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Es indispensable reencantar
a la gente con la política y
relegitimar a los partidos
Entrevista a la presidenta
Michelle Bachelet

En la semana que se cierra la presidenta de Chile
Michelle Bachelet fue anfitriona del Foro de los
Progresistas sudamericanos. Al dejar inaugurado el
evento la Jefa de Estado afirmó que de los gobiernos
progresistas “depende que al desplome bursátil no se
le agregue un desplome social”. Por eso en Chile, al
presupuesto 2009 “no le hemos tocado en nada, lo
referente al gasto social”.
Agregando "nuestro objetivo principal debe ser
siempre pensar en el país, y cuando pensamos en el
país, pensamos en las personas", afirmó al dejar
inaugurado el tercer foro anual del Progresismo, que
tenia por consigna; "Democracia, desarrollo e
inclusión social- Por un consenso progresista
innovador". Organizado por la Fundación Chile 21
y la Fundación Liber Seregni.
En el foro participaron entre otras personalidades
el ministro de Justicia de Brasil, Tarso Genro; el
ex ministro de Economía del Uruguay, Danilo Astori,
la ministra Marina Arismendi y el diputado Roberto
Conde, la secretaria ejecutiva de Cepal, la mexicana
Alicia Bárcena y
el ex presidente de Argentina Néstor Kirchner
Lo que sigue a continuación son los aspectos
fundamentales de la entrevista que la periodista
Patricia Politzer le realizó a la presidenta
Bachelet para la Revista chilena “Qué Pasa”, donde
esta repasa aspectos fundamentales de su gobierno y
de la fuerza política, la Concertación.
- Después de la derrota
electoral, presidenta, una buena semana marcada por
una gira exitosa y mayor popularidad en las
encuestas.
-
Me siento contenta de
ratificar, una vez más, cómo Chile es querido,
admirado y respetado en el exterior. Pero quisiera
refutarle la primera parte de su pregunta, porque yo
creo que no tuvimos una derrota electoral. Si bien
se perdió en un número muy significativo de
alcaldías, se comprobó una vez más que la
Concertación sigue siendo la primera fuerza política
del país. A partir de aquello, es indispensable que
la Concertación haga una autocrítica para entender
el mensaje que los chilenos están enviando.
- ¿Cuál es su interpretación
del mensaje?
- Que todavía hay un alto
porcentaje que quiere un país que crezca con
inclusión social, con desarrollo armónico en
democracia y en libertad, que es lo que representa
la Concertación. Pero, por otro lado, se le pide a
las fuerzas que representan este concepto que sean
capaces de renovarse. Hay un clamor por la unidad y
un castigo al desorden.
- La noche del 26 de octubre
dijo que había que escuchar el rumor de la calle.
Quienes trabajaron en los distintos puerta a puerta
advierten que ese rumor viene cargado de rabia, que
la gente está muy enojada. ¿Cómo interpreta este
sentimiento? ¿Lo siente cuando va a terreno o el
halo del poder la protege de las malas noticias?
-
A mí eso no me pasa. Se acerca
mucha gente a decirme "yo estoy viva gracias al
AUGE" o "gracias por la casa que recibí". Y no creo
que sea por el halo del poder, porque también se
acerca gente a plantearme sus problemas, a expresar
quejas, a pedirme que baje el precio de las
bencinas. La gente de clase media, por ejemplo, me
dice "está bien que trabaje por los pobres, pero
preocúpese también por la clase media".
- ¿Entonces, no siente que la
gente esté enojada?
-
Conmigo no está enojada, y así
lo muestran las encuestas como usted señalaba. Pero
efectivamente tengo conciencia de que existe
una rabia.
- ¿Y a qué se debe?
-
Hay distintos factores, uno de
ellos es el tema histórico de la seguridad
ciudadana. En la Región Metropolitana, se
focaliza especialmente en el tema del Transantiago.
Otro factor es una sensación que en España llamaron
"la crispación", y que surge cuando se ve al
mundo político preocupado de intereses muy alejados
de la gente, discutiendo temas que nada tienen que
ver con sus necesidades. A esto se agrega que los
medios de comunicación entregan una mirada de una
sola parte de Chile.
¿Por qué le digo esto?. Porque
cuando uno ve las encuestas en las que se le
pregunta a la gente su propia experiencia sobre
cualquiera de las políticas sociales, en particular
aquellas que connotan situaciones muy críticas como
salud, la experiencia personal de la gran mayoría de
la gente es buena, pero a pesar de ello, su
percepción de cómo está la salud en el país es mala.
