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A 200 años de su nacimiento,
declaran en EEUU a Darwin
"hombre peligroso"
por Óscar Santamaría
Nada hacía presagiar en la apacible vida de Charles
Robert Darwin, nacido en Shrewsbury - Reino Unido en
una familia acomodada de la Inglaterra victoriana,
que acabaría por socavar los cimientos sobre los que
se asentaban las ciencias naturales de la época, y
que se convertiría en un científico revolucionario.
La revolución intelectual generada por Darwin abarcó
mucho más que la biología, al causar el derrumbe de
creencias fundamentales de su época.
El naturalista alimentó la polémica al introducir la
idea de que los humanos surgieron de forma evolutiva
al igual que ocurre con el resto del mundo viviente,
es decir, el hombre y el mono tienen un ancestro
común, teoría expuesta en su obra El origen del
hombre y la selección sexual (1871).
Sin embargo, sus obras son objeto de debate y ataque
por los sectores “creacionistas” o del llamado
“diseño inteligente”, que aún defienden la mano de
un ser superior. Avalada por la Iglesia Católica
estadounidense, la teoría del “diseño inteligente”
establece que el proceso de la vida es demasiado
complejo como para explicarla en términos naturales.
Los “creacionistas” defienden su posición y aseguran
que la evolución es una teoría no demostrada.(PL)
"Un hombre peligroso"
"Creemos firmemente que Dios
creó al hombre y todo lo que hay sobre la faz de la
tierra. Y en mi opinión, es lo suficientemente
poderoso como para haberlo hecho en un par de días".
Rob Koke, pastor de Shoreline Christian Center , no
duda ni un segundo. Estamos en Texas, uno de los
estados donde la teoría del creacionismo tiene más
seguidores y donde Darwin es considerado por muchos
"un hombre peligroso".
Enfundado en americana y
vaqueros negros, camiseta roja y botas de cowboy, el
fundador de esta megachurch a las afueras de Austin
encabeza una congregación de 12.000 fieles. Un
soleado domingo de febrero, el salón principal del
inmenso recinto acoge a 5.000 creyentes que han
venido a escuchar su sermón, claro y directo, sin
liturgia, salpicado con anécdotas y bromas. Nada que
ver con una misa al uso, y mucho con una charla de
autoayuda y superación personal. Los asistentes
entregan donaciones a golpe de chequera mientras los
pastores auxiliares reparten kleenex a quienes
lloran después de confesarse en esta enorme iglesia
a medio camino entre un centro comercial (con
cafetería y tienda de recuerdos cristianos) y una
sala de conciertos (el sermón es amenizado por seis
cantantes y una banda completa que interpreta
canciones religiosas a ritmo de rock, rap y reggae).
Ya sin micrófono inalámbrico y
más relajado tras bajarse del escenario, Koke se
muestra prudente, sin querer molestar a ninguno de
los miembros de su iglesia. Por eso es comprensivo
con quienes se alejan del creacionismo clásico y
admiten que ha habido algún tipo de evolución (eso
sí, dirigida por Dios), frente a los que creen
ciegamente en lo que cuenta el Génesis: es decir,
que Dios creó al mundo y al hombre en una semana.
"Necesitaría más fe para creer
en la evolución que para creer que todo lo ha hecho
Dios" "Dentro de nuestra amplia familia hay
diferentes opiniones, pero nadie duda de que somos
producto de un Creador Divino. Nosotros no nos
posicionamos sobre el cómo, sino sobre el quién, y
en eso no hay discusión posible. Todo tiene un
autor, un creador: este bolígrafo, la grabadora, una
botella de agua... De hecho, yo necesitaría más fe
para creer que todo es producto del azar y la
evolución que para creer que lo ha hecho Dios". Koke,
de origen holandés, se disipa cuando trata de
explicar las "pruebas" que sostienen sus
afirmaciones, que echan por tierra la teoría de la
evolución de las especies.
Más claro lo tiene Carl Baugh,
director del Museo de Evidencias del Creacionismo en
Glen Rose, un pueblecito a una hora al sur de
Dallas. Este paleontólogo con varios títulos en
Teología lleva desde 1985 trabajando para demostrar
científicamente que el mundo fue creado por Dios,
algo de lo que tampoco tiene ninguna duda. Su
discurso es sólido, plagado de tecnicismos
científicos.
Modelo bíblico
Durante el tour por su
minúsculo y destartalado museo repite que sus
experimentos, tanto sobre el terreno como en el
laboratorio, han sido certificados y contrastados.
Una de las principales pruebas que aporta para
desmontar a Darwin son dos huellas que demostrarían
que los dinosaurios y los hombres coexistieron. De
ser cierto, los evolucionistas estarían en serios
aprietos. Una de las huellas, encontrada cerca del
museo en los años cincuenta, muestra la pisada de un
humano sobre la de un dinosaurio. La otra, hallada
en el año 2000, es la de un dinosaurio sobre la de
un humano.
