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Etanol – Uruguay
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy
1. ¿Patria o Nación?
La disyuntiva sigue
siendo entre atreverse a emanciparse u optar por
asimilar nuevos modos de colonización.
Dice el sociólogo
norteamericano Immanuel Wallerstein, y dice bien,
que en tanto el mundo cambia constantemente, siempre
resulta muy sencillo el descubrir y analizar lo que
es novedoso; de hecho, enfatiza Wallerstein, es
mucho más difícil descubrir lo que “en esencia” no
cambia. Y lo repetitivo y cíclico es aquello que se
mide dentro de los límites espaciales y temporales
de un sistema histórico determinado.
Pongamos por ejemplo
la caña de azúcar o la caña a secas.
Viene de nuestra
historia, la historia uruguaya, y de la función
padre que en nuestros suelos y nuestros cielos la
ejerce ese hombre llamado José Gervasio Artigas. Fue
su cuerpo de elite, los Blandengues, quienes a su
impulso, armados de cañas trabajadas defendieron
primero una idea junto a quienes vivieron y lucharon
por lograr aquella idea: la idea de que un ser
humano merece ser libre y digno de una vida
venturosa.
La caña estuvo en
nuestra historia y lo sigue estando, tanto así como
el concepto de patria y el de nación. A veces hay
quienes en aras de parecer muy autóctonos, toman las
palabras por el lado vil de las mismas y las
convierten, como solemos decir a instancias de
nuestra pensadora-guía Hannah Arendt, las
convierten, digo, en clichés. Esto es, se hacen
pasar por sutiles gauchos mientras en sus mentes
galopa el jinete sin cabeza.
¿Pero a qué viene
todo esto de historia, patria y nación, cuando de lo
que supuestamente se trata es de ser “prácticos” y
estudiar desde un punto de vista, para unos
estrictamente pragmático, para mí apenas
mercantilista, la producción o no de la caña de
azúcar, por ejemplo para la elaboración de etanol?
Por aquello del
principio, porque lo más difícil de ver y así de
estudiar es lo que permanece casi inalterado.
Y aquí conviven, como
en la génesis de nuestra sociedad, luego llamada
Uruguay, las luchas sordas y encubiertas las más de
las veces, abiertas y pseudo técnicas, las otras: se
trata entre atreverse a emanciparse, en el entendido
de dotar de sentido, contenido y cierto grado de
autonomía a nuestro Estado-Nación o continuar
haciendo lo que se venía haciendo desde larga data:
cuidar los intereses de los parias que, hasta el día
de hoy, gobiernan el mundo de las cosas.
Por ello, entonces,
distinguir primero lo que pensamos para luego ver
cómo presentamos, honesta y abiertamente, la
cuestión es, a todas luces, lo primero.
En el Uruguay,
quienes esporádicamente fueron gobierno y hoy son
oposición, tienen en sus filas connotadas figuras
que continúan bregando por sumirnos en la peor de
las globalizaciones, eliminando sólidas empresas
estatales monopólicas, por ejemplo la ANCAP (Administación
Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland), en
mérito a “dejar libre de impuestos” los
combustibles, aumentando la dependencia del
oligopolio trasnacional y derribando sin retorno, la
suerte de nuestro Estado-Nación.
Son aquellos que,
tenazmente, han intentado privatizarlo todo,
consiguiéndolo en parte, puesto que en su momento la
ciudadanía dijo “¡Alto!” al embate privatizador,
plebiscito mediante.
Cuando la ANCAP se
dispone a explorar la factibilidad de producir más
caña de azúcar pero para la producción de
biocombustibles, salen al cruce de este
emprendimiento con argumentos dispares.
Es dispar, creo yo,
medir con parámetros cortoplacistas y de comercio
minorista, lo que es, claramente, una inversión
estratégica, a largo plazo y hecha en el marco de
una empresa como la ANCAP, con lo cual los números
de la inversión, bien como los resultados parciales
que se van obteniendo, quedan sumidos como gotas de
rocío en la mar de lo que la misma maneja
diariamente.
¿Por qué entonces
esta obstinación en atacar tan dispar y soezmente
tal inversión?
Porque al factor
ideológico que los anima, bien como a las
implicancias de orden práctico y existencial que
invisten tales acciones, le resulta refractario un
proceder que aleja, notoriamente y cada vez más, los
aires de una globalización pedestre, abyecta que
expone - al colocar con fuerte trazo el tilde sobre
la “o” de nación -, la pequeña “patria” que dicen
defender en contra de un Estado-Nación que busca
permanecer con sustancia y voz en el foro de las
naciones libres del mundo.
Lo condenable no es
el amor por lo propio, el sentido de patria, aunque
siempre este amor debe cuidarse no devenga en
discriminación ante el extranjero. No. Lo remarcable
es que a un supuesto amor por lo propio le acompaña
una fuerte aversión por la autonomía de lo propio:
el Estado-Nación, toda vez que los amigos, lo
“mejor” está allende las fronteras no ya del Estado
sino de la periferia: es el Centro que encandila y
llama a sus criaturas bajo el influjo de la luz
azul. Y los mosquitos vuelan hacia allí. O sea que
el supuesto sentir es tan solo una pose, un medio
para obtener un fin que me resisto a calificar de
espurio.
Por consiguiente,
contestes en la importancia estratégica de esta
cuestión ingresaremos a su tratamiento para luego,
en sucesivas entregas, ir brindando mayor
información y la vez continuar analizando los
distintos factores que están en juego.