Esto tiene que ver con una imagen del país que no me
parece justa, porque no es completa y sólo muestra
los problemas. Este es un tema que he conversado con
editores, directores e incluso dueños de los medios.
- ¿Culparía a los medios de
comunicación de los 460 mil votos que perdió la
Concertación en esta última elección?
-
De ninguna manera. Lo que digo es que contribuyen a
un clima que no expresa verdaderamente la realidad.
Dicho esto, la pérdida de votos de la Concertación
se debe a muchas otras razones, como la existencia
de dos listas que generó confusión política y
facilitó que muchos corrieran por fuera. Fíjese que
de los 40 alcaldes independientes, 36 eran de la
Concertación hasta el día en que debieron dejarla
para postular por fuera. Hubo malas decisiones con
algunos candidatos que no eran los óptimos y
también, en algunos casos, pudo haber castigo a una
mala gestión y la necesidad de cambio. No hay una
razón única.
- Mirando a Sebastián Piñera
como un adversario político, ¿cuál diría usted que
son sus cualidades como eventual presidente de Chile
y cuáles serían sus diferencias con él que la harían
preferir un candidato de la Concertación?
-
Sebastián Piñera no es nuevo en
política. Él ha dicho muchas veces que votó por el
No. Pero fue jefe de campaña de Hernán Büchi, quien
representó a quienes apoyaron al gobierno militar y
a la derecha de nuestro país. Es un empresario
exitoso. Más que un empresario, una persona ligada
al área de lo financiero, accionista de un conjunto
de empresas, un hombre inteligente, con mucha
energía. Pero él representa una fuerza política que
es la Alianza por Chile, con la cual la Concertación
tiene diferencias importantes en una serie de
materias.
- A veces esas diferencias se
vuelven difusas, ¿podría darme algunos ejemplos?
-
Por supuesto. Primero, lo que
está en el ADN de la Concertación, y que hoy ha
recuperado importancia en la discusión mundial:
el valor del Estado y de lo público en el
desarrollo del país, entendiendo que la equidad, la
justicia social y la igualdad de oportunidades no
son tareas del mercado. Uno de los triunfos de
la Concertación es que ha sido capaz de colocar como
eje central de su quehacer la cohesión social. No
hay político en este país que se precie que no
señale que quiere igualdad de oportunidades. Sin
embargo, como dice mi abuelita, las diferencias se
ven a la hora de los "quiubos", es decir cuando uno
vota o no a favor de una determinada política. Por
ejemplo, los parlamentarios de la Alianza han
rechazado sistemáticamente los proyectos de ley que
buscan ampliar las libertades ciudadanas y
perfeccionar la democracia como la inscripción
automática y el voto voluntario, la reforma
electoral, el voto de chilenos en el extranjero.
-A nivel local, la mayoría del
país estará gobernado por la Alianza. Pareciera que
la gente no está mirando mal lo que hace la derecha.
-
Hay que hacer una lectura más detallada. La verdad
es que la Alianza ganó en algunos lugares porque la
Concertación fue dividida y no porque haya
conseguido un triunfo masivo. Hay comunas donde un
candidato sacó 32%, el otro 33% y el otro 35%.
Además, en alcaldes, la gente vota muchas veces por
la persona y no políticamente. Conozco gente de la
Concertación que votó por Sabat en Ñuñoa y por Labbé
en Providencia, porque consideraban que habían sido
buenos alcaldes. Pero en la elección de concejales
votaron por la Concertación, lo que explica la
diferencia de votos entre ambas elecciones.
-Tampoco los partidos de la
Concertación muestran mucha adhesión.
-
Lamentablemente, las encuestas
indican que la mayoría no se siente plenamente
representada por ninguna fuerza política. Por eso,
la Concertación tiene un gran desafío en este año
electoral. Con un candidato único en abril o mayo
del próximo año, una lista parlamentaria única y un
programa que muestre que tiene un proyecto de
futuro, demostrará que sigue dando gobernabilidad.
Ese es uno de los elementos que la gente puede
haberse cuestionado al ver el desorden que ha
existido.
- Perdón presidenta, pero la
verdad es que desde la elección parlamentaria del
97, cuando surgieron autoflagelantes y
autocomplacientes, que la Concertación viene
hablando de que hay que escuchar a la gente. Volvió
a pasar en 1999 cuando el presidente Lagos no logró
ganar en primera vuelta y ahora postmunicipales.
