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Obama ahora depende de usted
cumplir con esa esperanza
Carta de Paul Krugman al
Presidente EEUU.
“Ahora depende de
usted cumplir con esa
esperanza. Llevando
a cabo un programa
de recuperación aún
más audaz
y completo que el
New Deal”
Paul
Krugman es uno de los intelectuales más importantes
de Estados Unidos. Profesor en Princeton y
columnista del New York Times. En 2008 fue
galardonado con el Premio Nobel de Economía.
Recientemente se conoció esta carta abierta con
sugerencias al presidente Obama, en función de la
crisis sin precedente de su país.
Estimado
señor Presidente:
Como le
sucedió a Franklin Delano Roosevelt hace tres
cuartos de siglo, usted está haciéndose cargo en un
momento en el que todas las verdades establecidas
han desaparecido y toda la sabiduría convencional
demostró estar equivocada. Vivimos en un mundo que
ni usted ni nadie esperaba ver. Muchos presidentes
han tenido que lidiar con crisis, pero muy pocos se
han visto obligados a hacerlo desde el primer día
con una crisis como la que Estados Unidos enfrenta
hoy.
Entonces, ¿qué debería hacer?
En esta
carta no voy a tratar de aconsejarlo acerca de todo.
En gran parte me voy a limitar a la economía, o a
asuntos relacionados con la economía. También voy a
hacer foco en cosas que usted puede o podría lograr
en su primer año de mandato. El éxito o fracaso de
su gobierno dependerá en gran parte de lo que suceda
en el primer año- y, sobre todo, de si logra
controlar la crisis económica actual.
La
crisis económica
¿Qué tan
malas son las perspectivas económicas? Peor de lo
que casi nadie se hubiera imaginado. El crecimiento
económico en la era Bush estuvo alimentado por un
estallido de la deuda privada; ahora los mercados de
crédito están dados vuelta, las empresas y los
consumidores se están retrayendo y la economía está
en caída libre. A lo que nos enfrentamos, en
esencia, es una enorme brecha labora. La economía
de Estados Unidos necesita sumar más de un millón de
puestos de trabajo por año sólo para mantenerse
al ritmo de la creciente población. Incluso antes de
la crisis, bajo el mandato de Bush el crecimiento de
la ocupación promedió sólo 800.000 puestos por año -
y durante el año pasado, en lugar de ganar un millón
más de puestos, perdimos 2 millones. Hoy seguimos
perdiendo puestos de trabajo al ritmo de medio
millón por mes.
No hay
nada en los datos ni en la situación subyacente que
sugiera que la caída del empleo vaya a aminorar
pronto, lo cual significa que para fines de este año
podemos llegar a tener 10 millones de trabajos menos
de lo que deberíamos. Esto, a su vez, implicaría una
tasa de desempleo de más del 9 por ciento. Sumémosle
aquellos que no son considerados en la tasa estándar
porque ya no buscan trabajo, más los que se ven
forzados a tomar trabajos part-time cuando lo que
quieren es trabajar full time, y probablemente
estaremos viendo un desempleo real de alrededor del
15 % - más de 20 millones de norteamericanos que ven
frustrados sus esfuerzos para conseguir trabajo.
El costo
humano de una caída tan severa sería enorme. El
Center on Budget and Policy Priorities, un grupo de
investigación independiente que analiza programas
gubernamentales, estimó hace poco que los efectos de
un aumento del desempleo darían una tasa del nueve
por cierno - un peor escenario posible que ahora
luce muy probable. ¿Qué pasará entonces si el
desempleo llega al 9 por ciento o más? Diez millones
de estadounidenses de clase media serán empujados a
la pobreza, y otros seis millones a la indigencia,
un severo estado de privación que sucede cuando el
sueldo está a menos de la mitad del nivel de
pobreza.
Muchos
de los estadounidenses que pierdan sus trabajos
también perderán su seguro médico, empeorando el ya
lúgubre estado de la salud en los Estados Unidos, e
inundando las salas de emergencia con aquellas
personas que no tienen otro lugar a donde ir.
