Es indispensable reencantar
a la gente con la política y
relegitimar a los partidos
Entrevista a la presidenta Michelle Bachelet

En la semana que se cierra  la presidenta de Chile Michelle Bachelet  fue anfitriona del Foro de los Progresistas sudamericanos.  Al dejar inaugurado el evento la Jefa de Estado afirmó que de los gobiernos progresistas “depende que al desplome bursátil no se le agregue un desplome social”. Por eso en Chile, al presupuesto 2009 “no le hemos tocado en nada, lo referente al gasto social”.

 

Agregando "nuestro objetivo principal debe ser siempre pensar en el país, y cuando pensamos en el país, pensamos en las personas", afirmó al dejar inaugurado el tercer foro anual del Progresismo, que tenia por consigna; "Democracia, desarrollo e inclusión social-  Por un consenso progresista innovador". Organizado por la Fundación Chile 21

y la Fundación Liber Seregni.

 

En el foro participaron entre otras personalidades  el ministro de Justicia de Brasil, Tarso Genro; el ex ministro de Economía del Uruguay, Danilo Astori, la ministra Marina Arismendi y el diputado Roberto Conde, la secretaria ejecutiva de Cepal, la mexicana Alicia Bárcena y

el ex presidente de Argentina Néstor Kirchner

 

Lo que sigue a continuación son los aspectos fundamentales de la entrevista que la periodista Patricia Politzer le realizó a la presidenta Bachelet  para la Revista chilena “Qué Pasa”, donde esta repasa aspectos fundamentales de su gobierno y de la fuerza política, la Concertación.

 

- Después de la derrota electoral, presidenta, una buena semana marcada por una gira exitosa y mayor popularidad en las encuestas.

- Me siento contenta de ratificar, una vez más, cómo Chile es querido, admirado y respetado en el exterior. Pero quisiera refutarle la primera parte de su pregunta, porque yo creo que no tuvimos una derrota electoral. Si bien se perdió en un número muy significativo de alcaldías, se comprobó una vez más que la Concertación sigue siendo la primera fuerza política del país. A partir de aquello, es indispensable que la Concertación haga una autocrítica para entender el mensaje que los chilenos están enviando.

 

- ¿Cuál es su interpretación del mensaje?

- Que todavía hay un alto porcentaje que quiere un país que crezca con inclusión social, con desarrollo armónico en democracia y en libertad, que es lo que representa la Concertación. Pero, por otro lado, se le pide a las fuerzas que representan este concepto que sean capaces de renovarse. Hay un clamor por la unidad y un castigo al desorden.

 

- La noche del 26 de octubre dijo que había que escuchar el rumor de la calle. Quienes trabajaron en los distintos puerta a puerta advierten que ese rumor viene cargado de rabia, que la gente está muy enojada. ¿Cómo interpreta este sentimiento? ¿Lo siente cuando va a terreno o el halo del poder la protege de las malas noticias?

- A mí eso no me pasa. Se acerca mucha gente a decirme "yo estoy viva gracias al AUGE" o "gracias por la casa que recibí". Y no creo que sea por el halo del poder, porque también se acerca gente a plantearme sus problemas, a expresar quejas, a pedirme que baje el precio de las bencinas. La gente de clase media, por ejemplo, me dice "está bien que trabaje por los pobres, pero preocúpese también por la clase media".

 

- ¿Entonces, no siente que la gente esté enojada?

- Conmigo no está enojada, y así lo muestran las encuestas como usted señalaba. Pero efectivamente tengo conciencia de que existe una rabia.

 

- ¿Y a qué se debe?

- Hay distintos factores, uno de ellos es el tema histórico de la seguridad ciudadana. En la Región Metropolitana, se focaliza especialmente en el tema del Transantiago. Otro factor es una sensación que en España llamaron "la crispación", y que surge cuando se ve al mundo político preocupado de intereses muy alejados de la gente, discutiendo temas que nada tienen que ver con sus necesidades. A esto se agrega que los medios de comunicación entregan una mirada de una sola parte de Chile.