¿Cómo cree usted que tiene que reinventarse la
Concertación?
-
He señalado en múltiples
ocasiones que la Concertación debería leer con
cuidado lo que significó mi elección. Entender que
surgió un conjunto de expectativas desde la
necesidad de avanzar más firmemente en aquello que
algunos han definido como "la madre", en términos de
protección a quienes más lo necesitan, hasta la
demanda por liderazgos más horizontales, más
cercanos, que generen más credibilidad en la gente.
Mi elección tuvo muchas razones distintas, y no han
sido siempre asimiladas en la práctica política de
las fuerzas de la Concertación.
- Considerando que algunos
temas como la participación y el gobierno ciudadano
han ido quedando en el camino, ¿usted diría que la
Concertación la ha frenado en su gestión y se ha
farreado sus primeros tres años de gobierno?
-
De ninguna manera. Hemos hecho muchísimo, incluso en
este terreno. Pero a mí me hubiera gustado hacer
más. En un comienzo, la participación ciudadana
recibió un sinfín de críticas desde todos lados, se
percibió como una amenaza al Parlamento y una
conspiración contra los partidos, en vez de verlo
como una oportunidad para reencontrarse con la base
social. Algunos trataron de ridiculizar y
distorsionar mis planteamientos hablando incluso de
cogobierno.
Sin embargo, con mi experiencia
como funcionaria pública y como ministra, yo sabía
que la gente no quiere asistencialismo: quiere ser
escuchada y ser parte de las soluciones. Pese a que
no he podido avanzar todo lo que quisiera, hay áreas
donde esto ha funcionado muy bien, como en el
programa "quiero mi barrio" de Vivienda y en la
creación de consejos asesores en áreas claves para
el desarrollo -a pesar de quienes decían "queremos
decisiones y no comisiones"-. Por ejemplo, la
reforma previsional se suponía un tema de alta
complejidad que provocaría una tremenda y larguísima
discusión, ¿qué pasó? En seis meses se hizo una
propuesta, en cuatro meses el gobierno construyó un
proyecto, en un año aprobamos la reforma y hace
cuatro meses que ya está en marcha.
- Sin embargo, buena parte de
las críticas que se hacen a su gestión tienen que
ver precisamente con la toma de decisiones. La LGE,
por ejemplo, sigue sin aprobarse.
-
La LGE ya pasó al Senado y dentro de 10 días vamos a
ingresar el proyecto de fortalecimiento a la
educación pública. Es falso que aquí no se tomen
las decisiones, hay que ver las cosas en sus justos
términos. Yo soy médico y ante un paro cardíaco no
se me ocurriría llamar a un consejo asesor. Basta
ver cómo actuamos frente a la crisis internacional.
Si bien convocamos a todos los actores para decirles
que debíamos tener un gran acuerdo nacional -porque
éste es un problema de Estado-, tomamos las medidas
sin dilatar. Las primeras medidas fueron para apoyar
a las pymes y, esta semana, las complementamos.
- ¿Entonces no se hace cargo de
las críticas en torno a falta de autoridad y
problemas de gestión en el gobierno?
- No hay ningún cuestionamiento
de autoridad al interior del gobierno. Yo soy quien
toma las decisiones. Fui ministra y conozco
perfectamente los grados de autonomía y los roles
que tienen los ministros. Sin duda hay situaciones
en que se podría haber actuado mejor, he dicho
muchas veces que me incomoda cuando, en ciertas
materias, hay cuatro o cinco ministerios
involucrados y se demoran algunas decisiones por no
ponerse de acuerdo.
- Pero más allá de asuntos
sectoriales, la opinión pública percibe desorden
entre los ministros de La Moneda, dentro de su
gabinete político.
-
Acá hay un gobierno que tiene
una sola opinión común y no corresponde entregar
opiniones personales. Tenemos un programa y tenemos
prioridades. A veces hay matices en la fuerza con
que se quiere impulsar un programa u otro, y eso
puede confundir a la gente.
- En cuanto a opiniones
personales, ¿se refiere al ministro Viera-Gallo que
propuso la incorporación de los comunistas al
gabinete?
-
A veces se dan opiniones
personales sin calibrar que la gente no lo percibe
como personal, sino como opiniones de gobierno. En
el caso que usted señala, el mundo político estuvo
una semana discutiendo sobre una realidad
artificial, que no se discutió ni en el gobierno ni
en la Concertación. Me parece indispensable tener
siempre mucha conciencia de que cada uno -en su rol-
representa algo más que su sola persona.
