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¿Qué hacer con el
capitalismo y el mercado?
Se preguntan en el F S M y en
Davos

¿Qué hacemos con el
capitalismo?
Juan Arias (Belém Brasil)
… Sin embargo, aunque la
pregunta sobre el futuro del capitalismo es el
denominador común de los debates y conferencias del
foro (de Belém Brasil), no existe consenso acerca de
cómo o con qué sustituirlo.
En las discusiones se perfilan
dos tendencias: por un lado, la de quienes quieren
sustituir el capitalismo por otro sistema económico,
sin especificar cuál. Algunos, como el Movimiento de
los Sin Tierra (MST), abogan por una vuelta al
socialismo. ¿Pero qué socialismo? Eso ya es más
difícil de definir, a pesar de que varios expertos,
como el sociólogo español Ignácio Ramonet, pidió que
el FSM emprenda batallas comunes con los Gobiernos
de ruptura con el capitalismo, como los de
Venezuela, Bolivia y Ecuador.
"Mercado socialmente
responsable"
La segunda tendencia, más
moderada, es la defendida por uno de los creadores
del foro, Oded Grajew, quien propone como
alternativa al sistema que se ha roto lo que
califica de "capitalismo socialmente responsable".
En vez de mercado libre, pide un "mercado
socialmente responsable, con una democracia más
participativa". No rechaza la existencia de empresas
privadas, pero siempre, puntualiza, "que sean
controladas socialmente".
Junto a la pregunta de qué
hacer con el capitalismo, otro interrogante suena
con fuerza en el foro de Belém: ¿dónde tenían los
Gobiernos del mundo esos miles de millones de
dólares que ahora se sacan de la manga para salvar
el sistema financiero y de los que carecían cuando
se trataba de invertir en educación o sanidad?
Si desde su primera edición, en
2001, el foro social se presentó como contrapunto al
de Davos, este año el antagonismo no puede ser más
evidente y puntual.
El Partido de los Trabajadores
(PT), que gobierna en Brasil y al que el foro acusa
de haber renunciado a sus raíces de izquierda, ha
movilizado a 3.000 militantes para preparar un clima
favorable a la llegada del presidente, Luiz Inácio
Lula da Silva, que este año ha preferido asistir al
encuentro de Belém en lugar de al de Davos. Según
alguno de sus asesores, parece que el presidente
arremeterá con fuerza contra el capitalismo y contra
los que han originado la crisis financiera
internacional.
No ha sido aún confirmada la
participación de Lula en el debate previsto entre
los Sin Tierra y los presidentes de Venezuela, Hugo
Chávez; Bolivia, Evo Morales, y Paraguay, Fernando
Lugo. El MST, al parecer, no ha invitado a Lula, con
quien mantiene numerosas diferencias.
En Davos se perjuran del
fundamentalismo
del libre mercado
Andy Robinson
… Davos- Suiza, el que
fue el epicentro de la globalización optimista,
ha perdido su autoestima. La desconfianza que sigue
paralizando partes del sector financiero contagiaba
a tertulianos en rústicos hoteles alpinos de cinco
estrellas. Cuando Stephen Roach, director asiático
de Morgan Stanley - anteriormente tachado de
agorero-vaticinó tres años de crecimiento mundial
del 2,5%, el más bajo desde la Segunda Gguerra
Mundial, se le tachó de optimista. "Steve no quiere
asustar a los medios", afirma John Studzinski,
ejecutivo multimillonario del fondo de inversiones
Blackstone, famoso por su exquisita colección de
Picasso y Man Ray. "Este año, los analistas más
respetados en Davos son quienes, como Nouriel
Roubini, no descartan una depresión al estilo de
Japón en los años 90. Hasta Bill Gates, empresario
icónico de la sonriente nueva economía, dijo que
temía que la crisis duraría cuatro años más.
