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Cómo funcionan los servicios
de Inteligencia en EEUU
por Gustavo Díaz Matey
Introducción
Existe una tendencia general a
identificar el trabajo de la inteligencia con
espías, conspiraciones y acciones encubiertas. Esta
situación está generada en gran medida por factores
como el gran desarrollo de las novelas de espionaje,
fomentada por el éxito de taquilla de este tipo de
guiones y, en parte, justificada por los fallos de
inteligencia a lo largo de la historia. Por ello,
nada mejor que intentar explicar de manera
científica y rigurosa la estructura de una de las
mayores comunidades de inteligencia del mundo, como
es la estadounidense,[1] para que investigadores,
académicos y el público en general se hagan una idea
del verdadero funcionamiento de una parte esencial
de cualquier gobierno: las estructuras de
inteligencia que componen la comunidad de
inteligencia (CI).
De hecho, uno de los clichés
más extendidos desde el 11 de septiembre en EEUU es
que la CI está rota. Por norma general, cuando
pensamos en algo roto, estamos admitiendo que debe
ser reparado o reemplazado, de tal modo que el
problema se solucionará. Si bien es verdad que la
penosa respuesta al caos que produjo el huracán
Katrina nos muestra lo mal preparado que estaba EEUU
para responder a este tipo de acontecimientos, el
sistema de inteligencia estadounidense no puede ser
reemplazado sin más, debido a su complejidad y
pluralidad fruto de dos causas principalmente: la
primera histórica, ya que los organismos se han ido
creando en diferentes momentos históricos, ubicados
en diferentes departamentos; la segunda es fruto de
la anterior, y es que una vez que se ha creado un
organismo administrativo tiende a perpetuarse y
pugnar por salvaguardar sus competencias,
resistiéndose a su absorción por otro competidor.[2]
De este modo, involucrados en
dos guerras, en Afganistán e Irak, y otra contra el
terrorismo a largo plazo iniciada por la
Administración Bush, el recién elegido presidente de
EEUU jugará un papel determinante en el desarrollo
de las actuaciones y procedimientos de los asuntos
de la comunidad de inteligencia en los próximos
años, dependiendo no sólo de su agenda política,
sino también de la personalidad de Obama, debido al
amplio papel que el ejecutivo juega en los asuntos
de inteligencia. En última instancia, es el
presidente, como comandante en jefe de la defensa
del país, el encargado de ampliar, reducir o
modificar la estructura de la comunidad de
inteligencia como parte de la estructura de la
defensa nacional del país.
El presidente es el comandante
supremo de las fuerzas armadas (Art. I sec. 2 de la
Constitución) y tiene la capacidad de reestructurar
los servicios de inteligencia por medio de órdenes
ejecutivas. Lo que no significa que éste no tenga
que contar con el apoyo del poder legislativo
representado en el Congreso, quien en última
instancia pasa las propuestas de ley a leyes.[3] En
último término, en un país presidencialista como
EEUU la responsabilidad de los servicios de
inteligencia recae en el presidente y el Consejo de
Seguridad Nacional (NSC), nombrados de manera
democrática.
Si el trabajo del análisis de
prospectiva durante la campaña presidencial no ha
sido nada fácil, ya que ambos congresistas –Obama y
McCain– cambiaron considerablemente sus posiciones
sobre inteligencia desde que fueron elegidos
candidatos, ahora que está claro quién ocupará la
Casa Blanca en los próximos años la tarea se
presenta algo más asequible.
En este sentido, una cosa son
las declaraciones que se puedan hacer en campaña y
otra muy distinta lo que suceda en los siguientes
años tras las elecciones. El ejemplo lo encontramos
en la posición de ambos candidatos a las
controvertidas medidas relativas a la inteligencia
en los últimos años, como la Foreign Intelligence
Surveillance Act (FISA), el conjunto de medidas que
habilitan a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) a
interceptar llamadas y e-mails entrantes de fuera de
EEUU cuando el gobierno sospeche que dichas acciones
pueden ser parte de conspiraciones terroristas, sin
necesidad de orden judicial, simplemente
notificándolo al DCI.
Así, la CIA ha conseguido la
autorización para monitorizar envíos de dinero,
incluidos aquéllos hechos por ciudadanos o
residentes estadounidenses.[4] Estas medidas, junto
con las prisiones secretas de la CIA, han despertado
gran controversia por la vulneración de los derechos
humanos que suponen. De este modo, aunque los dos
candidatos se han opuesto a las reformas realizadas
por la Administración Bush de un modo u otro –McCain
intentando distanciarse de la Administración Bush y
Obama argumentando la defensa de los derechos
civiles–, las posiciones no estaban tan claras, ya
que ambos daban prioridad a la seguridad nacional.
De este modo, Obama –aconsejado por John Brennan, ex
director del Centro Nacional Contraterrorista–
afirmó en la campaña que:
“That, in my mind, met my basic
concerns. And given that all the information I’ve
received is that the underlying program itself
actually is important and useful to American
security, as long as it has these constraints on
them, I felt it was more important for me to go
ahead and support this compromise”.[5]
También McCain intentó
distanciarse enérgicamente de la Administración Bush
en cuestiones como el uso de la tortura con
prisioneros: “The Army general said that the
techniques under the Army Field Manual are working
and working effectively, and he didn’t think they
need to do anything else”.[6]
Sin embargo, el principal
asesor de McCain en cuestiones de Política Exterior,
Randy Scheunemann, afirmaba poco después que “la
posición actual de McCain es que los interrogadores
de la CIA no deben estar sujetos a las directrices
del Manual de Campo del Ejército”.
Del mismo modo, como hemos
podido comprobar, la comunidad de inteligencia no
fue un tema demasiado utilizado en la campaña de
ninguno de los dos candidatos (aunque sí lo han sido
otros temas de seguridad nacional), en parte por el
desconocimiento del gran público de lo que
constituye la comunidad de inteligencia
estadounidense, su gran complejidad y la importancia
de la crisis financiera en la que estamos inmersos.
De este modo, la CI no fue un tema de especial
atención en ninguno de los debates televisados entre
los dos candidatos. Sin embargo, a pesar de todo
ello, el cómo se relacione Obama como nuevo
presidente de EEUU con la CI será determinante para
conocer el verdadero alcance de las reformas
iniciadas en 2001.
De este modo, es interesante
comprobar como una de las primeras medidas aprobadas
por el nuevo presidente tras su toma de posesión el
20 de enero ha sido la firma de tres órdenes
ejecutivas: (1) para revisar la situación de las
personas detenidas en Guantánamo y el cierre de las
instalaciones de detención; (2) para revisar las
opciones de la política de detención con la creación
de un grupo interagencias especial para analizar la
situación de los detenidos; y (3) para asegurar que
los interrogatorios a detenidos cumplan con la más
estricta legalidad, revocando la Orden ejecutiva
13440 de 20 de julio de 2007 que otorgaba mayores
prerrogativas a la CIA en materias de escucha y
detención de sospechosos.