Mientras tanto, otros millones de estadounidenses
perderán sus casas. Los gobiernos provinciales y
locales, habiendo perdido gran parte de sus
ingresos, tendrán que hacer recortes incluso en los
servicios más esenciales.
Si las
cosas siguen su curso actual, Sr. Presidente, pronto
estaremos frente a una gran catástrofe nacional. Y
es su tarea - una que ningún otro presidente tuvo
que hacer desde la Segunda Guerra - evitar esa
catástrofe. Un momento, dirá usted. ¿Acaso otros
presidentes no enfrentaron economías problemáticas
también? Sí, lo hicieron, pero cuando se trató de
política económica, sus predecesores no controlaban
realmente la cosa. Durante la última mitad del siglo
la Reserva Federal - una institución más o menos
independiente, dirigida por tecnócratas diseñados a
propósito para ser independientes de quien quiera
que esté en la Casa Blanca - se ha estado encargando
de la administración económica día tras día, e
incluso año tras año.
Sus
colegas presidentes sólo acompañaban. ¿Se acuerda
del boom económico de 1984, que permitió que Ronald
Reagan use el slogan “Amaneció de nuevo en Estados
Unidos”? Bueno, Reagan no tuvo absolutamente nada
que ver con ese boom. Fue, en cambio, obra de Paul
Volcker, que había sido nombrado por Jimmy Carter
como director de la Federal Reserve Board en 1979 (y
que ahora es el jefe de su panel de asesores en
economía) Primero Volcker le quebró la espalda a la
inflación, con el costo de una recesión que
probablemente haya condenado a muerte las chances de
reelección de Carter en 1980. Luego Volcker diseñó
una recuperación económica. En efecto, Reagan se
puso el uniforme y simuló ser el gran piloto de la
economía, pero Volcker fue el tipo que realmente
piloteó el avión y lo aterrizó a salvo.
Usted,
en cambio, tiene que levantar este avión va en
picada solo, porque la Fed ha perdido su poder.
Compare la situación de ahora con la que había en
los ochenta, cuando Volcker dio vuelta la economía.
En ese momento, a la Fed le bastaba con emitir un
montón de dólares (Ok, de hecho acreditó el dinero a
las cuentas de los bancos privados, pero el
resultado final es el mismo) y luego usar esos
dólares para comprar deuda del gobierno de Estados
Unidos.
Esto
bajó las tasas de interés: cuando Volcker decidió
que la economía necesitaba una ayuda para
levantarse, rápidamente fue capaz de llevar la tasa
de interés de los papeles del Tesoro del 13 al 8 por
ciento. Tasas de interés más bajas de la deuda
oficial, a su vez, rápidamente hicieron bajar las
tasas de las hipotecas y los préstamos comerciales.
La gente comenzó a gastar de nuevo, y en unos meses
la economía había pasado de la depresión al boom.
Los economistas llaman a este proceso -de la
decisión de la Fed de emitir más dinero a la
consecuente suba del consumo, el empleo y los
ingresos - el “mecanismo de transmisión monetaria”.
Y en los ochenta ese mecanismo funcionó bien.
Esta
vez, sin embargo, el mecanismo de transmisión está
quebrado.
En
primer lugar, aunque la Fed todavía puede emitir
dinero, no puede bajar las tasas de interés. ¿Por
qué? Porque esas tasas de interés ya son tan bajas
como es posible. Mientras escribo esta carta, la
tasa de interés en bonos del Tesoro es 0,005 por
ciento - o sea, cero. Y las tasas no se pueden bajar
más que eso.
Ahora,
usted puede pensar que tasas de interés en cero
llevarían a una orgía del crédito. Pero aunque el
gobierno de los Estados Unidos puede prestar dinero
gratis, el resto de nosotros no puede.
El miedo
domina los mercados financieros, por lo cual desde
hace más de un año y medio, a medida que las tasas
de interés sobre la deuda pública se han
precipitado, las tasas de interés que el común de la
gente tiene que pagar en su mayoría han subido. En
particular, muchas empresas están pagando tasas de
interés mucho más altas ahora que hace un año y
medio, cuando la Fed no había empezado con los
recortes. Y tienen suerte, si se los compara con las
muchas empresas que no pueden obtener nada de
crédito.
