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Apreciando los brotes,
la modernidad blanco y verde
por El Perro Gil
elperrogil@gmail.com
Por
las empinadas callecitas de piedra de la ciudad de
Rivera, se divisa una pequeña silueta. La túnica
blanca distingue e identifica al personaje quien -
con paso decidido – avanza y se devora el empinado
trecho que nos separa. Por el apuro, pareciera que
llega tarde pero, rápidamente nos damos cuenta que
es una técnica normal de quien está entrenado para
el diario esfuerzo. La moña azul dista mucho de ser
tal, y luce como estandarte que ondea libremente al
influjo de la suave brisa norteña. El sujeto que
genera nuestro interés ya está a pocos pasos, la
mochila colgada en su espalda deja liberadas ambas
manos para sostener con ellas un preciado tesoro. La
mirada fija a una pantalla lo aleja de un entorno
que ni remotamente lo arriesga a sufrir percance
alguno, como si la ciudad misma lo protegiera.
El tránsito por allí
es casi nulo, y de circular algún vehículo, el ruido
pronunciado del cambio de fuerza le advertirá a
tiempo para resguardarse. El chico en cuestión
lleva entre sus manos una laptop del Plan Ceibal,
inconfundible con sus colores blanco y verde.
Por supuesto que la llevaba encendida y aprovechando
el tiempo que le insumía el recorrido, iba
despuntando el vicio mientras esperaba entrar en el
radio de acceso wi-fi con que cuenta la escuela y
así lograr conectividad a la red de redes.
Semejante postal no
podíamos dejarla pasar inadvertida y le cortamos el
paso para requerirle un comentario. Para nuestro
regocijo, con total naturalidad, nos ilustró sobre
el funcionamiento y las bondades del artículo que le
habían regalado en la escuela y al que había
incorporado como compañero de viaje. Fue un lujo
poder palpar en vivo y en directo la funcionalidad
de esta herramienta en manos de su directo
propietario (y mejor beneficiario), de algo a lo que
todos ayudamos a construir. Pues son los dineros de
todos los que permiten la concreción de estas
utopías, que no eran tales.
Apreciar cómo, este
tipo de instrumentos, se incorporan al diario
acontecer de los jóvenes de nuestro país, es una
sensación que nos llena de optimismo. Elementos
de la modernidad que se disponen al alcance de todos
y no de unos pocos, para sembrar esa ciudadanía de
la que tanto se habla pero que poco se construye, o
mejor dicho, que poco se construía. Pues es una
hermosa realidad ver como crece día a día este
proyecto que ha concitado unanimidades -tan caras en
estos tiempos- sin dos opiniones a estas alturas a
la luz de los progresos que se van contemplando
entre los chicos beneficiarios del mismo.
Verdaderamente
revolucionario por donde se lo mire, no sólo porque
permite el acceso a la gran biblioteca mundial que
es internet, sino por el carácter inclusivo de la
propuesta que se difunde más allá del niño que
recibe la computadora, pues por cada uno de ellos se
incluye también a su familia generando así un
vínculo de aprendizaje familiar y de conexión con el
resto del globo. Beneficios de una globalización de
la cual muchas veces oímos defectos pero de la que
–justo es decir- también debemos contar sus
beneficios.
Hoy, el acceso a un
ordenador, es un vector de desarrollo que distingue
al país todo, y como tal constituye una herramienta
fundamental que los niños uruguayos incorporan
naturalmente para asombro y regocijo de los
promotores de la iniciativa. Es innegable que los
logros de toda política que esté dirigida al
crecimiento cultural de nuestros niños, es una
siembra para el futuro del Uruguay como país, justo
en tiempos de crisis mundiales y fenómenos
migratorios que son verdaderas sangrías. En puridad,
dotar de estos elementos de comunicación y
conocimiento a las nuevas generaciones, permite
brindarles la mejor de las defensas para
desplegar luego, cuando sean los motores del
desarrollo nacional.
Felizmente se
comienzan a vislumbrar esos “brotes” de desarrollo
en cada rincón del interior del país, donde es grato
encontrar situaciones como la referida, en las
cuales se aprecian plazas colmadas de niños y
jóvenes con sus computadoras portátiles,
aprovechando las bondades de una modernidad
arrolladora, de la cual vamos aprendiendo
rápidamente a sacar el mejor provecho.
Mientras el perro
paseaba, el hombre esperaba turno para chequear su
casilla de correo…
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