Con un currículum de varias
páginas y decenas de excavaciones a sus espaldas,
Baugh reconoce que antes de llegar a Glen Rose era
un "moderado" seguidor de la teoría de la evolución.
Pero sus descubrimientos le hicieron cambiar de
idea. "Cuando me di cuenta de que los dinosaurios y
los hombres habían vivido juntos no pude dormir en
cuatro días. Todas mis creencias se vinieron abajo",
explica con voz pausada, arqueando las cejas.
Los dinosaurios se
extinguieron, dice el paleontólogo Carl Baugh, por
el Diluvio Universal Otro de sus experimentos, ya en
el laboratorio, le ha llevado a descubrir que toda
la información genética viene dada y que no son las
condiciones atmosféricas ni la selección natural
-como expone Darwin- lo que explicaría la evolución.
Pero, entonces, ¿qué pasó con los dinosaurios? Se
extinguieron, dice, en el Diluvio Universal que
narra el Génesis. "Los únicos seres vivos que se
salvaron gracias al Arca de Noé son los que existen
actualmente en el mundo". Y es aquí donde Baugh, que
ha dado conferencias para científicos de la NASA,
tira de la Biblia y se posiciona en el creacionismo
clásico, el que cifra en entre 6.000 y 8.000 años la
edad del planeta Tierra. "Nosotros demostramos
científicamente que el modelo bíblico de la creación
es cierto", apunta con una amable sonrisa.
Más combativos son los expertos
del Institute for Creation Research o instituto para
la investigación de la creación (ICR), situado en un
polígono industrial en la periferia de Dallas, a
tres horas en coche de Austin. Bruce Wood es el
director de comunicación del centro fundado por
Henry Morris, considerado el padre del movimiento
creacionista moderno. Es el ala dura, la derecha
ultrareligiosa que no disimula su agenda política.
No sólo desprecian a Darwin, sino que descalifican a
aquellos cristianos que creen que Dios no hizo el
mundo en seis días y que utilizó algún tipo de
evolución en la creación del hombre. "Les han lavado
el cerebro", insiste Wood.
"¿Cree en Dios?"
En el ICR, puntero en la
investigación y promoción del creacionismo, están a
la defensiva. Y piden sin disimulo la unión a su
causa. Al finalizar la visita por el centro -tres
edificios donde trabajan unas 40 personas- aparece
el director, Lawrence Ford, que con tono áspero
lanza varias preguntas. "¿Cree en Dios? ¿Cree en el
Génesis? ¿A quién apoya su periódico, a Obama o a
Bush?". Con recelo, da por acabada la charla,
después de soltar: "La prensa europea siempre nos
malinterpreta". "Todo lo que tengo que decir está en
la revista", concluye Ford en referencia al último
número de Acts & Facts , dedicado a contradecir a
Darwin en su 200 aniversario.
Desde el ICR aseguran que su fe
"no es ciega", que se basa "en evidencias y hechos".
"Miramos a la tierra, a los animales, al hombre, y
no encontramos la forma de que la evolución pueda
explicar todo lo que existe, su increíble
complejidad", explica Wood, quien, ante un cuadro
con mariposas disecadas, afirma: "La naturaleza no
puede ni tiene necesidad de crear tanta riqueza de
colores, tanta belleza... Todo esto no puede ser
fruto de la casualidad". El resto de sus pruebas
para demostrar que están en lo cierto las sacan, de
nuevo, de la Biblia. Ahí, en la interpretación
literal del Génesis, es donde están todas las
respuestas.
Uno de esos cristianos impuros
de los que hablan en el ICR sería Justin Marston,
británico de 31 años que se mudó hace dos a Texas.
Este químico de formación, que fue el científico más
joven en publicar con 18 años en Nature, va cada
domingo a la iglesia que dirige Rob Koke. Marston es
de los creacionistas que creen en la evolución.
"Pero dejando claro que fue Dios quien escogió la
evolución natural para crearnos. Y yo no voy a ser
quien para contradecirle".
"En estos tiempos de crisis, lo
más rentable es invertir en el Reino de Dios"
Marston, que insiste en recordar que la fe y la
ciencia no siempre están reñidas, intenta
responderse a la pregunta clave: ¿de dónde venimos?.
"Los evolucionistas seguidores de Darwin no se
detienen en esa cuestión. Es más, niegan la
existencia de Dios". Antes de marcharse a casa a ver
la Super Bowl, hace su donación a Shoreline
Christian Center, con las palabras de su fundador
aún en el aire. "En estos tiempos de crisis, lo más
rentable es invertir en el Reino de Dios".
Fuente Publico es
LA
ONDA®
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