|
Ganar el hoy y
asegurar el mañana
por el ingeniero Wladimir
Turiansky
Que
la madre de todas las tareas es ganar las elecciones
está fuera de toda discusión.
Que como dice algún
documento del FA “el gobierno es el hoy, la fuerza
política es el mañana”, tampoco se discute. La
conclusión, obvia, que uno extrae de ambas certezas,
es que “la madre de las tareas es ganar la elección
y preservar el futuro de nuestra fuerza política”.
Es decir, ganar el hoy y asegurar el mañana.
Porque no nos
engañemos.
La elección descarto
que la vamos a ganar, porque la obra de estos cinco
años de gobierno frenteamplista, la lista de las
reformas a favor de la justicia social, la
disminución de la indigencia y la pobreza extrema,
la honradez y la cristalinidad en la gestión, la
mejora en los ingresos de la población, están a la
vista. Y los uruguayos tienen buena memoria y están
muy recientes las consecuencias de los gobiernos
blanqui-colorados que condujeron al país a la peor
crisis de su historia, como para pensar que tales
experiencias puedan repetirse. Si trabajamos
medianamente bien, valorando lo hecho y explicitando
lo que nos proponemos hacer, “todos a una”, como
Fuenteovejuna, habrá un segundo gobierno
frenteamplista.
Pero no estoy seguro
que del mismo modo que vamos a ganar el hoy, estamos
en condiciones de asegurar el mañana.
El FA corre riesgo de
subsumirse en el gobierno, cuando su responsabilidad
es apoyarse en él para delinear su proyecto de país
en el largo plazo y construir la fuerza social y
política, el bloque de las grandes mayorías
nacionales que lo haga viable, generar una nueva
hegemonía. Apoyados en el hoy, ganar el mañana.
Pero no sólo esto.
Tampoco la estructura actual del Frente contribuye a
esa tarea. Se ha transformado en una rémora, no
responde a los tiempos que corren y es fuente de
contradicciones y conflictos que enrarecen el clima
de la interna. Creo que no es necesario abundar en
esto, porque desde la dirección del Frente y de los
sectores de la coalición hasta la militancia de
base, esto resulta claro hasta por demás.
¿Qué hacer,
entonces?.
Porque es verdad. Las
urgencias del hoy no nos permiten pensar el mañana.
¿Hay manera de resolver este conflicto entre el hoy
y el mañana?.
A mi me parece que
hay que hacer lo que dicta el sentido común, dividir
el trabajo. El FA tiene experiencia al respecto. Y
tiene organismos Como ayer el Instituto Otorgués, o
el Centro 1815, me parece que hoy la Fundación L.
Seregni pudiera abordar la tarea.
Se trataría entonces
de que, sin menoscabo de las prioridades de la
campaña electoral, las autoridades del Frente
especifiquen la tarea, indiquen quien deba llevarla
a la práctica, y bien pudiera ser, como digo, la
Fundación Liber Seregni, suministre de ser necesario
el respaldo material para ello, y marque los plazos.
Nada más.
Mi propuesta es que
se establezcan dos objetivos: uno, delinear el
proyecto de país como programa de largo plazo, de
tal manera que los programas de gobierno se conciban
como aproximaciones; y dos, proyectar la estructura
del Frente acorde a las nuevas realidades,
sustituyendo la actual, absolutamente anacrónica.
Y otra cosa
fundamental, ir informando paso a paso lo que se
vaya elaborando, de manera de obtener la
imprescindibleretroalimentación de la organización
frenteamplista y de la sociedad en su conjunto. Un
programa y una estructura elaborado entre todos.
El FA y su proyecto
de país
En 1971, los
fundadores definieron al FA como una fuerza
nacional, popular, democrática, antioligárquica y
antiimperialista. Una fuerza pacífica y
pacificadora.
Recogieron como Bases
programáticas de la nueva fuerza polìtica elementos
del programa del Congreso del Pueblo de 1965 y, ya
en la perspectiva electoral, las llamadas 30 medidas
inmediatas de Gobierno. Con esos fundamentos el FA
participa en las elecciones de noviembre de 1971,
obtiene cerca del 20% del electorado y su primera
bancada parlamentaria de 6 senadores y 12 diputados.
Sobreviene el
interregno dictatorial, las elecciones de 1984,
todavía con el Frente y sus dirigentes proscriptos,
y desde entonces, y hasta hoy, la elaboración
programática del Frente ha sido básicamente la
construcción de un programa de gobierno. Y cada vez
que debemos recurrir a los fundamentos, apelamos a
aquellas primeras definiciones de 1971.
