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Crisis de un sistema que
dejó a los bancos especular
El presidente Sarkozy desde
Brasil
Nadie resuelve los problemas hoy sin
Brasil, dijo el presidente de Francia, Nicolás
Sarkozy al visitar este país durante esta semana. El
presidente francés en entrevista con el periodista
brasileño Clóvis Rossi publicado en el diario Folha
de S.Paulo defendió la “refundación del
capitalismo”. Lo que sigue son los tramos
fundamentales de esa entrevista traducida al español
por La ONDA digital.
-
¿Qué quiere decir usted con “refundación del
capitalismo”?
- Tengo la convicción de que la crisis financiera que
estamos atravesando no es una crisis del
capitalismo: es la crisis de un sistema que se
distanció de los valores más fundamentales del
capitalismo. Es la crisis de un sistema que fue
progresivamente dando primacía al especulador
sobre el emprendedor. Es la crisis de un sistema
que llevó a los agentes económicos a asumir cada vez
más riesgos, y riesgos cada vez más inconsecuentes.
Es la crisis de un sistema que dejó a los bancos
especular en los mercados en vez de cumplir su rol,
que es financiar la inversión y el desarrollo. El
capitalismo no es la ley de la selva, no es la
irresponsabilidad generalizada, no es la primacía de
la especulación.
Cuando hablo de
“reconstrucción del capitalismo” quiero decir que
debemos volver a los verdaderos valores de la
economía de mercado, los que ubican al emprendedor y
al desarrollo en el centro de la economía.
Debemos reconstruir un capitalismo regulado, un
capitalismo donde los bancos cumplan con su papel,
un capitalismo donde el riesgo sea evaluado,
asumido, donde las agencias de evaluación tengan un
comportamiento irreprochable y sean controladas, un
capitalismo fundado en la transparencia y no en la
capacidad. Fue esto lo que propuse y que comenzamos
a construir, todos juntos, el 15 de noviembre
pasado, en la reunión del G20 en Washington.
En Washington, las
economías más grandes del mundo, estuvieron de
acuerdo sobre la necesidad de una reactivación
económica en el ámbito mundial, de una nueva
regulación de los mercados financieros, de una nueva
gobernabilidad económica mundial, más abierta a los
países emergentes, y del rechazo al proteccionismo.
La cúpula posibilitó avances extremadamente
concretos en materia de vigilancia de las agencias
de evaluación, de mejora de la regulación, sobre
todo en materia contable y de regla prudencial, o en
lo que se refiere a la política de remuneración en
los bancos. También decidimos abrir el Foro de
Estabilidad Financiera a los países emergentes.
La cúpula de
Washington fue el marco de un cambio de rumbo. Lo
que estamos descubriendo desde entonces sobre las
prácticas de determinados financistas y las lagunas
en la regulación tal como es practicada hoy refuerza
en nosotros la idea de que precisamos cambiar
rápidamente las cosas para devolver la confianza a
los ahorristas, a los inversores, a todo el mundo.
No tengo duda de que el próximo G20 nos permitirá ir
aún más lejos.
– Hasta ahora todos
los programas de ayuda a los bancos produjeron
magros resultados en materia de liberación de
créditos. ¿Qué falta para que retorne la confianza?
– Los programas a que se refiere ya nos permitieron evitar
que el sistema financiero mundial se desmoronase
totalmente. No es lo que yo llamaría un magro
resultado. No se olvide de que pasamos a dos dedos
de la catástrofe, cuando, con la quiebra de Lehman
Brothers, pasamos de una grave crisis financiera a
lo que los economistas llaman crisis “sistémica”,
una crisis de confianza generalizada en el sistema
financiero y un riesgo de quiebras en serie de las
instituciones financieras. Fue lo que hicimos en
Europa, al adoptar un plan de salvataje que
comprendía garantías importantes sobre los préstamos
interbancarios, que son el pulmón del sistema
financiero, y al intervenir puntualmente para ayudar
a cierto número de bancos en dificultades.
¿La situación del
crédito habría vuelto con esto a la normalidad? Es
evidente que no, estas cosas llevan tiempo. En
Francia, estuve varias veces con los representantes
de los bancos y fui bien claro sobre el siguiente
punto: aquellos a quienes estamos ayudando por medio
de los bancos son las empresas y las familias, y no
los accionistas de las instituciones financieras.
Creamos un “Sr. Crédito”, cuya misión es garantizar
que las pequeñas y medianas empresas tengan
efectivamente acceso a los financiamientos.
Se hicieron 50 mil
contactos por medio de dirigentes de empresas o de
familias para que obtuviéramos informaciones. Esto
nos permitió profundizar las decisiones de los
bancos en 500 casos y evitar quiebras. No nos
conformamos con principios o inyecciones de miles de
millones. Examinamos caso a caso para encontrar una
forma de resolver las dificultades.
La prioridad ahora es
devolvernos la confianza a los agentes económicos
por medio de medidas adecuadas para la reactivación.
Nuestra responsabilidad es enviar señales políticas
significativas, y la primera de ellas es continuar
coordinando de manera estrecha nuestros esfuerzos.
– Hay muchas críticas
a la Unión Europea, que dicen que fue incapaz de
actuar en conjunto. ¿Recuerda la famosa frase de
Henry Kissinger: “Si yo quisiera hablar con Europa,
qué número de teléfono disco?” A la Unión
Europea,¿le falta capacidad de acción conjunta?
– Lo que vimos en las últimas semanas fue exactamente lo
inverso de lo que usted me acaba de describir. Vimos
una Europa unida, una Europa determinada, una Europa
que actuó. No sólo Europa reaccionó a la crisis de
manera coordinada sino que estuvo a la vanguardia de
las iniciativas tomadas a nivel mundial. Fue el
plan adoptado por los europeos el 12 de octubre, en
la cúpula de la Zona del Euro, y después, los días
15 y 16 de octubre, en el Consejo Europeo, lo que
inspiró el plan americano “Paulson 2”. También fue
Europa que propuso y obtuvo la reunión del G20, en
Washington, que resultó en la adopción de medidas
extremadamente concretas, y que se reunirá
nuevamente el día 2 de abril en Londres. Y fue
incluso Europa que, durante el Consejo Europeo de la
semana pasada, estuvo entre los primeros en
implementar orientaciones decididas en Washington.
En esta crisis, no
sólo Europa poseía un número de teléfono, sino que
tenía sobre todo, una voluntad y una solidaridad
inquebrantable. Esta Europa unida y en la vanguardia
también es la que puso fin a la crisis entre Rusia y
Georgia, y es la que posibilitó avances históricos,
ya sea en la lucha contra el calentamiento global,
como también en el área de defensa e inmigración.
Europa tiene hoy en día conciencia de que nunca es
tan fuerte como cuando está unida.
Traducido para LA
ONDA digitalL por
Cristina Iriarte
LA
ONDA®
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