-Desde el gobierno del ex
presidente Lagos, la relación de La Moneda con los
partidos ha sido extraordinariamente dura. ¿Cómo ve
esa situación?
-Yo, entendiendo que la
política y los partidos son las únicas instancias
que tiene un país para tener un proyecto colectivo
como sociedad. Son muchos los grupos que se ordenan
y funcionan de acuerdo a sus propios intereses,
entonces es la política la que le da sentido al bien
común. Hemos visto cómo, frente ante la crisis
financiera, ha llegado la hora de la política. Son
los Estados los que salen a salvar a las
instituciones financieras. Por eso, para que no
surjan liderazgos populistas que pueden ser nefastos
para la democracia y para la vida de las personas,
es indispensable reencantar a la gente con la
política y relegitimar a los partidos.
- Renovar la política pasa por
la inscripción automática, el voto voluntario y el
cambio del sistema binominal.
-
Eso para mí es básico, está
íntimamente ligado a la lucha contra la exclusión. Y
yo soy tenaz, para no decir que soy porfiada.
Recuerdo que durante la campaña del 2005 muchos
candidatos señalaron que estaban de acuerdo con la
reforma al sistema electoral. Sin embargo durante mi
gobierno los partidos que sustentaron tales
candidaturas no la han aprobado. Como el próximo año
estaremos de nuevo en campaña, repondremos el
proyecto de ley que perdimos hace unos meses, y
supongo que muchos candidatos tratarán de ampliar su
base de apoyo. Entonces habrá que ver quiénes
prometen y cumplen, y quiénes no.
- Mencionó que el populismo
puede ser nefasto para la democracia. ¿Le teme al
liderazgo que está levantando el senador Alejandro
Navarro?
- (Éste es el único momento de
la conversación en que un largo silencio precede su
respuesta). Las personas tienen legítimo derecho a
tomar opciones personales, pero no se puede ser y
no ser. No se puede querer quedarse con todo lo
bueno y no asumir las dificultades que significa ser
parte de una fuerza política. Es válido que surjan
liderazgos que planteen que el proyecto político
para el futuro debe ser otro, pero hay que ser
responsable. A mí me parece que si hay primarias
abiertas en la Concertación, en las que puedan
participar todos los candidatos que quieran, ésa es
la oportunidad para que puedan medirse las personas
que se sienten parte de un partido y de un
conglomerado. Lo que no se puede hacer es ser el
progenitor de todo lo bueno, llevarse todos los
triunfos, y no hacerse cargo de las dificultades.
- En los próximos meses, ¿su
foco como presidenta estará más en la economía que
en la política, como ocurrió en estos días?
- Lo que es evidente es que hay
una crisis mundial cuyo impacto definitivo en la
economía real no terminamos de conocer.
- Pero esta lluvia nos va a
mojar.
- Nos va a mojar. Lo que he
dicho es que estamos mejor parados para resistir
este huracán, que es distinto a decir que no nos va
a llegar. De hecho, ya estamos viendo que se generó
una crisis de confianza y que los bancos, a pesar de
tener liquidez, han empezado a no prestar o a
prestar a tasas muy altas. Hay sectores que han
optado por posponer o achicar sus proyectos, porque
están preocupados de que pudiera bajar la demanda,
de si van a tener los créditos necesarios. Esto, por
cierto, puede tener un impacto en la economía y en
la generación de empleo. Por eso, hemos querido
insistir en que están dadas todas las condiciones
para que los bancos puedan apoyar los créditos y
estar tranquilos en términos de su liquidez. Hoy,
más que nunca, poner el foco en la economía es
preocuparse de lo que pase en los hogares de la
familia chilena, en la vida de las personas. Por
eso, si el presupuesto 2009 aumenta un 5,7%, la
inversión social será más alta y llegará al 7,8%. Y
por eso también, la inversión en obras públicas será
de un 8,8%. Todas éstas son medidas generadoras de
empleo y dinamismo para que la economía siga
funcionando.
- El aumento del desempleo
parece inevitable, ¿lo enfrentará con empleos de
emergencia o con subsidio a trabajos estables?
