Sudamérica en clave geopolítica
I - En el umbral de un nuevo tiempo
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

“(…) CVII. Una cosa sabemos, la más preciosa, la más terrible, que nos esponja el corazón de

gozo y de ansiedad a un tiempo. Nosotros, los américos, queremos señalar en la historia del

humano desenvolvimiento, el punto en que el hombre se emancipa del ciego determinismo de las

cosas y de los hechos, y va a determinarse a sí mismo, por su propia conciencia, superior a los

hechos y a las cosas. Queremos señalar el punto en que el hombre pone su mente y su voluntad

sobre la oscura mecánica de la materia, y sobre la ancestral fatalidad de la historia;

 el punto en que el hombre deja de ser un efecto ciego de las combinaciones de la materia

y de los hechos de la historia, y va a ser él, él mismo, su más alto e imperioso determinante.

 Porque la Naturaleza es arcana y divina, pero más arcano y divino es el Hombre.”

 

Alberto Zum Felde, El Huanakauri, Pág, 71, Montevideo, año 1917.

 

 

“(…) Falta una antropología nueva que no reduzca al hombre en compartimentos estancos,

sino que recobre a éste en su esencialidad. Para lograr esto quizá debemos confundir las lenguas

como en la torre de Babel, porque no es importante que haya lenguas, sino que se trata de

recobrar un habla original anterior a toda lengua que sirva de comunicación.

Y ese habla nos la da el pueblo. Todo esto lleva a pensar que conviene superar el período crítico

en el que nos hallamos embarcados. La crítica de lo ya dado no hace más que consolidar al

enemigo. Todos estamos ya de acuerdo y por eso mismo debemos ensayar la palabra nueva.

Ahora bien, la experiencia de campo me ha hecho notar que lo nuevo que tenemos que decir,

está en lo popular y en lo indígena. Éstos nos orientan en el planteo de un nuevo verbo.

Ante todo, investigar en el campo popular e indígena no implica buscar algo ajeno a uno,

algo que se pueda considerar como superado, sino que se trata de un algo que encierra un

pensamiento nuevo. A no otra cosa apunta este empeño mío de trabajar en ese terreno con

una óptica filosófica. Parto de la tesis, entonces, que preguntar por un pensamiento popular,

encubre la posibilidad de descubrir un pensamiento propio.”

 

Rodolfo Kusch, Geocultura del Hombre Americano, Pág. 147, Buenos Aires, año 1976.

 

 

“(…) El nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones sociales siempre determinó

el máximo de conciencia posible de los pueblos, sus valores normativos, éticos, estéticos y políticos,

en cada momento de la Historia. En otras palabras, son los límites objetivos, tanto económicos y

sociales como políticos y culturales, de la evolución histórica que determinan los límites del conocimiento humano.”

 

Luiz Alberto Moniz Bandeira, Fórmula para el Caos, Pág. 45, Río de Janeiro, año 2008.

 

 

“(…) Cualquier estructura real (en contraposición a estructuras imaginarias) tiene particularidades debido a su génesis, su historia de vida y su entorno, y por ende tiene una historia que es clave para su manera de funcionar. Conforme más compleja es la estructura, más decisiva es su historia. El problema radica en que esta verdad no debe enunciarse como algo metafísico, sino manipularse en el estudio de cualquier fenómeno real complejo. Mi manera de hacerlo es concebir el mundo social como una sucesión y coexistencia de múltiples entidades de largo plazo y de gran escala que denomino sistemas históricos. Éstos tienen tres características definitorias: son relativamente autónomos, o sea, funcionan en esencia en términos de las consecuencias de sus procesos internos; tienen límites temporales, es decir, tienen principio y fin; tienen límites espaciales, aunque este espacio puede cambiar en el transcurso de su vida.”

 

Immanuel Wallerstein, Impensar las Ciencias Sociales (Sistemas históricos como sistemas complejos, Pág. 249, México, año 2004.

 

Ser y estar. Uno comprende el pensamiento y otro la asunción del lugar, su ecosistema y hasta el sentido de lo trascendente, en la profundidad de mirada y los colores que cada quien quiera darle para sí. El argentino Rodolfo Kusch, antropólogo superior y mejor pensador, lo dijo en su momento de mejor modo y con una inusual transparencia conceptual.

 

Nuestra región, América del Sur, es un sistema histórico probado. Es también, un crisol de culturas y modos de producción donde sus gentes, las más variadas, encuentran modos de interrelacionarse, comunicándose a través de sensibles sistemas.