Por tanto, el motivo principal
de este trabajo es presentar de forma clara la
estructura de la comunidad de inteligencia
estadounidense, desde sus inicios hasta llegar a la
raíz de los cambios realizados por la Administración
Bush con motivo de los fatídicos acontecimientos del
11 de septiembre de 2001.[7] Al presentar la
evolución de la estructura intentará explicar la
esencia de la inteligencia estadounidense, para
posteriormente realizar un análisis de prospectiva
de lo que puede quedar y puede ser modificado de la
misma con la llegada de Administración Obama a la
Casa Blanca.
Aunque, como se ha dicho, los
temas de inteligencia no ocuparon gran espacio en la
campaña electoral, ahora que sabemos que los
demócratas formarán gobierno en los próximos años,
tendremos la oportunidad de ver hacia dónde
desembocarán las reformas de la comunidad de
inteligencia estadounidense comenzadas por la
Administración Bush en septiembre de 2001. Sin
embargo, para ello será necesario recorrer un largo
camino con el fin de entender la estructura y la
naturaleza de una Comunidad afectada por un gran
número de cambios a lo largo de su historia,
especialmente en los últimos años, y altamente
condicionada a las percepciones y personalidades de
los diferentes inquilinos de la Casa Blanca.
Evolución de la CI
estadounidense
El desarrollo y evolución de la
comunidad de inteligencia estadounidense a lo largo
de la historia es peculiar, por lo que es
interesante analizarla en profundidad para
comprender las diferentes “tensiones” entre
distintos departamentos y organismos, no sólo por
conservar y ampliar competencias, sino también por
la asignación de presupuestos.
EEUU, hasta el final de la
Segunda Guerra Mundial, fue muy reacio a crear
estructuras de inteligencia permanentes, si bien es
verdad que se crearon estructuras ad hoc en momentos
de especial dificultad para realizar labores de
inteligencia.[8] De este modo, aunque ya en
noviembre de 1775 se creó un comité de
Correspondencia Secreta en el Congreso Continental
para recolectar inteligencia exterior, EEUU no
contará con un servicio de inteligencia permanente,
estructurado y a nivel nacional hasta casi 160 años
más tarde. Es importante tener una noción clara de
lo que inteligencia significa, ya que si bien el uso
de “espías e informadores” ha existido desde tiempos
inmemoriales, la concepción de la inteligencia
contemporánea es algo más.[9] De este modo, a pesar
de que la Constitución no habla de los servicios de
inteligencia, los padres fundadores los dan por
supuestos.
En este sentido, durante la
Guerra de Secesión ambos bandos usaron “espías” para
conseguir algún tipo de ventaja. La Unión recurrió a
los servicios de la empresa de detectives privados
Pinkerton, dirigida por Allan Pinkerton, quien se
unió a las filas del general George McClellan como
jefe de inteligencia; dimitió poco después cuando el
presidente Lincoln despidió al general en 1862.
Durante las mismas fechas se fundó otro cuerpo de
inteligencia creado por Lafayette Baker centrado en
funciones de contrainteligencia contra los
confederados.
Sólo un año después, tras los
éxitos relativos de estas experiencias, en 1863 el
general Joseph Hooker pidió al coronel George H.
Sharpe la creación de una oficina de información
militar. Sin embargo, a pesar las distintas
contribuciones de estas estructuras a la contienda,
al final de la guerra fueron disueltas y EEUU volvió
a su postura de no contar con estructuras de
inteligencia de carácter permanente en tiempos de
paz. Podemos decir que la excepción sería la
creación del servicio secreto en 1865[10] bajo la
autoridad del recién creado Departamento del Tesoro,
cuya misión principal era luchar contra los
falsificadores de moneda y proteger al
presidente.[11]
Esta es la razón principal por
la que las estructuras de inteligencia, hasta los
cambios producidos al final de la Segunda Guerra
Mundial, se encontraban en el seno del Ejército.
Hasta 1882 la no creó la primera agencia de
inteligencia permanente en tiempos de paz: la
Oficina de Inteligencia Naval (ONI). El Ejército de
Tierra hizo lo propio y en 1885 creó la División de
Inteligencia Militar y en 1888 el Congreso autorizó
la asignación de agregados militares a puestos
diplomáticos en el extranjero. Estas organizaciones,
aunque distaban mucho de ser profesionales, jugaron
un papel relativamente importante cuando estalló la
guerra con España en 1898.
Cuando el país entró en guerra
las labores de inteligencia volvieron a cobrar una
notable importancia y se resucitó la División de
Inteligencia Militar (MID) del Ejército de Tierra,
dirigida por Ralph Van Deman y después por Herbert
O. Yardley. También se recuperó la Oficina de
Inteligencia Naval (ONI). Ambas organizaciones
trabajaron estrechamente con la oficina de
investigación del Departamento de Justicia, creada
en 1908, y el Servicio Secreto, del Departamento del
Tesoro. De igual modo se creó una unidad propia
dentro de las tropas militares para realizar labores
de inteligencia en Europa (G-2), comandadas por el
general Pershing.
A pesar de estos primeros
pasos, EEUU llegó a la Primera Guerra Mundial con
unas capacidades de inteligencia mucho más limitadas
que el resto de actores de la esfera internacional.
No obstante, la buena relación con las potencias
aliadas y su posterior entrada en guerra contra las
potencias del eje permitió que se comenzase a formar
la gran alianza entre británicos y americanos en
materia de inteligencia que dura hasta nuestros días
y que la inteligencia estadounidense comenzase a ver
las ventajas de contar con estructuras de
inteligencia de carácter permanente.
Un claro ejemplo fue la ayuda
prestada por los británicos con las operaciones de
descifrado de los códigos alemanes (Room 40),
realizadas desde el departamento de inteligencia
naval británico. Debido al cambio en las condiciones
de la guerra, y a los resultados de las estructuras
de inteligencia tanto propias como de las potencias
aliadas, tras la Primera Guerra Mundial EEUU se
encontró dando los primeros pasos para establecer
una comunidad de inteligencia, no sin tener que
salvar innumerables obstáculos. En 1911, por
ejemplo, se dictó la Defense Secrets Act, que penaba
la difusión ilegal de información sobre defensa. La
ley fue derogada en 1917 y sustituida por la
Espionage Act, actualmente en vigor.[12]
En este sentido, en 1916 el
Congreso de EEUU autorizó al FBI para que realizase
labores de contrainteligencia, tanto como para
actividades extranjeras en EEUU como para grupos
anarquistas y radicales de carácter político.
Posteriormente, el presidente Roosevelt coordinó las
actividades de contrainteligencia con la creación de
un comité con los directores del FBI, el MID y el
ONI. En 1940, el presidente expandió las
responsabilidades del FBI para recolectar
inteligencia de carácter no militar al hemisferio
norte exceptuando la zona del canal de Panamá, y
Edgar Hoover, director del FBI, creó una unidad
especial de inteligencia dentro del FBI para
recolectar inteligencia en Centroamérica y
Sudamérica. Por su parte, el Ejército asumiría la
recolección de la inteligencia en África, Europa y
la zona del Canal y la se hacía cargo de la zona
del pacífico.
