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Dimensión estratégica y
política externa de los Estados Unidos
por el profesor Luiz Alberto Moniz Bandeira
“…America is too democratic at home
to be autocratic abroad. This limits the
use of America’s power, especially
its capacity for military intimidation”.
Zbigniew Brzezinski[i]
Eurasia es la masa de tierra que se
extiende de Europa a Asia, separada por la
cordillera de los Montes Urales, teniendo Rusia y
Turquía parte de sus territorios en los dos
continentes. Su heartland, situado,
fundamentalmente, entre Asia Central y el Mar Caspio,
abarca Kazakistán,
Armenia, Azerbayán, Kirguistán,
Tadjikistán, Turcomenistán, Usbekistán, Siberia
Occidental y parte septentrional de Pakistán, y es
circundado por Afganistán, Rusia, China, India e
Irán. Sir Halford John Mackinder,
a principios del siglo
XX, en conferencia, en la London’s Royal
Geographical Society, bajo el título "The
Geographical Pivot of History"[i],
sustentó que este "closed heartland of Euro-Asia"
era el "pivot" del equilibrio global y el
Estado que lo controlase tendría posibilidades de
proyectar el poder de al otro de la región.
Allí el
poder terrestre tendría una ventaja mayor, debido al
hecho de que sus ríos
fluían hacia mares mediterráneos, lo que la tornaba
inaccesible una fuerza naval, a través del Océano
Ártico, y podría
no solo explotar los recursos naturales allá
existentes sino usar los medios de comunicación
terrestre, más rápidos que los marítimos. El
Estado que dominase
heartland, “the greatest natural fortress on
earth”, tendría, por lo tanto, la posibilidad de
comandar a toda Eurasia, llamada por Mackinder de
World Island[ii].

Asia Central -
Heartland
Durante el gobierno
presidente James Earl Carter (1977-1981), Zbigniew
Brzezinski, su asesor de Seguridad Nacional, trató
de orientar la política externa, dentro de los
mismos parámetros de Mackinder. Él consideraba que,
en aquel contexto de la Guerra Fría, la forma como
los Estados manejaban Eurasia era crítica y enfatizó
la doctrina según la cual el Estado que dominase
este vasto continente, que constituía un eje
geopolítico, controlaría dos de las tres regiones
económicas más productivas y avanzadas del mundo,
subordinaría a África y tornaría el hemisferio
occidental y Oceanía geopolíticamente periféricos.
Allí, en Eurasia, vivía el 75% de la población
mundial y estaban depositadas 3/4 de las fuentes de
energía conocidas en todo el mundo.[i]
Con esta
percepción,
Brzezinski indujo al presidente Carter a abrir un
tercer front, en la Guerra Fría, instigando
contra Moscú a los pueblos islámicos de Asia
Central, en el heartland de Eurasia e
integrantes de la Unión Soviética, con el objetivo
de formar un green belt[ii]
y contener el avance de los comunistas en la
dirección de las aguas calientes del Golfo Pérsico y
de los campos de petróleo del Oriente Medio.[iii]
Brzezinski, en su
libro Game Plan –
How to Conduct the U.S. – Soviet Contest,
reconoció que la
contienda entre los Estados Unidos y la Unión
Soviética no era entre dos naciones. Era “between
two empires”, i. e., entre dos naciones que
habían adquirido “imperial attributes even before
their post-World War II colision”.[iv]
La
Unión Soviética se desmoronó, entre 1989 y 1991,
cuando perdió el dominio no sólo sobre los Estados
del Este-Europeo sino, también, sobre otras
repúblicas que la integraban, inclusive las del
Báltico y de Asia Central, abriendo un vacuum
político, que los Estados Unidos aprovecharon para
ocupar. Y una consecuencia geopolítica, producida
por el fin de la Guerra Fría, fue azuzar la disputa
en torno de las inmensas fuentes de energía – gas y
petróleo – existentes en aquella parte del
heartland euro-asiático. Con independencia de
las cinco repúblicas soviéticas de Asia Central y la
debilidad de los nuevos Estados emergentes de los
escombros de la Unión Soviética, los Estados Unidos
aprovecharon el vacuum y avanzaron sobre la
región. Expandieron la OTAN a las fronteras de
Rusia, incorporando algunos Estados que antes
pertenecieron al Bloque Socialista, impusieron su
superioridad en los Balcanes, con el desmembramiento
de la antigua Yugoslavia, y emprendieron guerras
hacia la ocupación de Afganistán e Irak.
En el gobierno del presidente George
H. W. Bush (1989–1993), período en que ocurrió el
desmoronamiento de la Unión Soviética y de todo el
Bloque Socialista,
el
general Colin Powell, como jefe del Estado-Mayor
Conjunto de las Fuerzas Armadas, recomendó que el
gobierno preservase la “credible capability to
forestall any potential adversary from competing
militarily” con los Estados Unidos[v],
impidiese a la Unión Europea tornarse una potencia
militar, fuera de la OTAN, la re-militarización de
Japón y de Rusia, y desanimase cualquier desafío a
su preponderancia o tentativa de revertir el orden
económico y político internacionalmente establecido.
Y señaló para las Fuerzas Armadas de los países
latinoamericanos sus nuevas misiones, que consistían
en
“to maintain only
such military capabilities as are necessary for
self-defense and alliance commitments counter-narcotrafic
efforts, disaster relief, international
peacekeeping forces and consistent with their laws
and constitutions and other missions, with the
principles of the Organization of American States
and United Nations Charters”.[vi]
En la misma época,
1992, Dick Cheney, como secretario de Defensa del
gobierno de George H. W. Bush, divulgó un documento,
en el cual confirmó que la primera misión política y
militar de los Estados Unidos post-Guerra Fría
consistía en impedir el surgimiento de algún poder
rival en Europa, en Asia y en la extinta Unión
Soviética.