Pero aún más sorprendente que
ese cambio brutal de la psicología del hombre de
Davos es que la elite global representada aquí -
defensora durante décadas de la globalización
desreguladora made in USA-ya desconfía no sólo del
modelo estadounidense, sino también de la
racionalidad del mercado. "Es un poco extraño porque
ahora todo el mundo está de acuerdo conmigo; no hay
nadie dispuesto a ponerse de pie y defender las
teorías de mercados eficientes", explica Robert
Shiller, economista de Yale y autor de El estallido
de la burbuja, en una entrevista con Dinero.
Este año, muchos banqueros de
Wall Street optaron por esquiar en Colorado tras
publicarse que, incluso después de recibir ayudas
federales para evitar la bancarrota, se habían
repartido 18.400 millones de dólares entre los
ejecutivos bancarios. Sendos artículos en diarios
influyentes, el International Herald Tribune y The
Wall Street Journal, plantearon la posibilidad de
una convergencia global en torno a un modelo
económico más regulado, con mayor intervención
estatal, menos desigualdad y hasta con una amplia
red de protección social. "Todos sabemos que ese
fundamentalismo del libre mercado es un error",
asegura Ken Rosen experto del sector inmobiliario de
la Universidad de California. "Alemania y Japón son
un modelo mucho mejor".
Con Barack Obama en la Casa
Blanca y una Administración china que, según su
propio banco central, cree que la seguridad de redes
básicas de protección social es la única manera de
lograr que los chinos se lancen al supermercado en
vez de ahorrar tanto, es posible que las dos
megaeconomías deriven hacia el modelo europeo,
sostiene Rosen. Ken Rogoff, ex economista jefe
delFMI y asesor del candidato republicano John
McCain, es el principal defensor de esta tesis pese
a lamentar el proceso: "Hemos elegido a un
presidente y a un Congreso democrático comprometido
en reforzar los sindicatos, mejorar la desigualdad
de la renta, combatir el cambio climático... vamos
hacia un programa más europeo", explica. "Y en
China, por defecto, también se han dado cuenta de
que eso es lo que hace falta: el motor se cala, hay
más malestar social y el medio ambiente es un
problema", afirma Rogoff.
Joe Stiglitz también advierte
de la extraña reconversión del hombre de Davos en
socialdemócrata: "Mi opinión como viajero del mundo
es la misma que la de la mayoría, incluso en Davos,
que el capitalismo sin ataduras no funciona, que
hace falta más protección social para los individuos
y para las empresas, aunque esto último es más
discutible. Lo que quiero decir es que los mercados
necesitan regulación, que los gobiernos tienen que
intervenir y creo que esto es lo que la mayoría
apoya". Alan Blinder, ex miembro del consejo de la
Reserva Federal matizó: "Nadie en EE. UU. va a
hablar de socialdemocracia, pero vamos a extender
los planes de ampliación del seguro médico y a dar
una mejor cobertura".
Había una voz solitaria en
defensa de lo que hace menos de dos años en Davos
era el sentido común. Se trata de Steve Forbes, el
billonario editor ultraconservador de la revista
Forbes,quien afirma no creer "que EE. UU. vaya a ir
por el camino de Europa occidental porque no ha sido
una economía innovadora de crecimiento rápido. Irán
por el camino de no estrangular la economía y la
iniciativa emprendedora; por el camino de los
estados bálticos, de Europa del Este o Irlanda",
añadió. Pero tras el colapso desastroso de las
economías del Este y del tigre celta, el argumento
ya no resulta demasiado convincente.
Mientras tanto, el consenso se
solidifica en torno a la necesidad de un marco
fuerte de regulación financiera basado en el
principio keynesiano - y aún más de la escuela de
Hyman Minski-de combatir el ciclo boom bust (boom y
estallido). Tras el escaso éxito de los megaplanes
para resucitar los mercados financieros realizados a
lo largo de los últimos meses y la creciente
probabilidad de la nacionalización de los bancos,
todos apoyan un estado duro para revenir otra fase
de especulación suicida. "No se descarta ninguna
medida para combatir las tendencias procíclicas de
los mercados", insistía Jean-Claude Trichet,
presidente del Banco Central Europeo (BCE).
