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“Che, el argentino”,
un Che tal cual
por José Luis Olascuaga
El
norteamericano Steven Soderbergh consiguió treinta
millones de dólares en Francia y en España porque en
Estados Unidos no se los daban para semejante
propósito. Pero la película la distribuye la Fox y
será un éxito en todo el mundo porque tiene los
ingredientes necesarios para serlo. Para empezar,
Soderberhe se dio el gusto de hacer la película
bélica con el más atrayente mito posible, el Che
Guevara. Los antecedentes marcaban tendencia, una
caricaturesca con Jack Palance y Omar Shariff fue un
fracaso. En tanto que la artesanal Diario de
Bicicletas, asomó una puntita de lo que podía hacer
la industria con semejante figura.
Benicio Del Toro
comprendió la magnitud de esa ocasión única en la
gran industria cinematográfica y en mi opinión es el
responsable de que Che, el argentino
sea la mejor película de Soderbergh que vi hasta
momento en que aún no se ha estrenado Che,
guerrilla. A mí no me impresionó gran cosa
Traffic y me aburrió Sexo, mentiras y videos.
Del Toro estudió obsesivamente a Guevara como si la
mirada del Che le hubiese exigido esa tarea. La
actuación de Del Toro es, por lejos, lo mejor de la
película., cuya duración de más de cuatro horas hizo
que fuese exhibida en dos partes.
La primera (Che,
el argentino, la que se estrenó la semana
pasada) comienza y termina con el encuentro del Che
con Fidel en México en 1956, narrando luego la
peripecia del Movimiento 26 de julio hasta el
triunfo de la revolución. El guión recurre a
Flashbacks de una entrevista que le hizo una
periodista estadounidense a Guevara en Nueva York en
ocasión de la visita del dirigente cubano, que fue
marcada por el famoso discurso del Che en las
Naciones Unidas en 1964.
Las secuencias que
incluyen el material documental están montadas en
blanco y negro, lo que permite al espectador
diferenciar claramente el momento en que transcurre
cada acción (además de los subtitulados con fechas)
porque la aventura de Sierra Maestra, la toma de las
villas, la batalla de Santa Clara y el viaje final
hacia La Habana están en color, no demasiado
intenso, de una fotografía jugada a la discreción y
a lo esencial.
El personaje de Fidel
(que en la película es secundario) también esta muy
bien caracterizado por Damián Bichir, pero los que
le dan el toque western a la trama son los de Camilo
Cienfuegos, Almeida, El Baquerito y, por supuesto,
el Che.
El rigor histórico de
lo que ha elegido Soderbergh para mostrar es
indiscutible. Se ajusta a los documentos existentes.
La película toma partido por su protagonista
(ninguna obra sobre él puede ser indiferente) pero
lo humaniza completamente, también a partir de datos
históricos y sobre todo por la comprometida
actuación de Del Toro.
Todos tendremos algo
más para pedirle a la película. A mí me hubiese
gustado alguna secuencia del adiestramiento con el
General Bayo. Una espectadora me comentó que hubiese
preferido otros pasajes del discurso en la ONU. Pero
ya la primera parte dura más de dos horas y si
Soderbergh logró que pasen volando es porque cortó
cinta y personajes sin pruritos y se ciñó al relato
que optó realizar y a los temas de mayor actualidad
quizá y acaso también de mejor recibo en los
mercados donde espera recuperar la inversión.
No faltan en el
libreto los guiños para iniciados ni una buena
compilación de los más ingeniosos diálogos y
anécdotas que dejó aquella gesta tan decisiva,
mítica y heroica que marcó al siglo XX. La técnica y
la sabiduría narrativa de Hollywood (el equipo es
norteamericano) al servicio del lenguaje
cinematográfico se potencian cuando tratan con
estricto realismo una historia real.
La película ha sido
aclamada en Cuba. Eso no sorprende. No se deja matiz
de la actual línea oficial del Partido Comunista
Cubano sin contemplar (aunque el Granma pida más
profundidad y calor para Fidel) y el conjunto del
mensaje, rematado con la canción de Silvio Rodríguez
Fusil contra fusil, es de una eficacia
implacable. Lógicamente que en Sierra Maestra no
aparece Ochoa, pero no se deja ningún otro tema
polémico en el tintero. La visión del imperialismo
estadounidense, de la independencia de Cuba, de los
fusilamientos, de la corrupción, es la del Che tal
cual, con toda su severidad y su idealismo, con su
dureza sin peder la ternura y el carisma que ha
imantado a millones de camisetas en el mundo y de
banderas de equipos de fútbol. Camisetas y banderas
que de buen modo Soderbergh carga de contenido.
Porque el ejemplo del triunfo de la voluntad en
Guevara va mucho más allá de la revolución y de la
política. Sirve para todos los que actúen con
radical honestidad.
Otra cuestión que la
película no escatima a la discusión ideológica es el
valor de las individualidades. Está en una de las
preguntas de la periodista, en la respuesta del Che,
pero sobre todo en la acción.
Che,
el argentino
me parece la mayor atracción
de nuestra cartelera actual junto con otra joya de
Isabel Coixet (la de La vida secreta de las
palabras) llamada La elegida basada en la
novela El animal moribundo de Philip Roth.
Che... y La elegida son por sus temáticas
y tratamientos películas casi antagónicas y, sin
embargo, de algún modo se complementan. La de la
Coixet es un ejemplo de cómo enternecerse sin perder
el rigor estético.
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