Pero, desde la
administración del presidente Ronald Reagan
(1981-1989), el Pentágono, estaba gestando nuevas
amenazas, como justificación para los voluminosos
recursos presupuestales con los cuales financiaba el
complejo industrial-militar y toda su cadena
productiva, así como la cadena de bases militares y
tropas en las más diversas regiones del mundo. El
“peligro verde”, identificado con el fundamentalismo
islámico, comenzó a sustituir el “peligro rojo”,
representado por la Unión Soviética, y el
“terrorismo internacional” pasó a ocupar un espacio
relevante en la agenda internacional de los Estados
Unidos. En 1984, sin embargo, Reagan tomó como
principal blanco, ya no a las organizaciones
responsables por los atentados, sino a algunos
Estados, en el Tercer Mundo, los cuales clasificó
como “rogue states” (estados irresponsables,
indisciplinados) y los acusó de patrocinar el
terrorismo (state-sponsored terrorism). Y
luego del desmoronamiento de la Unión Soviética y de
todo el Bloque Socialista, el terrorismo y el
narcotráfico configuraron los nuevos enemigos a
combatir[vii],
por cuanto ya no había otro Estado o bloque de
Estados con capacidad de desafiar y poner en riesgo
al sistema económico, social y político de los
Estados Unidos, cuya fuerza militar se había
tornado, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial,
la única en el mundo que tuvo como principal misión,
no la defensiva, sino la ofensiva, no la de
resguardar las fronteras nacionales, sino la de
proyectar su poder sobre todos los continentes, en
los cuales instaló seis comandos militares, que
caracterizan el dominio imperial.[viii]

Fuente :
http://www.defenselink.mil/specials/unifiedcommand/
Aunque buscase un
mayor compromiso multilateral, el presidente William
“Bill” Clinton (1993-2001), del Partido Demócrata,
mantuvo sustancialmente la agenda política externa
de sus antecesores del Partido Republicano, Ronald
Reagan y George H. H. Bush. El “counter-terrorism”
fue “a top priority for the Clinton
Administration”, según la Casa Blanca anunció en
1995.[i]
Y
Madeleine Albright, secretaria de Estado en su
administración, enfatizó que el terrorismo
constituía la más importante amenaza que los Estados
Unidos y el mundo enfrentarían a comienzos del siglo
XXI y altos funcionarios norteamericanos
reconocieron que los terroristas, más que nunca,
estaban en condiciones de obtener y usar armas
nucleares, químicas y biológicas.
Lo que predominó en
Washington, en los años 1990, fue la doctrina, según
la cual los Estados Unidos deberían ejercer su “unrivaled
power”, como un imperio, a fin de traer
estabilidad internacional, resolver los problemas
del terrorismo, de las “rogue nations”, de
las armas de destrucción masiva, etc... Las
propuestas para tornar a los Estados Unidos en un
imperio no eran intelectualmente serias, en opinión
del periodista William Pfaff, del International
Herald Tribune, pero eran significativas,
porque la clase política y la burocracia estaban
enamoradas del poder internacional y “they want
more”[ii].
La enorme cadena de bases militares, que los Estados
Unidos mantienen en todos los continentes, excepto
la Antártida, configura, de hecho, una forma de
imperio.[iii]
De acuerdo, con las estadísticas del Departamento de
Defensa, había cerca de 725 bases militares de los
Estados Unidos, en 38 países, alrededor de 2003, y
en torno de 100.000 soldados en toda Europa[iv].
Sólo en Alemania, incluso después de finalizada la
Guerra Fría y la retirada de las tropas por parte de
la extinta Unión Soviética, los Estados Unidos
poseían cerca de 17 bases militares y cuarteles (facilities),
debido a la ventaja de estar más cerca del Oriente
Medio y de Asia Central, en un país con una
democracia estable y condiciones de vida, que
proporcionaban un mejor confort y comodidad a sus
tropas, cuyo total era de aproximadamente 75.000
soldados, en 2004.
Los Estados Unidos,
por medio del poder militar, con el apoyo de los
medios de comunicación, pasaron a dominar el mundo y
conformaron un imperio informal, a partir de la
derrota de Alemania y de Japón, en 1945. Según
resaltó el periodista William Pfaff, “Washington
ignores whenever convenient”[v]
los principios de la soberanía nacional y de la
igualdad de las naciones, que desde el siglo XVII,
cuando fue celebrado, el 30 de enero de 1648, el
Tratado de Westfalia, en Münster (Alemania),
poniendo fin a la Guerra de los 30 Años,
constituyeron los fundamentos del Derecho
Internacional. Fue basado en dichos principios que
el gran jurista brasileño Rui Barbosa, como jefe de
la Delegación de Brasil, en la Segunda Conferencia
de Paz, en La Haya (1907), proclamó que “la
souverainité est la grande muraille de la patrie
y defendió la “l’égalité des Etats souverains”,
contra la posición de los Estados Unidos y otras
grandes potencias, que pretendían crear un Supremo
Tribunal Arbitral, discriminando a los demás países
en su composición.[vi]
Con la ascensión de George W. Bush a
la presidencia, los neo-conservadores, conocidos
como neocons,
la
“hard right” del Partido Conservador,
trataron de orientar la política internacional de
los Estados Unidos,
según el
Project for the New American Century
(PNAC), que consistía en aumentar los gastos en
defensa, fortalecer los vínculos democráticos y
desafiar los “regímenes hostiles a los intereses y
valores” americanos, promover la “libertad política”
en todo el mundo, y aceptar para los Estados Unidos
el papel exclusivo en “preservar y extender un orden
internacional amigable (friendly) a nuestra
seguridad, nuestra prosperidad y nuestros
principios”. Con todo, la primer prioridad del
presidente George W. Bush, cuando inauguró el
gobierno a comienzos de 2001, no fue combatir el
terrorismo o la proliferación de armas de
destrucción masiva, sino aumentar el flujo de
petróleo del exterior, debido a la reducción de los
stocks de petróleo y de gas natural, en los Estados
Unidos, evidenciada por los blackouts
ocurridos en California, mientras las importaciones
de petróleo estaban sobrepasando el 50% del consumo
interno. Y los atentados del 11 de septiembre de
2001 contra las torres-gemelas del World Trade
Center, en Nueva York, permitieron que el gobierno
de Washington, bajo la consigna de la “war on
terrorism”, intensificase la militarización de
la política externa y emprendiese la campaña para
asegurar las fuentes de energía – gas y petróleo – y
las rutas de abastecimiento,
una “vital sphere” de intereses de los
Estados Unidos, de la cordillera de Hindu Kush, en
Afganistán y el nordeste de Pakistán, involucrando
a Irán
y al Oriente
Medio, hasta el Bósforo.[vii]
Así, la guerra contra el terrorismo constituyó una
mera figura de retórica, un eufemismo, para
disfrazar los objetivos reales del presidente George
W. Bush, que consistían en vencer la resistencia y/o
la insurgencia islámica, y controlar a Asia Central
y al Oriente Medio, con sus enormes yacimientos de
gas y petróleo. La convergencia de las necesidades
de la economía mundial capitalista y los intereses
de las grandes corporaciones pautó su política
internacional.