Además,
incluso si más gente pudiera pedir prestado,
¿realmente querrían gastar? Hay una sobreabundancia
de casas sin vender en el mercado, así que hay muy
poco incentivo para construir más casas, sin
importar cuán bajas estén las tasas de interés
hipotecarias. Lo mismo pasa con la inversión
comercial: con los edificios de oficinas vacíos, los
shoppings rogando por inquilinos y las fábricas
paradas, ¿quién va a querer gastar dinero en
productividad? Y con los trabajadores preocupados
por mantener sus puestos de trabajo, la gente que
está tratando de ahorrar unos dólares podrá ir en
malón a los comercios que ofrecen grandes
descuentos, pero no muchos van a querer comprar
grandes productos, como los autos, que son los que
normalmente alimentan una recuperación económica.
Entonces, decía, la Fed ha perdido su poder. Ben
Bernanke y sus colegas están probando todo lo que se
les ocurre para descongelar los mercados de crédito
- la ensalada de nuevas “instituciones prestamistas”
con siglas que nadie puede recordar crece minuto a
minuto. Hay un chiste que dice que en cualquier
momento, todos tendrán una tarjeta Visa con el logo
de la Fed. Pero en el mejor de los casos, toda esta
actividad sólo servirá para limitar el daño. No hay
ningún pronóstico realista de que la Fed pueda sacar
a la economía de la caída que atraviesa.
Así que
depende de usted.
Rescatando a la economía
El
último presidente que tuvo que enfrentar un lío
semejante fue Franklin Delano Roosevelt, y usted
puede aprender mucho de su ejemplo. Esto no
significa, sin embargo, que usted deba hacer todo lo
que hizo FDR. Por el contrario, usted debe intentar
emular sus éxitos, pero evitar repetir sus errores.
Acerca
de esos éxitos: La forma en la que FDR lidió con el
desastre financiero de su época ofrece un muy buen
modelo. Entonces, como ahora, el gobierno tuvo que
usar el dinero de los impuestos para rescatar al
sistema financiero. En particular, la Reconstruction
Finance Corporation tuvo en principio un rol similar
a la Troubled Assets Relief Program de la
administración Bush (el programa de $700 billones
que todos conocen) De la misma forma que el TARP, la
RFC engordó el efectivo de los bancos en problemas
usando fondos públicos para comprar y subir las
acciones de esos bancos.
Había,
sin embargo, una gran diferencia entre la forma en
que FDR manejó el rescate financiero subsidiado con
recaudación impositiva, y la que llevó a cabo la
administración Bush: a saber, que a FDR no le dio
vergüenza pedir que el dinero de la gente sea usado
para servir al bien común. Para 1935, el gobierno de
EE.UU. era dueño de cerca de un tercio del sistema
bancario, y la administración Roosevelt utilizó esa
porción de propiedad para insistir con que los
bancos ayuden de hecho a la economía, presionándolos
para que presten el dinero que Washington les estaba
dando. Más aún, el New Deal se lanzó a prestar un
montón de dinero - directamente a empresas y gente
que quería comprar su casa, y a gente que ya era
propietaria, ayudándolos a reestructurar sus
hipotecas para que puedan quedarse con sus casas.
¿Puede
usted hacer algo como eso hoy? Sí, puede. La
administración Bush podrá haber se negado a poner
condiciones para la ayuda a las compañías
financieras, pero usted puede cambiar eso. Si los
bancos necesitan fondos federales para sobrevivir,
provéaselos, pero demande que los bancos hagan su
parte prestando esos fondos al resto de la economía.