 

¿Por qué le digo esto?. Porque cuando uno ve las encuestas en las que se le pregunta a la gente su propia experiencia sobre cualquiera de las políticas sociales, en particular aquellas que connotan situaciones muy críticas como salud, la experiencia personal de la gran mayoría de la gente es buena, pero a pesar de ello, su percepción de cómo está la salud en el país es mala. Esto tiene que ver con una imagen del país que no me parece justa, porque no es completa y sólo muestra los problemas. Este es un tema que he conversado con editores, directores e incluso dueños de los medios.

 

- ¿Culparía a los medios de comunicación de los 460 mil votos que perdió la Concertación en esta última elección?

- De ninguna manera. Lo que digo es que contribuyen a un clima que no expresa verdaderamente la realidad. Dicho esto, la pérdida de votos de la Concertación se debe a muchas otras razones, como la existencia de dos listas que generó confusión política y facilitó que muchos corrieran por fuera. Fíjese que de los 40 alcaldes independientes, 36 eran de la Concertación hasta el día en que debieron dejarla para postular por fuera. Hubo malas decisiones con algunos candidatos que no eran los óptimos y también, en algunos casos, pudo haber castigo a una mala gestión y la necesidad de cambio. No hay una razón única.

 

-  Mirando a Sebastián Piñera como un adversario político, ¿cuál diría usted que son sus cualidades como eventual presidente de Chile y cuáles serían sus diferencias con él que la harían preferir un candidato de la Concertación?

- Sebastián Piñera no es nuevo en política. Él ha dicho muchas veces que votó por el No. Pero fue jefe de campaña de Hernán Büchi, quien representó a quienes apoyaron al gobierno militar y a la derecha de nuestro país. Es un empresario exitoso. Más que un empresario, una persona ligada al área de lo financiero, accionista de un conjunto de empresas, un hombre inteligente, con mucha energía. Pero él representa una fuerza política que es la Alianza por Chile, con la cual la Concertación tiene diferencias importantes en una serie de materias.

 

- A veces esas diferencias se vuelven difusas, ¿podría darme algunos ejemplos?

- Por supuesto. Primero, lo que está en el ADN de la Concertación, y que hoy ha recuperado importancia en la discusión mundial: el valor del Estado y de lo público en el desarrollo del país, entendiendo que la equidad, la justicia social y la igualdad de oportunidades no son tareas del mercado. Uno de los triunfos de la Concertación es que ha sido capaz de colocar como eje central de su quehacer la cohesión social. No hay político en este país que se precie que no señale que quiere igualdad de oportunidades. Sin embargo, como dice mi abuelita, las diferencias se ven a la hora de los "quiubos", es decir cuando uno vota o no a favor de una determinada política. Por ejemplo, los parlamentarios de la Alianza han rechazado sistemáticamente los proyectos de ley que buscan ampliar las libertades ciudadanas y perfeccionar la democracia como la inscripción automática y el voto voluntario, la reforma electoral, el voto de chilenos en el extranjero.

 

-A nivel local, la mayoría del país estará gobernado por la Alianza. Pareciera que la gente no está mirando mal lo que hace la derecha.

- Hay que hacer una lectura más detallada. La verdad es que la Alianza ganó en algunos lugares porque la Concertación fue dividida y no porque haya conseguido un triunfo masivo. Hay comunas donde un candidato sacó 32%, el otro 33% y el otro 35%. Además, en alcaldes, la gente vota muchas veces por la persona y no políticamente. Conozco gente de la Concertación que votó por Sabat en Ñuñoa y por Labbé en Providencia, porque consideraban que habían sido buenos alcaldes. Pero en la elección de concejales votaron por la Concertación, lo que explica la diferencia de votos entre ambas elecciones.

 

-Tampoco los partidos de la Concertación muestran mucha adhesión.

- Lamentablemente, las encuestas indican que la mayoría no se siente plenamente representada por ninguna fuerza política. Por eso, la Concertación tiene un gran desafío en este año electoral. Con un candidato único en abril o mayo del próximo año, una lista parlamentaria única y un programa que muestre que tiene un proyecto de futuro, demostrará que sigue dando gobernabilidad. Ese es uno de los elementos que la gente puede haberse cuestionado al ver el desorden que ha existido.

 

- Perdón presidenta, pero la verdad es que desde la elección parlamentaria del 97, cuando surgieron autoflagelantes y autocomplacientes, que la Concertación viene hablando de que hay que escuchar a la gente. Volvió a pasar en 1999 cuando el presidente Lagos no logró ganar en primera vuelta y ahora postmunicipales. ¿Cómo cree usted que tiene que reinventarse la Concertación?

