, según concluyó Correlli Barnett.[vii]  Sin las inversiones de otros países, como Japón y, sobre todo, China, que compran títulos del Tesoro americano, los Estados Unidos no pueden sustentar las guerras en Afganistán y en Irak, dos guerras perdidas. Y, apremiados económica y financieramente, sufrieron un fuerte revés político y estratégico con la intervención de Rusia en defensa de Ossetia del Sur y de Abecasia.  No podían correr el riesgo de mandar tropas hacia Georgia, a fin de asumir el control de los puertos y aeropuertos del país,  según lo anunciado por el gobierno de Tiflis, y escalar el conflicto, que podría resultar en un enfrentamiento armado con Rusia.  La dificultad de reclutar jóvenes – hombres y mujeres – para servir como soldados en las Fuerzas Armadas se tornó cada vez mayor, después de la invasión de Irak.[viii] La creciente oposición interna a la Guerra en Irak, así como el miedo a la muerte o a la invalidez causada por las heridas, produjo efectos sobre las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional, dado que el Pentágono desde entonces no consigue alcanzar sus metas anuales de reclutamiento[ix].

 

En 2007, el agotamiento y la fatiga estaban abatiendo las tropas de los Estados Unidos en Irak y las deserciones aumentaban.[x] Sería difícil para Washington desatar y sustentar otra guerra convencional. Y el impasse existente entre los Estados Unidos y la extinta Unión Soviética, que culminó dramáticamente con la crisis de los misiles instalados en Cuba (1962), demostró que una guerra nuclear, según admitió el entonces secretario de Defensa, Robert McNamara,  era “unthinkable[xi]. No habría vencedor. No habría beneficios para ninguna de las potencias. Solamente costos inmensos, incalculables, en vidas y propiedades.  Con razón Zbigniew Brzezinski observó que las armas nucleares redujeron prácticamente la utilidad de la guerra como instrumento de la política o incluso como amenaza[xii].

 

Frente a tal situación, el poderío militar de los Estados Unidos, por más grande que sea, tiene límites. Washington no ponderó que Rusia había permanecido como una poderosa potencia militar y que la paridad estratégica no había acabado, no obstante la desagregación de la Unión Soviética, en 1991 Rusia actualmente cuenta con 1,2 millón de efectivos en sus Fuerzas Armadas, un total 14.000 ogivas nucleares, de las cuales cerca de 5.192 (est.), mientras que los Estados Unidos poseen 1,3 millón de militares en actividad, 5.400 ogivas, de las cuales 4.075 activas, además de 3.575 estratégicas y 500 no-estratégicas (est).[xiii]  Tanto los Estados Unidos como Rusia poco o nada hicieron para reducir el inventario de armamentos nucleares, remanentes de la Guerra Fría, y que permaneció, innecesariamente por encima de las necesidades de seguridad de las dos potencias.

 

Entre tanto, el presidente George W. Bush, como antes el presidente Bill Clinton, continuó provocándola, humillándola. Inmediatamente después de asumir el gobierno, en 2001, retiró a los Estados Unidos del Tratado de Misiles Anti-balísticos (ABM), celebrado en 1972 con la Unión Soviética, a fin de implementar el proyecto de construcción del sistema de defensa anti-misiles, y se empecinó no solamente en establecer bases anti-misiles en Polonia y en la República Checa sino también en llevar a la OTAN a las fronteras de Rusia, a través de Ucrania y de Georgia. Se rehusó incluso a ratificar el Tratado de Prohibición Total de Pruebas, de 1996, y los cambios en el SALT 2, sobre la limitación y la reducción de los armamentos estratégicos. Y ordenó la invasión de Irak, como iniciativa unilateral, ignorando al Consejo de Seguridad de la ONU. El presidente George W. Bush derribó todos los fundamentos del orden internacional y, consecuentemente, de la paz, que posibilitó el fin de la Guerra Fría. Sin embargo, no consiguió deshacer el equilibrio de poder global, objetivo del proyecto de instalar las bases del sistema de defensa anti-misiles en Polonia y en la República Checa. Como el propio Mackinder había, resaltado Rusia es un player state y no un Estado periférico.[xiv] Está directamente dentro de la pivot area de Eurasia. Puede usar su influencia y dinero, dificultar o incluso suspender el suministro de energía (gas y petróleo), que la Unión Europea tanto necesita, como socavar los intereses de los Estados Unidos, en el Oriente Medio y en otras regiones, vendiendo armamentos a Siria, Irán, etc., y ejercer su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Rusia tiene más condiciones de afectar a Occidente, que precisa más de Rusia, que Occidente, de afectar a Rusia, que no precisa tanto de Occidente. Así, económica y financieramente recuperada, Rusia volvió a participar del Great Game, el juego de poder en Asia Central. La Segunda Guerra Fría efectivamente comenzó.

