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Crónicas de
aparato
por El Perro Gil
elperrogil@gmail.com
Sol,
mucho sol y consecuentemente, calor, mucho calor
y
color.
A pocas cuadras de 18
de Julio, bajando por la calle Magallanes, se veían
signos tricolores, ¿anticipo del clásico? No!! El V
Congreso Extraordinario del Frente Amplio, Cro.
Zelmar Michelini, era la razón de tanto
movimiento y colorido.
Largas colas para las
acreditaciones presagiaban dilaciones para el
ingreso y nos desmotivaban en forma injustificada.
En efecto, una ejemplar organización hicieron corta
la espera y cada uno fue ingresando en forma ágil al
recinto carbonero, que era el lugar que nos tocaría
en la ocasión (hubieron otras sedes para las
diferentes Comisiones). El ingreso no significaba
sacrilegio alguno para un confeso hincha tricolor,
la compensación fue evidente y la paradoja,
exagerada. El Palacio Peñarol estaba repleto de
banderas tricolores, y más de uno seguro que masticó
su bronca contemplando los colores del eterno rival
invadiendo el templo mirasol. Pero a la postre el
sentido evidente de la convocatoria dejaba de lado
toda connotación deportiva. Y eso que el domingo era
también día de clásico! Pero era tanto lo que nos
jugábamos en la instancia orgánica que pocos
repararon en el detalle.
Las diferentes
comisiones sesionaron con normalidad, y fueron
fecundas en sus discusiones. Sin dudas que la que se
llevaba la atención de muchos era la del Uruguay
Social, donde se discutiría la recientemente
aprobada Ley de Educación. Llevadas al Plenario las
resultas, zafamos por muy poco de tomar resoluciones
que dejaran en offside a nuestros legisladores.
Debo confesar que a
pesar de mis décadas encima soy nuevito en estas
lides y por tanto disfruté mucho la dinámica
congresista. Es notorio que dicho sentimiento es
compartido por todos y cada uno de los asistentes
que se toman la instancia con un sentido de la
responsabilidad que es envidia de otras
organizaciones políticas. Con unción frenteamplista,
más de uno asistió a la instancia a sabiendas de lo
mucho que había en juego y alimentados por la previa
calentita que se había ido gestando.
De pique no más nos
encontramos con las primeras anécdotas que marcaron
esta experiencia, cuando observamos votar
orgullosamente a un compañero que no había reparado
que contaba con Voz y no con Voto (el Reglamento del
Congreso habilitaba un delegado por Comité con
derecho a voto, por lo que si ya estaba registrado
uno anteriormente los que le sucedieran tendrían
solo voz). El punto fue que lo observamos una y otra
vez alzar su mano con el cartoncito azul que lo
delataba, y una compañera no pudo resistir la
tentación de hacerle ver su error, salvándolo del
papelón de ser observado llegado el caso. Luego pudo
hacer ejercicio soberano del voto cuando recuperó la
titularidad perdida, seguramente por la
desacreditación de quien le había anticipado.
Situaciones variopintas de una actividad
ejemplarmente organizada hasta en el último detalle.
Pero lo que más llamó
la atención fue ver el grado de responsabilidad con
que se participaba, haciendo notar a los contadores
de votos cuando éstos no advertían la opción de
algún compañero. Seguramente podría pensarse que
poco importaría tal circunstancia, sin embargo no lo
era para los protagonistas que reclamaban
vehementemente a los mismos la contemplación
correcta de la opción votada. Fue precisamente por
ese protagonismo categórico que ostentaban los
congresistas, que nos dolió escuchar las críticas
del día después. Respeto es lo primero que debió
tenerse ante semejante conducta ciudadana de los
asistentes al Congreso, (y lo dice un primario
absoluto en estas lides).
La cantidad de
asistentes podía presagiar dilaciones prolongadas
que harían estéril todo esfuerzo por encaminar la
asamblea a resoluciones necesarias, sin embargo
apreciamos una dirección atinada y ágil en cada una
de las mesas que presidieron cada etapa.
Particularmente Daisy Tourné, mostró una
ejecutividad y un manejo del sentido común que le
hizo merecedora de varias aclamaciones por sus
resoluciones atinadas y justas que ponían orden y
claridad en cada votación.
Luego vino el tiempo
de la votación de las candidaturas. Tema o eje
central que convocó mucha prensa apostada en el
primer anillo de uno de los lados del recinto.
Cuando presidente del FA, Jorge Brovetto comenzó su
intervención, no volaba una mosca. Solo el zumbido
de un gran ventilador apostado en un muro del primer
anillo único elemento de ventilación en el local-
se oía. El grado de expectativa era tal que ni los
vendedores ambulantes se atrevieron a ofrecer sus
productos en ese intervalo. Asamblea Uruguay hizo
una declaración previa, retirando una moción en aras
del acuerdo al que llegara la comisión de
candidaturas, y eso anticipaba que la cosa venía
peleada.
Y comenzó la
votación. El primer candidato votado fue el Enrique
Rubio, sin dar los resultados se darían todos
juntos después- se esperaba la votación del segundo
cuando se escucharon gritos de aclamación y
aplausos. Entraba Pepe Mujica para ir marcando lo
que sería una realidad minutos después. El palacio
se vino abajo aclamando al indiscutido líder
tupamaro. ¿Maniobra o casualidad? Seguramente el
resultado era incambiado a esa altura y esto solo
anticipó lo que se vendría. Lo extraño era saber por
dónde entró Mujica pues según Brovetto, se habían
cerrado las puertas del Palacio Peñarol para cerrar
el padrón y conocer los benditos 2/3 necesarios para
tomar resolución.
Los resultados son ya
conocidos, discutidos y criticados, pero no dejan de
ser un resultado válido emanado de una asamblea
soberanamente estatuida en los documentos que rigen
la vida partidaria del FA. Si hay que cambiarlos, el
tiempo lo dirá en el futuro, pero hoy por hoy es la
orgánica establecida que hay que respetar y aceptar.
Podrá decirse y se
dijo por estos días- que los asistentes fueron
fundamentalmente militantes de base, esos pequeños
pero indispensables engranajes de un aparato al que
se critica o se valora según sea quien lo califique.
Pero no es menos cierto que es un instituto
establecido en los estatutos que rigen a la fuerza
política, argumentado como válido en la previa y
relativizado luego del mismo. Ni una cosa ni la
otra. O acaso las dos juntas, porque ambos conceptos
son ciertos. Es cierto que el resultado final es
producto del actuar militante y pudo obedecer a la
línea que el aparato les bajó. Pero también es
cierto que ahora serán las elecciones internas las
que sacarán otra foto, con mucho más ángulo, y de la
que esperamos salgan los protagonistas del mural
que nos lleve al próximo gobierno frenteamplista.
Que se vayan peinando
y poniendo lindos, porque los queremos ver juntos
en la misma foto
El hombre y el perro
estaban con la cámara pronta para la toma
LA
ONDA®
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