Es así que el FA, de
alguna manera por las contingencias del período
histórico en el que surge, cargado de dramáticos
episodios que lo tuvieron como protagonista
esencial, no logró configurar, a partir de las
definiciones fundacionales, su programa permanente,
sus objetivos de largo plazo, su proyecto de país.
Es cierto que, de
alguna manera, los cinco puntos del programa que
condujo al Frente al Gobierno, el Uruguay social,
democrático, productivo, innovador e integrado,
apuntan en esa dirección.
Pero el último
Congreso, como los anteriores, tuvo un carácter
programático referido básicamente al próximo
gobierno, discutió un programa de gobierno, en
algunos aspectos meramente puntual.. Mostró en ese
sentido unanimidad en la reafirmación de aquellos
puntos y en su continuidad, más allá de retoques
introducidos en las sesiones plenarias, que como
siempre habrán de ser sometidos a la prueba de la
vida. Sigue siendo, pues, un programa inmediato, no
concebido para el largo plazo, para una visión del
país de largo plazo, como proyecto de la izquierda
nacional.
Un proyecto de país,
un programa de largo plazo, claro que no puede
pensarse como algo acabado, inconmovible. Sería como
concebir un país fuera del mundo y sus
transformaciones, una ínsula irreal.
El mundo hoy, en la
base material de las sociedades humanas y en sus
formas de pensar y de organizarse socialmente, no es
el mismo de hace 37 años, cuando el Frente nacía, ni
será el mismo que tendremos dentro de otros 37 años.
Pero la experiencia que hemos acumulado nos permite,
a partir de ella, establecer con mas o menos
determinación los rasgos esenciales que habrán de
sustentar ese país que pensamos desde la izquierda.
¿Cuáles son, a mi juicio, esos rasgos esenciales?
Intento aquí un punteo, que no es, ni presumo que lo
sea, suficientemente abarcador*:
1) Las formas de la propiedad.
Sin duda la forma predominante de propiedad de los
medios de producción y circulación define el
carácter de una sociedad, la igualdad o desigualdad
en la distribución de la riqueza, el rol del Estado
en la economía y en relación al mercado, y, de
alguna manera, también el contenido de la democracia
y la institucionalidad republicana.
Esto visto de una
manera primaria, porque a la par de la forma
predominante, que en el caso de nuestro país es la
propiedad privada típica del capitalismo, coexisten
diversas formas de propiedad social, como las
cooperativas y las empresas recuperadas por los
trabajadores, así como la propiedad estatal en los
centros básicos de la economía nacional como la
energía, las comunicaciones, el agua corriente, y el
sistema financiero, entre otros, propiedad estatal
que, bajo ciertas condiciones de la
institucionalidad, puede concebirse como una forma
particular de propiedad social.
Y bien. De acuerdo a
nuestras definiciones fundacionales y a nuestro
pensamiento de izquierda basado en la igualdad, la
solidaridad y la libertad, un programa de largo
plazo habrá de plantearse como un objetivo el
acentuar el ámbito de la propiedad social en los
medios de producción y circulación, así como el
carácter social de la propiedad estatal, y como
hacerlo. Pero no sólo se trata de acentuar el papel
de la propiedad social, porque tan o tal vez más
importante que la forma de la propiedad es el de la
gestión social de los procesos productivos y de la
economía en su conjunto. Cómo desarrollar la gestión
social, que formas de institucionalidad requiere es
el otro aspecto programático a desarrollar en este
punto.
2) El concepto de democracia y su
contenido participativo.
De alguna manera, en
particular desde la salida de la dictadura, hemos
desarrollado bastante, tanto en los programas del
FA como en aportes de algunos de sus sectores, así
como desde el ámbito de las organizaciones sociales,
el concepto de la democracia y los mecanismos de la
participación popular, la complementación de sus
formas representativa y directa, así como el tipo
de institucionalidad y de Estado que surgen de esas
definiciones. En un programa de largo plazo son
fundamentales aportes como el concepto de democracia
avanzada desarrollado por el PCU, la democracia
sobre nuevas bases del PS, así como los aportes del
MPP y los provenientes de las bases frenteamplistas.
3) El papel del Estado y su rol de
productor directo tanto como regulador del mercado,
así como sus vínculos con la sociedad civil
organizada.