El cambio en la
estrategia de seguridad nacional de los Estados
Unidos, sustituyendo la doctrina de containment
and deterrence (contención y disuasión) por la
de preemptive attacks, i. e., de ataques
preventivos, contra grupos terroristas o países
percibidos como amenaza, fue oficializada en
septiembre de 2002, con la emisión del documento
“The National Security Strategy of the United States
of America”.[viii]
Este cambio era necesario, como fundamento para las
intervenciones militares, que el presidente George
W. Bush y los neocons pretendían promover,
apuntando a asegurar la superioridad militar,
política y estratégica de los Estados Unidos,
mediante el control, sobre todo, de las fuentes de
energía existentes en Asia Central y en el Oriente
Medio. La perspectiva era, entonces, la de que la
sociedad americana estaría enfrentando la mayor
crisis de suministros de energía, en las dos
próximas décadas. Se preveía que, en los próximos
20 años, i. e., hasta el 2020, el consumo de
petróleo por parte de los Estados Unidos aumentaría
a cerca de 6 millones de barriles por día, ,
mientras su producción declinaría a cerca de 1,5
millón de barriles por día y atendería a menos del
20% del consumo. Al mismo tiempo, el consumo de gas
natural crecería cerca del 50%, pero la producción
aumentaría apenas el 14%.[ix]
Frente a
dichas perspectivas, inmediatamente en los primeros
meses de la administración de George W. Bush, el 19
de marzo de 2001, el secretario de Energía, Spencer
Abraham, admitió en una conferencia en la National
Energy Summit que la “America faces a major
energy supply crisis over the next two decades,"
told The failure to meet this challenge will
threaten our nation’s economic prosperity,
compromise our national security, and literally
alter the way we lead our lives."[x]
En
dichas circunstancias, cuando la crisis de energía
en California, en aquella época, comenzó a salirse
del control, Dick Cheney, vice-presidente de los
Estados Unidos y ex-jefe ejecutivo de la Haliburton,
se reunió, en secreto, con directores de las
principales compañías de petróleo y gas, a fin de
debatir la cuestión energética. Y una Task Force,
nombrada por el presidente George W. Bush y dirigida
por Dick Cheney, formuló la National Energy Policy,
como un problema de seguridad nacional.
La seguridad nacional
de los Estados Unidos, por lo tanto, implicaba,
necesariamente, el dominio de las fuentes de
energía, en el Oriente Medio, donde estaban
depositadas cerca del 64,5% de las reservas
conocidas de petróleo, así como en Asia Central.
Cualquier otra potencia, que dominase aquellas
regiones, tendría una poderosa arma para amenazar a
la sociedad americana, cuya seguridad energética se
había tornado bastante vulnerable, dado que más del
50% del consumo de petróleo en los Estados Unidos
dependía de las importaciones. De ahí el ataque a
Afganistán, por donde debería pasar un oleoducto,
uniendo Turcumenistán a Pakistán, y la invasión y
ocupación de Irak, donde estaban las mayores
reservas probadas de petróleo, algunas con bajo
costo de extracción. Y, con el objetivo estratégico
de establecer plataformas aéreas para eventuales
guerras preventivas u otras misiones militares, los
Estados Unidos expandieron su aparato militar,
mediante la construcción de un nuevo arco de bases e
instalaciones en las antiguas repúblicas soviéticas
– Kirguistán, Tadjikistán y Uzbekistán – en el
heartland de Eurasia, así como en Pakistán,
Qatar y Dijibouti.

Documentos fechados en
marzo de 2001, que el Departamento de Comercio
de los Estados Unidos tuvo que desclasificar, a
mediados de 2003, como resultado de un proceso
promovido por las organizaciones Sierra Club
(ambientalista) y por la
Judicial Watch,
revelaron que la Task Force, dirigida por el
vice-presidente Dick Cheney, había elaborado dos
mapas de los campos de petróleo,
oleoductos, refinerías y terminales, así
como dos mapas detallando los proyectos y las
compañías que pretendían ejecutarlos.
[i]
Después de la invasión por parte de los Estados
Unidos, en 2003, los geólogos de las compañías
multinacionales realizaron investigaciones y
estimaron que en los territorios relativamente
no explotados los desiertos del oeste y sudeste
del país podían contener reservas adicionales de
45 a 100 mil millones de barriles (bbls) de
petróleo recuperable.[ii]
Y, el 19 de junio de 2008, The New York Times
publicó un artículo titulado
"Deals With Iraq
Are Set to Bring Oil Giants Back”,
comprobando que la ocupación de Irak apuntó
realmente a capturar los campos de petróleo.
