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Hoy he tenido un sueño
por Federico Mayor Zaragoza*

He soñado que el sueño de
Martin Luther King se hacía realidad. He soñado que,
por fin, mujeres y hombres, negros y blancos,
jóvenes y viejos eran capaces de vivir en Estados
Unidos pacíficamente con un presidente de piel
morena. Sin prejuicios y movilizados por las
palabras clave del candidato: “Cambio”, “esperanza”,
“juntos, podemos”…
Con Obama, el sueño americano
de Martin Luther King y de John F. Kennedy puede
hacerse realidad. ¡Igual dignidad de todos los seres
humanos! “Ahora es el momento - dijo Luther King en
la marcha sobre Washington del 28 de agosto de 1963-
de sacar a nuestro país de las arenas movedizas de
la injusticia racial hacia la roca sólida de la
hermandad”. El pueblo norteamericano sabe que ahora
es el momento de la hermandad.
Obama tiene el temple, el rigor
y la visión que hacen falta en estos momentos en que
todo está trastocado y confuso. Representa el
cambio, un nuevo paradigma, pero también un nuevo
estilo, una nueva forma de enfrentar los desafíos,
guiados por los valores éticos y los principios
democráticos, las mismas oportunidades, el esfuerzo,
la ilusión cotidiana, la capacitación… Obama,
afroamericano, ciudadano del mundo, consciente del
conjunto de la aldea global y no sólo de sus barrios
más prósperos.
Los poderes públicos, que han
hallado en pocas horas para el rescate de los
culpables de la crisis financiera los fondos que no
supieron encontrar en años para afrontar el sida, el
desarrollo endógeno de los países explotados, el
hambre, la pobreza…, necesitan un nuevo liderazgo
que señale otros caminos, otras formas de gobernar.
Se necesita, como decía Maimónides en su Guía de
perplejos, alguien al frente de la nación más
poderosa de la Tierra que infunda respeto y
confianza, que tenga la competencia y los equipos
necesarios para aprovechar una ocasión histórica de
cambios radicales, de modo que los súbditos, en
Estados Unidos y en el mundo entero, se transformen
en ciudadanos.
“Concentrémonos en el empleo”,
dijo Obama. “Quiero poner fin a las ventajas
fiscales concedidas a empresas que deslocalizan los
empleos y dar un crédito de impuestos a las empresas
que creen empleos aquí, en Estados Unidos…,
ayudando, asimismo, inmediatamente a las familias”,
a la gente…
Estamos hablando sólo de la
crisis financiera, sin mencionar las que se refieren
a la energía, la alimentación, el medio ambiente… Se
requiere un golpe de timón que no debe darse por los
economistas que ya han fracasado sino por los que
tienen una orientación basada en la realidad de un
mundo redondo capaz de reaccionar gracias a la
capacidad creadora distintiva de los seres humanos.
Un presidente nuevo para la
nueva era que se abre con el desmoronamiento de un
sistema económico que ha excluido y marginado, que
ha preferido una plutocracia (G-7/ G-8) al sistema
multilateral y democrático que representa la ONU,
que debe ser ahora, con gran celeridad,
profundamente reformada, incluyendo la Organización
Mundial del Comercio, el FMI y el Banco Mundial
“para la reconstrucción y el desarrollo”, que deben
cumplir las misiones para las cuales fueron creados
por Franklin D. Roosevelt en 1944.
Será un presidente excepcional
porque es capaz de inspirar a los ciudadanos y por
la naturaleza unificadora de su candidatura… Porque
sabe convencer al pueblo norteamericano y al mundo
de que Estados Unidos va a renovarse”. Renovarse.
Estados Unidos y el mundo entero. De nuevo, valores
democráticos. De nuevo, la esperanza. De nuevo,
inventar el futuro. De nuevo, el protagonismo de las
generaciones jóvenes. De nuevo, el convencimiento de
que juntos, podemos. De nuevo, la libertad.
Obama ya no correrá el riesgo
de ser el que ha revolucionado un sistema que estaba
claro que debía sufrir un cambio profundo y urgente.
Ya no se le podrá acusar de haber trastocado lo que
hace tan sólo unos meses los artífices y
beneficiarios de la globalización y la economía de
mercado seguían presentando como la gran solución.
Obama llega en un momento en que un nuevo modelo es
deseado por casi todos. Y supone, contra la inercia,
el mérito, la capacidad de innovar, la solidaridad.
Necesitamos líderes nuevos para
tiempos nuevos, con grandes transiciones. De la
fuerza a la palabra. De una cultura de violencia y
guerra a una cultura de diálogo, conciliación y paz.
Grandes crisis, grandes oportunidades. No más
resignación. El tiempo de la revuelta pacífica pero
firme en favor del rescate humano ha llegado. Vamos
a ser todos Rosa Parks, la activista negra de los
derechos civiles, y no vamos a ceder el asiento que
ocupamos (ella en un autobús, nosotros en el mundo)
para llegar sin demora al destino de ese otro mundo
posible que anhelamos.
He tenido un sueño. He soñado
en el sueño de Martin Luther King, el sueño de la
igualdad, de la justicia y de la libertad. Obama,
negro americano, ¡presidente de Estados Unidos!
*Presidente de la Fundación Cultura de Paz
y ex
Director General de la UNESCO
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