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Rodney Arismendi un político
con mirada estratégica,
cargada de historia
Gerardo Caetano
El último 12 de noviembre en el Salón
Azul de la Intendencia Municipal de Montevideo, la
Fundación Rodney Arismendi homenajeo a Rodney
Arismendi en el año del 95º aniversario de su
nacimiento (21 de marzo de 1913 en Río Branco,
departamento de Cerro Largo).
La apertura del acto estuvo a cargo
del presidente del Frente Amplio, Ing. Quím. Jorge
Brovetto, lo siguió en la oratoria la Dra. Graciela
Ubach, docente, directora del Hospital de Clínicas;
a continuación hablaron el historiador y docente,
profesor Gerardo Caetano; y el Dr. Osvaldo Peredo,
concejal de Santa Cruz de la Sierra por el
Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia. La ONDA
digital, publica a continuación la intervención del
Dr. Caetano en el homenaje del dirigente comunista.
-
Quiero decirles antes que nada que me siento muy
honrado y muy contento de estar entre ustedes, de
estar en este día, conmemorando los 95 años del
nacimiento de Rodney Arismendi. Y quiero decirles
que me produce una particular honra atravesar esta
figura, mirarla con esa perspectiva larga que
buscamos los historiadores, y tratar de encontrar en
él la silueta de tradiciones, de pueblo, sus
legados. Y créanme que me honra particularmente
hacerlo desde mi condición: Yo no soy comunista, no
fui comunista.
Pero creo a veces que
para encontrar el alma de ciertos partidos, el alma
de ciertas tradiciones, el núcleo vivo de ciertas
figuras que trascienden su origen ideológico, su
trayectoria política, a veces, mirarlos desde otro
lugar descubre cosas. Y créanme hace muchos años que
me viene provocando la figura de Arismendi. Y más
aún, atrás de la figura de Arismendi esa tradición
tan relevante en la historia de la República, la
tradición comunista.
Una tradición cargada
de una historia gigantesca que va más allá de la
ideología, que comporta compromisos humanos, con
carga de ideas pero también con carga de hombres.
Hace años que vengo bregando entre mis estudiantes
para que alguno de ellos haga una de las biografías
más importantes que le falta a este país. La
biografía de Rodney Arismendi. Sin duda uno de los
uruguayos más relevantes del siglo XX. Una de las
figuras políticas centrales de este país. Tal vez
las anteojeras del provincianismo o del
anticomunismo han podido opacar esa realidad que
rompe los ojos. Rodney Arismendi por su trayectoria
política, por su proyección internacional que lo
hizo una de las figuras de referencia de una de las
dos superpotencias del siglo XX. Fue sin duda una de
las figuras políticas más relevantes. Diría algo
más, fue tal vez uno de los políticos más
renovadores y más exitosos con una mirada
estratégica, cargada de historia.
Por eso ese afán de
entender a Arismendi, de encontrar su mejor versión.
Pero a través de él, de llegar a lo que más me
importa, la tradición comunista. Ese color
absolutamente indispensable. Esa historia que está
todavía por hacer, por reconstruir, esa gran
aventura hecha desde un enfoque ciudadano y hecha
también desde el oficio, desde la mirada del
historiador, créanme, es una tarea
extraordinariamente provocadora y relevante.
Rodney Arismendi es
una figura con perfiles muy particulares. En primer
lugar nació en Río Branco un 21 de marzo de 1913.
Tratemos de advertir lo que podía ser Río Branco,
ese Uruguay profundo, esa aventura que llevó a aquel
uruguayo nacido en la frontera pobre a –como vemos
en las fotos maravillosas del hall- caminar junto a
figuras que marcaron la historia universal de su
siglo.
¿Qué hubo en esa
peripecia? ¿Qué hubo en aquel militante social y
político que fue primero dirigente estudiantil y
luego, como tantos uruguayos, marcó su compromiso de
vida en la lucha contra una dictadura, marca
indeleble? En este país las generaciones que se
formaron luchando contra una dictadura incorporaron
una marca indeleble, incorporaron una carga de
futuro. Rodney Arismendi nació al compromiso
político luchando contra una dictadura pero además
incorporándose en esa dimensión que tanto cultivó y
que sin duda lo llevó a ser comunista, esa dimensión
internacional, esa concepción radical de que la
lucha política no podía terminar en la frontera, que
él era compañero de otras luchas, en otros lugares
del planeta. Y que su proyecto de vida no podía sino
encontrarse en una lucha que o era internacional o
no era.