Basado en informaciones de funcionarios del
ministerio responsable por el petróleo en Irak y
de un diplomático americano, mantenido en el
anonimato, el periodista Andrew Kramer, en su
artículo, escribió que la "Exxon Mobil,
Shell, Total and BP ... along with Chevron and a
number of smaller oil companies, are in talks
with Iraq's Oil Ministry for no-bid contracts to
service Iraq's largest fields."
[iii]
De acuerdo con el
Oil and Gas Journal, las reservas de
petróleo probadas como existentes en Irak eran
de 115 mil millones de barriles, en 2001, pero
posiblemente el número sería mucho mayor aún.
El control de
estas y otras reservas de petróleo se tornó cada
vez más fundamental para los Estados Unidos, por
cuanto sus importaciones totalizaron U$S 327 mil
millones en 2007 y, de acuerdo con las
estimaciones, alcanzarían U$S 400 mil millones,
en 2008, lo que representaba un incremento del
300%, con relación al 2002. La cuenta del
petróleo respondió por 35% al 40% de todo el
déficit comercial de los Estados, en 2006, un
porcentaje mucho mayor que en 2002, que fue de
apenas el 25%.[iv]
En 2007,
el total del déficit comercial de los Estados
Unidos fue U$S 708,5 mil millones[v].
Aunque fuese cerca de U$S 50 mil millones menor
que en el año anterior, 2006, gracias a la
devaluación del dólar y, consecuentemente, al
aumento de las exportaciones, la tendencia, sin
embargo, era aumentar cada vez más. No sin
razón, el presidente George W. Bush, en la State
of Union de 2006, advirtió que los Estados
Unidos, para mantener su producción competitiva,
requería recursos energéticos baratos y ahí
estaba el grave problema: “America is
addicted to oil, which is often imported from
unstable parts of the world”[vi].
Los Estados Unidos, con el fin de
mantener la posición de potencia mundial, que
hace más de un siglo alcanzaron, dependen más y
más de fuentes de energía confiables,
especialmente petróleo, cuyas importaciones,
sobre todo de la región del Golfo Pérsico,
tienden a crecer, significativamente, en las
próximas décadas. La
expectativa era
de que la demanda mundial de petróleo saltaría
de 82 millones de bpd, en 2004, a 111 millones
bpd en 2025, lo que representaría un aumento del
35%. Y la Energy Information Administration
(EIA), de acuerdo con el Annual Energy Outlook,
preveía un incremento aún mayor de la demanda de
suministros de petróleo por parte de los Estados
Unidos y por los países emergentes de Asia –
principalmente China – y, consecuentemente, el
aumento del precio, a través de 2030. Por otra
parte, la seguridad nacional de los Estados
Unidos pasó a significar, también, seguridad
energética, elemento central de su política
externa, y el Great Game[vii],
el juego de poder, se intensificó en el
heartland de Eurasia, debido a la emergencia
de China y a la recuperación económica de Rusia,
involucrando a los países islámicos, con
reflejos directos sobre el escenario de guerra
en el Oriente Medio.

Los Estados
Unidos, desde el fin de la Guerra Fría,
avanzaron decididamente sobre Uzbekistán,
Turcumenistán, Tadjikistán y Kadzakistán,
países de la margen oriental de la bahía
del Mar Caspio. Eran las repúblicas más
pobres de la extinta Unión Soviética, pero
poseían con vastas reservas de petróleo,
iguales o mayores que las de Arabia Saudita,
y las más ricas reservas de gas natural del
mundo, más de 236 trillones de metros
cúbicos comprobados, prácticamente cerradas.
El total de las reservas de petróleo de toda
la región podría sobrepasar los 60 mil
millones de barriles, llegando a alcanzar
200 mil millones, según reveló John J.
Maresca, vice-presidente de relaciones
internacionales de la Unocal Corporation, en
una declaración efectuada al Subcommittee on
Asia and Pacific y al Comité on
International Relations de la House of
Representatives, el 12 de febrero de 1998. Y
las compañías occidentales estaban en
condiciones de aumentar en más del 500% la
producción, del orden de apenas 870.000
barriles en 1995, hasta 4,5 millones, en
2010, el equivalente al 5% de la producción
mundial de petróleo.[i]
Los Estados
Unidos no son más el lonely power,
que predominó, como un global cop, a
lo largo de los años 1990, luego del colapso
de la Unión Soviética y el fin de la Guerra
Fría. China emergió como potencia económica,
política y militar cada vez más poderosa. Y
Rusia, como sucesora jurídica, heredó todo
el poderío bélico de la extinta Unión
Soviética, que había sido, militarmente,
derrotada en la Guerra Fría, se recuperó,
beneficiada, en gran medida, por el alza de
los precios de la energía y materias primas,
y se tornó la décima economía mundial, con
un PBI del orden de U$S 2 trillones (est.
2007), según el método de la purchasing
power parity.[ii]
Y no está dispuesta a
permitir que los Estados Unidos amplíen su
presencia en Asia Central y en el Cáucaso,
amenazando su seguridad.
A comienzos
de 2007, el entonces presidente de Rusia,
Vladimir Putin, advirtió que “los Estados
Unidos habían sobrepasado sus fronteras
nacionales en todos los sectores”, lo que
era “muy peligroso”, y se mostró contrario a
la expansión de la OTAN, “una organización
político-militar que refuerza su presencia
en nuestras fronteras”. Y agregó: “Un error”
[iii].
