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¿Modernidad o
universidad mercantil?
por David Alvarez Rivas
Reforma necesaria para unos y mercantilización del
conocimiento para otros, el Plan Bolonia
divide a políticos, estudiantes y docentes.
“Ni
Ley Orgánica de Universidades, ni Bolonia, ni
precariedad, fuera las empresas de la Universidad”.
Estas son algunas de las consignas que proclaman
grupos de estudiantes en universidades españolas.
Los encierros y las protestas se suceden en los
últimos seis meses en el rectorado de la Universidad
Complutense de Madrid (UCM), la Universidad de
Zaragoza y la Universidad de Valencia, ocupados a
día de hoy. Se manifiestan en contra de la directiva
del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), su
puesta en marcha y las sanciones impuestas a
estudiantes en algunos centros.
Los ministros de Educación de
29 países se reunieron hace 10 años en Bolonia, que
da nombre a la reforma de homologación de estudios
universitarios en Europa. Ese número se ha ampliado
en sucesivos años. Los países han firmado una
declaración en la que se comprometían a realizar
reformas en las universidades europeas para hacerlas
más competitivas, eficaces y eficientes.
Antes del año 2010, la Unión
Europea pondría en marcha un sistema de créditos
homologables sustentados en una enseñanza de dos
ciclos: el grado y el master. Con el primero
finalizado, los estudiantes accederán al mercado
laboral favoreciendo la movilidad geográfica, los
criterios de calidad y las metodologías comparables.
La universidad española
necesita una importante reforma que la saque de su
letargo, de sus burocratizadas fórmulas de acceso a
puestos docentes e investigadores, de la pérdida de
peso con respecto a otras instituciones de la
sociedad, según expertos en educación superior. El
Plan Bolonia parecía un buen gancho para homologar
créditos, títulos y fomentar la movilidad entre
universidades y acometer una importante
transformación de este espacio de transmisión de
conocimiento desde un punto de vista crítico.
La reestructuración emprendida
bajo el paraguas de Bolonia ha puesto a sectores
estudiantiles y a no pocos profesores en pie de
guerra. Los críticos argumentan que las nuevas
universidades van a formar perfiles que interesen
únicamente a las coyunturas de mercado, a modo de
meras fábricas de titulados en interés de las
empresas. No se precisará un buen nivel de
cualificación, sino unos conocimientos concretos y
polivalentes para su encaje práctico.
“Cuando respondan a las
necesidades del mercado van a tener sitio, mientras
desaparecerá o quedará como adorno de lujo aquello
que no tenga una directa ubicación en aquel”, afirma
Isidoro Moreno, catedrático de Antropología Social
de la Universidad de Sevilla.
Los rectores de las
universidades españolas han dejado clara su postura
en este debate. La Conferencia de Rectores de las
Universidades Españolas (CRUE) apoya el Plan
Bolonia, que se basa en los principios de movilidad
estudiantil y profesional, la estructuración de los
estudios universitarios en tres niveles -grado,
máster y doctorado- y que valora el esfuerzo real
del estudiante para superar las distintas materias.
“Estoy totalmente en contra de
la mercantilización de la Universidad. Y si hacemos
las cosas bien no tiene por qué producirse de
ninguna manera. Lo que sí debe haber es
transferencia del conocimiento, que no tiene que
quedarse en la universidad, sino transformarse en
bienestar. A mí esto no me parece mercantilización,
sino responsabilidad social. Llegados a este punto,
hacen bien los que previenen sobre los riesgos de
este proceso”, manifestaba Ángel Gabilondo, rector
de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), y
presidente de CRUE. Aunque este órgano advierte a
las administraciones de que no puede tener “coste
cero”.
En lo que parece que se ponen
de acuerdo estos y aquellos es en la escasa
discusión y debate planteados en el seno de los
propios centros educativos, por eso las
movilizaciones se intuyen tardías cuándo el Plan
Bolonia está a un año de su prevista implantación
integral.
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