Es el Uruguay, no
solo el Uruguay comunista. El Uruguay es
internacional o no es. Y aquella generación que
sintió como propio el oprobio de la dictadura
franquista y respaldó a los republicanos. Aquellos
uruguayos, aquella generación que nació al mundo
tratando de respaldar la lucha contra el fascismo
emergente. Aquella generación que vinculaba sus
compromisos políticos locales con esa visión de
mundo. Aquella generación estaba cargada de futuro.
En esa generación Arismendi nació a la vida
política, en esa generación Arismendi recogió desde
su mirada, desde un origen muy humilde, la necesidad
de construirse comunista.
Cuarenta y siete
procesos en su enfrentamiento a la dictadura
terrista. La "dictablanda" con Arismendi no fue tan
blanda. Cuarenta y siete procesos que en el marco de
la lucha contra el fascismo, en el marco de esa
proyección internacional de su compromiso, lo
llevaron a construir su visión teórica.
Uno de sus primeros
libros "Para un prontuario del dólar" es de 1947. Y
adviertan ustedes ya el anticomunismo, y miren que
en este país, bueno, que les tengo que decir a
ustedes, en este país hubo mucho anticomunismo, ese
segregacionismo, maldito como todo segregacionismo.
Y hubo mucho anticomunismo después de la guerra.
Allí, en un contexto difícil, el Partido Comunista
obtiene una gran votación, 1946. Y allí por primera
vez Arismendi se hace parlamentario.
No se puede hablar de
Arismendi sin recordarlo como uno de los
parlamentarios más relevantes que tuvo este país. Y
repito, no lo digo desde la adhesión a un partido.
Lo trato de decir pesando cada palabra. Lo han
reconocido los parlamentarios de todos los partidos,
lo reconocieron cuando cumplió 25 años de vida
ininterrumpida en el parlamento. Era un
parlamentario que sabía la oratoria del hemiciclo
pero que sobre todo sabía la construcción
republicana de la ley, que construía la libertad en
los corrillos, negociando, negociando. Ese gran
legado negociador que Arismendi le dejó al partido
comunista y al movimiento sindical uruguayo. Pensar
en Arismendi y no pensar en un gran negociador,
pensando siempre la construcción de avances para los
trabajadores, de avances para la enseñanza, de
avances para la cultura, de avances para los
necesitados, es impensable.
Tal vez en ningún
ámbito se sintió más grato que en el parlamento y no
era de los parlamentarios que son haraganes en la
fragua cotidiana pero salen cada tanto con oratorias
rutilantes en los plenarios. No. Por ejemplo, en la
ley más difícil, que prueba a cualquier
parlamentario como es la ley de presupuesto,
Arismendi era clave. Todos los presupuestos que el
vivió como legislador -¡todos!- tuvieron en él a un
constructor fundamental.
Era un hombre muy
culto. Su vocación cultural era inherente a su
manera de concebir el humanismo. No podía entender
que un hombre comprometido con la sociedad no fuera
culto. Y eso no nació con él en el partido
comunista, por cierto, pero con él adquirió, como ya
se ha dicho, una dimensión muy grande. El partido
comunista uruguayo, que supo construir Arismendi con
otros muchos, fue un partido en donde hubo mucha
cultura. Fue un partido donde muchas figuras
extraordinarias de la cultura encontraron un lugar.
Fue ese partido, liderado por Arismendi, que logró,
momento estelar de la historia de la cultura y de
sus cruces con la política, nada menos que la
adhesión de Paco Espínola, un 27 de agosto de 1971.
Paco Espínola que en su discurso justificaba su
adhesión al partido comunista en su naturaleza
profundamente cristiana. Paco Espínola que quería
sentir en carne propio el segregacionismo
anticomunista que el había visto en otros, en su
hija, en Mecha Espínola, que fue quien firmó el
carné de afiliación de Paco.
Ese partido tuvo nada
menos que a esa "voz de otro" que encarnó en Alfredo
Zitarrosa. Ese partido tuvo a historiadores como
Lucía Sala, como Julio Rodríguez, como Nelson de la
Torre, antes había tenido a Jesualdo. Tuvo a
filósofos. Tuvo a pintores en este país de pintores.
Tuvo a poetas. Y si repasamos los líderes sindicales
que llegó a tener ese partido, bueno, impresiona,
eran gigantes.
Ese hombre debería
tener algo para acaudillar una fuerza política que
pudo construir una tradición tan honda, tan fuerte,
tan plural, tan diversa.
Era un lector
incansable. Dejó para el debate que le gustaba, que
provocaba, muchas obras que deben ser recogidas como
seguramente le hubiera gustado a Arismendi: desde la
crítica, desde el debate por todo lo alto, fuerte.