De este modo se comenzó a
desarrollar la inteligencia de carácter no militar
en EEUU. Como se puede observar, el camino que llevó
tanto al Ejército como al FBI a hacerse con
competencias de inteligencia no fue fácil y ningún
departamento involucrado quiso perder ni
competencias ni presupuestos, sobre todo cuando al
final de la Segunda Guerra Mundial se comenzaron a
oír voces que abogaban por la creación de una
estructura de inteligencia permanente con un
componente no militar, con lo que comenzaban unas
tensiones entre los componentes militares y civiles
de inteligencia que durarían hasta nuestros días
(como comprobaremos más adelante, cuando analicemos
las atribuciones del DCI y del DNI).
Al final de la Gran Guerra,
EEUU mantuvo parte de las estructuras creadas
durante la contienda. Así, dentro del Ejército de
Tierra, el MID siguió operando con una unidad de
descifrado de códigos llamado the black chamber, que
consiguió descifrar los códigos japoneses antes de
la conferencia de desarme de Washington en 1921. La
unidad fue desmantelada cuando en 1929 el secretario
de Estado Henry L. Stimson eliminó los fondos
destinados a ella.[13] En ese año el Ejército creó
su propia unidad de inteligencia de señales –el SIS,
dirigido por W. Frederick Friedman– que en 1940
descifró los códigos de la maquina de cifrado
japonesa púrpura, cuyos productos se diseminaron con
el nombre en clave de Magic. Por su parte, la creó
en 1924 una organización de radio-inteligencia en la
oficina de las comunicaciones navales (ONC),
conocida como OP 20-G y dirigida por el teniente
Laurence F. Salfford. En ambos casos, tanto en el
Ejército como en la Armada, el MID y el ONI trataron
de hacerse con el control del servicio de
inteligencia de señales y del ONC, respectivamente,
pero sin éxito, lo que supuso una falta de
centralidad y mando único de estas unidades de
inteligencia. En estos ejemplos podemos ver con
claridad las reticencias de la época a usar las
labores de inteligencia en tiempos de paz. Estas
tensiones, como se puede comprobar a lo largo de
toda la historia, se manifiestan en la lucha por las
distintas partidas presupuestarias entre las
distintas agencias.
Al inicio de la Segunda Guerra
Mundial el presidente Roosevelt mandó a Inglaterra a
William J. Donovan para ver los progresos de la
inteligencia británica con respecto a los códigos
alemanes. A su regreso el 10 de junio de 1941,
Donovan dirigió un memorando al presidente Roosevelt
en el que sostenía que era necesario un servicio de
información estratégica que tuviese un coordinador
de información estratégica, directamente subordinado
al presidente y auxiliado por un Comité Consultivo
compuesto por el director del FBI y los directores
de los servicios de inteligencia del Ejercito y de
la Armada y los homólogos de los demás departamentos
afectados.
El 25 de junio de 1941
Roosevelt dictó una orden militar creando la figura
propuesta y el 11 de julio se re-escribió la orden
por la oposición creada, eliminando la palabra
estratégica. Se creó la Office of Coordination of
Information (OCI), con una plantilla de 1.600
personas y poco después, en junio de 1942, se
convirtió en la OSS, al servicio del Joint Chiefs of
Staff. A pesar de los roces por las competencias,
Roosevelt propuso llevar a cabo el proyecto de
Donovan de centralizar la inteligencia pero su
sucesor como presidente, Harry S. Truman, prefirió
disolver la OSS un mes después de la capitulación de
Japón. Por otro lado, en el frente del pacífico el
general McArthur estableció su propia agencia de
inteligencia, la Oficina de Inteligencia Aliada (AIB),
orientada a coordinar las actividades de
inteligencia de británicos, australianos holandeses
y norteamericanos.
Tras el final de la Segunda
Guerra Mundial se comenzó a desmantelar la enorme
maquinaria de guerra y con ella las estructuras de
inteligencia, con lo que comenzó un debate sobre si
EEUU necesitaba una estructura de inteligencia
permanente y de ser así de qué tipo. En un
principio, Truman era muy reacio a crear una
estructura permanente de inteligencia, en gran parte
debido a la falta de coordinación de las distintas
estructuras existentes a la hora de proveer
productos de inteligencia al presidente y en parte
debido al legado de Pearl Harbor. Sin embargo, una
vez desmantelada la OSS, su estructura de análisis
se trasladó al Departamento de Estado, creándose la
Oficina de Inteligencia e Investigación (INR). En
gran parte debido a presiones, en 1946 Truman creó
la National Intelligence Authority (NIA), compuesta
por el secretario de Estado de Marina y un
representante personal del presidente. Las
estructuras de contrainteligencia e inteligencia
secreta fueron destinadas al Departamento de Guerra
y posteriormente al Grupo Central de Inteligencia
(CIG), que se encontraba bajo la supervisión del
Departamento de Estado, de Guerra y Marina, dentro
de la NIA, germen de la CIA, que se crearía por el
Acta de Seguridad Nacional de 1947. En esta
situación se llegó a la Guerra Fría, época en la que
nació y se consolidó la comunidad de inteligencia
estadounidense.
En aquel entonces estaba claro
que las fuerzas armadas estadounidenses necesitaban
una nueva Estrategia de Defensa Nacional y ninguna
rama del Ejército quería perder influencia. De este
modo, la Fuerza Aérea presionaba para convertirse en
una rama aparte del Ejército de Tierra y de la
Marina, la Marina quería un mayor presupuesto para
construir grandes barcos de guerra ante la inminente
perdida del control de la Fuerza Aérea y el
Ejercito, por su parte, quería un mayor número de
efectivos, abogando por un servicio militar
obligatorio. En suma, cada rama de las fuerzas
armadas quería una mayor influencia ante la nueva
situación y esta influencia debía estar reflejada en
los presupuestos asignados.
En esta situación nació el Acta
de Seguridad Nacional de 1947, con las enmiendas de
1949, que transformó la estructura de seguridad
nacional de EEUU. El acta creó la posición de
secretario de Defensa, estableció la Fuerza Aérea
como rama independiente del Ejército, se unificaron
las tres ramas en el Departamento de Defensa y se
coordinaron a través de los Joint Chiefs of Staff (JCS).
Del mismo modo, el Acta creó la
CIA, considerada la primera agencia civil de
inteligencia en tiempos de paz en EEUU. Cuando en
1947 se formó la CIA, se le unió una agencia ya
existente, el Foreign Broadcast Information Service
(FBIS), encargada de monitorizar las comunicaciones
alemanas y japonesas durante la Guerra.
Posteriormente, fue trasladado al Departamento de
Guerra y al efímero Grupo Central de Inteligencia, y
finalmente a la CIA. El FBIS crea informes que se
pueden comprar a través del Departamento de
Comercio, por medio de su Servicio Nacional de
Información Técnica (NTIS) y hoy este servicio se ha
convertido en una suscripción online llamada NTIS.