Otorgue más ayuda a los propietarios. Utilice a la
Asociación Federal Nacional Hipotecaria y a la
Corporación Federal de Préstamos Hipotecarios - las
agencias de préstamos inmobiliarios- para transmitir
los bajos costos de los préstamos oficiales a
propietarios calificados (las dos agencias fueron
incautadas por reguladores federales en Septiembre,
pero extrañamente la administración Bush ha
mantenido sus costos de préstamo altos, negándose a
declarar que sus bonos están respaldados por la pura
fe y el crédito de los contribuyentes)
Los
conservadores van a acusarlo de nacionalizar el
sistema financiero, y algunos lo llamarán marxista
(a mí me pasa todo el tiempo) Y la verdad es que
usted estará, de alguna manera, llevando a cabo una
nacionalización temporaria. Pero eso está bien: en
términos generales, no queremos que el gobierno
maneje a las instituciones financieras, pero por
ahora necesitamos hacer lo que sea para logar que el
crédito vuelva a fluir.
Todo
esto va a contribuir - pero no lo suficiente. Sin
duda usted deberá tratar de solucionar el problema
de los bancos y otras instituciones financieras.
Pero para sacar a la economía de su caída, debe ir
más allá de canalizar dinero a los bancos y otras
instituciones financieras. Debe darle un impulso a
la economía real del trabajo y los ingresos. En
otras palabras, tiene que arreglar bien el tema
creación de empleo - cosa que FDR nunca hizo.
Esto
puede sonar raro. Después de todo, lo que se
recuerda de los años treinta es la Works Progress
Administration, que en su punto más alto dio empleo
a millones de estadounidenses construyendo caminos,
escuelas y represas. Pero los programas de creación
de empleo del New Deal, si bien contribuyeron de
verdad, no fueron lo suficientemente grandes ni
sostenidos como para terminar con la Gran Depresión.
Cuando la economía está en profunda depresión, uno
tiene que dejar de lado las habituales
preocupaciones acerca de déficits presupuestarios;
FDR nunca logró hacerlo. Como resultado, fue
demasiado precavido: el impulso que le dio a la
economía entre 1933 y 1936 fue suficiente como para
bajar el desempleo, pero no a los niveles pre-Depresión.
Y en
1937 dejó que los guerreros del déficit lo afecten:
aunque la economía todavía estaba débil, dejó que lo
convenzan de recortar el gasto al mismo tiempo que
subía los impuestos. Esto llevó a una severa
recesión que deshizo mucho del progreso que la
economía había logrado hasta ese punto. Tuvo que
venir el enorme proyecto público conocido como
Segunda Guerra Mundial - un proyecto que silenció al
fin a los tacaños - para que la Depresión llegue a
su fin.
La
lección del limitado éxito de FDR en el frente del
trabajo, entonces, es que usted tiene que ser
verdaderamente audaz en sus planes de creación de
empleo. Básicamente, las empresas y los consumidores
están recortando muchísimo sus gastos, dejando a la
economía con un enorme déficit de demanda, que
llevará a una enorme caída del empleo - a menos que
usted lo frene. Para frenarlo, sin embargo, debe
gastar lo suficiente como para llenar el agujero que
dejó la reducción del sector privado.
¿De
cuánto gasto estamos hablando? Quizás sea mejor que
se siente antes de seguir leyendo. Ok, aquí va:
“Pleno empleo” significa una tasa de desempleo del
cinco por ciento como mucho, y probablemente menos.
Mientras, hoy estamos en una trayectoria que
empujará la tasa de desempleo al nueve por ciento o
más. Incluso los estimados más optimistas sugieren
que se necesitan al menos $200 billones al año de
gasto público para bajar la tasa de desempleo en un
punto porcentual. Haga la suma: usted probablemente
tiene que gastar $800 billones al año para lograr
una recuperación económica total. Menos de 500
billones por año será demasiado poco como para
generar un cambio económico.
Un gasto
a esa escala, en tiempos en que la economía,
debilitada, está haciendo bajar la recaudación
impositiva, producirá unas cifras de déficit
realmente atemorizantes. Pero las consecuencias de
ser demasiado cuidadoso - o de no hacer lo
suficiente como para frenar la caída en picada de la
economía - serán aún más terroríficas que el océano
de tinta roja que se viene.
