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Sobrevivo, luego
existo
Esta crisis es producto
del éxito del sistema
por Zygmunt Bauman
Zygmunt
Bauman sociólogo (83 años) nació el año 1925 en
Poznan (Polonia). Enseñó sociología en la
Universidad de Varsovia entre 1954 y 1968, año en
que perdió, en una purga antisemita, la cátedra de
profesor y emigró a Israel.
Desde
1971 vive en Inglaterra, donde fue profesor de la
Universidad de Leeds hasta que se retiró en 1990.
Entre sus últimos libros hay que destacar Los retos
de la educación en la modernidad líquida y tiempos
líquidos.

- Anticipó usted esta
zozobra de ahora hace tiempo. ¿Y ahora qué?
- Hace 20 años hablé de una
sociedad que ya no mantendría la ilusión de que todo
cambio acarrearía una solución permanente. Lo llamé
la modernidad líquida. Pero yo nunca hago
predicciones. Solo soy sensible a lo que veo.
- ¿Y qué ve?
- Hace poco vi un anuncio en
televisión sobre un rímel.
- ¿Se refiere a la máscara de
ojos?
- Sí. Aseguraba el espot que
ese rímel duraba un largo plazo: 24 horas.
Inmediatamente lanzaba un mensaje tranquilizador:
"En cualquier momento se lo pueden retirar con agua
tibia". El término largo plazo es impopular.
- Intranquilizador.
- Cuando yo era joven, podías
ir a la Ford o la General Motors, entrar como
aprendiz y jubilarte allí. A partir de esa
seguridad, montabas una familia, te comprabas la
casita y te hacías un seguro. Eso se acabó. La
estadística dice que el joven que acaba la
universidad cambiará ocho veces de empleo antes de
los 35 años.
- Entre tanta mudanza, ¿qué
certeza nos queda?
- Blaise Pascal, matemático y
filósofo francés del siglo XVII, escribió sobre el
temor que provocaba la propia temporalidad frente a
lo eterno, a lo inalterable, del mundo. Esa relación
se ha invertido. Hoy es el mundo el que cambia
continuamente, y la certeza está en la propia
existencia.
- ¿Sobrevivo, luego existo?
- Algo así. Los bancos, las
empresas, los gobiernos, los regímenes, los estilos
de vida, las pertenencias se han contraído. Las
expectativas se han abreviado y, mientras, tenemos
una mayor esperanza de vida. La conclusión razonable
que extrae la gente es que tiene que sobrevivir, que
centrarse en sí misma. No se puede fiar de nadie
más.
- No es una situación óptima
- El impulso de la economía de
los últimos 30 años, con crestas de mayor opulencia,
se basó en el crédito. Hoy todo el mundo está
endeudado. Al parecer, la deuda de Estados Unidos
es de siete trillones de dólares. Personalmente,
creo que esta crisis es el producto del éxito del
sistema, no de su fracaso. Un banco tiene éxito
cuando concede muchos préstamos. Y han convertido a
toda la población en una nación de deudores. Frente
a eso hay que replantear los principios en los que
se basa nuestra economía.
- ¿Sugiere una orientación
hacia la austeridad?
- Eso sería un cambio en la
forma de vivir, pero yo sugiero un cambio en la
forma de pensar. Hay que pensar, por ejemplo, qué
significa una vida decente, la felicidad, lo que
debe ser la finalidad de nuestra existencia. La
gente joven ha sido formada en las expectativas, en
que siempre habrá más de todo... Pero hay una
segunda cosa que nos obligará a reconfigurar el
modelo.
- Usted dirá
- Nos enfrentamos a la crisis
climática, a la destrucción de los medios
tradicionales de subsistencia, al agotamiento de los
recursos.
- Dios, Estado, familia,
trabajo, naturaleza. Un hundimiento general.
- Desde la perspectiva de mis
83 años, al mirar hacia atrás, veo el itinerario
como un cementerio de expectativas. Todos los
acontecimientos importantes del siglo XX se
produjeron de forma inesperada. La única certeza que
tenemos es la incertidumbre.
- La incertidumbre produce
miedo, y el miedo resta libertad.
- Bueno, está la libertad de lo
desconocido. No sabemos qué sucede y, lo peor de
todo es que, aunque lo supiéramos, tampoco podríamos
hacer nada.
- A todo esto, ¿qué pasa con la
cultura?
- La cultura se ha convertido
en un almacén de productos previstos para el
consumo. Consiste en ofrendas, no en normas. En la
vida líquida no hay gente que educar sino que hay
clientes que seducir. Los artículos y sus anuncios
buscan excitar el deseo. El sistema se ha dado
cuenta de que no se puede ganar dinero imponiendo.
- ¿Qué le parece a usted este
panorama, profesor?
- Todo lo que enseñé a mis
estudiantes está patas arriba. Eso es muy, muy
interesante. Obliga a replantearse muchas cosas.
- Falta que haya ganas.
- Vivimos en un planeta de
diásporas. Basta con pasear por ciudades como
Barcelona para darse cuenta de que hay culturas
distintas en la calle. El mundo que conocíamos de la
bildung alemana, de la formación, ya no existe.
Antes, cuando los niños nacían ya sabían cuáles eran
las reglas del juego, qué debían memorizar. Y, si se
desviaban de la norma, estaba la familia para
cambiar la situación, o para ocultar. Ese mundo se
acabó. Todo es movilidad. La pertenencia, como
sugiere Jean-Claude Kaufmann, se utiliza
principalmente como un recurso del ego. LA
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