También se creó la posición de
director de la Inteligencia Central (DCI). Hasta el
Acta de la Reforma de Inteligencia y el Acta de la
Prevención del Terrorismo de 2004, el DCI era la
cabeza de la CIA, el principal asesor del presidente
en materia de inteligencia y el coordinador de las
actividades de inteligencia en el país. Sin embargo,
el DCI no controla ni los presupuestos ni el
personal de gran parte de la comunidad de
inteligencia estadounidense, potestad que sí tiene
el secretario de Defensa.[14]
En las enmiendas de 1949 el
Ejército perdió gran parte de sus competencias de
comunicaciones, principalmente por su mala actuación
en la guerra de Corea. Así, la Agencia de Seguridad
de las Fuerzas Armadas (AFSA), integrada en el Joint
Chiefs of Staff, pasó por la orden ejecutiva de 1952
a ser la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) bajo el
secretario de Defensa. Esta agencia con el tiempo se
ha convertido en la principal agencia de la
comunidad de inteligencia estadounidense, por los
presupuestos que tiene asignados. Se ocupa
principalmente de la agencia de señales, SIGINT.
En 1958 con el proyecto Corona
comenzó la era espacial para la comunidad de
inteligencia estadounidense. El éxito de este
proyecto y la competencia entre las distintas ramas
del Ejército sobre estas cuestiones llevó al
presidente Eisenhower a crear la NRO, dentro del
Departamento de Defensa. Sin embargo, la CIA tenía
un cierto control en sus presupuestos junto con
Defensa hasta los años 90. Esta agencia gasta la
mayor parte del presupuesto de inteligencia y su
misión es diseñar, desarrollar y operar los
satélites de reconocimiento de EEUU.
En 1957 se creó, dentro de la
oficina ejecutiva del presidente, el Consejo de
Seguridad Nacional (NSC) para guiar y coordinar la
inteligencia del país. De hecho, el director del NSC
es el asistente del presidente para los asuntos de
seguridad nacional y esta figura es, por tanto, la
piedra angular de la coordinación de la seguridad
nacional desde su creación.
Cuando John F. Kennedy llegó a
la presidencia de EEUU en 1961, su secretario de
Estado, Robert McNamara, añadió otra pieza a la
comunidad de inteligencia con la creación de la DIA,
la Agencia de Inteligencia de Defensa, cuya misión
es consolidar la producción de inteligencia por
parte de los militares ayudando al secretario de
Defensa y el JCS. De este modo, se configura la
estructura de recolección humana en EEUU por lo que
los principales recolectores de inteligencia por
medios humanos son el Servicio Nacional Clandestino
(NCS) de la CIA, anteriormente llamado Directorio de
Operaciones, el Defense Humint Service (DHS) y, tras
el 11 de septiembre, el FBI. Ya en la post-Guerra
Fría, en 1993, el Departamento de Defensa centralizó
sus capacidades de recolección de inteligencia
humana en el DHS, órgano creado dentro de la DIA.
Con respecto a la recolección
de inteligencia por medios técnicos, de 1961 a 1996
fue responsabilidad del Centro Nacional de
Interpretación Fotográfico (NPIC), compuesto por
personal de la CIA y de la DIA, así como por
unidades de las distintas ramas del Ejército.
Durante la Guerra Fría uno de los actores más
activos en la recogida de información de fuentes
abiertas fue la División Tecnológica Exterior de la
Fuerza Aérea (FTD).
Esta organización es ahora
forma parte del Centro de Inteligencia Nacional del
Aire y del Espacio (NASIC), dentro de la Agencia
Nacional del Aire. En 1996 se creó la Agencia de
Imágenes y Mapas (NIMA), cuyo nombre se cambió en
2003 por el de Agencia de Inteligencia Nacional
Geoespacial (NGA). En 1996 se reformó la plataforma
de imágenes de la CI estadounidenses (IMINT),
incluyéndola dentro del Departamento de Defensa.
Esta nueva agencia combina los esfuerzos de la
Agencia de Mapeado de Defensa (DMA), el NPIC de la
CIA y la oficina central de imágenes del
Departamento de Defensa, así como otros
departamentos de otras agencias. Estos esfuerzos
están encaminados a crear un nuevo INT, GEOINT, o
inteligencia geoespacial, que incluiría mapas,
gráficos y datos medioambientales. En esta situación
se llega a la post-Guerra Fría y al 11 de
septiembre. Los cambios después del 11 de
septiembre: el debate sobre la necesidad de reforma
El National Security Act (Acta
de Seguridad Nacional) de 1947 creó el National
Security Council, el director central de
Inteligencia (DCI), lo que eventualmente fue el
Departamento de Defensa (DoD) y el secretario de
Defensa. La CIA se creó dos años después de manera
independiente, sin estar supeditada a ningún otro
gabinete, en contraste con el resto de miembros de
la comunidad de inteligencia, que sí están situados
en distintos departamentos. Por tanto, se parte de
la premisa de que antes del 11 de septiembre de 2001
la comunidad de inteligencia podía entenderse como
CIA/DoD y exterior e interior.
El viejo sistema de
inteligencia, que nació con el Acta de Seguridad
Nacional de 1947, fue diseñado para hacer frente a
la Unión Soviética. Desgraciadamente, las amenazas
que se ciernen sobre la esfera internacional son
mucho más difusas y complejas, lo que en último
término supone que las intenciones del enemigo son
incluso más importantes que las capacidades. Mucho
se habló tras los atentados del 11 de septiembre de
2001 de la necesidad de reformar los servicios de
inteligencia estadounidenses.
El debate está abierto desde
múltiples perspectivas: políticas, periodísticas e
incluso legales.[15] Aunque la terminología no está
del todo clara sobre la necesidad de reforma o de
completa trasformación, lo que parece más que
evidente es que la relación del nuevo presidente de
EEUU para con la CI será importantísima en la
próxima legislatura, ya que los desafíos son
formidables y las implicaciones de la reforma o la
transformación van mucho más allá de lo que muchas
veces se piensa. Sin embargo, este es el argumento
subyacente en los “cambios” acontecidos en la CI en
los últimos años. Así, tras los atentados de 2001,
el Congreso ordenó la mayor reorganización de la
inteligencia estadounidense de la historia.
Con tal fin se creó el USA
Patriot Act: “uniting and strengthening America by
providing appropriate tools required to intercept
and obstruct terrorism acts”.
Esta ley desmantela la
distinción entre vigilancia interna y externa,
creada en los años 70 durante las investigaciones
del caso Watergate y tiene el fin de que la CIA y el
FBI puedan compartir información mucho más
libremente, aunque lo cierto es que supone una
vulneración importante de los derechos civiles.[16]
Un año después se creó el Departamento de Seguridad
Nacional (DHS) por la Homeland Security Act de 2002,
cuya oficina de análisis de inteligencia es parte de
la comunidad de inteligencia, al igual que el
servicio de guardacostas es otro miembro de la CI,
integrado en el DHS, mientras que –curiosamente– el
servicio secreto no lo es (aunque es parte de la DHS).
En julio de 2004 se constituyó
la comisión bipartita sobre los atentados del 11-S,
y se recomienda crear la figura del director
nacional de Inteligencia (DNI), como un puesto que
tuviese la suficiente autoridad para integrar las
distintas partes de la comunidad de inteligencia.