De
hecho, el problema más grande con el que se va a
enfrentar al intentar rescatar a la economía será el
de encontrar suficientes programas laborales que
puedan empezar rápidamente. Los tradicionales
programas del estilo WPA - gastar en rutas,
edificios públicos, puertos, y otras
infraestructuras - son una herramienta muy efectiva
para crear empleo. Pero Estados Unidos tiene
probablemente algo menos de $150 billones en
proyectos del estilo, que están listos para hundir
la pala ahora mismo, que pueden comenzarse en seis
meses o menos. Así que va a tener que ser creativo:
deberá encontrar muchas otras formas de meter fondos
en la economía.
Debería
gastar todo lo que sea posible en cosas de valor a
largo plazo, cosas que - como las rutas y los
puentes - hará que éste sea un país más rico.
Aumentar la infraestructura detrás de Internet,
mejorar la red eléctrica, mejorar la tecnología
informática en el sector de la salud, una parte
crucial de cualquier reforma del sistema de
cobertura médica. Suministre ayuda a los gobiernos
provinciales y municipales, para prevenir que
recorten gastos de inversión en el momento menos
propicio. Y, cuando haga esto recuerde que todo ese
gasto cumple una función doble: sirve para el
futuro, pero también ayuda en el presente, dando
trabajo e ingresos para compensar el desplome.
También
puede hacer lo correcto haciendo un bien. Los
estadounidenses que fueron más golpeados por la
caída - los desocupados crónicos, las familias sin
seguro médico - también son los estadounidenses que
más probablemente gasten cualquier ayuda que
reciban, y de esa manera ayudan a sostener la
economía como un todo. Así que la ayuda a los
necesitados - un mayor seguro de desempleo, vales de
comida, susidios para seguros médicos - es al mismo
tiempo algo justo y una parte deseada de su plan
económico en el corto plazo.
Sin
embargo, aún si hace esto no será suficiente para
compensar la increíble caída del gasto privado. Así
que sí, también tiene sentido recortar los impuestos
temporalmente. Los recortes impositivos deberían ir
principalmente a los estadounidenses de ingresos
bajos y medios; una vez más, porque es lo más justo
y porque es más probable que ellos - en vez de los
mejor acomodados - gasten la ayuda que reciban. Las
exenciones impositivas para familias trabajadoras
que usted expuso en su plan de campaña parece un
instrumento razonable.
Pero
seamos claros: los recortes impositivos no son la
mejor herramienta para luchar contra la recesión
económica. En primer lugar, rinden menos que el
gasto en infraestructura, porque no hay ninguna
garantía de que los consumidores vayan a gastar sus
recortes o reembolsos impositivos. Como resultado,
probablemente se requieran recortes por más de $300
billones, comparados con los $200 billones en obras
públicas, para bajar un punto la tasa de desempleo.
Más aún, a la larga va a necesitar más recaudación
impositiva, y no menos, para pagar la reforma del
sistema de salud. Entonces, los recortes impositivos
no deberían ser el núcleo de su programa de
recuperación económica. Deberían, en cambio, ser una
forma de agrandar su programa de creación de empleo,
que de otra manera no será lo suficientemente
grande.
Mi
sincera opinión es que incluso con todo esto, usted
no podrá evitar que 2009 sea un año muy malo. Si
logra que la tasa de desempleo no pase del ocho por
ciento, voy a considerar eso un gran éxito. Pero
para 2010 usted debería ser capaz de poner a la
economía en camino a la recuperación. ¿Cómo debería
prepararse para esa recuperación?
Más
allá de la crisis
El
manejo de la crisis es algo importante, pero Estados
Unidos necesita mucho más que eso. FDR reconstruyó
Estados Unidos no sólo haciendo que atravesemos a
salvo la depresión y la guerra, sino también
convirtiéndonos en una sociedad más justa y segura.
Por un lado, creó programas de seguro social, en
especial el Seguro de
Desempleo, que ha protegido a los trabajadores
estadounidenses hasta el día de hoy. Por otro,
supervisó la creación de una economía mucho más
igualitaria, creando una sociedad de clase media que
duró décadas, hasta que las políticas económicas
conservadoras trajeron la nueva era de la
desigualdad que reina hoy. Usted tiene una
oportunidad de emular los logros de FDR, y el juicio
final sobre su presidencia descansará sobre si usted
aprovecha o no esa oportunidad.
