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Los mercados a futuro
causaron la crisis financiera
por Durval de Noronha Goyos
“La experiencia
enseña que los hombres
y los gobiernos jamás aprendieron
nada de la historia”.
F. Hegel
No
se escapa impunemente del desprecio a las lecciones
de la Historia, como quedó demostrado una vez más
por la crisis financiera de 2008. De hecho,
gobiernos, entidades financieras, medios de prensa,
inversores, entre otros agentes, durante las últimas
dos décadas, ignoraron que el uso irresponsable de
los llamados mercados a futuro fue el factor
causante de la crisis financiera de 1929, factor
desencadenante de la llamada Gran Depresión.
Así, los llamados
mercados financieros se lanzaron en una insana orgía
especulativa sin precedentes en la historia mundial,
al punto de que, a fines de 2007, el total de los
valores en contratos de mercados a futuro había
alcanzado un valor aproximado a los U$S 600
trillones, contra un monto de apenas U$S 80
trillones en 1998.
Ahora, el valor del
Producto Bruto Interno (PBI) mundial es de cerca de
U$S 50 trillones; el valor del PBI de los Estados
Unidos es de U$S 15 trillones; el valor del PBI
brasileño es de U$S 1.2 trillones; y el monto del
comercio internacional de mercaderías fue, en el año
2007, de U$S 13.6 trillones.
Contrastando dichos
valores, se ve con claridad que los valores de los
mercados a futuro no sólo dejan de tener relación
alguna con la realidad de la economía global, sino
que demuestran categóricamente la naturaleza
criminalmente especulativa de las respectivas
operaciones y, asimismo, la magnitud del problema
que afectará la economía mundial por muchos años.
Los mercados a
futuro, en su origen, eran contratos que creaban
obligaciones futuras constituidas en el presente,
con el propósito de transferir riesgos a terceros,
mediante un costo. De esta manera, en su concepción
original, el instrumento de los mercados a futuro
era conservador. Se hacía, por ejemplo, el vallado
(hedge) del tipo de cambio en la venta
externa para fijar el precio real. Sus usuarios son
parte en negocios diversos, intermediarios y
árbitros.
La parte vendedora,
también llamada short, ubica el riesgo,
asumido por el comprador, posición denominada
long. Los actores periféricos son los
intermediarios, normalmente banqueros, auditores,
agencias de riesgo y abogados. Los negocios
subyacentes a los mercados a futuro eran
mercaderías, como metales, granos, energía; valores
inmobiliarios como acciones y títulos; y monedas.
Los tipos básicos de
contratos de los mercados a futuro son los llamados
forward, o sea, una compra y venta futura en
el mercado de mostrador; futuro, una compra y venta
en una fecha futura en la bolsa de valores; swap,
una serie de contratos forward o futuros con
vencimientos secuenciales; y opciones de compra (call)
o venta (put).
Sin embargo, los
agentes especuladores inmediatamente desvirtuaron el
propósito del instrumento, inicialmente en la década
de 1920, como un medio de concreción de lucros
artificiales, mediante el apalancamiento excesivo
con bajos márgenes en los contratos de opción, como
bien lo relató John Kenneth Galbraith en su clásica
obra, The Great Crash of 1929. En aquella
ocasión, los valores correspondientes de los
mercados a futuro de cara al mercado inmobiliario
eran del 66%.
Con el paso de los
años y, principalmente a partir de la década de
1980, se constató la existencia de distorsiones
profundas en el uso de los mercados a futuro. Tales
desvíos eran fundados en la ideología del
neoliberalismo, que promovía un capitalismo
irresponsable caracterizado por la falta de control
asegurada por la llamada auto-regulación de los
mercados, y presentaba el mito de que los mercados a
futuro crean nuevas riquezas a ser compartidas por
todos.
Así, poco a poco, los
negocios con mercados a futuro se desligaron de los
negocios subyacentes y adquirieron un carácter
predominantemente especulativo, no sólo en los
montos apostados sin fundamento en la economía real,
sino como en los llamadas especulaciones exóticas
que procuraban legitimar apuestas en factores como
el clima, riesgo financiero, emisiones de gases,
costo de flete, etc..
A fines de 2007, los
valores de los mercados globales de mercados a
futuro indicaban un apalancamiento del 1.000% por
encima de la economía real, o sea, una absoluta
ausencia de caracterización de sus propósitos
originales, un riesgo desmedido y un concierto
global de acciones criminales motivadas por la
avidez exacerbada y llevadas a cabo por diversos
especuladores, entre los cuales se encontraban
instituciones financieras de aparente
respetabilidad.
Dichas operaciones
crearon una prosperidad artificial en los países
desarrollados, principalmente en los Estados Unidos
de América (EE.UU.) y en el Reino Unido (RU), una
enorme burbuja económica, por la falta de
consistencia e irrealidad. Dichos países sufrirán,
por muchos años, los efectos de este desastre y, sin
duda, intentarán pasar el costo a los países en
desarrollo.
Aún, incluso entre
estos últimos, asistimos a algunas aberraciones en
el mercado de los mercados a futuro, inclusive en
Brasil, donde se dieron principalmente en el área de
cambio, sector ya marcado por el artificio
caracterizado en la actuación del Banco Central como
autoridad monetaria y, al mismo tiempo, como
especulador en el mercado futuro (sic).
Gran parte de los
productos mercados a futuro de cambio presentados al
público inversor plantearon graves fallas en el
sentido de la creación de riesgos unilaterales y una
carga potencial excesiva sólo para una de las
partes, trajeron, y aún traerán, grandes pérdidas,
por un lado, y grandes lucros, por otro.
Por nuestra parte,
urge, para proteger el interés público, una mayor y
más amplia regulación de los mercados a futuro y la
obligatoriedad de su registro previo, en cuanto a la
naturaleza del producto y montos de cada emisión, en
la Comisión de Valores Mobiliarios (CVM). En el
ámbito externo, Brasil debe procurar promover las
mismas acciones y la uniformidad de conceptos en un
marco de desarrollo del derecho internacional.
Traducido para LA
ONDA digital por
Cristina Iriarte
LA
ONDA®
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