(Me he permitido, en
relación a este tema y al anterior, intercalar
párrafos de notas anteriores publicadas en Voces.
Pido disculpas por algunas repeticiones) Es
fundamental definir el Estado en las direcciones
antedichas tanto como en su papel constructor de
democracia participativa extendida a todas las
esferas de la sociedad. Esto conlleva el examen de
la institucionalidad, así como las reformas
necesarias para el eficaz cumplimiento de los
objetivos programáticos enunciados.
El Estado uruguayo tiene ciertas
particularidades: no sólo cumple un papel de rector
en la economía; no es sólo un regulador, un
intermediario en los diversos factores de la
producción. Es más, mucho más, es además el más
importante productor de bienes y servicios, por
lejos. Le pertenecen las principales empresas en la
producción de energía, en las comunicaciones, en el
sistema financiero; a él pertenecen los puertos, la
red ferroviaria, y algunas producciones industriales
relevantes. Por lo tanto, es un factor decisivo,
imprescindible, a la hora de delinear un plan
nacional de desarrollo.
Tenemos que entender
el carácter del estado en una sociedad como la
nuestra y con una fuerza política progresista en el
poder, cuyo objetivo es el desarrollo económico, la
profundización democrática y la justicia social.
Esto
precisamente es lo que combaten los ideólogos de las
clases dominantes: “...En
el pensamiento de la derecha conservadora, hace rato
que el tema está claro: no les gusta la presencia
del Estado en la economía, en la producción, en
servicios fundamentales como el transporte y las
comunicaciones. No, no les gusta, y quisieran acabar
con ella.
La última ola
neoliberal que se derramó por estas playas lo
planteó en términos filosóficos y prácticos.
Filosóficos en cuanto desenterró de los tiempos de
Adam Smith y el liberalismo económico el concepto
del Estado como el instrumento puesto al servicio
del libre comercio, el “estado gendarme”, como se lo
definiera en el siglo XIX, destinado a garantizar
el orden y la protección del sagrado derecho a la
propiedad, pero ajeno al funcionamiento del mercado,
que, según la doctrina, es capaz de encontrar su
propio equilibrio sin regulaciones extrañas a él. Y
prácticos en cuanto adjudicó al intervencionismo
estatal la causa de todos los males: ineficiencia,
despilfarro, burocracia, corruptela, costos,
déficit, etc., etc.”
Desde este ángulo, democratizar el Estado,
esto es, involucrar, como ya se ha dicho, a la
sociedad civil en su funcionamiento, implica un
profundo cambio social, por cuanto conduce a la
participación de la sociedad civil en la gestión, no
ya de las típicas actividades administradoras y
controladoras del Estado, de por sí importantes,
sino de buena parte del aparato productivo del país,
que el Estado tiene a su cargo. Es el camino
hacia la apropiación social de la gestión de la
economía, en lo que hace a sus áreas
estratégicas, lo que es mucho más que su forma de
propiedad, en este caso estatal.
Vuelvo a la cita del filósofo francés Lucien Seve. Es el
meollo de la cuestión:
...La propiedad social de los medios de producción y
de cambio como atributo del socialismo no se reduce
a la propiedad nominal. Implica muchas otras
condiciones, no sólo jurídicas sino de hecho, en
particular la capacidad de gestión, que presupone el
acceso real a la información económica y financiera,
el saber teórico y práctico, la experiencia
acumulada, etc. Desprivatizar la propiedad de medios
de producción puede ser hecha de golpe, por un poder
político. Socializar la capacidad de gestión ya es
una cosa mucho más larga y compleja.
En este sentido, una etapa de
aproximación democrática avanzada puede verse como
una apropiación social del saber, y no simplemente
desde el plano de la propiedad como concepto
jurídico.
Aquí vale la pena, por un momento,
prescindir de lo concreto, de lo inmediato, para
pensar en términos programáticos de largo plazo, en
términos ideológicos, de construcción de un
proyecto. Creo que nos ubica mejor, evita que este
debate caiga, o bien en el pragmatismo estrecho, o
bien en la mera palabrería seudo revolucionaria.
Me ubico, pues, en ese contexto.
Estamos pensando, muchos de nosotros, en
un proceso que definimos como una vía de
aproximación hacia una sociedad superadora del
capitalismo, y que también muchos de nosotros
llamamos socialismo.
Corresponde hacer algunas precisiones.