El
legado más importante que puede dejarle al país será
darnos, finalmente, aquello que todas las naciones
desarrolladas del mundo ya tienen: atención médica
garantizada para todos sus ciudadanos. La crisis
actual nos ha dado una lección acerca de la
necesidad de una cobertura médica universal de dos
maneras. Ha subrayado la vulnerabilidad de los
estadounidenses cuyo seguro médico está atado a
trabajos que pueden desaparecer fácilmente.
Y ha
dejado claro que nuestro sistema actual es además un
mal negocio - las Tres Grandes automotrices no
estarían en semejantes problemas si no hubieran
intentado pagar los gastos médicos de sus antiguos
empleados además de los de sus actuales
trabajadores. Usted tiene el mandato de cambiar las
cosas; la crisis económica ha demostrado que el
sistema necesita ser cambiado. Y ahora es el momento
de aprobar las leyes que establezcan un sistema que
de cobertura a todos.
¿Cómo
debería ser este sistema? Algunos progresistas
insisten en que debemos ir inmediatamente hacia un
sistema de pago individual (Medicare para todos) Si
bien ésta sería la manera más justa y eficiente de
asegurarse que todos los estadounidenses obtengan el
sistema de atención médica que necesitan, seamos
francos: es probable que el pago individual no sea
factible políticamente ahora mismo, simplemente
porque representaría un cambio demasiado grande. Al
menos al principio, los estadounidenses que tienen
un buen seguro médico privado serán reticentes a
cambiar ese seguro por un programa público, aunque
ese programa al final demuestre ser mejor.
Entonces
lo que hay que hacer en su primer año es aprobar un
plan de compromiso - uno que establezca, por primera
vez, el principio del acceso universal a la atención
médica. Sus propuestas de campaña proveen el
esquema. Deje que la gente mantenga su seguro
privado si así lo desea, subsidie el seguro para
familias de bajos ingresos, exija que todos los
niños estén cubiertos, y dé a todos la opción de
pasarse a un sistema público - uno que probablemente
termine siendo más barato y mejor que el seguro
privado. Apruebe leyes haciendo todo esto, y
tendremos cobertura médica universal funcionando
para fines de su primer mandato. Y eso será un logro
que - al igual que la creación del Seguro de
Desempleo por FDR - cambiará Estados Unidos para
mejor de manera permanente.
Todo
esto va a costar dinero, en su mayoría para pagar
esos subsidios para seguros, y alguna gente le dirá
que el país no puede pagar una gran reforma del
sistema de salud dados los costos del programa de
recuperación económica. Hablemos de por qué debería
usted ignorar a los que dicen no.
Primero,
pongamos en perspectiva los costos del programa de
recuperación económica. Es posible que resucitar la
economía pueda costar trillones de dólares a lo
largo de su primer mandato. Pero la administración
Bush desperdició como mínimo la mitad de eso en una
guerra innecesaria y recortes impositivos para los
más ricos; el plan de recuperación será intenso pero
temporario, y no significará una carga muy grande
sobre los futuros presupuestos. Piénselo de esta
manera: con la deuda federal de largo plazo pagando
la menor tasa de interés en cincuenta años, los
costos en intereses de un trillón de dólares de
deuda nueva sumarán apenas $30 billones anuales,
cerca del 1,2 por ciento del actual presupuesto
federal.
Segundo,
hay buenas razones para creer que la reforma del
sistema de salud en el largo plazo será un ahorro de
dinero. Nuestro sistema no sólo está lleno de
agujeros en cuanto a cobertura, también es muy
ineficiente y con enormes costos burocráticos, como
los inmensos recursos que las compañías de seguros
emplean en asegurarse de no dar cobertura a las
personas que más necesitan atención médica. Y bajo
un sistema universal será mucho más fácil utilizar
sabiamente nuestros dólares del sistema de salud,
gastar dinero sólo en procedimientos médicos que
funcionen y no en los que no lo hacen. Dado que el
alza de los costos en atención médica es la fuente
de las sombrías proyecciones a largo plazo para el
presupuesto federal, la verdad es que no podemos
dejar de avanzar hacia la reforma del sistema de
salud.