- Haremos todo lo que sea
necesario. La Ley de Responsabilidad Fiscal
determina que si el desempleo nacional pasa del 10%,
y el empleo regional del 9%, se puede echar mano al
fondo de contingencia del empleo para generar
empleos de emergencia. Paralelamente, le he pedido
al ministro Edmundo Pérez Yoma que, en conjunto con
los ministros de Hacienda, Economía, Trabajo y las
ministras de Vivienda y Educación, propongan un plan
de empleo importante que ingrese al Parlamento en
diciembre. Allí se recogerán una serie de
lineamientos que hizo la Comisión de Equidad, como
el subsidio al trabajo. Pero sobre todo, estamos muy
preocupados de darle un apoyo central a las pymes.
- Hoy todos aplauden a su
ministro de Hacienda, pero hace unos meses querían
sacarlo del gabinete porque se negaba a gastar los
ahorros. Siendo socialista, ¿qué la hizo sintonizar
tan fuertemente con un economista liberal, tan
mezquino con las arcas fiscales durante la bonanza?
- Es una especie de deporte
nacional pedir la renuncia del ministro de Hacienda.
En su momento, muchos querían que se fuera Aninat,
muchos querían que se fuera Eyzaguirre.
- Pero en esta ocasión,
efectivamente había plata en caja. Supongo que a su
corazoncito socialista le daban ganas de sumarse a
los que querían que se abriera más la billetera.
- Siempre he dicho que mi
popularidad sería mucho mayor si hubiera sido
populista. Pero siempre he buscado el equilibrio
entre la sensatez y la equidad. He actuado con
prudencia, pero a la vez con un fuerte énfasis en
las políticas sociales. En todos los presupuestos
que he tenido que decidir, dos de cada tres pesos
han ido a gasto social. En más de una ocasión, el
ministro de Hacienda me planteó propuestas que me
parecieron que podían mejorarse y las mejoré. Otras
veces, él me convenció -con razones más que
atendibles- que no era posible dar más de lo que me
estaba proponiendo. Mi corazoncito es socialista,
sin duda, pero soy una presidenta responsable, que
sabe que los boom no son para siempre y hay que
tener reservas para los momentos difíciles.
- Podríamos decir que su lado
dueña de casa, que siempre tiene un ahorrito para
situaciones imprevistas, le ganó a su corazoncito
socialista.
-
Más bien diría que ganó mi ser
presidenta de Chile.
- De alguna manera se ha visto
a Osvaldo Andrade como contraparte del ministro de
Hacienda. Además de su rol de ministro del Trabajo,
¿le corresponde soplarle al oído, "recuerda que eres
socialista"?
-
Nadie ha tenido la necesidad de
soplarme eso al oído, ni tampoco de decirme
"recuerda que eres presidenta de todos los
chilenos".
- Más allá de sus logros o
errores, su gobierno será un éxito o un fracaso
dependiendo de quién sea el próximo presidente.
- No comparto esa opinión. Eso
es habitual en el código político, pero el éxito o
fracaso de mi gobierno dependerá fundamentalmente de
si aquello que comprometí, lo cumplí. Si en marzo
del 2010 logré que Chile fuera un mejor país
para todos, ésa será mi evaluación central.
-Ya se ha cumplido
prácticamente un 75% de su período de gobierno,
¿cómo va en esa meta?
-Tenemos cumplido el 70% a 75%
también. De hecho, los presupuestos se han
desarrollado en la lógica de concretar los
compromisos asumidos con la gente. ¡Si para eso me
eligieron! Pero es cierto que en código político la
evaluación dependerá de quién sea elegido
presidente. Por cierto, yo no soy neutra en esto.
Una cosa es que sea presidenta de todos los chilenos
y chilenas, y otra es que caí del cielo, no soy un
ángel sin opinión ni historia política. Fui
candidata de la Concertación y soy una convencida
que no da lo mismo quién gobierna. El mercado no
puede ser la fuerza esencial en la lógica de un
gobierno, los últimos hechos han demostrado que el
Estado debe garantizar que la prosperidad les llegue
a todos, que la gente tenga igualdad de
oportunidades.
-¿Reconoce que sentirá
frustración si tiene que entregarle la banda a un
presidente de derecha?
-
Le voy a entregar la banda a
quien resulte electo o electa, pero obviamente soy
una convencida que, para aquello que el país
necesita, la Concertación es la mejor opción.
-Con la experiencia adquirida,
una vez terminado el gobierno, ¿le gustaría ayudar a
refundar la Concertación como un nuevo referente
progresista que supere a los partidos tradicionales
que datan de comienzos del siglo pasado y parecen
agotados?
