Dos estrenos en la cartelera
La política en el Medio Oriente y
la vida afectiva de la policía
por Oribe Irigoyen

“Red de mentiras” ( Body of Lies, EEUU, 2008 ), realización de Ridley Scott y “Los dueños de la noche” ( We Own the Night, EEUU, 2008 ), film escrito y rodado por James Gray, ambos títulos que ornan la cartelera comercial y atienden, el primero, al universo del espionaje y la política en el Medio Oriente, y el segundo a la vida cotidiana y afectiva de la policía en lucha contra la mafia rusa, al mismo tiempo incitan a considerarlos, con ojeada de segunda vez, por lo que significan en relación con sus respectivas temáticas: “Red de mentiras” con sus espías, “Los dueños de la noche” con sus defensores de la ley.

 

Mentirosos, cinicos y cansados

Con un par de consignas ya poco convincentes por lo manoseadas – “la violencia está en el hombre” y “nadie es inocente”, como coartada para una mirada cínica dirigida al hombre – el film “Red de mentiras” adapta al cine una novela escrita por el periodista especialista en Medio Oriente, David Ignatius, a través de un guión suscrito por William Monahan, que tiene sus confusiones iniciales y le cuesta centrarse a los ojos del espectador, y de la realización de Ridley Scott, que es otra cosa más coherente. Porque Ridley Scott ( “Alien”, “Blade Runner”, “Gladiador” ), con su notable del lenguaje cinematográfico en encuadres, montaje, movimientos de cámara y exultante despliegue audiovisual realiza una interesante operación fílmica para tratar ese tema de espionaje en el Medio Oriente. En parte, arma acciones de intriga y espionaje “corre corre” que recuerdan a “Misión imposible” y no exceden la vistosidad de un buen entretenimiento. En parte, introduce al espectador en un mundo ambiguo de personajes y situaciones, sin buenos ni malos “cento per cento”, en el cual el cinismo de diálogos y de prédica discursiva de los protagonistas recuerdan el universo de las novelas del británico John Le Carré, con héroes desalentados, cansados y a punto de perder los ideales o ya perdidos. Es entonces, que la película presenta un par de ideas interesantes, una actitud desmitificadora  y el entretenimiento pasa de bueno a inteligente, apoyado siempre en la prestancia formal de Ridley Scott. Resulta atrayente en ese sentido el registro conceptual y visual del juego sucio político del Medio Oriente, en el cual todos mienten y se mienten a quien mejor, la CIA, los árabes terroristas o no, colaboradores o adversarios de los estadounidenses.

 

 El film comienza el juego de mentiras o su equivalente con el enfrentamiento de un agente de campo de la CIA ( Leonardo Di Caprio ) que se juega la vida en distintos escenarios y ciudades árabes y de su jefe de logística ( Russell Crowe ), un burócrata amante de la buena vida y los escritorios. El film demora en superar las confusiones iniciales del libreto ya mencionadas, para llegar al nudo dramático central, en el cual Di Caprio para desenmascarar y atrapar a un importante terrorista árabe, inventa a través de Internet a un grupo rival cuyas atrocidades terminan por obligar al terrorista buscado a salir a luz y ser apresado. La operación que Di Caprio emprende casi solo y sin ayuda, pertenece al rubro “Misión Imposible”, que no sólo ponen en peligro su vida y lo enfrentan a la tortura, sino que tiene una real virtud dramática, registrar el sucesivo cansancio y desilusión del agente por el juego sucio en el que está metido, su transformación humana cuando se ve pillado en su propia maquinaria de mentiroso. En el tratamiento de dicho personaje ( muy bien servido por Di Caprio ) y del oponente burocrático ( Russel Crowe, idem. ), “Red de mentiras” alcanza sus mejores dimensiones como película.

 

El dilema de la lealtad

La relación  que “Los dueños de la noche” mantiene con el género policial presenta de igual modo de rasgos de interés que van más allá de un entretenimiento de valor. Escrito y dirigido por James Gray el film no inventa la pólvora en la comunicación dramática a través del cine. Gray es un cineasta que, bien o mal, ha ido creando un mundo personal en el ámbito del género policial, con películas modestas, de bajo rendimiento pero de calidad nada menor. Son por lo general películas con temas policiales previsibles y desde luego muy transitados, pero están construidas desde el guión con la intención y el logro de obtener personajes y situaciones de buen espesor humano y mejor convicción realista, que a la hora de la captación de imágenes consiguen volver novedosa o también renovadora la resolución formal de un drama. Como en su trayectoria anterior – “Cuestión de sangre” ( Little Odessa, 1994 ) y “La traición” ( 2000 ) – también en este “Los dueños de la noche” presenta un mundo dramático y conflictivo reconocible: el ámbito humano eslavo ( ruso o ucraniano ) con su cultura, los problemas o disfunciones de una familia, el dilema de lealtad  o traición a la sangre o al sentimiento, el crimen organizado, eslavo, claro, como en “Little Odessa”.

 

La acción dramática ocurre en Nueva York de los años 80, en la cual un exitoso joven gerente de un local nocturno ( Joaquin Phoenix ) es considerado como un hijo por la familia rusa dueña del local. El gerente ha ocultado su verdadero nombre de ascendencia eslava, porque pertenece a una familia de policías, su padre es el jefe de la fuerza en la ciudad ( Robert Duval ) y su hermano, un teniente de la misma ( Mark Wahlberg ), de la cual está distanciado. La circunstancia de la búsqueda e intento de captura de un destacado narcotraficante ruso que se relaciona con la familia de adopción del gerente, más algún atentado de dicha mafia rusa, hacen que éste enfrente un dilema de lealtad a su sangre ( la policía ) o a su afecto ( la familia adoptiva ), elección dura que cambiará la vida del protagonista y del film encaminado del drama y hacia una tragedia familiar.

 

James Gray, en su doble labor de guionista y realizador, construye un intenso relato que, aún ceñido al ámbito familiar y en ese plano interesado en pocos personajes que desarrolla en profundidad – el padre jefe de policía y sus dos hijos de caracteres disímiles – que hace crecer ese material anecdótico en términos de un cine sólido hacia la tragedia, familiar y en cierto grado menor, pero de potente persuasión humana y fuerte contenido dramático. El resultado es un relato policial, con no pocas aproximaciones al policial negro en cuanto a espíritu y densidad realista, de buen anclaje en lo cotidiano de los personajes con prolija elección de los encuadres y los cortes de montaje, para el logro de climas y sugerencias expresivos que seducen al espectador y se apoyan en el instrumento esencial del cine de James Gray: el elevado rendimiento del elenco, como así ocurre en esta oportunidad con los tres protagonistas: Phoenix, Wahlberg y Duval.

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