2. De lo que se trata
Ya en la edición
número 389 de La ONDA digital, en un artículo de la
señora María Laura Martínez Rodríguez, intitulado
“Pasado y presente del etanol en el Uruguay”, se
historiaba respecto de los diversos intentos de
innovar en materia energética.
En este sentido, por
ejemplo, Martínez destacaba que: “La primera
iniciativa se sitúa en las tempranas décadas del
siglo XX, durante la segunda presidencia de José
Batlle y Ordóñez (1911-1915), en el marco de un
intento activo del gobierno de promover el
desarrollo agrícola e industrial del país y
especialmente de obtener medios propios de producir
luz y fuerza motriz para alimento de la industria.”
Para luego añadir respecto de la ANCAP y avanzado el
artículo, lo siguiente: “La segunda iniciativa puede
ser identificada a partir de la creación de la
Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y
Portland (ANCAP) en 1931, entre cuyos cometidos se
establecía la explotación y administración del
monopolio y el carburante nacional, la importación,
rectificación y venta de petróleo y sus derivados,
así como “estudiar y preparar carburantes nacionales
que resulten beneficiosos para la economía
nacional.”
Realizada esta
precisión histórica puntual, informémonos respecto
de la matriz energética del Uruguay.
Informa la ANCAP que,
al año 2007, la matriz energética, está compuesta
por:
“- 54% de petróleo,
- 25 % de
hidroenergía,
- 15% de leña,
- 3% gas
natural,
- 3% residuos
de biomasa
- y un 0,05%
de carbón mineral.”
Tenemos, pues, ante
nosotros un problema estratégico para el país: la
brutal dependencia del petróleo.
También en base a
información de ANCAP se puede saber que:
“En el Uruguay los
biocombustibles no desplazan ni eliminan alimento,
entre otras razones por estas dos que a continuación
detallamos:
1 – En el caso del
ETANOL se generan productos complementarios como la
energía eléctrica y el alimento animal en base a un
cultivo que se mantiene y crece como la caña de
azúcar, aumentando, dentro de un proyecto global,
los volúmenes de azúcar producidos;
2 – En el caso del
BIODIESEL, se crea y potencia un área de girasol de
la que se obtiene aceite para fabricar biodiesel y
alimento animal para sustituir las importaciones que
llegan a 100.000 toneladas hoy en día (2007),
contribuyendo a fortalecer la producción lechera y
de carne vacuna.”
Aduce el ente estatal
que: “Consideramos que es necesario salir del modelo
fosilista, por lo menos en parte, y acudir a las
energías limpias. Hay que reducir significativamente
el consumo de energía, lo que se logrará si se
consigue gestionar la demanda, mejorar la eficiencia
energética y aumentar en forma rápida el desarrollo
de las energías renovables. Esto implica un cambio
social, tecnológico y económico estructural en el
mundo y también en nuestro país.” (el subrayado es
mío).
Si bien el panorama
que vamos presentando es aun escaso en información y
por sobre todo en el análisis de la misma, permite
ir entendiendo un poco más cuál es el meollo de la
cuestión que hace que las resistencias de la clase
dominante se vuelvan más y más fuertes.
Si a la frase de la
ANCAP que subrayáramos, le añadimos el por qué del
organismo en atisbar a una salida de estas
características, la cuestión quedará encuadrada en
sus justos términos geohistóricos.
3. A lo que se
apuesta
Dice la ANCAP casi a
renglón seguido de lo anterior:
“Es por eso que
esta hoy entre los objetivos principales de ANCAP
impulsar la investigación y desarrollo de nuevas
tecnologías para la obtención de energéticos
especiales complementarios o sustitutivos del
petróleo aportando a la diversificación de la matriz
energética en el país. En el año 2005 el Gobierno
Nacional decidió que era necesario comenzar a
producir etanol y biodiesel con materias primas para
diversificar la matriz energética. Por eso son
nuestros objetivos, a través de los biocombustibles:
- aumentar la
soberanía energética,
- disminuir
progresivamente el consumo del petróleo,
- disminuir los gases
que producen el efecto invernadero y los efectos
nocivos sobre la salud,
- impulsar el
desarrollo de cadenas agroindustriales,
- impulsar el
desarrollo económico y social de distintas regiones
deprimidas del país.”
Había que informar
sobre esto, había que ubicar en sus justos términos
que es lo que parece enfrentar a una parte del
sistema político con el otro. O como dijera José
Artigas, “La cuestión solo es entre la libertad y el
despotismo”. Que se asocia, en éste como en otros
tantos casos, a otra de las recordadas expresiones
del Conductor de los Pueblos Libres: “"Yo no soy
vendible, ni quiero más premio por mi empeño que ver
libre mi nación."
Es así que la primer
entrega de esta serie tuvo este comienzo tan cargado
de identidad, porque la cuestión que está en juego
es qué tanto queremos que el Uruguay, este
Estado-Nación, tenga futuro, no como mampostería
sino como un país con sentido propio de ser y de
permanecer, o cómo nos avenimos a sumarnos
–sumiéndonos- en el micromundo de las relaciones
entre parias que deambulan de un lado al otro de los
océanos, en busca de mejores réditos para su
inapagable sed de lucro.
El camino está
tomado. El etanol uruguayo ya es una realidad.
Veremos, poco a poco, qué contornos tiene y qué
horizontes se presentan ante tal realidad.
Continuaremos.
LA
ONDA®
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