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Cumbre de Poznan el
Protocolo de Kyoto y
los nuevos plazos
por Carlos Miguélez Monroy
Los
representantes de los países emergentes reclaman un
“derecho a desarrollarse”. Los países del Norte
condicionan los “recortes” de sus emisiones a que
los países en desarrollo claudiquen en su ascenso
hacia la “modernidad”.
En la Cumbre de Poznan -
Polonia, los Estados que han ratificado el Protocolo
de Kioto han fijado algunos plazos para reducir de
manera significativa las emisiones. También han
vuelto a dejar importantes decisiones para futuras
cumbres. Ganan tiempo e intentan negociar
condiciones a su favor.
Para cambiar ese orden de las
cosas en materia medioambiental, quizá quepa
plantear desde la sociedad civil lo que se entiende
por “desarrollo”.
Los países emergentes se
refieren al modelo de superproducción a partir de
mejoras técnicas que extendió Europa a partir de su
expansión hace 500 años. La falta de conclusiones
prácticas y de acción en materia medioambiental de
estas cumbres refleja el desfase del concepto de
desarrollo en un mundo tan interdependiente. Sobre
todo, es un modelo que pone en peligro la vida de
millones de especies, incluida la humana.
El paradigma social y cultural
basado en el consumo que ha cristalizado en todo el
planeta depende de la producción cada vez más
voluminosa de bienes. Hoy por hoy, la explotación de
los recursos naturales sostiene ese modelo, que ha
provocado el cambio climático. La tenacidad de la
comunidad científica ha contribuido a la
sensibilización en materia de cambio climático.
Sin embargo, los efectos de la
producción de gases han eclipsado otras formas no
menos importantes de degradación medioambiental y
social en manos de la población mundial en su fiebre
de recursos para ‘desarrollarse’. La puesta en
peligro de especies como el atún rojo muestra la
falta de voluntad de los Estados para regular su
actividad pesquera. La creencia de que la
destrucción del medioambiente es un mal necesario
para el desarrollo convertirá muchas especies
animales y vegetales en objetos de museo para
nuestros hijos.
La sociedad desconoce en gran
medida que un mineral llamado Coltan hace posible la
existencia de mucha de nuestra tecnología punta
moderna. El 80% de las reservas de ese mineral están
en el Congo, asolado por guerras internas promovidas
desde fuera y donde niños mal alimentados arriesgan
su vida para extraer el codiciado mineral.
Uno ve que no hay en las calles
de la ciudad más espacio para los coches. Luego lee
en los periódicos los titulares que alarman no tanto
por los despidos de trabajadores del sector
automovilístico, sino por el descenso en las ventas
de coches. Luces encendidas día y noche en las
grandes superficies comerciales, más ahora por la
Navidad, gente con iPODS, teléfonos móviles,
computadoras portátiles, las agendas electrónicas
por todos lados. La costumbre nos ha amortiguado la
sensibilidad, como sostenía Kant. Pero a veces dan
ganas de preguntar si necesitamos todo eso para
vivir o si, más bien, vivimos ya para todo eso y
pensamos que no podemos hacerlo de otra manera.
Sin embargo, es difícil
resistir los embates externos; más fácil resulta
ponerse los audífonos del iPOD para dejar de pensar.
De eso tratan el modelo de consumo y los medios de
comunicación de masas: bombardear para no dejar
tiempo para pensar. Un poco de noticias de
crispación política entre uno y otro partido. Luego
catástrofes naturales, otro poco de violencia
machista, otro tanto de deportes, un poquito de
guerra en Oriente Medio y de terrorismo. Para
rematar, un espacio considerable dedicado al clima,
provincia por provincia, como si nuestro
subconsciente delatara nuestra responsabilidad en
los gritos de un planeta herido de tanta ceguera
humana.
No se trata de ningún
planteamiento “antisistema”, sino de pararse a
pensar el sentido de las cosas ahora que comienza un
nuevo año y se presenta una nueva oportunidad para
intentar ser mejores. Ser mejor no es tener más,
sino necesitar menos.
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