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Los cien años de Lévi-Strauss,
un pensador que sobrevive
a su sistema
Entrevista a Marc Augé

Lévi-Strauss El
autor de Tristes trópicos, cuyas ideas marcaron la
segunda mitad del siglo XX, a cumplido 100 años.
Mientras se preparan los homenajes, otro gran
antropólogo francés, que acuñó la noción de "no
lugar", destaca en esta entrevista la vigencia del
aporte del padre del estructuralismo. Y rescata,
además, la alta calidad literaria de su prosa
Con su silueta
delgada, su pelo blanco y su mirada clara y aguda,
Claude Lévi-Strauss tiene el tipo del tímido y la
actitud del intimidante. Tiene a la vez una
imponente presencia y una gran capacidad de escucha.
Melómano y gran aficionado a la ópera, vive en París
en un edificio discreto.
En una de las escasas
entrevistas que otorgó en los últimos años (en
2005), tras evocar su "deuda" con Brasil, afirmaba:
"Vamos hacia una civilización de escala mundial en
la que probablemente aparecerán diferencias, al
menos hay que esperarlo (...). Estamos en un mundo
al que yo ya no pertenezco. El que yo he conocido,
el que he amado, tenía 1.500 millones de habitantes.
El mundo actual tiene 6.000 millones de humanos. Ya
no es el mío". (Los Andes)
Como dice Luis
Racionero: “He aquí el caso de un pensador que
sobrevive a su sistema: cuando ya no se habla ni
se utiliza el Estructuralismo, ese sistema de
pensamiento tan de moda en los años sesenta y
setenta, su creador sigue aún, adusto y malhumorado,
en el College de France, disfrutando de la vida.
En aquellos años en
que el marxismo era señor absoluto de las mentes de
mi generación, el único devaneo que permitía esa
ortodoxia era el Estructuralismo, que Levi-Strauss
se cuidó de compatibilizar con el marxismo. En
realidad el Estructuralismo ya existía, se había
inventado en la Universidad de Michigan por el
biólogo Von Bertalanffzy y se llamaba Teoría General
de Sistemas“.
La famosa afirmación
inicial de Tristes trópicos difícilmente haría
pensar que su autor, Claude Lévi-Strauss, era un
antropólogo, de aquellos que clásicamente viajaban a
tierras lejanas en busca de culturas "primitivas".
Pero Lévi-Strauss sí es un antropólogo, uno de los
más conocidos del mundo, sobre todo por su enfoque
estructuralista. Y Tristes trópicos , su melancólico
libro de 1955, justamente relataba, entre otras
cosas, sus expediciones a la Amazonia para estudiar
algunas tribus indígenas durante su estadía en
Brasil.
Aunque su perspectiva
estructuralista se volvería más tarde un movimiento
(y Lévi-Strauss, su figura emblemática), como teoría
no agotó aún sus aportes, luego de haber sido una de
las más influyentes y debatidas de las ciencias
humanas del siglo XX, renovadora de varias
disciplinas, de la antropología al psicoanálisis y
de la historia a la teoría literaria.
Ahora que Lévi-Strauss
alcanza la improbable -más que venerable- edad de
100 años, en el momento de los homenajes, resulta
iluminador hablar de su pensamiento con Marc Augé,
otro antropólogo no menos célebre, que
reiteradamente ha reconocido la importancia de la
obra del autor de Antropología estructural.
-En Por una
antropología de la movilidad, usted recuerda Tristes
trópicos y dice que el etnólogo es "un sedentario
que se ve obligado a viajar". ¿Usted también odia
los viajes y a los exploradores?.
-Lévi-Strauss piensa
en tipos muy precisos de viaje cuando escribe esta
frase. Piensa en los viajeros profesionales que en
esa época relataban sus viajes proyectando
fotografías en la Sala Pleyel, la gran sala de
conciertos de París. Este tipo de viaje no
desapareció, sino que cambió de paradero: los
reportajes para la televisión los sucedieron. Pero
también es cierto que Lévi-Strauss, que conoció los
aspectos más caricaturescos de la expedición
etnográfica en Brasil, es más antropólogo que
etnólogo y está más preocupado por buscar
proposiciones generalizables que por describir
originalidades localizadas. En cuanto a mí, me gusta
viajar porque tengo la posibilidad de no estar
condenado al turismo y porque tengo amigos por todas
partes. La etnología tradicional es una actividad
sedentaria, aparte de los viajes de ida y vuelta;
pero es posible que el movimiento hoy permita
percatarse de ciertos aspectos de nuestro mundo
globalizado.
-¿La obra de Lévi-Strauss
es parte de las glorias de antaño o aún conserva su
validez?
-Estoy convencido de
que la obra de Lévi-Strauss tiene un interés
completamente actual. Es una obra considerable en la
que cada uno puede extraer lo suyo. Tampoco es
seguro que sean sus trabajos más monumentales los
que tengan mejor porvenir. Voltaire creía más en sus
tragedias que en sus cuentos. El autor no es siempre
el mejor juez de lo que el futuro conservará. Lo
propio de los grandes autores es que no se reducen a
una teoría ni a una obra particular, sino que su
pensamiento, cuando se lo redescubre, es siempre
enriquecedor y provocativo.