 

El arte, la música y la mirada del otro, conforman, creo yo, ese modo tan peculiar, por propio, de saber vernos aun desde y en las diferencias, y así poder establecer que, ciertamente, Sudamérica tiene en sí el fermento indispensable para permanecer siendo, en creciente efectividad, un sistema histórico que, llegada su hora, se tutee con los otros ya existentes.

 

Hemos venido escribiendo desde diversos caminos vecinales hasta finalmente converger en éste que será nuestro sendero central, en donde permanecer desplazándonos para mejor ver y comprender la vastedad de idiosincrasias que comprenden a nuestra región.

 

Caminar Sudamérica, visitarla en la multiplicidad de lugares, junto con sus gentes y sus cielos es, a mi modesto entender, preliminar y obligatorio peaje en el camino aquí trazado.

 

Así, podremos allegarnos desde la visualización y comprensión de la vastedad de proyectos de interconexión en curso, viendo cuán posible es, y esto es dicho en presente activo, una complementación de esfuerzos que nos llevará a mejores estadios de integración social, política y económica, ya que en y desde lo cultural, es donde nos permitimos ser una y diversa realidad de cara al resto del mundo.

 

Uno de estos modos de visitar Sudamérica, consiste en recorrer de algunos de los más importantes megaproyectos que están comprendidos dentro de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA – www.iirsa.org)

 

Así, pues, iremos entrega a entrega, no sólo describiendo cada megaproyecto sino y especialmente, acompañados del mapa respectivo, iremos descubriendo a través de la mirada antropológica y complementada por la diversidad de modos de lecturas sociales de la misma, cómo y en qué grado esa tal interconexión, sea por aire, tierra o mar, está coadyuvando al proyecto superior de una Sudamérica como sistema histórico o, si nos apuran un poco, ya con la mirada puesta en el vasto horizonte, hacia ese sistema-mundo, Sudamérica, que brega por emerger y coexistir con los otros.

 

¿Que es una quimera? Convengamos que ya es un avance el atreverse a vernos y a ver la realidad desde nuestro lugar, como nos enseñara el geógrafo brasileño Milton Santos, y desde allí interactuar con el resto del mundo, en igualdad de perspectivas.

 

Nuestra mirada, como nuestra reflexión, será hacia y no en contra de. Esto es, nos mueve y conduce el ánimo, templado en el conocimiento científico y en el pensamiento crítico, de ver hasta qué punto y desde qué modos, lo que proponemos como futuro cercano, va siendo desde el hoy, un nuevo y crecientemente posible nuevo sistema-mundo.

 

Para ello, evidente es el contar con planos y ángulos desde los que proyectar y en los que encontrar vectores y poder, trazando líneas, construir poligonaciones, tanto abiertas como cerradas, que expliquen la dinámica y a la vez dialéctica, relación de esto que la región es y que recibe por nombre el de Sudamérica.

 

Atrás han quedado no sólo imperios sino y especialmente mentes criollas colonizadas. Pues no hay peor enemigo que un pensamiento propio advenedizo y complaciente con ejes que están allende los nuestros.

 

Somos los américos, como dijera el uruguayo Alberto Zum Felde, allá por 1917. Somos un crisol de culturas donde el mestizaje está no sólo en la sangre sino en nuestra idiosincrasia, es decir, en nuestra cultura.

 

Para muestra…

El periodista español Miguel Ángel Bastenier, publicó en el diario madrileño El País, un artículo intitulado El ´otro Occidente´, con fecha 28 de enero del año 2009.

 

Tan sólo extraeré su primer párrafo: “Un historiador italiano ha calificado América Latina de L´altro Occidente: la copia, la imitación de los modos políticos occidentales en otra parte del mundo. Y ésa ha sido su imagen en Europa desde las independencias a comienzos del siglo XIX. Pero hay motivos para dudar que el continente ibérico vaya a seguir siendo por tiempo indefinido ese otro Occidente:”


Aunque tentado a seguir describiendo este artículo, tan sólo nos detendremos un momento en sus primeros renglones para realizar estas pocas anotaciones:

 

1 - Europa es el Este, Sudamérica, el continente todo, es el Oeste;

2 – Nuestro continente no es ibérico, sino americano;

3 – España, para mantenerse unida, precisa de una monarquía constitucional, nuestra región del voto popular.

 

En todo caso, si de colonizadores y colonizados hablamos, es oportuno, antes que caer en suelo bajo, ir en pos de una reflexión elevada y profunda, por rigurosa desde el ejercicio de una razón crítica, a la vez que sensible, que posee, a su vez, los aromas y las cadencias culturales propias de nuestra región.