El Estado ya es la única
institución que inspira confianza. Hasta los fondos
soberanos de los petroestados - mirados con recelos
en los tiempos de bonanza financiera privada-ahora
son mucho más queridos que los fondos de private
equity o los hedge funds.
El problema para la
convergencia mundial hacia un modelo de regulación
estilo europeo es que está ocurriendo en el peor
momento. Las gigantescas operaciones de rescate
bancario en Estados Unidos - cuyo coste hasta la
fecha ronda el billón de dólares-más un plan de
estímulos fiscales de magnitud similar pasarán
factura a las generaciones futuras en forma de deuda
pública.
En China, por su parte, el
frenazo económico que, según Roach, bajará el
crecimiento hasta el 5% este año, más que sentar las
bases para un nuevo Estado de bienestar
poscomunista, pone en peligro la capacidad de la
economía para mantener su extraordinario éxito en la
lucha contra la pobreza que, según todos los
economistas, se debe principalmente al crecimiento
vertiginoso registrado durante los últimos 15 años.
financiación del comercio se ha
deteriorado gravemente, en particular desde
septiembre". El director general de la organización
internacional certificó que "hoy es claro que el
comercio es una de las víctimas de la crisis
económica" y subrayó que "el sistema de comercio
multilateral es una póliza de seguro contra el
proteccionismo". El fantasma del repliegue aduanero,
de funestas consecuencias en la crisis de 1929, ya
asoma la cabeza.
"Yo no vislumbro políticas más
proteccionistas, al menos no entre los países
industriales", sostiene el economista Andrew Mold,
recordando que tras la experiencia de la Gran
Depresión "casi todo el mundo acepta que una
reacción proteccionista de este tipo no haría más
que agudizar la crisis". Entre 1929 y 1933, en
efecto, el comercio mundial cayó de 53.000 millones
de dólares a 1.800 millones, bajo la espiral
proteccionista a la que se lanzaron al menos una
cuarentena de países mediante devaluaciones
competitivas. El profesor Videla cree improbable una
ola proteccionista más allá de "acciones cosméticas
o de cariz político" como sería el caso de EE. UU.
frente a China.
"Sospecho que el proceso de
liberalización comercial multilateral no va a
desencallar hasta el fin de la crisis o después, ya
que las posiciones estaban en un impasse antes de
ella", prosigue Mold. "Pero sí veo muy probable -
añade el economista de la OCDE-que los gobiernos
nacionales adopten una actitud más escéptica hacia
la globalización, incluso en países que siempre la
han defendido y alentado".
El coágulo de la economía
mundial se refleja en la caída del 21% del flujo de
inversión extranjera directa (IED), según los
últimas datos de la Conferencia de las Naciones
Unidas para el Comercio y el Desarrollo (Unctad).
Este año se espera una caída mayor, que se suma al
retroceso de más de la cuarta parte (27,7%) del
volumen de fusiones y adquisiciones
transfronterizas. Entre los países desarrollados la
caída supera en ambos casos el 32%, frente al efecto
menor - sólo por el momento-entre las economías en
vías de desarrollo. Sólo en el Reino Unido, campeón
europeo del flujo de capitales, la caída de IED ha
sido del 51,1% y el valor de las fusiones y compras
transnacionales retrocedió un 10,7%. España aún
salvó los muebles con progresos del 7,3% (57.3000
millones de dólares) y 8,4% (71.600),
respectivamente.
En cuanto a las remesas, que en
algunos países (Tayikistán) llegan a suponer casi la
mitad del PIB, el flujo de dinero empezó a remitir
en el tercer trimestre del 2008 tras un fuerte
crecimiento en años anteriores. El Banco Mundial
(BM) anticipa una profundización de la tendencia,
cuya magnitud es difícil de predecir por la
incertidumbre del crecimiento mundial, los precios y
el tipo de cambio. La horquilla oscila de un
retroceso del 0,9% hasta un 6%, en el peor de los
casos. De cualquier forma, el BM cree que las
corrientes migratorias de los países en desarrollo
pueden ralentizarse a causa de la crisis mundial,
"pero es muy poco probable que descienda la
población emigrante".
Fuente: La Vanguardia-es – El
País-es
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