¿Un nuevo mapa mundial de
rebeliones- siglo XXI?
por el profesor José Luis Fiori

“Lo más probable es que vuelvan al orden

del día las revueltas y rebeliones sociales.

 Ellas no serán socialistas ni proletarias,

sino que adquirirán mayor intensidad y

 violencia en los territorios situados

 en zonas de fractura”.

JLF, Valor Económico, 5/11/2008

 

No existe una teoría de la revolución, existen varias.  Pero casi todas reconocen la existencia de un denominador común, en la experiencia revolucionaria de los siglos XIX y XX:  las revueltas se dan – casi siempre – en sociedades fracturadas, con estados debilitados por las guerras y por grandes crisis económicas, y situados en “zonas de fractura”, donde se concentra la presión geopolítica de la disputa entre las grandes potencias.  Es en estos territorios, que suelen nacer y multiplicarse las rebeliones más importantes y resistentes, que son siempre violentas, pero no tienen homogeneidad ideológica y no producen grandes cambios estructurales inmediatos, como suele suceder en el caso de las revoluciones sociales y políticas exitosas.

 

Pues bien,  si esta tesis es correcta, no es difícil prever el nuevo mapa mundial de las rebeliones, de este comienzo del siglo XXI.  Basta seguir los pasos de la competencia geopolítica y económica de las grandes potencias, después del fin de la Guerra Fría, y ubicar sus puntos de mayor presión competitiva, donde estas potencias ejercen de forma más directa su capacidad de dividir y movilizar las fuerzas locales, unas contra otras, dentro de los estados situados en estos “tableros geopolíticos” más disputados. Algunos de estos puntos son más visibles y de conflictividad inmediata, otros, son menos visibles y de combustión más lenta.

 

Todo comienza en 1991, con la desintegración de la Unión Soviética y la entrada de las fuerzas de la OTAN o de los EE.UU. en Europa Central, en los Balcanes, en el Cáucaso y en Asia Central, donde se sitúa, en este momento, la región mundial de mayor complejidad geopolítica, abarcando los territorios de Afganistán, Pakistán, Norte de India, Cachemira y Tibet.  No hay ninguna gran potencia que no esté involucrada en alguna de estas áreas y en las disputas en última instancia, por el control de esta extensa región, utilizando o incentivando a grupos y organizaciones locales, de todo tipo, en una sucesión de revueltas, rebeliones, atentados terroristas y guerras civiles que no tienen forma de parar, a menos que exista un acuerdo multilateral improbable, o de una retirada de todas las grandes potencias involucradas, lo que es rigurosamente imposible, del punto de vista de la lógica del sistema y de los intereses y posiciones que ya fueron ocupadas por los participantes en este nuevo “gran juego”.  Alfred Mackinder y Nicholas Spykman – los dos mayores teóricos geopolíticos anglo-americanos – definieron esta franja de tierra que va del Báltico hasta China, como una frontera decisiva para el control del poder mundial, situada entre las “potencias marítimas” y las “grandes potencias terrestres”, o sea, entre Gran Bretaña y los Estados Unidos, por un lado, y por el otro, sobre todo, Rusia y China.

 

En seguida, en este “mapa de pólvora”, aparece la África Negra.  Después de 2001, los EE.UU. cambiaron su política externa y aumentaron su presencia en el continente africano. Pero este cambio de posición no fue un fenómeno aislado, y fue seguido por la Unión Europea, Rusia, China, India y también por Brasil. En pocos años, el escenario africano cambió, aumentó la competencia imperialista, y de nuevo, como en los siglos anteriores, las potencias y sus grandes empresas utilizan a su favor, y muchas veces incentivan, las luchas tribales y las guerras locales, entre los estados que nacieron de la descomposición de sus propios imperios coloniales.  En este momento, ya están en curso rebeliones y guerras civiles, en el Congo, en Somalia, en Zimbawe y en Nigeria, con participación de países y empresas que están fuera de África, y con la participación directa de Angola, Ruanda, Namibia y Burundi.  También en este caso, no hay perspectiva de acuerdo local, o de retirada de las grandes potencias, y lo más probable es que África se transforme  - una vez más – en el territorio privilegiado de la carrera imperialista y en un verdadero “semillero” de rebeliones, de todo tipo.

 

¿Y qué se puede prever con relación a América del Sur?  Durante los siglos XIX y XX, fue una región de influencia anglo-americana, sin grandes disputas imperialistas. Pero en este comienzo del siglo XXI, el escenario y las perspectivas cambiaron. De forma lenta, pero implacable, la presión de la nueva carrera imperialista que comenzó en la década de 1990, está alcanzando a América del Sur, y debe producir los mismos efectos del resto del mundo.  Ya forman parte de este proceso, el compromiso militar americano con Colombia, la reactivación de la IV Flota Naval de los EE.UU. hacia el Atlántico Sur, la intensificación de los conflictos fronterizos entre Venezuela, Colombia y Ecuador, y los conflictos internos de Bolivia y de la propia Colombia.  Pero también: la creación de la UNASUR y del Consejo de Defensa de América del Sur, y todos los proyectos políticos y económicos de integración regional así como los grandes proyectos de integración comercial y de inversión productiva en la región, de la UE, de China, de Rusia, y demás países de fuera del continente. 

 

Todo indica que América del Sur fue incorporada y ya no puede escapar de la presión competitiva mundial, produciendo una mayor integración del continente pero también, una mayor disputa entre sus estados, y en particular, entre Brasil y los Estados Unidos.  En esta misma dirección, algunas áreas de América del Sur también se deben transformar en “zonas de fractura” internacional, y ahí pueden surgir conflictos y rebeliones que involucren a las grandes potencias y a las empresas que compiten por el control de la región.  Y  en el caso de las regiones de mayor densidad indígena, en los próximos años, estas rebeliones tenderán a ser de derecha, blancas y racistas.

 

Finalmente, sobre este telón de fondo, se debe y puede calcular el impacto de la nueva crisis económica mundial.  Será prolongado y deberá alcanzar a todas estas “zonas de fractura”, acentuando sus tendencias más perversas. Por eso, en este momento, a pesar de que se hable mucho de economía, existe otro fantasma que ronda el mundo y atemoriza más a sus dirigentes: el fantasma de las rebeliones.

Traducido para LA ONDA digital  por Cristina Iriarte

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