Del mismo modo, esta comisión recomendó la creación
de un Centro Contraterrorista Nacional (NCTC), que
incluye el personal del centro contraterrorista de
la CIA y el Joint Task Force Combating Terrorism
(JITF-CT). El presidente Bush se apresuró a
respaldar las distintas recomendaciones de la
comisión cuando en julio y agosto de 2004 estableció
dos órdenes ejecutivas (EO): la EO 13354 establece
el Centro Nacional Contraterrorista (NCTC),[17]
creada con el fin de aumentar y reafirmar la
posición del DCI, dándole capacidad para reasignar
fondos de los NFIP, y consultar reasignaciones con
el Secretario de Defensa del JMIP y del Tactical
Intelligence and Related Activities (TIARA);[18] la
EO 13356 se centra en una de las mayores
preocupaciones de la comisión del 11-S, el compartir
información entre agencias y a distintos niveles.
La orden asigna al DCI la
misión de coordinar la información de inteligencia.
Del mismo modo, la orden establece el Consejo de
Sistemas de Información con el objetivo de compartir
la máxima información relativa a amenazas
terroristas entre las distintas agencias
involucradas.[19]
Según la Comisión de las Armas
de Destrucción Masiva (WMD Commission) de marzo de
2005,[20] la inteligencia doméstica y el FBI son uno
de los eslabones más débiles del sistema de
inteligencia estadounidense. El presidente Bush
lanzó una profunda campaña de reorganización de la
inteligencia gestionada por el FBI que incluía entre
otras cuestiones una reorganización de las tres
unidades de inteligencia del FBI en la National
Security Branch (NSB), bajo el mando de un director
que debía ser aprobado por el DNI y que daría
explicaciones a este mismo y al presidente.[21] El
principal problema que presenta la reestructuración
de la inteligencia doméstica estadounidense reside
en que el FBI se centra en la investigación
criminal, y cambiar esta cultura no será tarea
fácil. De hecho, hay diversos autores que afirman
que la comunidad de inteligencia estadounidense
necesita una nueva agencia, distinta del FBI,
encargada de la inteligencia doméstica.[22] Si bien
es verdad que a día de hoy hay un total de cinco
agencias encargadas de recolectar inteligencia
doméstica.[23]
Posteriormente, mientras que el
embajador John Negroponte, apadrinado por Henry
Kissinger, [24] esperaba ser confirmado como DNI, el
31 de marzo de 2005 salió a la luz el informe de la
comisión sobre las capacidades de inteligencia
estadounidenses en relación con las armas de
destrucción masiva. La comisión, presidida por el
senador Charles Robb y el juez Laurence Silberman,
contaba con el respaldo de la Casa Blanca, ya que
fue precisamente el presidente quien propuso a la
mayoría de sus integrantes.
La principal conclusión de
esta comisión, reflejada en el informe, fue el fallo
de los servicios de inteligencia estadounidenses
para descubrir a tiempo que Sadam Hussein ya no
poseía armas de destrucción masiva. Hay una paradoja
en la recomendación de la comisión de las armas de
destrucción masiva de centralizar aún más el sistema
de inteligencia estadounidense, y el prematuro
consenso de la comunidad de inteligencia
estadounidense con respecto a que Irak poseía armas
de este tipo. El acta de reforma del Departamento de
Defensa Goldwater-Nichols de 1986 (pub L. NO 99-433,
1986) sirvió de ejemplo para la comisión.[25] Para
conseguir su integración, el Congreso simplemente
elevó el estatus del jefe de la Junta de Jefes de
Estado Mayor (Chairman of the Joint Chiefs of Staff)
convirtiéndole en el único y principal consejero
militar ante el presidente y el secretario de
Defensa, ya que antes de 1986 el DoD sólo tenía una
integración débil, en parte porque el Joint chiefs
of Staff estaba compuesto por los jefes de las ramas
del Ejercito y era responsable de dar consejo al
presidente y al secretario de Defensa, pero
comúnmente representaba simplemente el mínimo común
denominador entre las distintas ramas del Ejercito.
El Congreso respondió al
informe de la comisión inmediatamente con el Acta de
la Reforma de Inteligencia y la Prevención del
Terrorismo, que fue firmada por el presidente el 17
de diciembre de 2004.
En el primer tercio de esta
ley, y reflejando una de las principales
recomendaciones de la comisión del 11 de septiembre,
se establece la creación del sistema de inteligencia
nacional por parte de un nuevo puesto: el director
nacional de Inteligencia (Director of National
Intelligence, DNI), con el fin de conseguir una
mayor centralización de la comunidad de inteligencia
estadounidense.[26] Básicamente, esta figura recoge
los requerimientos del presidente y se los trasmite
al director de la CIA. En este sentido, uno de los
mayores peligros es exagerar la autoridad que el
Acta de Reforma de la Inteligencia le confiere al
DNI, ya que la capacidad de aprobar presupuestos que
tiene es limitada, en gran parte porque están
excluidos los grandes presupuestos de defensa, y los
que firma deben ser avalados por los Comités de
Inteligencia y del Senado y en última instancia por
el presidente.[27] Del mismo modo, puede reorientar
presupuestos entre agencias, pero no puede despedir
o contratar jefes de las distintas agencias de
inteligencia.[28] Muchas veces se olvida que el
predecesor de la figura del DNI, el director de la
Inteligencia Central (DCI), ya tenía estas
atribuciones en pos de las modificaciones que se
hicieron en 1992 al Acta de Seguridad Nacional en
1947.[29] Las diferencias principales entre ambas
figuras son tres: (1) el DCI no tenía autoridad
sobre la inteligencia interna y, sin embargo, el DNI
tiene como misión principal coordinar la
inteligencia interna y externa; (2) en la reforma de
1992 se establecía que el DCI y el director de la
CIA debían ser la misma persona, mientras que en la
reforma de 2004 se establece que ambas figuras no
pueden coincidir en la misma persona; y (3) la
figura del DNI engloba muchas más personas bajo su
mando, en gran parte por tener a su cargo la
inteligencia doméstica.
En última instancia, dirigir la
CIA es un trabajo a tiempo completo, siendo el
consejero principal del presidente en materias de
inteligencia, responsable de identificar las
prioridades de las amenazas del país y el
coordinador de las agencias de inteligencia
encargadas de recoger inteligencia exterior. Ahora
es el nuevo DNI quien despacha todas las mañanas con
el presidente para darle el Daily Briefing –y no el
director de la CIA, León Panetta–, que incluye
también la información preparada por el “nuevo”
Centro Nacional Contraterrorista.[30] En este
sentido, los retos que deberá afrontar el almirante
Dennis C. Blair, el nuevo DNI designado por Obama y
ratificado por el Congreso, son principalmente
cinco: (1) reducir la tensión entre el Departamento
de Defensa y la CIA; (2) coordinar las agencias
dedicadas a recoger inteligencia técnica; (3)
mejorar de manera significativa la inteligencia
doméstica; (4) hacer una realidad el ambiente de
intercambio de información necesario; y (5) hacer
una profunda evaluación de la CIA.[31]
Podemos concluir que la
comunidad de inteligencia estadounidense se
compone de las 16 agencias encargadas de
obtener, analizar y diseminar información al
presidente y su Administración: Una Agencia
independiente: La CIA. Ocho agencias dependientes
del Departamento de Defensa:
La Agencia de Inteligencia de
Defensa (DIA).