Ese debate que tanto nos falta. "Problemas de la
revolución continental", antes "La filosofía del
marxismo y el señor Haya de la Torre", su polémica
con Haya. "Lenin y la revolución en América Latina",
"Uruguay y América Latina en los años 70", sus
artículos en la revista Estudios, sus discursos
extraordinariamente relevantes en los distintos
congresos del partido comunista. Algunos de ellos
que marcaron una época. No solamente una época del
partido comunista o de la izquierda. Que marcaban
una época de la historia uruguaya.
Sobre su perfil
internacional ¿qué puedo decir? Los convoco a que
miren las fotos que lo muestran en los cinco
continentes con figuras gigantescas, interlocutor
principal de múltiples líderes políticos.
Y un hombre serio, un
político serio. Tan serio que no ocultaba sus
diferencias. Incluso con sus amigos. Hay una imagen
inolvidable de Rodney Arismendi. En el documental de
la reunión de la Organización Latinoamericana de
Solidaridad, en la OLAS, en donde toda la tribuna
aplaudía y había un solo hombre con los brazos
cruzados que no aplaudía. Ese hombre era Rodney
Arismendi.
Era Rodney Arismendi
que, en épocas donde con mucho amor, y con mucho
romanticismo y con mucho idealismo, que hay que
reivindicar, generaciones y generaciones de jóvenes
dieron su vida pero muchas veces la dieron sin el
continente necesario de figuras gigantescas y serias
como ese Rodney Arismendi que fue dique contra los
violentismos. Que supo serlo en el peor momento.
Honra permanente para
una figura capaz de fundar sus convicciones en
momentos tan difíciles y de manera tan radical.
Porque era un radical, claro que era un radical. Su
radicalismo genuino, no impostado, era el
radicalismo de los trabajadores que no necesitan
–como decía Zitarrosa- tener una pistola en la
cintura para saberse plenamente revolucionarios.
Fue ese político
serio que mirando lejos, en 1955, mirando lejos y
reivindicando esa dimensión de historia que tiene la
política, la política bien entendida, que no mira la
elección del próximo año sino mira por los tiempos,
mira más allá de uno, mira la historia, tiene un
sentido de historia. Él lo tuvo y cuando era difícil
imaginarlo, imaginó un gran partido comunista, un
partido que no se consolidara solamente como un
aparato político. ¡No! Que fundara una tradición,
que incorporara redes de trabajadores, de la
cultura, que convocara a los jóvenes, que los
convocara seriamente, con responsabilidad,
cuidándolos, porque son la clave del cambio. Sin
paternalismos, pero cuidándolos. Que convocó a
tantas familias, porque si hablo de una tradición
comunista estoy hablando de familias en donde, no
por imposición sino por amor, los hijos y los nietos
se hicieron orgullosamente comunistas como sus
padres y sus abuelos.
Fue desde esa
seriedad que miró lejos. Y vio la necesidad de
fundar un movimiento sindical único, marcando junto
a una generación de gigantes uno de los perfiles más
importantes de la democracia uruguaya: una central
sindical única, sin corruptos, una central sindical
seria, pluralista, que en los momentos más difíciles
supo demostrar su compromiso inclaudicable con la
democracia.
Esa misma seriedad
estratégica que lo llevo a imaginar -cuando casi era
inimaginable- un gran partido comunista, que lo
llevó a imaginar en la necesidad de aportar junto
con otros en un gran movimiento sindical, fue la que
lo llevó a pensar en la unidad política de la
izquierda como una contribución central para la
democracia uruguaya y para la transformación del
país.
No es casual, no fue
casual que fuera un hombre de confianza radical del
general Seregni. Tenían la misma seriedad. En
aquella generación de los fundadores del Frente
Amplio había personas muy serias. Y obviamente que
no pensaban igual. Pero cuando hablaban, hablaban
desde la seriedad, de los compromisos vitales que no
tienen retorno, hablaban sintiendo que más allá de
ellos sus figuras portaban pueblo, trabajadores,
jóvenes, pulsión, sentido de historia.
Por eso cuando cayó
la dictadura el partido comunista estuvo allí. Y
créanme, he tenido el calvario de ver los archivos
de la represión, es un calvario. No se imaginan
hasta donde esa dictadura fue siniestra. Y créanme,
lo dice el historiador, desde la verdad debo decir
que el gran partido de la resistencia fue el partido
comunista.
No hay como negarlo.
