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Brasil, América del Sur
y los últimos hechos
por el profesor Luiz Alberto
Moniz Bandeira
Ciertos
analistas políticos y la prensa siempre están
resaltando las divergencias y roces que surgen entre
algunos países de América del Sur, principalmente
cuando se dan dentro del Mercosur.
Sin
embargo, dentro de la Unión Europea, todavía
persisten y afloran graves discrepancias y
contradicciones, a pesar de que pasaron casi 60 años
desde que se inició el proceso de integración,
con la constitución de la Comunidad Europea del
Carbón y del Acero, el 18 de abril de 1951. No
obstante los objetivos comunes, Alemania y los demás
miembros de la UE continúan defendiendo sus
intereses particulares, nacionales, debido, inter
alia, a los desiguales niveles de desarrollo,
historia etc. La UE se expandió, incorporando a los
países del extinto Bloque Soviético, pero los
problemas al este de Alemania aún persisten y sus
intereses no siempre coinciden con los de Francia.
El hecho de que Rusia es el país más importante para
Alemania, inclusive porque le suministra más del 40%
del gas que consume, genera diferencias y,
consecuentemente, contradicciones de orientación
política, en mayor o menor grado, con Francia y
otros países de la UE. Factores como estos
condicionan de diferente manera los intereses de
cada país, no sólo en la región en que está situado,
sino también con respecto al resto del mundo.
La
enorme asimetría, tanto territorial y demográfica
como económica, existente entre Brasil y los países
de América del Sur constituye uno de los problemas
que afectan la integración regional.
Tal
asimetría sólo puede ser atenuada en la medida en
que los países de la región se integren y formen con
Brasil y Argentina un espacio económico único en
América del Sur, capaz de competir con China, Rusia,
India, la Unión Europea y los Estados Unidos.
Ecuador, Bolivia y Paraguay son extremadamente
pobres y periféricos, carecen de recursos
financieros y tecnológicos para la explotación de
sus riquezas, y están integrados en la economía
mundial de mercado, regidas por las leyes del
capitalismo, y de la cual no se pueden liberar. En
forma aislada, no tienen perspectiva de desarrollo.
Sin mercado interno suficiente para atraer
inversiones, los países pequeños se tornan
inviables.
Además,
Ecuador y Bolivia, así como Paraguay son países
históricamente inestables, en virtud de sus
condiciones económicas, sociales, políticas y
culturales. En Ecuador, el grueso de su pueblo está
compuesto por indios, cuyo status social siempre fue
el de paria y todavía vive en niveles de extrema
pobreza, sin ninguna perspectiva de progreso.
Desde 1996, ningún presidente
consiguió terminar su mandato.
Seis
presidentes, un Consejo de Estado y una Junta de
Salvación Nacional fueron derrocados.
Y es muy
probable que, más temprano o más tarde, lo mismo
podría suceder con Rafael Correa. Una situación
similar existe en Bolivia, país fracturado
étnicamente, económicamente, socialmente,
políticamente y culturalmente. La estabilidad del
gobierno de Evo Morales es muy precaria. Y, en
cuanto a Paraguay, la estabilidad del gobierno
del presidente Fernando Lugo depende en gran medida
del respaldo de Brasil y de Argentina, que en
los años 1990 trataron de evitar, algunas veces, la
concreción de golpes de Estado en Asunción.
La
política exterior de Brasil se basa en la
comprensión de dichos problemas y por esto evita
tomar actitudes más duras. Entre tanto, la
tolerancia tiene limites, sobre todo cuando sus
intereses comerciales y políticos son atacados,
demagógicamente, por motivos electoreros, como lo
hizo el presidente Rafael Correa contra la
Odebrecht, cuando cualesquier problemas que hubiese
seguramente podrían ser solucionados y resueltos por
la vía diplomática. El comportamiento hostil del
presidente Rafael Correa, con respecto a las
empresas brasileñas Odebrecht, Petrobrás, Furnas y
el BNDES - es de hecho muy extraño, en la medida en
que él se presenta como un hombre de izquierda. Sin
embargo no se puede perder de vista que él hizo su
doctorado en la Universidad de Illinois. De
cualquier forma, lo quiera o no, Rafael Correa está
objetivamente haciéndole el juego a los Estados
Unidos, contra la integración de América del
Sur, que será inviable si no se articula en torno de
Brasil y de Argentina.
Venezuela puede gesticular con el ALBA, pero el
hecho es que no está en condiciones materiales de
constituir un polo de gravitación económica y
política. Si bien posee recursos energéticos, muy
importantes, no dispone de peso industrial y una
masa de recursos que le permitan asumir el liderazgo
de ningún proceso de integración. Pero,
lamentablemente, les falta a los líderes de
izquierda, que han asumido los gobiernos de algunos
países en América del Sur, una visión estratégica
global y experiencia diplomática.
* Cientista político,
profesor titular jubilado de historia de la política
exterior de Brasil en la Universidad de Brasilia (UnB),
autor de más de 20 obras, entre las cuales, las más
recientes, Fórmula para el caos - la caída de
Salvador Allende (1970-1973) y Formación del Imperio
Americano (De la guerra contra España a la guerra
de Irak), por la cual recibió el Trofeo Juca Pato,
elegido por la UBE como Intelectual del Año de 2005
Traducido para LA ONDA digital por
Cristina Iriarte
LA
ONDA®
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