La Agencia de Seguridad
Nacional (NSA).
La Agencia Nacional de
Inteligencia Geo-espacial (NGA).
La Oficina Nacional de
Reconocimiento (NRO).
Directorio de Inteligencia,
Vigilancia y Reconocimiento (Fuerzas Aéreas).
Oficina de Inteligencia (Ejército).
Departamento de Inteligencia
(Marines).
Oficina de Inteligencia Naval
(Marina).
Dos miembros del Departamento
de Justicia:
La Oficina Federal de
Investigación (FBI).
La Oficina de Inteligencia de
Seguridad Nacional en la Agencia de Lucha contra el
Narcotráfico (DEA).
Dos miembros dependientes del
Departamento de Homeland Security (dirigido por la
recién nombrada Janet Napolitano):
La Unidad de Inteligencia de
Guardacostas
La Oficina de Inteligencia y
Análisis.
Tres agencias dependientes
respectivamente del Departamento de Estado,
Departamento de Energía y Departamento del Tesoro:
Oficina de Inteligencia e
Investigación (INR) del Departamento de Estado.
Oficina de Inteligencia y Contrainteligencia del
Departamento de Energía. Oficina de Terrorismo e
Inteligencia Financiera del Departamento del Tesoro.
En este punto cabría incluir la
figura del director nacional de Inteligencia (DNI),
que estaría en el limbo entre la CI y los órganos
políticos.[32] Bajo nuestro punto de vista, esta
figura se debe considerar como un enlace entre la CI
y el presidente Obama y de coordinación entre la
propia CI, a pesar del carácter político de la
misma.
Por último, entre la CI, el DNI
y la Administración encontramos cuatro órganos de
carácter político, ya que serán nombrados por el
propio Obama. De ahí la importancia de la agenda
política de cada Administración y la personalidad de
cada presidente. Estos cuatro órganos, pese a que
por su carácter político quedarían fuera de la CI,
desempeñan un papel clave en la diseminación de
inteligencia al presidente y su Administración, por
lo que es necesario tenerlos en cuenta. Se trata de:
El asesor del presidente para
Asuntos de Seguridad Nacional (Assistant to the
President for Nacional Security Affairs), el general
James Jones. Esta figura se creó con Eisenhower en
1953 y tiene carácter consultivo. Su nombramiento es
decisión del ejecutivo y no está sometido al control
del Congreso. Se pensó eliminar o someterlo al
Congreso tras el escándalo “Irán Contra”.
No tiene poder de decisión y
no está comprometido con la ejecución de ninguna
política u operación. Sirve sólo al presidente y su
confirmación por parte del Senado no haría más que
tensar la relación entre el asesor y el secretario
de Estado, por lo que surgirían dudas acerca de
quién habla en nombre del presidente. Por último, si
se controlase por el Senado, el presidente usaría
otra figura del personal interno de la Casa Blanca
(no sujeto a confirmación por el Senado). Esta
figura solapa a la de DCI, que sí necesita
confirmación del Senado y es sólo para cuestiones de
inteligencia.
El consejo de seguridad
nacional (NSC), creado por la ley de Seguridad
Nacional de 1947. Los miembros de pleno derecho son
el presidente (Barack Obama, que también preside el
NSC), el vicepresidente (Joseph Biden), la
secretario de Estado (Hilary R. Clinton) y el
secretario de Defensa (Robert Gates). Son consejeros
estatutarios el presidente de la Junta de Jefes de
Estado Mayor (Joint Chiefs of Staff), como principal
asesor de Defensa, el director central de
Inteligencia (León Panetta), como principal asesor
de inteligencia, y el asesor del presidente en
Asuntos de Seguridad Nacional, el ya mencionado
James Jones.[33] Las funciones del NSC son
consultivas, ya que asesora al presidente en la
integración de materias que afecten a la seguridad
nacional para lograr una mejor cooperación. El NSC
tiene varios organismos asociados para un mejor
trabajo: (a) la Junta de Conflictos de Baja
Intensidad; (b) el Comité de Inteligencia Exterior;
y (c) el Comité de Amenazas Transnacionales.[34]
El Consejo y la Oficina de
Seguridad Interior, creado tras el 11-S por orden
ejecutiva del presidente (OE 13 228 sec 5), tiene
una composición mucho más amplia que el NSC. Su
función es lograr una mejor coordinación y está
dirigida por el asesor del presidente para la
seguridad interior y ubicada en la oficina ejecutiva
del presidente.
El director central de
Inteligencia (DCI), creado por la ley de Seguridad
Nacional de 1947. Lo nombra el presidente con el
consejo y consentimiento del Senado. Sus funciones
son tres: (a) presidir la CI; (b) actuar de
principal asesor del presidente para asuntos de
seguridad nacional relacionados con la inteligencia;
y (c) dirigir la CIA. La oficina del DCI consta del
vice-director central de Inteligencia y del
vice-director de Inteligencia para la Gestión de la
CI y el Consejo de Inteligencia Nacional. También
existen tres directores auxiliares del DCI nombrados
por el presidente con el consejo y consentimiento
del Senado, con tareas de obtención de información,
análisis y administración. El presidente puede crear
otros organismos que asesoren al DCI por Órdenes
Ejecutivas, al igual que podría crear grupos de
asesoramiento o juntas asesoras.
Conclusiones
La comunidad de inteligencia
estadounidense, en su evolución, se ha ido
encontrando en una situación que le impedía una
acumulación de capital intelectual necesario en las
cuestiones importantes.[35] Esta es una de las
razones por las que fue incapaz de predecir los
acontecimientos importantes y la ruptura de las
relaciones soviéticas, no entendió la naturaleza de
la revolución cubana hasta que fue demasiado tarde,
rechazó la idea de que los soviéticos pudiesen
situar misiles nucleares en cuba y fue sorprendida
por la ofensiva del Tet en Vietnam, por la invasión
rusa en Afganistán y por la caída de la URRS. El
final de la Guerra Fría, la falta de claridad acerca
de las amenazas a largo plazo para la seguridad
nacional y por tanto los objetivos políticos a largo
plazo, acrecentaron esta situación hasta que los
atentados del 11 de septiembre demostraron la falta
de adecuación de la comunidad de inteligencia a los
nuevos requerimientos del siglo XXI y que la
estructura confederada de la comunidad era
inadecuada para las amenazas de este siglo, las
cuales requerían flexibilidad y agilidad.
Como resultado, nadie por
debajo del DCI tenía la autoridad suficiente para
comandar las capacidades de inteligencia en materias
de contraterrorismo. Por ejemplo, cuando George
Tenet publicó un memorando en diciembre de 1998,
afirmando que América estaba en guerra con al-Qaeda,
la NSA creía que no iba con ellos y la CIA creía que
se aplicaba a las demás agencias.