- He señalado en múltiples ocasiones que la Concertación debería leer con cuidado lo que significó mi elección. Entender que surgió un conjunto de expectativas desde la necesidad de avanzar más firmemente en aquello que algunos han definido como "la madre", en términos de protección a quienes más lo necesitan, hasta la demanda por liderazgos más horizontales, más cercanos, que generen más credibilidad en la gente. Mi elección tuvo muchas razones distintas, y no han sido siempre asimiladas en la práctica política de las fuerzas de la Concertación.

 

- Considerando que algunos temas como la participación y el gobierno ciudadano han ido quedando en el camino, ¿usted diría que la Concertación la ha frenado en su gestión y se ha farreado sus primeros tres años de gobierno?

- De ninguna manera. Hemos hecho muchísimo, incluso en este terreno. Pero a mí me hubiera gustado hacer más. En un comienzo, la participación ciudadana recibió un sinfín de críticas desde todos lados, se percibió como una amenaza al Parlamento y una conspiración contra los partidos, en vez de verlo como una oportunidad para reencontrarse con la base social. Algunos trataron de ridiculizar y distorsionar mis planteamientos hablando incluso de cogobierno.

 

Sin embargo, con mi experiencia como funcionaria pública y como ministra, yo sabía que la gente no quiere asistencialismo: quiere ser escuchada y ser parte de las soluciones. Pese a que no he podido avanzar todo lo que quisiera, hay áreas donde esto ha funcionado muy bien, como en el programa "quiero mi barrio" de Vivienda y en la creación de consejos asesores en áreas claves para el desarrollo -a pesar de quienes decían "queremos decisiones y no comisiones"-. Por ejemplo, la reforma previsional se suponía un tema de alta complejidad que provocaría una tremenda y larguísima discusión, ¿qué pasó? En seis meses se hizo una propuesta, en cuatro meses el gobierno construyó un proyecto, en un año aprobamos la reforma y hace cuatro meses que ya está en marcha.

 

- Sin embargo, buena parte de las críticas que se hacen a su gestión tienen que ver precisamente con la toma de decisiones. La LGE, por ejemplo, sigue sin aprobarse.

- La LGE ya pasó al Senado y dentro de 10 días vamos a ingresar el proyecto de fortalecimiento a la educación pública. Es falso que aquí no se tomen las decisiones, hay que ver las cosas en sus justos términos. Yo soy médico y ante un paro cardíaco no se me ocurriría llamar a un consejo asesor. Basta ver cómo actuamos frente a la crisis internacional. Si bien convocamos a todos los actores para decirles que debíamos tener un gran acuerdo nacional -porque éste es un problema de Estado-, tomamos las medidas sin dilatar. Las primeras medidas fueron para apoyar a las pymes y, esta semana, las complementamos.

 

- ¿Entonces no se hace cargo de las críticas en torno a falta de autoridad y problemas de gestión en el gobierno?

- No hay ningún cuestionamiento de autoridad al interior del gobierno. Yo soy quien toma las decisiones. Fui ministra y conozco perfectamente los grados de autonomía y los roles que tienen los ministros. Sin duda hay situaciones en que se podría haber actuado mejor, he dicho muchas veces que me incomoda cuando, en ciertas materias, hay cuatro o cinco ministerios involucrados y se demoran algunas decisiones por no ponerse de acuerdo.

 

- Pero más allá de asuntos sectoriales, la opinión pública percibe desorden entre los ministros de La Moneda, dentro de su gabinete político.

- Acá hay un gobierno que tiene una sola opinión común y no corresponde entregar opiniones personales. Tenemos un programa y tenemos prioridades. A veces hay matices en la fuerza con que se quiere impulsar un programa u otro, y eso puede confundir a la gente.

 

- En cuanto a opiniones personales, ¿se refiere al ministro Viera-Gallo que propuso la incorporación de los comunistas al gabinete?

- A veces se dan opiniones personales sin calibrar que la gente no lo percibe como personal, sino como opiniones de gobierno. En el caso que usted señala, el mundo político estuvo una semana discutiendo sobre una realidad artificial, que no se discutió ni en el gobierno ni en la Concertación. Me parece indispensable tener siempre mucha conciencia de que cada uno -en su rol- representa algo más que su sola persona.

