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Caroline Kennedy, víctima
del periódico New York Times
No
es la primera vez que el mencionado diario
estadounidense se ve inmerso en polémicas por la
ausencia de verificación de la información que
publica y por su parcialidad política.
En el más reciente capítulo del
decline del New York Times, diario otrora respetado
por su rigurosidad periodística, el pasado 22 de
diciembre el tabloide newyorkino se vio obligado a
publicar una disculpa pública por difundir una carta
falsa, atribuida al alcalde de París, donde se
criticaba el intento de Caroline Kennedy, hija del
asesinado presidente John F. Kennedy, de convertirse
en Senadora de los Estados Unidos. No es la primera
vez que el mencionado diario estadounidense se ve
inmerso en polémicas por la ausencia de verificación
de la información que publica y por su parcialidad
política. Sus deslices informativos han abarcado
variados temas, desde asuntos locales hasta la
invasión aIrak y el golpe de estado en Venezuela.
Las Mentiras del Times
Casos famosos, como el del
reportero Jayson Blair, pusieron seriamente en tela
de juicio la credibilidad del diario. Blair fué
finalmente despedido en el 2003, después de 4 años
trabajando a tiempo completo para el Times, cuando
para la fecha ya había escrito mas de 600 artículos
y reportajes nacionales llenos de errores y abiertas
mentiras, publicados en el diario newyorkino sin
mayor verificación.
Pero no es solamente la falta
de rigurosidad y estándares periodísticos lo que ha
minado la credibilidad del diario. Su creciente
parcialidad política, a veces solapada y otras veces
mas evidente, ha sido otro de los factores en su
cuestionamiento. Uno de los casos mas relevantes fue
su rol en la difusión de la propaganda belicista
para justificar la invasión y ocupación deIrak.
La Guerra del Times contra Irak
Los editoriales y artículos
escritos por Michael Gordon y Judith Miller en el
preludio a la invasión; dieron la credibilidad
necesaria a la propaganda diseminada por la Casa
Blanca, de que Irak efectivamente estaba lleno de
armas de destrucción masiva y a punto de desarrollar
armas nucleares.
Por supuesto el New York Times
no fue el único. La inmensa mayoría de los grandes
conglomerados mediáticos en los EE.UU. siguieron la
misma línea dictada por la administración de Bush.
La diferencia es que el Times, con una supuesta
reputación de liberal y equilibrado, proporcionó la
credibilidad moral que otros medios abiertamente de
derecha, como por ejemplo Fox News, no tenían.
El escándalo generado, cuando
se reveló que nunca hubo tales armas, obligó al
diario a escribir un editorial en mayo del 2004
donde reconocía la falta de credibilidad de sus
fuentes y la desinformación que originó. Pero este
editorial llegó dos años tarde, cuando la brutal
invasión ya había causado la muerte de millares de
inocentes. Detalles de la campaña desinformativa del
Times pueden obtenerse en el libro En la Cama con el
Enemigo de Amy y David Goodman, periodistas
independientes estadounidenses, quienes le dedican
un capítulo entero titulado Las Mentiras del Times.
El Caso Venezuela
En lo referente a la cobertura
de Latinoamérica, el diario también ha seguido, en
mayor o menor medida, la línea de la Casa Blanca.
Caso patente es Venezuela, donde el Times publicó un
editorial el 13 de abril del 2002 justificando y
celebrando el golpe de estado contra el gobierno
constitucional del Presidente Chávez. Escribió el
Times:
La democracia venezolana ya no
está mas amenazada por el cuasi- dictador (Chávez)
porque los militares han intervenido y entregado el
poder a un respetado hombre de negocios (Pedro
Carmona). Seguidamente el editorial enumera una
lista de razones para justificar el golpe, evitando
cuidadosamente referirse al hecho como un golpe,
coincidiendo al pie de la letra con la versión
difundida previamente por la Casa Blanca.