Y no
ignoremos los efectos políticos en el largo plazo.
Allá por 1993, cuando los Clinton intentaron y
fracasaron en crear un sistema universal de salud,
estrategas republicanos como William Kristol (hoy
colega mío en el New York Times) pidió a su partido
que se oponga políticamente a cualquier reforma;
ellos argumentaron que un exitoso programa de
cobertura médica - que enviaría el mensaje de que el
gobierno puede efectivamente servir al bien común -
esencialmente cambiaría el rumbo de la política
estadounidense hacia una dirección progresista.
Tenían razón - y las mismas consideraciones que
llevaron a los conservadores a oponerse tanto a la
reforma sanitaria deberían ser las que lo hagan a
usted decidirse firmemente a hacerla realidad.
La
atención médica universal, entonces, debería ser su
prioridad numero uno luego de rescatar a la
economía. Proveer cobertura para todos los
estadounidenses puede ser para su administración lo
que el Seguro de Desempleo fue para el New Deal.
Pero el New Deal logró otra cosa: convirtió a
Estados Unidos en una sociedad de clase media. Bajo
FDR, Estados Unidos atravesó lo que los
historiadores del trabajo llaman la Gran Compresión,
un aumento dramático de los sueldos de los
trabajadores comunes que redujo muchísimo la
desigualdad de ingresos. Antes de la Gran
Compresión, Estados Unidos era una sociedad de ricos
y pobres; después fue una sociedad en la que mucha
gente, con justicia, se consideró a sí misma como
clase media. Puede ser difícil igualar ese logro hoy
en día, pero usted puede, al menos, orientar al país
en la dirección adecuada.
¿Qué
causó la Gran Compresión? Es una historia
complicada, pero un factor importante fue el
surgimiento de la organización sindical: la cantidad
de trabajadores sindicalizados se triplicó entre
1935 y 1945. Los sindicatos no sólo negociaron
mejores sueldos para sus miembros, también
aumentaron el poder de negociación de los
trabajadores a lo largo de la economía.
En ese
momento, los conservadores advirtieron que los
aumentos de sueldo tendrían desastrosas
consecuencias económicas - que el surgimiento de los
sindicatos paralizaría el empleo y el crecimiento
económico. Pero de hecho, la Gran Compresión fue
seguida por el gran boom de posguerra, que duplicó
los estándares de vida de Estados Unidos en el curso
de una generación.
Desafortunadamente, la Gran Compresión se revirtió a
principios de los 70, a medida que los trabajadores
estadounidenses perdieron gran parte de su poder de
negociación. Esta pérdida se debió en parte a
cambios en la economía mundial, cuando las compañías
manufactureras estadounidenses empezaron a enfrentar
una mayor competencia internacional. Pero también
tuvo mucho que ver con la política, ya que la
administración Reagan primero, y la de Bush luego,
hicieron todo lo posible para limitar la capacidad
de organización de los trabajadores.
Usted
puede comenzar a revertir ese proceso. Obviamente,
no llegará ver a los sindicatos triplicando su
número de afiliados en algún tiempo cercano. Pero
puede hacer muchas cosas para fortalecer los
derechos de los trabajadores. Una es empezar a poner
los cimientos para que se apruebe la Employee Free
Choice Act, que le haría mucho más difícil a los
empleadores intimidar a los trabajadores que desean
afiliarse a un sindicato. Sé que probablemente no
sucederá en su primer año, pero si sucede, y cuando
suceda, la legislación hará que Estados Unidos de un
enorme paso adelante hacia recuperar la sociedad de
clase media que hemos perdido.
Verdad y reconciliación
Hay
muchos otros asuntos de los que deberá ocuparse, por
supuesto. En particular, no mencioné ni una palabra
acerca de la política ambiental, que es finalmente
el tema más importante de todos. Y no lo hice porque
sospecho que no será posible aprobar un plan
integral para abordar el tema del cambio climático
en su primer año. Sin dudas, incluya en el plan de
recuperación inicial toda la inversión relacionada
con el ambiente que pueda, como puede ser gastar en
la mejora de la eficiencia energética. Pero supongo
que 2009 no será el año para introducir medidas cap
and trade (comercio de derechos de emisión) para
reducir la emisión de gases de efecto invernadero.