-¿Cuáles serían, a su
juicio, los grandes aportes de Lévi-Strauss a las
ciencias sociales y cuáles, las limitaciones de sus
planteamientos?
-Hay todo un aspecto
de la obra de Lévi-Strauss que se sitúa en la línea
de ...mile Durkheim y de Marcel Mauss, en la línea,
si se quiere, de la gran sociología francesa.
Encontramos rastros de esta línea en Antropología
estructural , en Raza e historia y en la
Introducción a la obra de Marcel Mauss , por
ejemplo. Sus reflexiones sobre el humanismo, sobre
el lugar del individuo en la reflexión sociológica,
sobre la necesaria alienación en lo social se
inscriben, renovándolas, en la continuidad de sus
análisis. Personalmente, aprecio mucho los aportes
de esta época y estoy seguro de que ejercieron una
gran influencia sobre autores como Althusser y
Castoriadis. Es el Lévi-Strauss "preestructuralista"
el que más me interesa y el que me parece más actual
o, al menos, el más pertinente para asomarnos al
mundo contemporáneo.
-¿Qué queda del
estructuralismo? Usted suele citar, entre las obras
de Lévi-Strauss, las de su etapa preestructuralista.
¿Es sólo un gusto o refleja sus convicciones
teóricas?
-La gran empresa
estructuralista refleja una ambición extrema: hacer
el puente entre las estructuras observables en las
creaciones humanas, los sistemas de parentesco y los
mitos, y las estructuras del cerebro humano. Desde
luego, el vínculo puede ser postulado, pero no
identificado y establecido. En sentido opuesto, los
cognitivistas actuales no pueden deducir las obras
humanas a partir de las estructuras cognitivas que
observan en los procesos de aprendizaje. Esto no
significa que este gran proyecto materialista no
estuviera justificado en sus comienzos, pero la
complejidad y la multiplicidad de factores en juego
lo condenan a seguir siendo parcial, incompleto y
virtual; y me atrevería a decir: tanto mejor. Por mi
parte, pienso que la antropología tiene como objeto
principal la relación: entre uno y el otro, entre
los unos y los otros o incluso entre uno y los
otros. Desde este punto de vista, concedo más
importancia al rito que al mito y no disocio el
estudio de las representaciones del de las prácticas
a ellas asociadas. Trato de preguntarme, en forma
paralela, en qué condiciones un enfoque
verdaderamente antropológico de los fenómenos
contemporáneos es posible y el primer Lévi-Strauss,
en ese caso, es para mí más útil que el teórico del
estructuralismo antropológico.
-La obra de Lévi-Strauss
ha sido polémica. ¿Cuáles críticas (excesivo
racionalismo, escaso trabajo de campo, etc.) son
justificadas y cuáles no?
-El hecho de
criticar, en general, es legítimo y normal. Sin
embargo, las críticas a menudo son ligeras. Algunos
le reprocharon a Lévi-Strauss haber escogido los
objetos intelectuales que eligió. Se pueden escoger
otros, pero no podemos cuestionar el principio de
una elección que corresponde a una gran hipótesis
inductiva. Las observaciones sobre el trabajo de
campo son inadecuadas. Es el curso habitual de un
etnólogo tener uno o dos campos de partida que son
también campos de referencia y dedicarse luego a una
antropología más comparatista que recurre a los
escritos de otros. Los viajes y las estancias de
Lévi-Strauss en Japón, además, no hicieron sino
influir en su reflexión. No estoy muy interesado en
tener en cuenta los méritos y defectos de un autor:
lo que me preocupa son los puntos de articulación
con su obra, sus sugerencias y, eventualmente, los
puntos de desacuerdo, pero se trata entonces de una
crítica intelectual, no de una apreciación de los
méritos de la obra. Tratándose de autores
importantes, ésta me parece la actitud más sana.
-En su libro El
oficio de antropólogo, usted señala que éste
necesariamente compromete su subjetividad, lo que lo
acerca al escritor literario. ¿Cómo valora la figura
de Lévi-Strauss como escritor? Hay quienes
consideran su prosa entre las mejores de la
literatura francesa del siglo XX.
-Lo cierto es que
Lévi-Strauss tenía la inquietud de la escritura.
Existen pasajes en su obra que no engañan. ¿Es uno
de los grandes autores de la literatura francesa? No
lo sé. Habrá que ver, con el tiempo, lo que su obra
dirá, en el largo plazo, a otros. Es,
indiscutiblemente, una de las grandes voces del
siglo XX, pero no estoy seguro de que para él la
escritura sea tan esencial y tan íntimamente
personal como para un escritor etnólogo como Michel
Leiris.
Fuente de la
entrevista; Mega24
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