¿Por qué EEUU desde hace
50 años enfrenta a Cuba?
por el profesor Luis Moniz Bandeira

El primero de enero se cumplieron 50 años del triunfo de la revolución en Cuba. El proceso de transformación económica, social, política, ideológica y cultural que da inicio en 1959, es uno de los acontecimientos más significativos

del siglo XX.

 

Uno de sus rasgos más destacados de este proceso es haber enfrentado con éxito a una de las potencia mas poderosas -     económica y militar-  que ha pretendido someterla por las vías militares abiertas y encubiertas, bloqueos económicos,

políticos y diplomáticos

 

El historiador y politólogo Luis Alberto Moniz Bandeira escribió el libro “De Martí a Fidel”, donde entre otros aspectos de esa singular revolución analiza el origen del enfrenamiento con los EEUU. Lo que sigue es un breve fragmento de este libro donde el profesor Moniz Bandeira

contextualiza el origen de este enfrentamiento.

 

“… Cuando los sentimientos anti Estados Unidos se exacerbaban en América latina, la revolución en Cuba triunfó. Tanto Fidel Castro como Che Guevara preveían y, hasta cierto punto, deseaban el enfrentamiento con los Estados Unidos, que se les figuraba inevitable, en la medida en que el gobierno revolucionario, al ampliar la reforma agraria, alcanzase sus empresas, como la United Fruit, propietarias de grandes latifundios en los cuales más del 40% de las tierras permane­cían ociosas.  Así había sucedido en Guatemala y este síndrome condi­cionó sus actitudes, lo que hizo de la Revolución Cubana, más que un acontecimiento nacional, un fenómeno latinoamericano, reflejando las contradicciones no solucionadas entre los Estados Unidos y el resto del hemisferio.

 

De ahí su impacto y la inmensa popularidad que alcan­zó. Efectivamente, las condiciones económicas, sociales y políticas específicas de Cuba, aunque similares a las de otros países del Caribe y de América Central, posibilitaron el éxito de las guerrillas, a partir del foco instalado en Sierra Maestra. Pero fueron las experiencias de Boli­via y de Guatemala las que constituyeron el parámetro e inspiraron la forma por la cual Castro y Che Guevara trataron de consolidar la revo­lución en Cuba. Che Guevara, amargado por la facilidad con que el putsch contra Jacob Arbenz había triunfado, siempre dijo que "Cuba no será otra Guatemala", lo que repetiría, varias veces, durante una con­versación con Jánio Quadros, cuando éste visitó La Habana (abril de 1960), todavía como candidato a la presidencia de Brasil.

 

Aunque algunos de sus dirigentes, como Ernesto Che Guevara y el propio Fidel Castro gestasen ideas marxistas, ellos no eran afiliados ni estaban comprometidos con ningún Partido Comunista, no obedecían ni aceptaban las directrices políticas de Moscú y no era inevitable, por consiguiente, que la Revolución Cubana evolucionase hacia el estalinis­mo y su forma de gobierno. Esto sucedió en la medida en que la Unión Soviética configuró para Fidel Castro y sus compañeros la única opción internacional de apoyo a la defensa de la soberanía y de la autodetermi­nación de Cuba, vis-a-vis de las presiones puestas por los Estados Uni­dos, cuando las primeras medidas de la reforma agraria alcanzaron las propiedades de la United Fruit Co. "The Soviet Union was one alterna­tive power to which these radical nationalists could turn" -ponderó el politólogo norteamericano Cole Blasier, con toda justicia.

 

Y fue Eisen­hower, en 1959-1960, quien empujó a Fidel Castro en su dirección, al cortar la cuota del azúcar, suspender los suministros de petróleo, mante­ner el embargo para la compra de armamentos y organizar una fuerza de asilados para invadir Cuba y derrocarlo. Con razón, otro científico, Mar­tin C. Needler, destacó que no era inevitable que la Revolución Cubana evolucionase al punto de identificarse con la doctrina comunista y su forma de gobierno.

 

En verdad, como él observó con mucha lucidez, la Unión Soviética nunca aceptó completamente a Castro como un auténti­co comunista, en el sentido en que ellos lo entendían, y Castro sólo de forma irregular acompañó el liderazgo de la Unión Soviética en la políti­ca internacional e introdujo nuevos elementos de discordia en el campo comunista, ya dividido en varias facciones.

 

El conflicto ideológico con China, en que Mao Zedong acusaba a la Unión Soviética de revisionismo por defender la vía pacífica para el socia­lismo, fue, entre otros factores, lo que llevó a Kruschev a sustentar, más decididamente, el régimen revolucionario de Fidel Castro, no obstante sus herejías. Si fallaba en el apoyo a Cuba, su posición quedaría debilita­da vis-á-vis de China, dentro del movimiento comunista internacional, que con ella disputaba.

 

En realidad, no fueron los comunistas los que se adueñaron de Castro. Fue Castro quien se adueñó de los comunistas -destacó Cole Blasier. A fines de los años 1980, apenas dos de los anti­guos dirigentes del PSP -Blas Roca y Carlos Rafael Rodríguez- integraban el Buró Político del Partido Comunista de Cuba. Por tales motivos, in ter alía, no se puede analizar la Revolución Cubana bajo el prisma que se pasó en el Este Europeo, luego de la Segunda Guerra Mundial.

 

 Ella no derivó de una intervención del Ejército Rojo o de una operación encu­bierta de la KGB, en el contexto del conflicto Este-Oeste, no constituyó una consecuencia de la Guerra Fría, en la cual, no obstante, se insertó, envolviendo a América latina, debido, sobre todo, a las contradicciones con los Estados Unidos que la Unión Soviética trató de aprovechar en función de sus intereses estratégicos, como en el caso de la instalación de misiles balísticos dentro de Cuba en el curso de 1962.

 

De este modo, al contrario de lo que ocurriera en Europa, donde el gobierno soviético, a partir de la dirección de Stalin, había oprimido las nacionalidades y, des­pués de la Segunda Guerra Mundial, extendido su dominio a los demás países del Este, las agresiones a la soberanía de Cuba, desde los primeros años de su independencia, siempre partieron de los Estados Unidos. Y la amenaza de invasión, reencendiendo y agravando resentimientos históri­cos, se tomó permanente luego de la victoria de la revolución de 1959, y de ahí constituyó un factor determinante en la política interna y externa de Fidel Castro.

 

Los Estados Unidos no le dejaron otra opción, sino identifi­carse más y más con el comunismo y su forma de gobierno, a fin de asegu­rar el respaldo económico, político y militar de la Unión Soviética. Y la sin­gularidad de estar Cuba situada en las proximidades de los Estados Unidos y de ser el único estado comunista establecido en su órbita de influencia amplificó, más que en los países socialistas del Este Europeo, los senti­mientos antinorteamericanos, que se volvieron más importantes que el marxismo-leninismo como fuerza para la movilización de las masas frente a la amenaza de intervención militar extranjera.

 

Esta amenaza no se con­sumó, después de la malograda invasión de la Bahía de Cochinos, sólo por­que el gobierno norteamericano, en principio, no contó con el apoyo de los más grandes países de América latina, sobre todo Brasil, Argentina, Chile y México.

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