El
presidente Vladimir Putin siempre dejó en
claro la decisión de no tolerar que la OTAN
extendiese su máquina de guerra hacia las
fronteras de Rusia, amenazando su posición
estratégica, ni el estacionamiento del
escudo anti-misiles, en los territorios de
Polonia y de la República Checa, según
pretendía el presidente George W. Bush, así
como no aceptaba la independencia de Kosovo,
según el plan del ex-presidente de Finlandia
y mediador de la ONU,
Martti
Ahtisaari,
que preveía el
reconocimiento de una soberanía parcial de
la región, bajo vigilancia internacional.
Rusia, al percibir la amenaza implícita en
las iniciativas militares de los Estados
Unidos, dio una demostración de fuerza.
Restauró otra vez su flota en el Atlántico y
en el Mediterráneo, así como trató de
transformar el puerto de Tartus, en Siria,
en una base naval para su flota en el Mar
Negro, junto con la instalación de un
sistema de defensa anti-aérea, con misiles
balísticos
S-300PMU-2
Favorit, capaces de alcanzar 200 km. Al
mismo tiempo, reactivó los vuelos de
patrullaje por bombarderos atómicos,
suspendidos desde 1992.
Los objetivos
estratégicos de los Estados Unidos y de la
Unión Europea, en Asia Central, colisionan
con los intereses geopolíticos de Rusia, que
se siente gravemente afectada con el avance
de la OTAN. Y el duro ataque militar
perpetrado contra las fuerzas de Georgia,
que invadieron la región separatista de
Ossetia del Sur, constituyó una seria
advertencia de que aquella región, en el
Cáucaso, al margen del Mar Negro, está en su
esfera de influencia y no permitirá una
mayor penetración de los Estados Unidos y de
las potencias industriales del Occidente.
Así, con la invasión de Georgia para
defender la autonomía de Ossetia del Sur,
Rusia se vengó del apoyo que los Estados
Unidos y la Unión Europea dieron a la
independencia de Kosovo, instrumentando la
OTAN (Operation Allied Force)
para bombardear a Yugoslavia en 1999. Y
demostró, como ejemplo, lo que podrá ocurrir
si Polonia y la República Checa permitieran
la instalación, en su territorio, de las
bases anti-misiles pretendida por el
presidente George W. Bush.
Varios y
complejos factores naturalmente
contribuyeron hacia la irrupción de este
conflicto armado. Georgia, de las antiguas
repúblicas que antes integraron la Unión
Soviética, fue la que más estrechamente se
alió a los Estados Unidos, después de la
llamada Revolución Rosa, el regime change
manipulado por la CIA y por el embajador
Richard Miles[iv],
en noviembre de 2003.
Con la
ascensión al poder del abogado Mikhail
Saakashvili, que había cursado la Columbia
Law School y la George Washington University
Law School, en los años 1990, el gobierno
del presidente George W. Bush, ejecutó el
Georgia Train and Equip Program (GTEP),
entre 2002 y 2004, y a partir de 2005, el
Georgia Security and Stability Operations
Program (Georgia SSOP), enviando al Cáucaso
asesores de la U.S. Special Operation Forces
(Green Berets), U.S. Marine Corps y
otros para el entrenamiento contingentes
militares de Georgia. Estos contingentes
participaron de las operaciones en Kosovo y,
después, de las guerras en Afganistán y en
Irak. Posteriormente, en medio de las
tensiones con Abecasia y Ossetia del Sur,
regiones separatistas y que aspiran a la
integración con Rusia, el presidente Mikhail
Saakashvili, alentado por los Estados
Unidos, solicitó la adhesión de Georgia a la
OTAN. Lo mismo hizo el presidente de Ucrania
Victor A. Yushchenko, que en noviembre de
2004 asumiera el poder, mediante otra
operación del regime change, la
Revolución Naranja, fomentada igualmente por
la CIA, teniendo como vice-presidenta, a la
billonaria Yulia Timoshenko, conocida como
la “princesa del gas”.[v]
Estos
acontecimientos en Georgia y en Ucrania
resultaron de la política externa del
presidente George W. Bush, orientada en el
sentido de promover “freedom and
democracy” en Asia Central, en el
Oriente Medio y en otras regiones del mundo,
lo que significaba, de acuerdo con las
directrices del Project for New American
Century (PNAC), “desafiar los regímenes
hostiles a los valores” americanos, y
“preservar y extender a una orden
internacional (friendly) nuestra seguridad,
nuestra prosperidad y nuestros principios”.[vi]
En mayo de 2005, el
presidente George W. Bush visitó Tiflis,
capital de Georgia, que pretendía
transformar en beacon of democracy,
dado que el control del sur del Cáucaso y de
Asia Central era percibido como
indispensable al éxito de la guerra en
Afganistán. Los Estados Unidos ya habían
asegurado el establecimiento de bases aéreas
en Uzbekistán y en Kirguistán, asentando su
poder militar en el heartland de Asia
Central, y en el sur del Cáucaso,
principalmente en Georgia y en Azerbayán,
cuyo espacio aéreo se tornó esencial para el
transporte de material bélico pesado y
tropas de la OTAN, con destino a Afganistán,
primer campo de batalla del presidente
George W. Bush denominó de guerra contra el
terrorismo.
Dentro de
este esquema logístico, las bases en Georgia
debían servir como backup de las
bases en Turquía, mientras Azerbayán
funcionaría como área de sustento para
eventuales operaciones militares de los
Estados Unidos contra Irán. El ataque para
derrocar el régimen de Saddam Hussein mostró
la importancia del establecimiento de dichas
bases en las inmediaciones del Oriente
Medio, cuando el Parlamento de Turquía
prohibió que las tropas de los Estados
Unidos abriesen un segundo frente en el
nordeste de Irak, a partir de su territorio.