 

-Desde el gobierno del ex presidente Lagos, la relación de La Moneda con los partidos ha sido extraordinariamente dura. ¿Cómo ve esa situación?

-Yo, entendiendo que la política y los partidos son las únicas instancias que tiene un país para tener un proyecto colectivo como sociedad. Son muchos los grupos que se ordenan y funcionan de acuerdo a sus propios intereses, entonces es la política la que le da sentido al bien común. Hemos visto cómo, frente ante la crisis financiera, ha llegado la hora de la política. Son los Estados los que salen a salvar a las instituciones financieras. Por eso, para que no surjan liderazgos populistas que pueden ser nefastos para la democracia y para la vida de las personas, es indispensable reencantar a la gente con la política y relegitimar a los partidos.

 

- Renovar la política pasa por la inscripción automática, el voto voluntario y el cambio del sistema binominal.

- Eso para mí es básico, está íntimamente ligado a la lucha contra la exclusión. Y yo soy tenaz, para no decir que soy porfiada. Recuerdo que durante la campaña del 2005 muchos candidatos señalaron que estaban de acuerdo con la reforma al sistema electoral. Sin embargo durante mi gobierno los partidos que sustentaron tales candidaturas no la han aprobado. Como el próximo año estaremos de nuevo en campaña, repondremos el proyecto de ley que perdimos hace unos meses, y supongo que muchos candidatos tratarán de ampliar su base de apoyo. Entonces habrá que ver quiénes prometen y cumplen, y quiénes no.

 

- Mencionó que el populismo puede ser nefasto para la democracia. ¿Le teme al liderazgo que está levantando el senador Alejandro Navarro?

- (Éste es el único momento de la conversación en que un largo silencio precede su respuesta). Las personas tienen legítimo derecho a tomar opciones personales, pero no se puede ser y no ser. No se puede querer quedarse con todo lo bueno y no asumir las dificultades que significa ser parte de una fuerza política. Es válido que surjan liderazgos que planteen que el proyecto político para el futuro debe ser otro, pero hay que ser responsable. A mí me parece que si hay primarias abiertas en la Concertación, en las que puedan participar todos los candidatos que quieran, ésa es la oportunidad para que puedan medirse las personas que se sienten parte de un partido y de un conglomerado. Lo que no se puede hacer es ser el progenitor de todo lo bueno, llevarse todos los triunfos, y no hacerse cargo de las dificultades.

 

- En los próximos meses, ¿su foco como presidenta estará más en la economía que en la política, como ocurrió en estos días?

- Lo que es evidente es que hay una crisis mundial cuyo impacto definitivo en la economía real no terminamos de conocer.

 

- Pero esta lluvia nos va a mojar.

- Nos va a mojar. Lo que he dicho es que estamos mejor parados para resistir este huracán, que es distinto a decir que no nos va a llegar. De hecho, ya estamos viendo que se generó una crisis de confianza y que los bancos, a pesar de tener liquidez, han empezado a no prestar o a prestar a tasas muy altas. Hay sectores que han optado por posponer o achicar sus proyectos, porque están preocupados de que pudiera bajar la demanda, de si van a tener los créditos necesarios. Esto, por cierto, puede tener un impacto en la economía y en la generación de empleo. Por eso, hemos querido insistir en que están dadas todas las condiciones para que los bancos puedan apoyar los créditos y estar tranquilos en términos de su liquidez. Hoy, más que nunca, poner el foco en la economía es preocuparse de lo que pase en los hogares de la familia chilena, en la vida de las personas. Por eso, si el presupuesto 2009 aumenta un 5,7%, la inversión social será más alta y llegará al 7,8%. Y por eso también, la inversión en obras públicas será de un 8,8%. Todas éstas son medidas generadoras de empleo y dinamismo para que la economía siga funcionando.

 

- El aumento del desempleo parece inevitable, ¿lo enfrentará con empleos de emergencia o con subsidio a trabajos estables?