El programa del gobierno frenteamplista no
es un programa socialista, es un programa de
progreso social, de profundización democrática, de
equidad.
Es bueno recordar, por otra parte, que el
programa de gobierno se inspira en las bases
programáticas del FA, pero que no son la misma cosa.
El programa de gobierno es, en todo caso, una
aproximación. Su contenido fue claramente
explicitado en la campaña electoral, con la difusión
pormenorizada de las 5 direcciones estratégicas: el
Uruguay social, el Uruguay productivo, el Uruguay
democrático, el Uruguay innovador, y el Uruguay
integrado.
El programa del FA como fuerza política,
tanto el texto fundacional de 1971 como las
actualizaciones aprobadas en sucesivos Congresos, va
más allá. Históricamente lo hemos definido como un
programa de liberación nacional, democrático,
antiimperialista y antioligárquico. No obstante, y a
pesar de su contenido avanzado, no es, no lo hemos
definido, como un programa socialista.
Por eso me parece que hoy, en este mundo
globalizado y caótico, las actualizaciones
programáticas de nuestro FA comenzarán a delinear en
forma más precisa el carácter de la sociedad que
aspiramos a construir, apoyados en la experiencia de
nuestra propia historia, así como de la región y del
mundo. Habrá que pensar más en el carácter de esa
sociedad y en las vías para alcanzarla. Tendremos
que ir delineando un proyecto, y de esto trata esta
larga nota. A diferencia de esquemas
prefabricados de otros tiempos, esto será una
construcción colectiva, apoyada en nuestras
realidades tanto como en las experiencias históricas
de la región y del mundo. Y creo que en todos los
ámbitos de nuestro FA, en sus órganos de conducción,
en sus bases, en sus espacios de estudio y
elaboración programática, todos los frenteamplistas
tendremos que darnos algunos tiempos y algunos
ámbitos de reflexión que nos permitan delinear ese
proyecto. Habrá que dar respuestas a la pregunta:
¿Qué país, que sociedad, nos proponemos construir?.
Todavía me parece útil una precisión sobre
el concepto de “vías de aproximación”.
Los tiempos actuales, están cargados de
contradicciones. Por un lado, un sistema
capitalista, que a la par de su expansión a todos
los rincones del planeta, y del fabuloso desarrollo
de las fuerzas productivas apoyado en las conquistas
de la ciencia y la tecnología, viene sin embargo
agudizando hasta límites intolerables su carácter
depredador, excluyente y violento. Por otro lado, el
derrumbe del sistema de países de economía
socialista, con la consiguiente crisis ideológica de
un vasto movimiento revolucionario mundial, no solo
comunista, generó un cierto “vacío” en multitudes
que, identificadas con un común sentimiento anti-capitalista,
perdieron no obstante las referencias, el perfil del
nuevo mundo a construir.
Pero aquel viejo “topo de la historia”
siguió su incansable trabajo, y en el mundo en
general, pero particularmente en A. Latina, el
movimiento popular fue alumbrando nuevas realidades,
caminos de pronto impensados, “vías de
aproximación”. De eso se trata, en especial para
quienes nos educamos en dogmas y esquemas que nos
marcaban paso a paso el derrotero. Se trata de
comprender que vivimos tiempos de exploración, y que
incluso son estos procesos, definidos como vías de
aproximación, los que contribuirán a delinear el
tipo de sociedad que procuramos alcanzar.
4) El desarrollo nacional.
Se ha definido al Uruguay, como a casi todos los
países de la región, como una economía
subdesarrollada, orientada básicamente a la
producción de materias primas, con escasa
incorporación de valor agregado, dependiente en
tecnología y en productos de los países capitalistas
centrales, y con una distribución injusta de la
riqueza, generadora de desigualdad extrema entre
ricos y pobres.
Desde la izquierda, y
tal como hemos intentado aplicar desde el gobierno,
pretendemos construir un país social y
económicamente desarrollado, con una producción
orientada a la utilización racional, eficiente y
sustentable de los recursos naturales, a la máxima
incorporación del trabajo nacional y a la
sustitución progresiva de los commodities por
productos altamente elaborados y con tecnología
nacional, producto de la innovación y la
investigación científica nacional. Es decir que el
objetivo es romper con el subdesarrollo y la
dependencia.