Si me equivoco, genial - pero no espero grandes
movidas en política ambiental enseguida.
Tampoco
dije nada acerca de la política exterior. Su equipo
es muy conciente de la necesidad de aminorar la
guerra en Irak - la cual, ya que estamos, cada año
está costando casi tanto como lo que nos costarían
los subsidios a los seguros necesarios para
implementar la cobertura médica universal. Usted
también es conciente de la necesidad de encontrar la
solución menos mala para el desastre de Afganistán.
Y no quiero ni pensar en Pakistán - pero usted sí
debe hacerlo. Buena suerte.
Hay, sin
embargo, un área en la que siento que no puedo ser
disciplinado. Soy un economista, pero también soy
ciudadano estadounidense - y como muchos ciudadanos,
he pasado los últimos ocho años viendo horrorizado
cómo la administración Bush traicionó los ideales de
la nación. Y no creo que podamos dejar esos
terribles años atrás a menos que hagamos un
reconocimiento total de lo que pasó realmente.
Sé que
la mayoría de la gente de Washington le está
pidiendo que olvide el pasado, de la misma manera
que le pidieron a Clinton que mantenga oculta la
verdad sobre los escándalos de los años Reagan-Bush,
en especial el asunto Irán-Contras. Pero sabemos
cómo terminó eso. La misma gente que abusó del
poder en nombre de la seguridad nacional hace 20
años volvió como parte del equipo que -bajo el
segundo George Bush - lo hizo de nuevo, y en una
escala mucho más grande. Fue una lección acerca de
lo verdaderas que son las palabras de George
Santayana: aquellos que no aprenden de su pasado
están condenados a repetirlo.
Por eso
esta vez necesitamos una explicación completa. No
una caza de brujas, quizás ni siquiera
procesamientos, pero algo como la Truth and
Reconciliation Commission (Comisión por la Verdad y
la Reconciliación) que ayudó a Sudáfrica a reconocer
lo que sucedió durante el apartheid. Debemos saber
cómo fue que Estados Unidos terminó peleando una
guerra para destruir armas que no existían, cómo la
tortura se convirtió en un instrumento de rutina de
la política estadounidense, cómo el Departamento de
Justicia se volvió un instrumento de persecución
política, cómo la corrupción descarada floreció no
sólo en Irak, pero a lo largo del Congreso y la
administración.
Sabemos
que estos males no fueron, a pesar de lo que digan
los apologistas, el resultado de errores sinceros o
un par de manzanas podridas: la Casa Blanca generó
un clima en el que el abuso se volvió habitual, y en
muchos casos probablemente fue el instigador
principal de estos abusos. Pero no alcanza con dejar
a esta realidad en el ámbito de las cosas que “todo
el mundo sabe”, porque pronto serán negadas u
olvidadas, y el ciclo de abuso volverá a
empezar. Toda esta historia macabra debe ser
sacada a la luz.
Probablemente sea mejor que el Congreso lidere la
investigación de los años Bush, pero su
administración puede hacer su parte, evitando usar
su influencia para desalentar las investigaciones, y
también poniendo fin al muro de silencio de la
administración Bush. Permita que el Congreso tenga
acceso a los registros y los testigos, y deje que la
verdad sea dicha.
Dicho
esto, el futuro es lo más importante. Este mes
celebramos su llegada a la Casa Blanca; en tiempos
de gran crisis nacional, usted trae consigo la
esperanza de un futuro mejor. Ahora depende de usted
cumplir con esa esperanza. Llevando a cabo un
programa de recuperación aún más audaz y completo
que el New Deal, usted puede no sólo dar vuelta la
economía, puede poner a Estados Unidos en el camino
hacia una mayor igualdad para las próximas
generaciones.
Fuente:
Rolling Stone
LA
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