Con
todo, a pesar del empeño de los Estados
Unidos,
Alemania y demás Estados europeos
entendieron que todavía no era el momento
para admitir tanto a Georgia como a Ucrania
en la OTAN, bajo el argumento de que la
situación
de los dos países era aún inestable. En
verdad, Alemania y algunos Estados europeos
no quisieron provocar a Rusia y crear una
grave crisis, con fuertes reflejos
económicos, si la Gazprom[vii],
como represalia, cortase el suministro de
gas del cual dependían y dependen[viii]
enormemente. Entre tanto, las potencias
occidentales dejaron las puertas a Georgia y
a Ucrania para una eventual admisión, en el
futuro, como miembros de la OTAN. Y, si
esto realmente se consumase,
los Estados Unidos y las potencias
occidentales conquistarían una enorme
ventaja geoestratégica, cercando a Rusia con
una poderosa estructura militar, al armar
los ejércitos de Ucrania y de Georgia e
instalar bases de la OTAN en sus fronteras.
Esta posibilidad, amenazando
directamente los intereses vitales de Rusia,
tornó previsible la intervención en Georgia,
en defensa de Ossetia del Sur. El Kremlin
señaló que iría a reaccionar, cuando aviones
de su Fuerza Aérea Rusa entraron en el
espacio aéreo de Georgia y sobrevolaron el
territorio de Ossetia del Sur, pocas horas
antes de la visita de la secretaria de
Estado Condollezza Rice a Tiflis y del
inicio (15 de julio) del ejercicio militar
Immediate Response
2008,
en que 1.000 soldados de los Estados Unidos
entrenarían a las fuerzas de Georgia,
Azerbayán,
Armenia y de
Ucrania, en las inmediaciones de la base
militar de Vaziani. El ministro de
Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei
Lavrov, declaró entonces que las iniciativas
de Tiflis representaban una “real amenaza a
la paz y seguridad”, lo que podría llegar
“al borde de un nuevo conflicto armado, de
consecuencias imprevisibles”.[ix]
El
presidente
Mikhail Saakashvili sabía y declaró que
Georgia no estaba en condiciones de
enfrentar a Rusia, sin embargo podía usar
los instrumentos políticos y diplomáticos
para impedir su intervención. Y
emprendió la
aventura, con el propósito de retomar el
control de Ossetia del Sur,
por cierto imaginando que Rusia no
reaccionaría, militarmente, y esperando una
eventual asistencia de los Estados Unidos y
demás miembros de la OTAN,
con la cual había firmado el
Partnership Action Plan (IPAP), para recibir
su asistencia, con vista a la futura
admisión como miembro.
Los vínculos
militares establecidos por los Estados
Unidos con Georgia, inclusive incentivando
su aspiración de ingresar en la OTAN,
involucran igualmente un importante interés
económico y geo-estratégico, que es
garantizar la seguridad de los oleoductos de
petróleo y gas, entre los cuales el
oleoducto Baku-Tiflis-Ceyhan (BTC). Este
oleoducto, que pasa por el territorio de
Turquía, permite a las compañías
occidentales desviar de Rusia y de Irán el
flujo de petróleo procedente de Azerbayán y
de otras repúblicas de Asia Central, y por
otro lado, reducir la dependencia del Golfo
Pérsico. Su construcción por parte de las
compañías BOTAS Petroleum Pipeline

Ruta del oleoducto
Baku-Tiflis-Ceyhan
Corporation y
Bechtel Corporation (Bechtel Group), esta
última íntimamente vinculada al presidente
de los Estados Unidos, comenzó en 2002 y
terminó en 2006, al mismo tiempo en que los
Estados Unidos trataban de estrechar las
relaciones militares con Georgia, mediante
el envío de asesores con la misión de
entrenar a su ejército. Este oleoducto, con
capacidad para transportar 1 millón de
barriles de petróleo por día, es el segundo
mayor del mundo y se extiende por 1.768 km,
desde los campos de petróleo de Azeri-Chirag-Guneshli,
al margen del Mar Caspio. Liga Baku, capital
de Azerbayán, pasando por Tiflis, capital de
Georgia, al puerto de Ceyhan, en el sudeste
del Mediterráneo, en la costa de Turquía.
El oleoducto Baku-Supsa lleva 150.000
barriles de petróleo por día del Mar Negro
al puerto de Supsa en Georgia. Y el
gasoducto Baku-Tiflis-Erzrum (BTE
transporta, por año, 6 millones de metros
cúbicos de gas de Azerbayán hacia Turquía.

Fuente: BBC
Azerbayán y Georgia
son dos países claves, no sólo por su
producción de gas y petróleo, sino porque de
ellos depende el establecimiento de un
corredor que una el Cáucaso y Asia Central a
Occidente, sin pasar por Rusia, y del cual
la piedra fundamental fue la construcción
del oleoducto BTC. Entre tanto, la
intervención de Rusia en Georgia, el 8 de
agosto de 2008, para defender la autonomía
de Ossetia del Sur, así como la autonomía de
Abecasia, otra región separatista, mostró
que el transporte de petróleo y gas a través
de los
ductos que atraviesan
Georgia es tan
vulnerable como a través del Golfo Pérsico.
Sus tropas conquistaron la ciudad de Gori,
donde nació Stalin, y la garganta de Kodori,
ocupada por Georgia desde 2006, y
destruyeron depósitos de armamentos y bases
militares.
Los oleoductos no fueron
atacados, sino cerrados por las propias
compañías, por motivos de seguridad o
precaución. Pero los proyectos de
construcción de nuevos ductos o expansión
del BTC quedaron aparentemente inviables, en
virtud de la inestabilidad presentada por la
región, alarmando a las compañías que allá
pretendían invertir.
Los Estados
Unidos nada pudieron o pueden hacer, sino
protestar y enviar ayuda humanitaria a
Georgia, a pesar de que el vice-presidente
Dick Cheney proclamase que la intervención
de Rusia en defensa de Ossetia del Sur "must
not go unanswered”. Están económica y
financieramente agotados con dos guerras, en
Afganistán y en Irak, cuyos costos,
incluyendo el alto precio del petróleo, los
gastos de tratamiento de los veteranos
heridos y el pago de los intereses del
dinero prestado, totalizaban, en noviembre
de 2007, cerca de U$S 1,5 trillones, un 10%
por encima del PBI (U$S 13,8 trillones, est.