Del mismo modo, el
desarrollo social implica avanzar hacia una
distribución equitativa de la renta, eliminando
definitivamente los bolsones de pobreza y
acumulación de riqueza propios de la actual
distribución desigual. Este aspecto de nuestro
proyecto de país está relacionado, y condicionado,
al desarrollo de las formas sociales de propiedad y
gestión de los medios de producción, así como a los
roles asignados al Estado.
Por otra parte, el
desarrollo social deberá incluir, en las
definiciones y en la práctica, un concepto abarcador
de los derechos humanos y su plena vigencia como
centro del programa, incluyendo en su contenido, y
como prioridades, el carácter universal y de calidad
de la educación, la salud y la vivienda despojadas
de toda motivación mercantil.
“FA - entramado de
coalicion y movimiento”.
“virtudes y debilidades”. “La doble condición.
(2*)
El FA es, desde su
fundación, una fuerza política con una doble
característica: por un lado, es una coalición de
partidos, grupos partidarios, movimientos
partidarios, con diferentes orígenes ideológicos o
históricos, aunque todos identificados con el
pensamiento de izquierda; y, por otro lado, es un
movimiento él mismo, constituido por comités de
base, que reúnen en su seno a los frenteamplistas,
cualquiera sea su definición sectorial, o
simplemente sin ella.
Hay que decir que en
la existencia de las bases, lo que llamamos
“movimiento frenteamplista”, radica en buena medida
la fortaleza del Frente, la que le ha permitido
superar el trágico período de la dictadura, resurgir
con fuerza a la salida de ella, y 20 años después
llegar al Gobierno nacional con el voto mayoritario
y entusiasta del pueblo. De alguna manera, pudiera
definirse al movimiento de base como el cemento que
liga y da solidez al conglomerado, constituido éste
por las diversas vertientes partidarias que componen
el Frente. Los comités de base son, pues, la fuente
del frenteamplismo”.
...“El Estatuto del
FA procura formalizar de alguna manera esta doble
condición, integrando los órganos de conducción
cotidianos (Plenario Nacional y Mesa política) por
partes iguales, o aproximadamente iguales, con
representantes de la coalición y representantes de
las bases.
Con una
particularidad sin embargo: el Congreso del FA es en
cambio, y por definición, un Congreso de Comités de
Base. Su integración parte de las asambleas de
adherentes de los comités, quienes eligen sus
representantes al Congreso en un número que
corresponde al número de participantes de la
asamblea.
He aquí un rasgo
absolutamente original, distintivo, del FA. Los
sectores políticos no eligen por separado sus
delegaciones al Congreso. Lo hacen de manera
conjunta en las asambleas de los comités. Los
afiliados de los partidos deben ser adherentes
frenteamplistas e integrar el padrón de los comités.
Se marca así el doble carácter,
coalición-movimiento, de la fuerza política”.
...“Pueden parecer
sutilezas, o ganas de perder el tiempo en cuestiones
sin importancia. Pero no. No son cuestiones sin
importancia. Tienen que ver con el futuro de nuestra
fuerza política, con su solidez y su permanencia,
con el apego a los principios, con el profundo
carácter de su democracia interna.
¿De
que se trata? Se trata de comprender que las
delegaciones de las bases no son una simple suma de
militantes de los partidos integrantes del Frente y
de frenteamplistas no sectorizados. Son más, mucho
más. Representan una verdadera síntesis de todos
ellos, y
están llamados a jugar, por
lo mismo, un rol
articulador y de construcción de consensos”.
Es en verdad una idea
maravillosa, creación del pueblo frenteamplista, y
que de alguna manera el estatuto, años después,
procuró consolidar. ¿Genera problemas? ¡Vaya si los
genera! Es fuente permanente de contradicciones y de
conflictos. El último Congreso ha sido claro ejemplo
de ello.
He aquí que una
excelente idea puede desvirtuarse y transformarse en
una fuente de complicaciones y enojos, por obra y
gracia de los atajos con los que a veces se pretende
resolver problemas difíciles.
Atajo, si, porque la
doble condición de coalición y movimiento impone a
los sectores políticos, si quieren conservar esa
virtud del Frente, dos obligaciones: una, procurar
que, poca o mucha, sus militantes participen
siempre de la actividades de los comités
y no en ocasión de los Congresos u otras decisiones
que involucran a los partidos, que no los vacíen de
contenido ni los condenen a la inoperancia; otra,
recordar que el comité no es un ámbito para imponer
decisiones partidarias mediante el número de sus
militantes, sino el ámbito apropiado para aproximar
posiciones y generar consensos, en suma, responder
al sentido movimientista del FA, que no es
contradictorio ni opuesto a la coalición, sino
fuente de unidad y fraternidad, de opinar y
escuchar, de hacer frenteamplismo, en una palabra..