- Voy a estar siempre
disponible para ser parte de un proyecto
progresista. El arco iris de la Concertación no es
una simbología baladí, expresa la capacidad que se
tuvo en un momento para que confluyeran sectores que
antes se vieron como enemigos pero que, a la hora de
mirar lo que querían para el país, encontraron
múltiples puntos de acuerdo dentro de sus legítimas
diferencias. Pero efectivamente, llegado el siglo
XXI, estas mismas fuerzas tienen que remirarse, no
sólo en lo programático sino también en cuanto a sus
liderazgos y a la forma de hacer política. Yo estoy
en política desde muy joven, desde el año 70, y
antes fui presidenta de curso en el colegio. Siempre
me he sentido convocada a aportar y a conducir,
cuando me ha tocado dirigir. No creo que haya nada
en la vida que vaya a cambiar en eso.
- Perdón, pero se fue por las
ramas. ¿Estaría dispuesta a encabezar un movimiento
para superar los partidos y crear un referente
nuevo?
-Estoy dispuesta a trabajar en
esa línea.
-Usted había comprometido su
presencia en la inauguración del memorial al
asesinado senador Jaime Guzmán, ¿por qué decidió no
asistir?
-
Es cierto lo que dice Pablo
Longueira. Efectivamente, hace unos meses, él me
invitó a lo que yo entendí era una ceremonia para
repudiar y rechazar el asesinato de un senador en
democracia. Sentí que, como presidenta de todos los
chilenos, podía estar presente. Porque, por cierto,
siendo una ciudadana más, repudié ese crimen y
repudiaré cualquier acto de terrorismo. Estoy
convencida de que en democracia los conflictos deben
resolverse de otra manera.
-¿Y por qué cambió de opinión?
-
Porque a medida que fue avanzando el tiempo, esta
ceremonia se fue constituyendo más bien en un
homenaje al legado y a la trayectoria política de
Jaime Guzmán. En este contexto, como presidenta de
la República y, considerando la historia de nuestro
país, junto con repudiar con mucha fuerza el crimen
-como creo que lo hacemos todos-, habría tenido que
señalar con igual fuerza cuál fue su rol político en
años muy difíciles. Sin duda, ése no era el lugar ni
el momento para que la presidenta de la República
hiciera un planteamiento de esa naturaleza.
Entonces, por respeto a la historia de Chile y,
también, por consideración a lo que los legítimos
partidarios de Jaime Guzmán quisieran que fuera esta
ceremonia, me pareció que la opción correcta era no
asistir.
-¿Mientras ejerció como médico,
supo alguna vez que se operara sin instrumentos
esterilizados como ocurrió en Vallenar?
-
No, jamás. Me parece tremendo, ésas no son ni las
normativas ni las prácticas del sistema de salud y
claramente hubo un error humano. Afortunadamente, no
se ha traducido en un efecto dañino para las
personas. También quiero destacar que todos los días
se practican millones de intervenciones en las que
las cosas se hacen bien.
-Sin embargo, periódicamente
surge un nuevo escándalo. Como médico y ex ministra,
¿qué nota le pone hoy a la atención de salud que
reciben los chilenos?
- No me corresponde poner nota
sino hacer una evaluación de la gestión. Y, si no es
correcta, ver qué hay que mejorar y qué decisiones
hay que tomar. Por eso acepté la renuncia de la
ministra Soledad Barría.
- ¿Debemos entender que llegó a
la conclusión de que había una deficiencia en la
gestión?
-Independientemente de la
situación de la ministra Barría, durante las últimas
semanas hemos conocido hechos graves que nos han
llenado de preocupación y, en consecuencia, estamos
trabajando para corregir lo que sea necesario. Sin
embargo, debemos ponderar las cosas y no caer en una
visión apocalíptica de nuestro sistema de salud.
- Pero se percibe una crisis
hospitalaria severa, la gente está agobiada con las
listas de espera.
- Mire, el sistema público de
salud atiende a 12 millones de personas; es decir, a
3 de cada 4 chilenos. Obviamente que hay
dificultades, a veces problemas muy angustiosos
desde el punto de vista humano. Pero junto a los
problemas hay también soluciones. Tenemos logros muy
importantes: hemos incrementado la cobertura del
AUGE, aumentamos masivamente la red de consultorios,
estamos construyendo más hospitales, se incrementó
el número de camas disponibles y tenemos los
recursos para la contratación de profesionales a lo
largo del país.
Fuente: Revista
Qué Pasa
LA
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