Lo pudo ser desde el comienzo y hasta el final. En
los momentos más duros, en momentos terribles, como
el 75, el 76, el 77, cuando aparecían
movilizaciones en una fábrica, jóvenes haciendo una
volanteada por la libertad de Seregni, allí estaban
los comunistas.
Yo pude ver el
fichero del partido. Y es momento de contestar de la
manera más rotunda los agravios incalificables que
quisieron manchar con la acusación de la traición
nada menos que a Rodney Arismendi. No estaríamos
aquí si hubiera habido la mínima señal de traición.
Ninguno de ustedes estaría aquí. Yo no estaría aquí.
Él no estaría aquí (señala al Chato). Pero allí en
ese fichero había miles de uruguayos, miles. Es
impresionante advertir la cantidad gigantesca del
número de militantes comunistas que había podido
construir la base de ese partido. En la historia
uruguaya no hay ningún otro ejemplo de una relación
militante/votante que se pueda acercar. Son decenas
de miles.
Y Rodney Arismendi,
como bien se ha dicho, en el exilio fue organizador.
Líder de esa patria que también luchaba contra la
dictadura. Y buscó caminos. Fue por eso que cuando
regresó su partido estaba esperándolo. No solo su
partido. Los jóvenes que nunca lo habían visto,
jóvenes de otros grupos, jóvenes que ni siquiera
eran del Frente Amplio pero que sentían la leyenda
de Rodney Arismendi. Y volvió y tenía mucho por
hacer.
Quería la
transformación, quería ver como enfrentar lo que le
pasaba a la Unión Soviética, quería que Gorbachov
tuviera razón. No tuvo el personalismo de
eternizarse y buscó transferir la secretaría
general. No quiso ser senador. Quién iba a pensar
que en el cuarto lugar de la lista iba a salir
senador. Y la muerte lo encontró un 27 de diciembre
de 1989. Adviertan ustedes: se caía el muro de
Berlín. Aquellas figuras que él había conocido
estaban viviendo el final. El mundo por el que él
había luchado y en el que él había creído se
derrumbaba y el partido comunista en Uruguay obtenía
el 10 por ciento del electorado. Y no solamente por
la propaganda.
Por eso a noventa y
cinco años del nacimiento de Arismendi yo creo que
la mejor respuesta que se puede dar, lo dice alguien
que no es comunista, (repetido sacar) es estudiar e
historiar esa rica tradición comunista. Lo necesita
no solo la izquierda sino el Uruguay. Necesita los
perfiles de esa tradición política que no solamente
se funda en ideología, se funda en compromisos
humanos imperecederos. Pasará Marx, sino ya pasó.
Pero no pasarán los compromisos humanos de tantas
generaciones de trabajadores, de tantas generaciones
de jóvenes; no pasarán esos estudiantes que se
hicieron comunistas en el peor momento y que
arriesgaron su vida; no pasarán la valentía para
enfrentar el garrote, la tortura, la desaparición;
no pasará.
Por eso, queridos
amigos, mucho se podría decir de Rodney Arismendi,
pero creo que nada mejor, nada que a él le hubiera
convencido más, nada que a la República toda, se
mire por donde se mire, le hiciera mejor favor que
ver en Arismendi esa tradición comunista rica, que
ver en Arismendi "la sombra de Gancio y de Mora, de
Fernández, de Mendiola," de ver en los versos del
poeta "la canción más madura, que será la que cante
puras razones, que ya son muchas, del compañero que
lucha sin pistola en la cintura", de recordar de
manera indeleble el nombre de la "carne horadada, de
la vida más amada, la desarmada".
De recordar, de no
olvidar nunca! Superando litigios, superando
rencillas, superando quiebres, superando fracturas;
de recordar, que hace falta, de recordar a Zitarrosa
que en sus versos recogía la tradición comunista:
“Hago falta... Yo siento que la vida se agita
nerviosa si no comparezco, si no estoy... Siento que
hay un sitio para mí en la fila, que se ve ese
vacío, que hay una respiración que falta, que
defraudo una espera... Siento la tristeza o la ira
inexpresada del compañero, el amor del que me
aguarda lastimado... Falta mi cara en la gráfica del
pueblo, mi voz en la consigna, en el canto, en la
pasión de andar, mis piernas en la marcha, mis
zapatos hollando el polvo... Los 7 ojos míos en la
contemplación del mañana... Mis manos en la bandera,
en el martillo, en la guitarra, mi lengua en el
idioma de todos, el gesto de mi cara en la honda
preocupación de mis hermanos”.
Fuente:
quehacer.com.uy
LA
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