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Libro de Bizzozero: como
Uruguay llegó al Mercosur
con prólogo de Romeo Pérez
Antón
Se encuentra en las librerías de
Montevideo y de la Facultad de Ciencias Sociales un
nuevo libro del Dr. Lincoln Bizzozero Revelez:
Investigador del Programa de Política Internacional
y Relaciones Internacionales -Facultad de Ciencias
Sociales - Universidad de la República y Profesor
del Instituto Artigas de Servicio Exterior.
El Dr. Bizzozero en este trabajo
expone el complejo proceso de las relaciones
internacional de Uruguay y su política exterior que
finalmente culmina en la formación del Mercosur,
considerado el hecho más significativo de su
política de inserción internacional.
Lo que se puede leer a continuación
es el prologo que el destacado sociólogo e
investigador, Romeo Pérez Antón escribe para este
libro.
El
estudio que aquí nos ofrece Lincoln Bizzozero tiene
la virtud de iniciarse donde casi todos los
similares terminan: en la densidad excepcional de la
decisión uruguaya de sumarse al proceso diplomático
del que derivaría el Mercosur. Es obvio que esa
densidad, así como los varios encadenamientos de
respuestas e impactos que la resolución produjo no
excluyen las condicionantes y las variables de
contexto que la rodearon, lo que no soslaya en
absoluto la indagatoria de Bizzozero. Pero no se
queda en ellas, no supone que el ingreso de Uruguay
a aquel proceso constituya una derivación trivial de
las conductas y los datos previos; al desechar el
supuesto, aborda problemas novedosos, dota a su
examen de historicidad (vale decir, de contingencia
y libertad), identifica a todos los actores
que ocupan el escenario. Construye explicaciones y
reserva sin embargo el lugar eminente de las
interpretaciones, única vía de acceso a la esfera de
los lenguajes, lo motivado, los valores y los
proyectos. Se sitúa, así, a la altura de las
exigencias cognitivas que plantean las
integraciones.
Este es, entonces, en
su núcleo, una investigación sobre decisiones, sobre
un complejo muy cohesionado al que cabe considerar
una sola decisión, de rango especial por las
múltiples implicaciones que ha encerrado. De la
tematización rigurosa del carácter de acto de
voluntad que se reconoce generalmente al ingreso de
nuestro país a las gestiones que llevarían
posteriormente al Tratado de Asunción se desprende
la apertura de cuestiones ineludibles sobre
antecedentes y contexto, sobre actores y escenarios,
sobre transferencias históricas (de conciencias de
la historia), sobre continuidad y cambio íntimamente
entrelazados.
Permite asimismo
dicha asunción rigurosa que el autor se interrogue
acerca de si había, en el escenario en que se
adoptó, verdaderas alternativas al ingreso de
referencia. Pregunta científica, que sólo adquiere
esa índole si se ha alcanzado la altura cognitiva
señalada y que en las páginas que siguen se contesta
convincentemente por la afirmativa. Los ambiciosos
entendimientos de Brasil y Argentina
condicionaban sin dudas a un país pequeño (en
algunas dimensiones) como Uruguay pero no anulaban
sus posibilidades alternativas. Ingresar al proceso
mercosuriano representó una genuina opción ante un
abanico de cursos de acción, varios de ellos
favorecidos o solicitados por otros actores, por
otras políticas, por implicaciones de la orientación
general de gobierno ya fijada por el Partido
recientemente investido de esa responsabilidad.
En virtud del mismo
sesgo analítico, se reconstruye adecuadamente la
dinámica propia de las políticas, en este caso de
las políticas de gobierno: el encaminarse hacia una
profunda integración regional interpela a toda la
sociedad uruguaya, la que responde activamente y con
ello amplifica imprevistamente la actividad del
gobierno. Este, por otra parte, precisamente porque
aplica razón política, se inserta en el proceso
argentino-brasileño con estimable capacidad de
propuesta e innovación; agrega a Paraguay y consigue
que se invite a Chile, mediante lo cual introduce la
noción de coaliciones posibles de socios menores.
Acepta un estatuto igualitario, apenas matizado por
una pequeña distinción de plazos de desgravación,
pero contrabalanceado por la regla de la unanimidad,
o sea, del veto de cualquiera. Uruguay no “ingresó
al Mercosur” sino a un proceso que conduciría a él.
El Mercosur toma
forma, en parte trascendente, por ideas e
iniciativas uruguayas, a las que Brasil y Argentina
se abren en virtud de decisiones también políticas.