 

Así, citaré al pensador argentino Walter D. Mignolo, cuando afirma que: “La razón postaccidental: crisis del occidentalismo y emergencia del pensamiento fronterizo. (…) Razón poscolonial fue la expresión que empleé en la primera versión de este capítulo (Mignolo 1994; 1996ª; 1997c); sin embargo, pronto me di cuenta de que la crítica y la teoría «poscolonial» eran utilizadas principalmente por críticos e intelectuales que escribían en inglés y desde el entorno del Imperio británico y sus antiguas colonias (Australia, Nueva Zelanda, India). La totalidad de las Américas, incluyendo el Caribe, el norte de África y, casi siempre, el África subsahariana en relación al escenario neohistórico que yo aspiraba a articular, un escenario que se extendía desde el Imperio español del siglo XVI hasta la emergencia de Estados Unidos como nueva potencia colonial a finales del siglo XIX. A lo largo de dicho período, el sistema-mundo moderno/colonial se desplazó desde el imaginario de las «Indias Occidentales», apelativo elegido que se introdujo en los orígenes de Estados Unidos con el propósito de reubicar a las Américas en el espectro del sistema moderno/colonial dominado hasta el siglo XIX por los países y potencias coloniales europeas.”[i]

 

Se trata, pues, de pensar desde nuestra propia circunstancia y emancipadas nuestras mentes de todo resabio colonizador, comenzando por el peor de todos: el de nosotros para con nosotros mismos.

 

El recorrido de un sendero como el que aquí esbozamos, implicará, claro está, el adentrarnos más y mejor en definiciones y explicaciones puesto que si hablábamos más arriba de poligonaciones, muy al pasar, pues esto es apenas un modo de introducción al vasto desafío que nos hemos planteado, también debemos mencionar la fortísima, dispar pero siempre dialéctica relación que une, mucho más de lo que aparentemente desune, a los ojos de los otros, las relaciones entre nuestras capitales.

 

La unión o, mejor dicho, la interrelación entre nuestras capitales, forma los diversos segmentos que a su vez, y en diferentes planos, van dibujando aquellos polígonos, abiertos como cerrados, que también antes mencionáramos pero que sólo iremos a explorar ya avanzado el proyecto que aquí comienza.

 

La tarea es, en consecuencia, comprender Sudamérica en su clave geopolítica, despojada ésta de todo vestigio de esoterismo que supo tener en años tenebrosos tanto de nuestro pasado como del resto del mundo.

 

Una geopolítica que desde la diversidad de visiones dadas por la antropología, la sociología y una historia entendida como pensamiento antes que como narración, nos irán dando pautas para mejor comprender nuestro presente y así, ver de dibujar en sus grandes trazos un mañana que encontrará a Sudamérica madura como sistema histórica.

 

En posesión de tal madurez, nuestra región podrá aportar al resto del mundo - ese que siendo oriental se dice occidental, como asimismo al norte de nuestro continente -, lo que ambos hoy carecen a ojos vista: sentido y proyección. Hablo desde lo humano, claro está, y no desde la cosificación en la que este sistema-mundo y su centro, están empeñándose en colocar a todo el mundo.

 

Para finalizar esta breve introducción,  tan sólo deseo acotar lo siguiente: siempre es bueno mirar un mapa, y mejor aun, mirarlo varias veces y en diferentes momentos y circunstancias.

 

Así, iremos viendo (comprendiendo) cuestiones que en la primer mirada no colocamos y que a la postre son vitales: el espacio y el tiempo, esas coordenadas vitales, junto con el lugar y sus características más salientes para poder entender mejor a la persona, y su comunidad que habita en tal recodo y cuyo medio de comunicación es o deja de ser tal río, carretera o puente.

 

A veces lo más cercano y sencillo resulta harto complejo cuando la mirada prescinde del detalle próximo por ir a observar lo lejano. Comencemos por lo cercano, pues.

 

Sudamérica tiene una clave geopolítica de indudable trascendencia y es preciso conocerla para conocer nuestra circunstancia de vida. Y así avanzar en pos del otro, hermanándonos; emancipándonos, también.

 

Continuaremos.

 

[i] Mignolo, Walter D., “Historias locales / diseños globales – Colonialidad, conocimientos subalternos y pensamiento fronterizo”, editorial Akal, Pág. 157, Madrid, año 2003.

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