 

[i] CIA – Fact Book - https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/us.html

[ii] Josh WhiteHidden Costs' Double Price Of Two Wars, Democrats Say”. The Washington Post, November 13, 2007, p. A14

[iii] The Government Section of TreasuryDirect

http://www.treasurydirect.gov/govt/resources/faq/faq_publicdebt.htm

William F. Shughart II.  "Spending Addicts”. The Washington Times, 7/20/08)

U.S. National Debt Clock - The Outstanding Public Debt las of 18 Aug 2008 at 08:45. http://www.brillig.com/debt_clock/

[iv] CRS Report for Congress. China´s Holdings of U.S. securities – Implications for the U.S. Economy. Updated May 19, 2008.

[v] IMF, International Financial Statistics, November 2007; IMF Currency Composition of Official Foreign Exchange Reserves.

[vi] Federal Reserve Statistical – Money Stock Measures http://www.federalreserve.gov/releases/h6/current/

[vii] BARNETT, Correlli. The Collapse of British Power.Gloucester (Inglatterra): Alan Sutton Publisher, 1987, pp. 585-593.

[viii] Robert Hodierne Concern over US army recruitment. BBC News- Last Updated: Wednesday, BBC Radio 4's Crossing Continents 23 August 2006, 22:48 GMT 23:48 UK .

[ix] Ann Scott Tyson “Army Having Difficulty Meeting Goals In Recruiting

Fewer Enlistees Are in Pipeline; Many Being Rushed Into Service”. Washington Post, February 21, 2005, p. A01

[x] Peter Beaumont. “Fatigue cripples US army in Iraq”. The Observer, August 12 2007.

[xi] Apud KISSINGER, Henry. Diplomacy. Nova York Touchstone Book, 1994, p. 644.

[xii] BRZEZINSKI, Zbigniew. The Grand Chessboard. American Primacy ant its Geostrategic Imperatives. Nova York: Basic Books, 1997, p. 36.

[xiii] Center for Strategic and International Studies (CSIS). Western Military Balance and

Defense Efforts. A Comparative Summary of Military. Expenditures; Manpower; Land, Air,

Naval, and Nuclear Forces - Anthony H. Cordesman & Arleigh A. Burke Chair in Strategy

With the Assistance of Jennifer K. Moravitz - CSIS January, 2002.

http://www.csis.org/media/csis/pubs/westmb012302%5B1%5D.pdf

 NORRIS, Robert S., and M. KRISTENSEN, "Russian nuclear forces, 2008", Bulletin of the Atomic Scientists 64:1 (March/April 2008): 54-57. http://thebulletin.metapress.com/content/pr53n270241156n6/fulltext.pdf Department of Defense – Active Duty Military Personal by Rank Grad – August 2007.

http://siadapp.dmdc.osd.mil/personnel/MILITARY/rg0708.pdf

[xiv] MACKINDER, Sir Halford John. “The Geographical Pivot of History”, Geographical Journal, Royal Geographical Society London, April 1904 , vol. XXIII pp. 436.

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