Y que, dicho sea de paso, han revocado hace pocos
años, en aras de un bilateralismo que por cierto no
ha logrado arrancar al Mercosur de su grave y ya
larga postración.
Este es, por
expansión natural de ese núcleo, un estudio
acerca de conductas partidarias, y en particular
(en la medida en que versa sobre la incorporación de
nuestro país a tratativas diplomáticas) del Partido
Nacional, que encabezaba entonces la coalición
gobernante. La literatura mercosuriana contiene muy
pocos exámenes sistemáticos de los comportamientos y
las relaciones de los partidos políticos,
circunstancia llamativa en relación a un proceso
instaurado y, se supone, gestionado por democracias
de partidos o con componentes significativos de
acción partidaria.
Sea cual sea la
explicación de esta particularidad bibliográfica, el
trabajo de Bizzozero muestra que en las tradiciones
y estructuras de los partidos residen elementos de
juicio que no se hallan en otros referentes y que no
surgen en perspectivas que soslayan a esos
agrupamientos. Rastrea en el Programa nacionalista
de 1989 y en las definiciones tempranas del nuevo
gobierno en materia de política internacional
elementos que propendían a la intensificación de los
vínculos regionales. De tal modo que el cambio de
partido cabeza de la coalición gobernante, a
principios de 1990 y en razón de los resultados de
las elecciones del año anterior, cobra relieve en la
comprensión del acto de voluntad política por el que
Uruguay tercia en la integración impulsada por sus
dos grandes vecinos.
“Estas
modificaciones que se procesaron durante la década
de los setenta y los ochenta sentaron las bases que
posibilitaron la solicitud de incorporación al
proceso de integración por parte de Uruguay. Sin
embargo, para que se concretara la decisión en ese
momento histórico y de esa forma, fue necesario un
cambio de partido en el en el gobierno, que
propulsara una revitalización de los espacios
terrestres y marítimos y planteara una
regionalización de la política exterior del país”,
escribe el autor en la página 314 de esta obra.
El mismo enfoque lo
habilita a profundizar en las actitudes de los demás
partidos, en una búsqueda multivariada de pautas y
motivaciones, bastante más allá de los juegos de
interés que el paradigma de la elección racional ha
subrayado excesivamente. Juegos que sin duda
gravitan, pero que de por sí explican poco y
reconstruyen mal.
La atención prestada
a los comportamientos de los partidos acerca el
análisis, por otra parte, a la identificación y la
ponderación de las tensiones entre las cuales se
tomaron las decisiones críticas y de los apoyos que
tenían las líneas de acción alternativas a la que
prevaleció. Se establece así que ésta debió pasar
por una fuerte polémica dentro del primer círculo
del gabinete de Lacalle y que determinadas
características de la comunicación a la sociedad de
la orientación adoptada (que el autor califica de
“mensajes confusos” aunque no desestima otras
decodificaciones) se debieron a las condiciones que
marcaron en su surgimiento una definición difícil y
de excepcional proyección. Tales tensiones y la
aludida dispersión relativa de los apoyos a cursos
de acción auténticamente disímiles no describen sólo
un momento sino el desarrollo de toda la trama, no
se agotan en lo previo a la aplicación de una
política sino que corren con ella, como reservas,
como atenuaciones, como saludable crítica interna
también.
Pocas veces se hace
cargo la indagación académica de las integraciones
de estos fenómenos y estas racionalidades. Peor para
dicha indagación porque así, tan densa y
contradictoria es la acción político-gubernativa. Y
cualquier elusión constituye no simplificación sino
simplismo.
Es el que sigue un
estudio sobre asimetrías, en tercer término.
Enfatiza constantemente que no puede tomarse a
nuestro país sino en su calidad de socio pequeño, la
que patentiza como ninguna otra sus capacidades y
sus problemas.
Y plantea con
metódica reiteración el cuestionamiento de si se
movió o no con algún margen de autodeterminación.
Aun cuando establece que la inserción de Uruguay en
las tratativas no se tradujo en pasiva aceptación de
estructuras y disposiciones ya convenidas, se
interroga acerca de si el pequeño mostró autonomía y
respetabilidad en lo decisivo del proceso, en los
asuntos que todas las partes entendían principales y
trascendentes. La reacción al cuestionamiento y a
las preguntas que lo acompañan exige, para revestir
cientificidad, algunos recaudos metodológicos
precisamente expuestos y justificados. Cosa que
Bizzozero se ocupa en más de un pasaje de hacer, en
algunos casos mediante la cita de especialistas, lo
que nadie podría rechazar.
