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Izquierda: desencuentros sin
la participación de la gente
por Ramón Ramos Trías
No
es la primera vez que la izquierda uruguaya toma el
camino más largo y tortuoso para finalmente llegar a
resoluciones sobre temas trascendentes. Si solo se
tomara la historia del Frente Amplio también
encontraríamos múltiples desencuentros entre sus
grupos políticos y en más de una oportunidad entre
sus diversos líderes. Una de las interrogantes que
siempre ha sido pospuesta, es si estas dificultades
de entendimiento o crisis, no le impidieron llegar
antes al gobierno o le restaron caudal electoral.
En auxilio de esta interrogante
más de un analista responde que en el caso del FA,
desde su fundación éste siempre registró un avance
constante de su electorado, proceso que le permitió
finalmente llegar al gobierno en 2005. Con
anterioridad a la formación en 1971 del FA,
existieron situaciones claras de que las divisiones
y peleas, sí le restaron capacidad electoral.
Un repaso de la historia del
FA muestra, que los desencuentros más
significativos han sido siempre en las cercanías de
los periodos electorales y entorno a las
candidaturas comunes. Por estos días es llamativo
cómo algunos actores adaptan los distintos
episodios de la historia frenteamplista al grado
que le coincide sin un milímetro de más, para
justificar sus opiniones actuales.
El registro de la historia sin
ajustes a medida, muestra por ejemplo cómo en el
periodo previo a las últimas elecciones el Gral.
Liber Seregni, mantuvo fuertes discrepancias con el
actual presidente Vázquez y sus aspiraciones a ser
el candidato único a las elecciones de octubre de
2004. Seregni durante todo un periodo se inclinaba
y trabajó para que la candidatura fuera de Astori.
Pero si la contabilidad de los
desencuentros fuera solo la variable para analizar a
esta fuerza política o cualquiera de las demás del
espectro político uruguayo, los resultados poca luz
arrojarían para saber como han llegado a puerto con
anclaje firme y triunfante. Porque la historia de
todos los partidos y de la izquierda en particular,
es en gran medida como emergen exitosos en cada caso
de estos desencuentros.
Esas salidas registran casi
invariablemente un elemento determinante, es
cómo logran estas organizaciones en el proceso de
esos desencuentros, involucrar a la mayor
cantidad de sus adherentes, afiliados o
simpatizantes. Quien en cada caso haya logrado
no dejar a su gente solo con la angustia y la
incertidumbre, encerrado en su casa, sin hacer la
digestión política, que permite la discusión y
participación, ha triunfado. Se puede aceptar sin
los divagues de la inteligencia espontánea, que en
la actualidad esa participación y grados de
involucramiento hay que buscarlos con los nuevos
instrumentos que da la modernidad.
Contrariando esta historia, si
hay un rasgo fuerte que registra por estos días los
desencuentros de la izquierda por el tema
“candidaturas”, es la ausencia de interés de sus
dirigentes por involucrar o compartir los
contenidos de lo que está en discusión. El hecho más
notorio ha sido el abuso con que se ha propuesto el
mecanismo llamado “consenso”. En casi todos los
casos no ha estado sugerido como la culminación de
un proceso de discusión, como en etapas anteriores
de la historia frenteamplista, sino en un sentido de
mecanismo de resolución en sí mismo.
Otro elemento que se suma a
esta contrariedad, en esta oportunidad, es la
ausencia total de discusión sobre elementos
programáticos. Solo se ha invocado el programa como
forma de ganar tiempo y no de abordar lo que se
piensa hacer en un próximo periodo de gobierno.
En la etapa previa al periodo
electoral del 2005, parecía que la izquierda
uruguaya había definitivamente encontrado un método
de discusión para culminar unitariamente sus
desencuentros. Si hoy tomamos en su verdadera
dimensión, los últimos acontecimientos que
involucran a varios de sus principales actores, esto
solo fue un hecho episódico y la opción por el
camino más largo es lo permanente.
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