- Haremos todo lo que sea necesario. La Ley de Responsabilidad Fiscal determina que si el desempleo nacional pasa del 10%, y el empleo regional del 9%, se puede echar mano al fondo de contingencia del empleo para generar empleos de emergencia. Paralelamente, le he pedido al ministro Edmundo Pérez Yoma que, en conjunto con los ministros de Hacienda, Economía, Trabajo y las ministras de Vivienda y Educación, propongan un plan de empleo importante que ingrese al Parlamento en diciembre. Allí se recogerán una serie de lineamientos que hizo la Comisión de Equidad, como el subsidio al trabajo. Pero sobre todo, estamos muy preocupados de darle un apoyo central a las pymes.

 

- Hoy todos aplauden a su ministro de Hacienda, pero hace unos meses querían sacarlo del gabinete porque se negaba a gastar los ahorros. Siendo socialista, ¿qué la hizo sintonizar tan fuertemente con un economista liberal, tan mezquino con las arcas fiscales durante la bonanza?

- Es una especie de deporte nacional pedir la renuncia del ministro de Hacienda. En su momento, muchos querían que se fuera Aninat, muchos querían que se fuera Eyzaguirre.

 

- Pero en esta ocasión, efectivamente había plata en caja. Supongo que a su corazoncito socialista le daban ganas de sumarse a los que querían que se abriera más la billetera.

- Siempre he dicho que mi popularidad sería mucho mayor si hubiera sido populista. Pero siempre he buscado el equilibrio entre la sensatez y la equidad. He actuado con prudencia, pero a la vez con un fuerte énfasis en las políticas sociales. En todos los presupuestos que he tenido que decidir, dos de cada tres pesos han ido a gasto social. En más de una ocasión, el ministro de Hacienda me planteó propuestas que me parecieron que podían mejorarse y las mejoré. Otras veces, él me convenció -con razones más que atendibles- que no era posible dar más de lo que me estaba proponiendo. Mi corazoncito es socialista, sin duda, pero soy una presidenta responsable, que sabe que los boom no son para siempre y hay que tener reservas para los momentos difíciles.

 

- Podríamos decir que su lado dueña de casa, que siempre tiene un ahorrito para situaciones imprevistas, le ganó a su corazoncito socialista.

- Más bien diría que ganó mi ser presidenta de Chile.

 

- De alguna manera se ha visto a Osvaldo Andrade como contraparte del ministro de Hacienda. Además de su rol de ministro del Trabajo, ¿le corresponde soplarle al oído, "recuerda que eres socialista"?

- Nadie ha tenido la necesidad de soplarme eso al oído, ni tampoco de decirme "recuerda que eres presidenta de todos los chilenos".

 

- Más allá de sus logros o errores, su gobierno será un éxito o un fracaso dependiendo de quién sea el próximo presidente.

- No comparto esa opinión. Eso es habitual en el código político, pero el éxito o fracaso de mi gobierno dependerá fundamentalmente de si aquello que comprometí, lo cumplí. Si en marzo del 2010 logré que Chile fuera un mejor país para todos, ésa será mi evaluación central.

 

-Ya se ha cumplido prácticamente un 75% de su período de gobierno, ¿cómo va en esa meta?

-Tenemos cumplido el 70% a 75% también. De hecho, los presupuestos se han desarrollado en la lógica de concretar los compromisos asumidos con la gente. ¡Si para eso me eligieron! Pero es cierto que en código político la evaluación dependerá de quién sea elegido presidente. Por cierto, yo no soy neutra en esto. Una cosa es que sea presidenta de todos los chilenos y chilenas, y otra es que caí del cielo, no soy un ángel sin opinión ni historia política. Fui candidata de la Concertación y soy una convencida que no da lo mismo quién gobierna. El mercado no puede ser la fuerza esencial en la lógica de un gobierno, los últimos hechos han demostrado que el Estado debe garantizar que la prosperidad les llegue a todos, que la gente tenga igualdad de oportunidades.

 

-¿Reconoce que sentirá frustración si tiene que entregarle la banda a un presidente de derecha?

- Le voy a entregar la banda a quien resulte electo o electa, pero obviamente soy una convencida que, para aquello que el país necesita, la Concertación es la mejor opción.

 

-Con la experiencia adquirida, una vez terminado el gobierno, ¿le gustaría ayudar a refundar la Concertación como un nuevo referente progresista que supere a los partidos tradicionales que datan de comienzos del siglo pasado y parecen agotados?