2007[i]),
de acuerdo con un estudio hecho por los
representantes del Partido Demócrata,
integrantes de la Comisión Económica
Conjunta del Congreso americano.[ii]
Y
la estimación era de que, solamente en el
año 2008, los gastos con las dos guerras
sobrepasarían los U$S 1,6 mil millones, el
doble de U$S 804 mil millones, anunciado por
el presidente George W. Bush.
Con dichos
gastos, la deuda pública de los Estados
Unidos, saltó de U$S 5,6 trillones, en el
año 2000, a un total de aproximadamente U$S
9.5 trillones en abril de 2008[iii].
Y la deuda nacional (externa e interna)
continúa creciendo cerca de U$S 1,82 mil
millones por día, desde 2007. En diciembre
de 2007, China poseía reservas en dólares
del orden de U$S 1,5 trillón (10% del PBI
americano), de los cuales los títulos (securities)
del Tesoro americano, en junio de 2007,
totalizaban más de U$S 922 mil millones,
superando en 61% a Japón como el mayor
acreedor de los Estados Unidos.[iv]
De acuerdo con el Fondo Monetario
Internacional, estas reservas representaban
el 23,9% de las reservas en dólares
mantenidas por todos los países, cuyo total
era de U$S 6,4 trillones.[v]
Esto
significa que el valor del dólar podría caer
dramáticamente si la propia China, que es el
mayor comprador de títulos de los Estados
Unidos, inclusive de la deuda pública,
colocase en el mercado mundial gran parte de
las reservas que mantiene.[vi]
Y
ya amenazó con hacerlo.
Los
Estados Unidos están dependiendo fuertemente
del influjo de capitales de otros países,
sobre todo de China, a fin de ayudar al
desarrollo de su economía y cubrir el
déficit fiscal. Son una potencia,
virtualmente, quebrada. Todavía no se dio el
default porque el dólar, en el esquema
actual de fiat money, es una moneda
fiduciaria y el gobierno tiene libertad para
emitir la cantidad que quiera. Esto no
significa que el gobierno de Washington
pueda continuar emitiendo dólares
indefinidamente. Al contrario de China y de
Japón, los Estados Unidos son actualmente
deudores y necesitan mantener la confianza
de los inversores extranjeros. Sin embrego,
más temprano o
más tarde, esta burbuja va a estallar, como
ocurrió con los financiamientos subprime,
la burbuja inmobiliaria. Ella se conjuga con
la fragilidad del sistema financiero,
generando enormes riesgos no sólo para los
Estados Unidos sino también para todos los
demás países. Y el gobierno de Washington
solamente estará en condiciones de evitar
una gran explosión, si recorta los gastos
militares y, por consiguiente, reduce su
aparato bélico y su presencia en todas las
regiones, algo extremadamente difícil, dado
los intereses económicos y financieros
implicados.
De cualquier
forma, el hecho es que los Estados Unidos
pasaron a depender de China, así como Gran
Bretaña, para vencer en la Segunda Guerra
Mundial, pasó a depender financieramente de
los Estados Unidos, declinando, al punto de
tornarse su satélite, según concluyó
Correlli Barnett.[vii]
Sin las inversiones de otros países, como
Japón y, sobre todo, China, que compran
títulos del Tesoro americano, los Estados
Unidos no pueden sustentar las guerras en
Afganistán y en Irak, dos guerras perdidas.
Y, apremiados económica y financieramente,
sufrieron un fuerte revés político y
estratégico con la intervención de Rusia en
defensa de Ossetia del Sur y de Abecasia.
No podían correr el riesgo de mandar tropas
hacia Georgia, a fin de asumir el control de
los puertos y aeropuertos del país, según
lo anunciado por el gobierno de Tiflis, y
escalar el conflicto, que podría resultar en
un enfrentamiento armado con Rusia. La
dificultad de reclutar jóvenes – hombres y
mujeres – para servir como soldados en las
Fuerzas Armadas se tornó cada vez mayor,
después de la invasión de Irak.[viii]
La
creciente oposición interna a la Guerra en
Irak, así como el miedo a la muerte o a la
invalidez causada por las heridas, produjo
efectos sobre las Fuerzas Armadas y la
Guardia Nacional, dado que el Pentágono
desde entonces no consigue alcanzar sus
metas anuales de reclutamiento[ix].
En 2007, el
agotamiento y la fatiga estaban abatiendo
las tropas de los Estados Unidos en Irak y
las deserciones aumentaban.[x]
Sería difícil para Washington desatar y
sustentar otra guerra convencional. Y el
impasse existente entre los Estados Unidos y
la extinta Unión Soviética, que culminó
dramáticamente con la crisis de los misiles
instalados en Cuba (1962), demostró que una
guerra nuclear, según admitió el entonces
secretario de Defensa, Robert McNamara, era
“unthinkable”[xi].
No habría vencedor.
No habría beneficios
para ninguna de las potencias. Solamente
costos inmensos, incalculables, en vidas y
propiedades. Con razón
Zbigniew
Brzezinski observó que
las armas nucleares redujeron prácticamente
la utilidad de la guerra como instrumento de
la política o incluso como amenaza[xii].
