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El FA y la amenaza
del efecto elástico
por Raúl Legnani
Lo decimos desde hace
dos años: el FA no ganará en 2009 si las tres
principales figuras llegan a las elecciones
lastimadas o sin ánimo de dar la batalla. Si se
quiere ganar, no puede haber candidatos oficiales.
El
efecto elástico seguramente no se estudia en la
academia política, pero lo inventamos con el
profesor Julio Rodríguez en un entretiempo de un
partido Nacional-Wanderers, donde Fabián O´Neill
hizo de la pelota un trapo.
Tomando un café en la Olímpica,
propio de buenos capamedieros bolsos sin un peso,
analizábamos por qué determinadas sociedades
retrocedían en poco tiempo a posturas muy
primitivas, cuando habían tenido importantes niveles
de desarrollo.
Julio tenía la idea de que
cuando se pierden los valores, las utopías, cuando
priman los intereses menores de los individuos,
nunca se vuelve al punto de arranque, sino que se va
mucho más atrás. Este punto de vista me permitió
entender, tiempo después, por qué Rusia y
Yugoslavia, retrocedieron a niveles alarmantes.
"Tomá un elástico con una mano
y con la otra lo estirás todo lo que puedas y si lo
soltás vas a ver que el elástico no vuelve a la
primera mano, la que lo sostenía, sino que te pega
en uno de los ojos", me decía Julio, mientras el sol
otoñal de las 16.15 nos golpeaba en la cara.
Algo de esto, lo del efecto
elástico, está ocurriendo en el Frente Amplio, en
momentos que está discutiendo la mejor fórmula
presidencial para volver a ganar el gobierno y así
cerrar una etapa de acumulación de fuerzas que
comenzó a gestarse el 5 de febrero de 1971, que fue
bautizada el 26 de marzo de ese mismo año.
Porque esa etapa exitosa, que
no va a ser de triunfos eternos, sólo se cierra
positivamente si en octubre de 2009 la izquierda
vuelve a ganar.
Hasta el pasado jueves los
principales dirigentes, o los voceros de esos
principales dirigentes, venían negociando. "Este
puede ir primero, el otro no acepta ir segundo,
queremos consenso, vamos a elecciones internas, no
vamos", eran las palabras que más se oían en la
interna frenteamplista, pero de golpe vino la
ruptura. Fue cuando se supo que se había establecido
una alianza entre el Espacio 609, la Vertiente y el
PCU, lo cual era normal dentro del escenario de
encuentros y desencuentros, pero con una fórmula
concreta: Mujica-Rubio. Nada extraño tampoco en eso,
pero con una particularidad: como tendrían
asegurados los dos tercios de los votos de los
frenteamplistas presentes en el Congreso del FA, esa
iba a ser la única fórmula presidencial oficial,
legitimada por los estatutos.
Como era de esperar, la
reacción del polo astorista fue de indignación. El
sábado, en la ciudad de Salto, Astori no dijo gre
gre para decir Gregorio: "La gente está harta, lo
más sano y democrático es que haya internas", pero
todos en igualdad de condiciones. Es decir, todos
los competidores avalados por la institucionalidad
política que expresa el Congreso del FA, cuando se
reúna el día del cumpleaños de Líber Seregni, el 13
de diciembre.
Se puede estar con Astori o no,
pero convengamos que tiene toda la razón y no sólo
porque a él le puede convenir, sino porque dejaría
heridas muy profundas para un Frente Amplio que hoy
no gana en la primera vuelta.
Por suerte, para la izquierda,
el pasado viernes sus dirigentes sindicales
mostraron mucha más madurez que sus dirigentes
políticos y lograron una salida unitaria y
consensuada en el marco del Congreso del PIT-CNT. Es
que los trabajadores sindicalizados, una vez más,
han tenido la lucidez de practicar la unidad y el
consenso, quizá porque ellos como expresión de la
clase social comprometida desde la década del 60, le
marcaron el rumbo, la sensibilidad y la gestualidad
a la fuerza política que después se gestaría en 1971
y que llegó al gobierno en 2004, para cambiar al
país, donde no sólo tuvo a un gran presidente como
Tabaré Vázquez, sino también a dos grandes líderes
políticos, entre otros igualmente destacados, como
Danilo Astori y José Mujica.
Lo venimos diciendo desde hace
más de dos años: el Frente Amplio no gana en 2009 si
las tres principales figuras llegan a las elecciones
lastimadas o sin ánimo de dar la batalla. Por eso,
si se quiere ganar no pude haber candidatos
oficiales. Y esto también es válido para Daniel
Martínez y Marcos Carámbula, a quienes hay que
respetar de la misma manera. Es que ahora la
izquierda necesita a los cinco, se resuelva por
consenso o por elecciones internas, que en caso de
ir a las urnas debe ser en igualdad de condiciones
para todos.
Todo esto para que no haya ese
efecto elástico, que necesariamente termina llevando
a toda una colectividad a lo más primitivo y bajo de
la política.
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