- Voy a estar siempre disponible para ser parte de un proyecto progresista. El arco iris de la Concertación no es una simbología baladí, expresa la capacidad que se tuvo en un momento para que confluyeran sectores que antes se vieron como enemigos pero que, a la hora de mirar lo que querían para el país, encontraron múltiples puntos de acuerdo dentro de sus legítimas diferencias. Pero efectivamente, llegado el siglo XXI, estas mismas fuerzas tienen que remirarse, no sólo en lo programático sino también en cuanto a sus liderazgos y a la forma de hacer política. Yo estoy en política desde muy joven, desde el año 70, y antes fui presidenta de curso en el colegio. Siempre me he sentido convocada a aportar y a conducir, cuando me ha tocado dirigir. No creo que haya nada en la vida que vaya a cambiar en eso.

 

- Perdón, pero se fue por las ramas. ¿Estaría dispuesta a encabezar un movimiento para superar los partidos y crear un referente nuevo?

-Estoy dispuesta a trabajar en esa línea.

 

-Usted había comprometido su presencia en la inauguración del memorial al asesinado senador Jaime Guzmán, ¿por qué decidió no asistir?

- Es cierto lo que dice Pablo Longueira. Efectivamente, hace unos meses, él me invitó a lo que yo entendí era una ceremonia para repudiar y rechazar el asesinato de un senador en democracia. Sentí que, como presidenta de todos los chilenos, podía estar presente. Porque, por cierto, siendo una ciudadana más, repudié ese crimen y repudiaré cualquier acto de terrorismo. Estoy convencida de que en democracia los conflictos deben resolverse de otra manera.

 

-¿Y por qué cambió de opinión?

- Porque a medida que fue avanzando el tiempo, esta ceremonia se fue constituyendo más bien en un homenaje al legado y a la trayectoria política de Jaime Guzmán. En este contexto, como presidenta de la República y, considerando la historia de nuestro país, junto con repudiar con mucha fuerza el crimen -como creo que lo hacemos todos-, habría tenido que señalar con igual fuerza cuál fue su rol político en años muy difíciles. Sin duda, ése no era el lugar ni el momento para que la presidenta de la República hiciera un planteamiento de esa naturaleza. Entonces, por respeto a la historia de Chile y, también, por consideración a lo que los legítimos partidarios de Jaime Guzmán quisieran que fuera esta ceremonia, me pareció que la opción correcta era no asistir.

 

-¿Mientras ejerció como médico, supo alguna vez que se operara sin instrumentos esterilizados como ocurrió en Vallenar?

- No, jamás. Me parece tremendo, ésas no son ni las normativas ni las prácticas del sistema de salud y claramente hubo un error humano. Afortunadamente, no se ha traducido en un efecto dañino para las personas. También quiero destacar que todos los días se practican millones de intervenciones en las que las cosas se hacen bien.

 

-Sin embargo, periódicamente surge un nuevo escándalo. Como médico y ex ministra, ¿qué nota le pone hoy a la atención de salud que reciben los chilenos?

- No me corresponde poner nota sino hacer una evaluación de la gestión. Y, si no es correcta, ver qué hay que mejorar y qué decisiones hay que tomar. Por eso acepté la renuncia de la ministra Soledad Barría.

 

- ¿Debemos entender que llegó a la conclusión de que había una deficiencia en la gestión?

-Independientemente de la situación de la ministra Barría, durante las últimas semanas hemos conocido hechos graves que nos han llenado de preocupación y, en consecuencia, estamos trabajando para corregir lo que sea necesario. Sin embargo, debemos ponderar las cosas y no caer en una visión apocalíptica de nuestro sistema de salud.

 

- Pero se percibe una crisis hospitalaria severa, la gente está agobiada con las listas de espera.

- Mire, el sistema público de salud atiende a 12 millones de personas; es decir, a 3 de cada 4 chilenos. Obviamente que hay dificultades, a veces problemas muy angustiosos desde el punto de vista humano. Pero junto a los problemas hay también soluciones. Tenemos logros muy importantes: hemos incrementado la cobertura del AUGE, aumentamos masivamente la red de consultorios, estamos construyendo más hospitales, se incrementó el número de camas disponibles y tenemos los recursos para la contratación de profesionales a lo largo del país.

Fuente: Revista Qué Pasa

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