Frente a tal
situación, el poderío militar de los Estados
Unidos, por más grande que sea, tiene
límites. Washington no ponderó que Rusia
había permanecido como una poderosa potencia
militar y que la paridad estratégica no
había acabado, no obstante la desagregación
de la Unión Soviética, en 1991 Rusia
actualmente cuenta con 1,2 millón de
efectivos en sus Fuerzas Armadas, un total
14.000 ogivas nucleares, de las cuales cerca
de 5.192 (est.), mientras que los Estados
Unidos poseen 1,3 millón de militares en
actividad, 5.400 ogivas, de las cuales 4.075
activas, además de 3.575 estratégicas y 500
no-estratégicas (est).[xiii]
Tanto los Estados Unidos como Rusia poco o
nada hicieron para reducir el inventario de
armamentos nucleares, remanentes de la
Guerra Fría, y que permaneció,
innecesariamente por encima de las
necesidades de seguridad de las dos
potencias.
Entre
tanto, el presidente George W. Bush, como
antes el presidente Bill Clinton, continuó
provocándola, humillándola. Inmediatamente
después de asumir el gobierno, en 2001,
retiró a los Estados Unidos del Tratado de
Misiles Anti-balísticos (ABM), celebrado en
1972 con la Unión Soviética, a fin de
implementar el
proyecto de
construcción del sistema de defensa anti-misiles,
y se empecinó no solamente en establecer
bases anti-misiles en
Polonia y en la
República Checa sino también en llevar a la
OTAN a las fronteras de Rusia, a través de
Ucrania y de Georgia. Se rehusó incluso a
ratificar el Tratado de Prohibición Total de
Pruebas, de 1996, y los cambios en el SALT
2, sobre la
limitación
y la reducción de los armamentos
estratégicos.
Y ordenó la invasión de Irak, como
iniciativa unilateral, ignorando al Consejo
de Seguridad de la ONU. El presidente George
W. Bush derribó todos los fundamentos del
orden internacional y, consecuentemente, de
la paz, que posibilitó el fin de la Guerra
Fría. Sin embargo, no consiguió deshacer el
equilibrio de poder global, objetivo del
proyecto de instalar las bases del sistema
de defensa anti-misiles en Polonia y en la
República Checa. Como el propio Mackinder
había, resaltado Rusia es un player state
y no un Estado periférico.[xiv]
Está directamente dentro de
la pivot area de Eurasia. Puede usar
su influencia y dinero, dificultar o incluso
suspender el suministro de energía (gas y
petróleo), que la Unión Europea tanto
necesita, como socavar los intereses de los
Estados Unidos, en el Oriente Medio y en
otras regiones, vendiendo armamentos a
Siria, Irán, etc., y ejercer su poder de
veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Rusia tiene más condiciones de afectar a
Occidente, que precisa más de Rusia, que
Occidente, de afectar a Rusia, que no
precisa tanto de Occidente. Así, económica y
financieramente recuperada, Rusia volvió a
participar del Great Game, el juego
de poder en Asia Central. La Segunda Guerra
Fría efectivamente comenzó.
[i]
CIA – Fact Book - https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/us.html
[ii]
Josh
White
“Hidden
Costs' Double Price Of Two Wars,
Democrats Say”. The
Washington Post, November 13,
2007, p. A14
[iii]
The Government Section of
TreasuryDirect
http://www.treasurydirect.gov/govt/resources/faq/faq_publicdebt.htm
William
F. Shughart II. "Spending Addicts”.
The Washington Times, 7/20/08)
U.S.
National Debt Clock - The
Outstanding Public Debt las of 18
Aug 2008 at 08:45. http://www.brillig.com/debt_clock/
[iv]
CRS Report for Congress. China´s
Holdings of U.S. securities –
Implications for the U.S. Economy.
Updated May 19, 2008.
[v]
IMF, International Financial
Statistics, November 2007; IMF
Currency Composition of Official
Foreign Exchange Reserves.
[vi]
Federal Reserve Statistical – Money
Stock Measures http://www.federalreserve.gov/releases/h6/current/
[vii]
BARNETT, Correlli. The Collapse
of British Power.Gloucester (Inglatterra):
Alan Sutton Publisher, 1987, pp.
585-593.
[viii]
Robert
Hodierne Concern over US army
recruitment. BBC News- Last
Updated: Wednesday,
BBC Radio
4's Crossing Continents 23
August 2006, 22:48 GMT 23:48 UK .
[ix]
Ann
Scott Tyson “Army Having Difficulty
Meeting Goals In Recruiting
Fewer
Enlistees Are in Pipeline; Many
Being Rushed Into Service”.
Washington Post, February 21,
2005, p. A01
[x]
Peter
Beaumont. “Fatigue cripples US army
in Iraq”. The Observer,
August 12 2007.
[xi]
Apud KISSINGER, Henry. Diplomacy.
Nova York Touchstone Book, 1994, p.
644.
[xii]
BRZEZINSKI, Zbigniew. The Grand
Chessboard. American Primacy ant its
Geostrategic Imperatives. Nova
York: Basic Books, 1997, p. 36.
[xiii]
Center
for Strategic and International
Studies (CSIS). Western Military
Balance and
Defense
Efforts. A Comparative Summary of
Military. Expenditures; Manpower;
Land, Air,
Naval,
and Nuclear Forces - Anthony H.
Cordesman & Arleigh A. Burke Chair
in Strategy
With
the Assistance of Jennifer K.
Moravitz - CSIS January, 2002.
http://www.csis.org/media/csis/pubs/westmb012302%5B1%5D.pdf
NORRIS,
Robert S., and M. KRISTENSEN,
"Russian nuclear forces, 2008",
Bulletin of the Atomic Scientists
64:1 (March/April 2008): 54-57.
http://thebulletin.metapress.com/content/pr53n270241156n6/fulltext.pdf
Department of Defense – Active Duty
Military Personal by Rank Grad –
August 2007.
http://siadapp.dmdc.osd.mil/personnel/MILITARY/rg0708.pdf
[xiv]
MACKINDER, Sir Halford John. “The
Geographical Pivot of History”,
Geographical Journal, Royal
Geographical Society London, April
1904 , vol. XXIII pp. 436.
LA
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