Obama: y el renacer de la
política con entusiasmo
por Antonia Yáñez

 

Puede ser un exceso a esta altura reflexionar una vez más sobre el triunfo de Barack Obama. Es que ningún hecho fue tan universal en el último periodo como ésta instancia electoral de EEUU. Uno de los fenómenos que explica ese interés, es que con anterioridad la administración Bush involucró de hecho a todos los ciudadanos del planeta, en un supuesto destino de los EEUU. O se estaba con Bush o se era un enemigo de los EEUU, pasible por lo tanto de ser incorporado a lo que llamó “eje del mal”

 

Esta gravísima confusión de un hombre de Estado, comparable con las mayores tragedias ideológicas que la humanidad ha soportado, solo podía terminar como lo está siendo. Un mundo infinitamente más peligroso para todos y una reacción electoral de ese pueblo que lo soportó. La admiración de millones por Obama en los EEUU y en todo el mundo, se trasformó en un voto contra Bush.

 

Habrá que seguir estudiando y reflexionando sobre lo que ha pasado estos días en el mundo y en particular con los resultados electorales norteamericanos. Pero no hay explicación de lo que condensadamente pasó el 4 de Noviembre, sin lo que implicó para esa nación y el mundo, la era Bush.

 

La herencia de Bush no solo será difícil de decodificar en los planos de la economía y la redes financieras, mundialmente subvertidas, estará también aquella en los planos de una filosofía teológica, que implica una forma de ver al otro,  a partir de una ideologización absolutista y extremadamente autoritaria. Esta practica que negó la política, llevó a la administración republicana a la alteración o sustitución del  Derecho internacional y desconocimiento de la ONU, por la doctrina de la “guerra preventiva” entre otras barbaridades.

 

Obama desde los albores de su campaña electoral y ahora en las primeras horas como presidente electo ha planteado abordar la realidad de su país y el mundo con los instrumentos que dan los valores e ideales, por encima de las ideologías, subrayando:”resistamos la tentación del partidismo, la mezquindad y la inmadurez que han envenenado nuestra vida política hace tanto tiempo”.

 

No es pequeña la diferencia luego de un gobierno hiper idiologizado. Además los demócratas tendrán que hurgar en una historia compleja y borrascosa que los comprende y por momentos se confunde con los republicanos.

 

Como iniciando esa nueva lectura de la historia norteamericana, Obama socializó el día de su triunfo la historia de Ann Nixon Cooper de 106 años: “Nació sólo una generación después de la esclavitud, cuando no había automóviles en las carreteras ni aviones por los cielos; cuando alguien como ella no podía votar por dos razones: porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche pienso en todo lo que ha visto durante su siglo en Estados Unidos: la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con ese credo estadounidense: sí, podemos”.

 

Es cierto que este triunfo lo edificaron en lo sustancial porque le devolvieron a la política la capacidad de entusiasmar a millones. Un 66 por ciento de los ciudadanos con derecho a voto lo ejerció, una tasa desconocida desde 1908. Este es un primer valor determinante, que además lo sustentaron en una campaña desde las bases, llevada muy inteligentemente en una primera etapa por Hillary Clinton y Obama, luego por Obama.

 

Al devolverle a la política su valor de ejercicio ciudadano y practica abierta, posibilitó que otros fenómenos latentes desde hace décadas en la sociedad norteamericana, se expresaran con fuerza determinante. No es casualidad que una mujer y un negro fueran los principales emergentes. No es el mismo sector social y humano que sustenta a quienes llegan y a quienes se van el 20 de Enero de la Casa Blanca. Este no es un dato menor, auque mañana puede no colmar el imaginario de expectativas, de quienes hoy se ubican en un progresismo social dentro y fuera de los EEUU.

 

El Estado norteamericano esta identificado con una práctica avasalladora y en vastas áreas violatoria de los más elementales valores ciudadanos y sociales. Este, en no pocas oportunidades ha convertido a sectores de su pueblo y muchos en el mundo, en victimas de extremos sufrimientos, que inhiben, que de un día para el otro se de crédito, a una política sustentada en valores e ideales.

 

El esfuerzo que tendrá que realizar la nueva administración demócrata para acercarse a las expectativa que ha despertado, esta directamente proporcional al de resolver con la misma dimensión y creatividad - hasta donde han llegado-, los gigantescos problemas que la comprenden. Obama lo reiteró en el mismo momento que reconocía su triunfo; “Mientras disfrutamos esta noche, sabemos que los retos que traerá el mañana son los mayores de nuestras vidas: dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo”. Se podría agregar que para resolver esto se necesitará más que la audacia de la esperanza.

 

Agregó luego, para que las emociones no confundieran lo sustancial: “Esta victoria no es el cambio que buscamos. Sólo es la oportunidad para hacer ese cambio. Y eso no puede suceder si volvemos a lo mismo. No puede suceder sin ustedes, sin un nuevo espíritu de sacrificio”.

 

En una nota de principios del 2008, escribí que en “EEUU se incubaban sutiles procesos de cambio, que era muy difícil saber el sentido y la dirección que tomarían”, que era muy importante que Sudamérica  estuviera atenta a como pararse frente a ellos. Aún no se conoce la “hoja de ruta del gobierno de Obama para con Sudamérica. Los procesos de cambio en la región son muchos y variados. Cómo nuestros hombres y mujeres de Estado lo vincularán con lo que pasa en el norte, es una incógnita, pero solo con innovación se podrá contribuir a un fenómeno real, muy difícil de calificar si se mide en tiempos mediáticos.

 

La crisis económico financiera que allí se originó, pero que ahora empezamos todos a padecer, es la crisis de un modelo de cómo gestionar las sociedades y administrar los Estados, es un modelo negador de la Política, este modelo ahora sí ha entrado en crisis profunda y global. Sudamérica ha sido pionera en bucear en la búsqueda de nuevos paradigmas que revitalicen las prácticas políticas, es mucho lo avanzado. Si por un momento le damos una chance de credibilidad a Obama y concordamos que “Esta victoria no es el cambio que buscamos. Sólo es la oportunidad para hacer ese cambio”. Estaremos más cerca todos de lograrlo.

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