Se pronuncia, con
tales garantías, sobre el punto más sensible de la
espinosa cuestión. Su conclusión se sustrae,
obviamente, a las afirmaciones extremas, no porque
resulten poco edificantes sino porque no resisten al
examen y conexión de toda la evidencia empírica
disponible. Pero en la admisión de constreñimientos
y espacios de libertad para los socios pequeños, no
renuncia a la claridad del deslinde y la ponderación
de la eficacia de los factores de poder y las
opciones cumplidas, respectivamente: “Es indudable
que el movimiento iniciado por Argentina y Brasil
que propulsó mayores niveles de cooperación primero
y luego la definición como objetivo de construir un
mercado común impulsó al conjunto de la región del
Cono Sur.
En ese sentido, la
experiencia bilateral analizada coincide con otros
procesos históricos en que desde una perspectiva
realista los socios grandes impulsan un proceso de
integración regional. Sin embargo, como surge de la
exposición realizada, los condicionantes no
limitaron las opciones de política exterior de
Uruguay. En definitiva, lo que se quiere enfatizar
es el hecho de que Uruguay hizo jugar sus márgenes
de autonomía en la región y pudo acelerar el
surgimiento del Mercosu, incluyendo en las
negociaciones a Chile y Paraguay. La respuesta
específica del gobierno es la que posibilita ubicar,
en este caso, los márgenes de autonomía posibles en
el marco de los condicionantes planteados por el
movimiento de los socios grandes” (páginas 314-315).
Los grandes de la
región, en otras palabras, llevan al Cono Sur de la
cooperación (o aceptación del incremento de la
interdependencia en el área) a la integración
genuina (compromiso con el objetivo del Mercado
Común) pero es la política de Uruguay que lleva las
normas y las instituciones de la integración
regional del bilateralismo a una conducción plural,
igualitaria en los derechos y los deberes de los
Estados Partes. Se aprecia aquí cómo aquello que se
percibió en otro corte analítico, y que expresábamos
diciendo que nuestro país no “ingresó al Mercosur”
sino que contribuyó a instaurarlo y configurarlo,
radicaba en los cimientos de la construcción, en los
acuerdos más trascendentes. Y que sólo pudo
alcanzarse porque un socio pequeño utilizó con
sagacidad los márgenes de autonomía de que dispuso
(y dispone…)
En su alcance
temático, en su estructuración, en sus apoyos
epistemológicos y de método, esta indagatoria
profundiza en la praxis de las relaciones
internacionales sobre fines del siglo veinte. Lo
hace bajo la modalidad de un estudio de caso, que le
demanda por eso mismo desplegar las categorías
contemporáneas de la disciplina que se especializa
en aquellas relaciones.
El caso abre lo
concreto y lo concreto excede constantemente la
intelección, la ciencia, los saberes de la
experiencia. Como en otras clases de acción
política, en los escenarios internacionales las
conductas no son plenamente explicables, aunque más
vale explicar mucho que explicar poco. Excediendo la
buena erudición, es preciso asomarse a sujetos que
actúan sobre una complejidad sólo parcialmente
conocida, entre tensiones ineludibles de
subjetivismo y objetivismo, de saber y querer, para
avanzar según lo consabido y al mismo tiempo para
probar novedades y simplemente prevalecer sobre
rivales internos y externos.
Escribe Bizzozero, en
el remate mismo de su capítulo final: “…para que el
papel del socio pequeño pueda resultar significativo
debe cumplir con algunos requisitos, entre los
cuales debe figurar la definición de bases de
consenso en su política exterior, el mantener
vigentes sus capacidades institucionales y el de
saber interpretar su potencial de interpelación y
´protesta´ a nivel regional sobre la base de su
ubicación espacial y recursos disponibles” (página
319).
El último de los
requisitos señalados remite, en nuestra opinión, a
una facultad eminentemente práctica, situada,
concreta; se trata de interpretar el propio
potencial (acaso elástico, hasta cierto punto
incrementable por la carga de querer de que se
acompañe un designio) sobre la base de posición y
recursos, vale decir, en el terreno y en atención a
conciencias de actores (colectivos) irrepetibles.
Con esto, el análisis
establece que cree haber comprendido mejor la acción
aunque no la ha agotado ni, menos, se ha apropiado
de ella.
-
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LA
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