De este modo, autores como
Gordon Nathaniel Lederman opinan que la comunidad de
inteligencia estadounidense es incapaz de actuar de
una manera integrada, ya que su estructura se basa
en la Guerra Fría, y que el ejecutivo carecía en
2001 de un mecanismo de planeamiento para
operaciones contraterroristas. Así, la Comisión de
los atentados del 11 de septiembre de 2001 entiende
que el contraterrorismo es una materia complicada
que requiere una aproximación interdisciplinar.
Después de presentar las
dificultades, podremos intentar aproximarnos a la
relación que Obama como presidente de EEUU tiene con
la CI si atendemos a dos cuestiones principales: (1)
su concepción de las prioridades sobre las amenazas
que se ciernen sobre el país; y (2) la priorización
del gasto, es decir, a la asignación de
presupuestos. De este modo, lo que estará claro es
que, si no ocurre ningún acontecimiento como el del
11 de septiembre, Obama tenderá a aumentar los
presupuestos federales en su conjunto[36] con el fin
de aumentar las partidas presupuestarias destinadas
a gastos sociales, a pesar de lo cual la tendencia
será mantener los presupuestos de defensa y, en
última instancia, también los de la CI. Aún así,
seguirán siendo cifras muy importantes, tanto para
hacer frente a la crisis financiera como por la
progresiva retirada de tropas estadounidenses de
Irak, destinadas ahora a Afganistán y dependiendo
del éxito de las medidas de contrainsurgencia (COIN)
aplicadas allí a la progresiva estabilización y
salida de ambos conflictos en los próximos años.[37]
De este modo, aunque las
reformas de 2004 sustituyeron la figura del DCI como
encargado de la coordinación de la comunidad por la
figura del DNI (que tiene la misión de coordinar una
comunidad de inteligencia que tradicionalmente se ha
resistido a ser centralizada), la nueva legislación
ha alterado poco la realidad de la comunidad de
inteligencia estadounidense, donde el secretario de
Defensa controla gran parte de los presupuestos,
además del personal de la comunidad.[38] Así, el
presupuesto de la comunidad de inteligencia es
gestionado en un 80% por el Departamento de Defensa
y en un 20% por el DCI (hasta 2004). Cuenta con tres
partidas diferenciadas:
National Foreign Intelligence
Program (NFIP), renombrado en 2004 a NIP y que
consiste en los presupuestos que involucran a más de
una agencia y están fuera de los presupuestos de
defensa. Incluye la CIA la NSA, la NRO, la NGA,
parte de la DIA y las unidades de inteligencia de
otros departamentos de agencias que no son de
inteligencia, como el FBI, el Departamento del
Tesoro y el Departamento de Estado. Supone alrededor
del 45%-55% del presupuesto.
Joint Military Intelligence
Program (JMIP), que incluye los presupuestos de los
programas de defensa y que van más allá de las ramas
del Ejército, como el Programa de Reconocimiento
Aéreo (DARP) y el Programa de Defensa de
Reconocimiento Espacial (JMIP). Supone el 10%-15%
del presupuesto y se desarrolla bajo la supervisión
del secretario de Defensa, Robert Gates.
Tactical Intelligence and
Related Activities (TIARA), que incluye los
presupuestos individuales de inteligencia de las
Fuerza Aéreas, los Marines, la Marina, el Ejército
de Tierra y el mando de operaciones especiales
(SOCOM). Supone el 33%-40% del presupuesto y se
encuentra también bajo la supervisión del secretario
de Defensa.
Por tanto, el Departamento de
Defensa no quiere depender de una agencia civil para
sus requerimientos de inteligencia. Esta idea debe
ser tenida muy en cuenta, ya que las ocho agencias
de inteligencia dentro del Departamento de Defensa
suponen el 80% de todo el presupuesto en
inteligencia del país. Es obvia, por tanto, la
rivalidad entre el DNI y el secretario de
Defensa.[39] Con el fin de aliviar esta tensión, la
Comisión de los atentados del 11 de septiembre
recomendó hacer público una mayor parte de los
presupuestos de inteligencia pertenecientes a
defensa, lo que en ultima instancia significa
defender un mayor control de la comunidad de
inteligencia estadounidense por parte del poder
legislativo, quien en último término controla los
presupuestos.[40] De este modo, atendiendo la
recomendación de esta Comisión, uno de los cambios
más significativos que establece la Ley de 2004 es
que el Congreso tenga un mayor peso en la
reorganización de la comunidad de inteligencia
estadounidense. Sin embargo, cómo resolverá Obama
esta tradicional tensión dependerá de las
designaciones que presente para cada cargo cuando
forme la nueva Administración.
La identidad de la comunidad de
inteligencia de EEUU incluye provisiones para
dividir la comunidad por miedo a que una agencia de
inteligencia pueda menoscabar las libertades civiles
y, por lo tanto, la democracia estadounidense. Sin
embargo, esta división ha dificultado enormemente la
integración de la comunidad de inteligencia en la
cultura política estadounidense, ya que cada agencia
pugna con todas sus fuerzas por no perder poder
relativo dentro de la comunidad, lo que se traduce
en lucha por competencias y acceso a los
responsables políticos y presupuestos. Sin embargo,
tras las reformas de la CI en los últimos años se ha
acrecentado el debate sobre la centralización o la
federalización (stovepipe) de la comunidad de
inteligencia, el cual aún hoy sigue abierto. No
obstante, las posiciones tanto de los detractores de
la centralización como de los defensores han quedado
claras. Como apunta Helen
Fessenden: “as any legislation, the success of the
intelligence bill depends largely on its
implementation. But in
this case, the political momentum to build on
initial gains is unning out of steam just at the
critical point”.[41] Por tanto, será importante
seguir de cerca la revisión que haga el recién
elegido presidente de las medidas de reorganización
de la comunidad de inteligencia aprobadas desde
2004.[42]
Gustavo Díaz Matey:
Universidad Complutense de Madrid
[1] El
presupuesto destinado a la comunidad de inteligencia
estadounidense en 2007 era de 47.000 millones de
dólares.
[2] C.
Ruiz Miguel (2002), Servicios de inteligencia y
seguridad del Estado constitucional, Tecnos, Madrid,
p. 82.
[3] La
CIA y el CNS han sido creados por leyes del
Congreso, es más, el Tribunal Supremo ya dijo que el
Congreso tiene potestad para proveer la defensa
nacional y podrá dictar cuantas leyes sean
necesarias para ello.
Véase C.
Ruiz Miguel, op cit., p. 79.
[4] J.R.
Clark (2007), Intelligence and National Security: A
Reference Handbook, Praeger Security International,
Westport, CT, p. l136.
[5]
http://www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=92278832.
[6]
Ibid.
[7]
Desde aquella fecha los servicios de inteligencia
estadounidenses han variado considerablemente en
estructuras, agencias, departamentos y reasignación
presupuestaria.
[8]
Clark, op cit.
[9]
Sobre una definición más completa de lo que se
entiende por inteligencia véase G. Díaz Matey
(2008), “Hacia una definición inclusiva de
inteligencia”, Revista de inteligencia y prospectiva
4, Plaza y Valdés.