Esta práctica del
atajo fácil, que no complementa sino que opone el
caudal electoral al caudal militante de los
partidos, ha conducido, porque hace muchos años que
se practica, a la destrucción de aquella doble
condición de coalición y movimiento con que el
Frente nació a la vida política.
Hoy, el FA es nada
más que una coalición política, y los comités
vegetan entre la resignación y el descontento,
sustentados en el esfuerzo sacrificado de núcleos
pequeños de compañeros empecinados en que “esas
llamitas no se apaguen”.
Nos guste o no, y
somos muchos los militantes de base a los que no nos
gusta, que advertimos reiteradamente acerca de esta
“involución” del Frente, que lo hicimos ya en el
Encuentro Nacional de comités de base allá por
octubre de 2006, sin mayores consecuencias en el
terreno práctico, nos guste o no, repito, debemos
aceptar la realidad como es y no como nos gustaría
que fuera, y actuar en consecuencia. Siempre se ha
dicho que las estructuras organizativas no son un
fin en si mismas, sino un instrumento para el eficaz
desarrollo de la acción política. La actual
estructura del Frente no contribuye al eficaz
cumplimiento de sus objetivos políticos. Por el
contrario, son un obstáculo. Veámoslo entonces.
Para empezar, yo creo
que la doble forma de medir la representatividad de
los sectores políticos integrantes del FA, esto es,
su caudal electoral y su caudal militante, debiera
conservarse. Para una fuerza política de izquierda
es vital conservar el contenido asambleario de la
vida política en contraposición a la transformación
de los partidos en corrientes de opinión, propia de
la filosofía neoliberal todavía hoy en boga.
Sin embargo, este
principio, que “subyace” en los mecanismos de toma
de decisiones del FA, debiera explicitarse, sin
disimulos ni subterfugios, porque al fin de cuentas
es un principio sano, que de alguna manera integra
de manera original las formas representativa y
participativa del ejercicio de la democracia en la
vida frenteamplista.
¿Qué quiere decir
esto? Quiere decir que la composición de los órganos
de decisión del FA, Congreso, Mesa Política,
Plenarios Departamentales, deben ser coherentes y
responder a los mismos criterios en cuanto al peso
relativo que el caudal electoral y el caudal
militante deben tener en su integración. Soy
conciente que esto roza muchos, muchísimos intereses
sectoriales, y que no es tarea fácil construir
consensos en esto, y los consensos son obligatorios,
en este caso más que en ningún otro, pero si no se
asume seguiremos navegando en este mar de nebulosas
que el actual sistema genera.
En cuanto a los
comités de base, deberán tener el mismo
sinceramiento que el resto de las estructuras. Yo
creo que también aquí los sectores deben tener
presencia permanente, con sus delegaciones formales,
de tal manera que, desde las bases mismas, se haga
posible no sólo la información acerca del
posicionamiento partidario sobre tal o cual aspecto
de la actividad del Frente, sino el intercambio de
ideas y las posibilidades de la aproximación de las
mismas.
La presencia activa y
permanente de los sectores políticos en los comités
de base, y no sólo en ocasión de los Congresos o la
elección de los representantes de las bases a los
organismos nacionales y departamentales, permitiría
asimismo transformar a los comités en verdaderos
centros barriales, abiertos a los vecinos, escuelas
de formación política tanto como de expresión
cultural, en lugar de esos espacios cerrados,
metidos para adentro, muchas veces envueltos en
discusiones casi siempre inoperantes, como ocurre
hoy en muchísimos lugares.
(1*)
Para mayor desarrollo me remito al Foro “La
izquierda y su proyecto de país” que la Comisión de
Fundadores de la CNT, conjuntamente con la Fundación
Vivian Trías y el Centro de estudios
interdisciplinarios, CEIU, de la Universidad,
organizaran a lo largo de 5 jornadas en el mes de
noviembre de 2007. Este material fue entregado a la
Presidencia del FA, y se ha editado en su versión
digital.
(1*)
el FA y su estructura. ¿coalición y movimiento?
Me permito primero transcribir algún trozo de algo
escrito allá por marzo de 2007 en Voces.
LA
ONDA®
DIGITAL |
|