Dos días después, ya retornada
la constitucionalidad a Venezuela, el Times
escribiría: "En tres años en su cargo, el Sr. Chávez
ha sido un líder tan divisivo y demagogo que su
forzada partida la semana pasada atrajo aplausos
tanto en su país como en Washington. Esa reacción,
que nosotros compartimos, no tomó en cuenta la
manera antidemocrática en que fue removido. Sacar
por la fuerza a un líder democráticamente electo,
sin importar que tan malo haya sido, nunca es algo
para celebrar. Así rectificó el Times su apoyo a un
golpe de estado que barrió con las instituciones
democráticas de un país y causó luto a decenas de
familias.
Pero lejos de rectificar, el
diario ha continuado de manera sistemática sus
ataques en contra del gobierno constitucional
venezolano. Los artículos de su corresponsal para
Venezuela, Simón Romero, son una mezcla de la mejor
inventiva de Jayson Blair combinada con la agenda
política de Michael Gordon y Judith Miller. Como
muestra algunos ejemplos:
El pasado 20 de agosto del 2007
el Times se vio obligado a publicar un derecho a
réplica del profesor de la Universidad de Oriente
Steve Ellner, quien manifestó que las supuestas
declaraciones suyas en un artículo de Romero eran
falsas. El artículo descalificaba la propuesta de
reforma constitucional. Vale la pena acotar que
estas réplicas son difundidas por el diario en una
nota pequeña en las paginas posteriores de la
edición, sin la misma publicidad y visibilidad que
reciben los artículos de Romero.
¿Campaña mediática?
Pudieran El Times y Romero
argumentar que fue un error involuntario, sin
intencionalidad política; pero cuando estos errores
coinciden repetidamente con campañas mediáticas,
diseñadas para apuntalar la política
intervencionista de la Casa Blanca, como pasó con
Irak, se levantan inevitablemente las sospechas.
En mayo 17 del 2007 Simón
Romero escribió un artículo pomposamente titulado:
Gastos en armamento de Venezuela la elevan a los
Primeros Lugares del Mundo donde, al mejor estilo de
Judith Miller, cita fuentes del gobierno
estadounidense para afirmar que: El gasto militar de
Venezuela ha escalado a mas de 4 billones de dólares
en los pasados dos años transformando a la nación en
uno de los mas grandes compradores de armas de
latinoamericana y colocándola arriba de otros
grandes compradores en el mercado de armas
internacional, como Irán y Pakistán dicho artículo,
como era de esperarse, tuvo una extraordinaria
difusión en las agencias de noticias y periódicos a
lo largo y ancho del planeta, pero especialmente en
los Estados Unidos.
En una revisión a simple vista
del artículo resaltan dos cosas: Primero, la total
falta de verificación de la información contenida,
la cual no resiste el mas mínimo análisis, ya que ni
siquiera en la subregión Venezuela está entre los
tres primeros (el gasto militar de Venezuela esta
por debajo de Brasil, México, Chile, Argentina y
Colombia). Segundo, se observa la marcada intención
con fines políticos al citar a Venezuela en la misma
línea con Irán, que según la Casa Blanca está
desarrollando un programa atómico con fines bélicos,
y Paquistán, país islámico que posee armas atómicas
y en cuyo territorio operan grupos islámicos
extremistas.
Este artículo tiene la obvia
intención de colocar a Venezuela exactamente donde
la administración de Bush ha querido colocarla desde
que fracasó el golpe de estado del 2002; es decir,
como una fuerza desestabilizadora de la región
(según palabras de la propia Secretaria de Estado
Rice), hostil, inestable, aliada al extremismo
islámico internacional y con intenciones de obtener
armas de destrucción masiva. ¿Suena familiar?
Si a esto le agregamos los
otros elementos insistentemente repetidos por Romero
una y otra vez en sus artículos sobre Venezuela
(ausencia de libertad de expresión, violación de los
derechos humanos y políticos, caos económico, crimen
y violencia, descontento general, impopularidad de
Chávez, etc.) obtenemos un peligroso coctel con
todos los componentes necesarios para justificar una
intervención en nombre de la estabilidad regional.
De continuar esta peligrosa
tendencia, pudiera afirmarse que el New York Times
está en el ocaso del periodismo, en camino a
convertirse plenamente en una herramienta de
desinformación y guerra psicológica, al servicio de
los intereses de los sectores mas conservadores de
la elite que controla el poder militar, político y
económico en los Estados Unidos.
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