[10]
Habría que apuntar que los scouts se encargaban de
recolectar información sobre los indígenas
americanos.
[11]
Tras las reformas de 2002 el Servicio Secreto ha
pasado a formar parte del Departamento de Homeland
Security (DHS).
[12]
Codificada en 18 USCA 18, 793.
[13]
El argumento de esta decisión dio origen a la famosa
frase “un caballero no lee el correo de otro”.
[14]
Para ver la tensión con las fuerzas armadas, si bien
el DCI puede ser civil o militar, si es militar los
dos subdirectores no podrán ser militares, y de los
tres puestos sólo uno puede ser desempeñado por un
militar. Pero el Congreso considera deseable que por
lo menos uno sea militar, sin estar atado al
Departamento de Defensa y cobrando su sueldo
anterior más este.
[15] P.
Berkowitz (2005), The Future of American
Intelligence, Hoover Institution Press, Stanford.
[16] G.
Díaz Matey (2006), “The U.S. Intelligence Reform and
the National Intelligence Strategy of October 2005”,
unisci papers 10, enero, p. 8.
[17]
“Executive Order 13354 of 27 August 2004”, “National
Counterterrorism Centre”, http://www.fas.org/irp/offdocs/eo/eo-13354.htm.
[18]
“Executive Order 13355 of August 27, 2004”,
“Strengthened Management of the Intelligence
Community”, http://www.fas.org/irp/offdocs/eo/eo-13355.htm.
[19]
“Executive Order 13356 of August 27, 2004”,
“Strengthening the Sharing of Terrorism Information
To Protect Americans”,
http://www.fas.org/irp/offdocs/eo/eo-13356.htm.
[20]
“Commission on the intelligence Capabilities of the
United States Regarding Weapons of Mass Destruction
(The WMD Commission)”,
http://www.wmd.gov/report/index.html.
[21]
El NSB tiene como jefes al director y el subdirector
del FBI, al fiscal general del Estado y al DNI.
[22]
Véase la p. 118. Este mismo autor aboga por situar
esta nueva agencia dentro de la Homeland Security,
ya que esto aseguraría las libertades civiles (al
estar situada fuera del FBI y del legado de Edgar
Hoover), contaría con un gran volumen de información
que llega a este departamento (inmigración,
seguridad de trasporte y aeroportuaria entre otras)
y estaría situado en un departamento encargado de la
prevención y no de la persecución como es el FBI.
Por último, no empezaría de cero y estaría situado
en la división Análisis (Office of Intelligence and
Analisis) o en la agencia de inteligencia de los
guardacostas u otras oficinas de inteligencia dentro
de la DHS. De igual modo, pensar en una comunidad de
inteligencia con 17 o 18 agencias es impensable. Sin
embargo, esta idea se ha encontrado con muchas
críticas después del fiasco del huracán Katrina.
[23]
El FBI, las dos agencias de la Homeland Security, y
las unidades de inteligencia de los Departamentos de
Energía y el Tesoro.
[24]
Arthur S. Hulnick (2008), “Intelligence Reform 2008:
Where to form Here?”, International Journal of
intelligence an counterintelligence, 21, nº 4, p.
623.
[25]
El Congreso aprobó el acta Goldwater-Nichols en
parte por los fallos de defensa en los 70 y los 80,
incluyendo la desastrosa operación de los rehenes de
Irán, la tragedia del atentado contra los Marines en
Beirut y el escándalo Irangate.
[26]
En un principio el título propuesto por la comisión
fue National Intelligence Director pero en el acta
de reforma fue cambiado por el de Director of
National Intelligence para evitar confusiones. El
primer DNI fue John Negroponte y su segundo Michael
Hayden, embajador en Irak y director de la NSA,
respectivamente. Tomaron posesión de su cargo el 21
de abril de 2005. Coincidiendo con sus seis meses en
el cargo, el DNI publicó la National Intelligence
Strategy en octubre de 2005. Se estableció el Open
Source Center (OSC) en noviembre de 2005, bajo el
mando de la oficina del DNI y administrado por la
CIA. El 21 de diciembre de 2005 se estableció por el
acta el Centro de Contra-proliferación Nacional (NCPC).
El 20 de febrero de 2007 el vicealmirante retirado
John M. McConnell fue nombrado el segundo DNI.
[27]
La primacía del presidente en materias de
inteligencia quedó puesta de manifiesto en 1952 con
la creación de la NSA, ahora la agencia más grande
de toda la comunidad de inteligencia.
[28]
Véase la p. 57.
[29]
“Intelligence Organization Act f 1992, 705 (a) (3)”.
[30]
Es curioso que el director de la CIA ya no está
presente en el daily briefing (PDF).
Véase
White House Bulletin, 6/V/2005, y B. Bennett y
Timothy Burger, “Editing Spies”, Time Magazine,
23/V/2005, p. 17.
El
presidente Truman instauró la tradición del daily
briefing con los candidatos Eisenhower y Adlai
Stevenson en 1952 y desde entonces la CIA aporta un
informe pre-inaugural al candidato electo.
[31]
En EEUU la CIA es una agencia impopular (tanto para
conservadores como para demócratas) y vulnerable.
[32]
De hecho, hay autores que incluyen a la figura del
DNI en la CI y otros que no. En todo caso, es una
figura de coordinación y enlace entre el presidente
y la CI, y entre la propia CI.
[33]
C. Ruiz Miguel, op. cit., p. 86.
[34]
“50 USACA 402, UBSECCIOENS (g) H) e (I)”.
[35] P.
Berkowitz (2005), The Future of American
Intelligence, Hoover Institution Press, Stanford
University, Stanford, CA, p. 43.
[36]
William M. Note (2008), “ American Intelligence
after the 2008 Election”, InternationalJournal of
Intelligence and Counterintelligence, 21, nº 4, p.
430.
[37]
D. García Cantalapiedra y G. Díaz Matey (2006),
Estados Unidos y el papel de la inteligencia en
conflictos asimétricos, UNISI, Madrid. Véase también
D. García Cantalapiedra y G. Díaz Matey (2008),
“EEUU, el uso de la inteligencia en la doctrina de
contrainsurgencia norteamericana”, Documento de
Trabajo, Real Instituto Elcano.
[38] A
pesar de que se han creado nuevas estructuras como
la DHS, o las Fuerzas de Operaciones Especiales (SOF),
con el Mando de Operaciones Especiales (SOCOM), que
no es parte de la CI y se encuentra bajo la
supervisión del secretario de Defensa.
[39]
Richard Betts (2004), “The New Politics of
Intelligence: Will Reform Work this Time?”, Foreign
Affairs, mayo-junio, p. 2.
[40]
“9/11 Commission Report”, p. 416.
[41]
Helen Fessenden (2005), “The Limits of the
Intelligence Reform”, Foreign Affairs, 84, nº 6, p.
108.
[42]
La mayor y más importante desde su creación en 1947.
La reorganización tuvo lugar por el fallo de
inteligencia ante los atentados del 11 de septiembre
de 2001 y las evaluaciones erróneas sobre las
capacidades iraquíes sobre armas de destrucción
masiva, que llevaron a la invasión de Irak en 2003.
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