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El cine que maldice
al destino manifiesto
por Joselo Olascuaga
Mickey
Rourke es el luchador Ram, una especie de Martín
Karadajián de Titanes en el Ring pero “americano”;
es decir, la estrella de un espectáculo mucho más
violento. No representa a un exótico armenio sino
que es la caricatura del héroe americano por
excelencia. Duerme con la bandera de USA en la
cabecera de su cama. Se enfrenta al Ayatolá, en
combates trucados que hacen delirar a un vasto
público de idiotas. La historia de El luchador
es la de su decadencia y caída. Una muy obvia, nada
solapada metáfora sobre la política exterior
estadounidense, dentro de una historia de drama
personal de un hombre alejado veinte años de su
momento de gloria (similar a la del propio Michey
Rourke, que con esta película resurge, aspirando al
Oscar).
Colin Farrel en
Escondido en Brujas es un irlandés que ha matado
a un niño como un daño colateral de su primer
trabajo de sicario. Su patrón (Ralph Fiennes) es un
mafioso inglés que por ajustar cuentas con Farrel
termina matando a un enano, otro daño colateral y se
suicida. Todo con bastante humor inglés.
Nicolas Cage en
Bangkok es un sicario americano contratado por la
mafia local que tiene que matar a un líder muy
querido por su pueblo. Finalmente debe suicidarse al
matar a su patrón.
Por orden de estreno,
estas tres películas nos mostraron: el callejón sin
salida en que se ha metido Cage, la fatalidad
irrevocable de Rourke en su desastrosa opción de
volver a pelear con el Ayatolá de Teherán, la aviesa
culpabilidad por los daños colaterales.
De las tres,
la mejor película es El luchador,
aunque Escondido en Brujas tenga tres o
cuatro chistes buenos y una actuación aceptable de
Colin Farrel.
Mickey Rourke tras el
enorme éxito que obtuvo por poner cachonda a Kin
Bassinger y hacer de Bukowski antes de tiempo, pasó
veinte años de películas que no trascendieron. Ahora
sí es Bukowski sin necesidad de maquillaje (y con
veinte kilos más, todos de masa muscular). Y se
desliza por la película con absoluta naturalidad.
Es muy buena también
la actuación de Marisa Tomei como bailarina del club
nocturno que intenta redimir a Ram y aunque
predecible en su desenlace, la película es
sorprendente. Uno ya sabe lo que va a pasar, pero
ocurre siempre más duro e intenso de lo previsto. Es
de agradecer tanta intensidad al servicio de una
mirada inteligente de la sociedad americana y de su
historia en la dirección de Darren Aronofsky.
Probablemente es merecido el León de Oro que obtuvo
y la Copa Volpi a Rourke como mejor actor en el
Festival de Venecia.
En cambio la de Cage
pasó desapercibida y denostada y sin embargo, tiene
un remate muy interesante. Universaliza el tema (y
lo dirige al espectador norteamericano) cuando
describe el desfile de campaña electoral del
político tailandés muy similar al del asesinato de
Kennedy. Sin dejar de ser entretenida y sin recurrir
a mas efectismos sangrientos que a los que el género
en este tiempo obligan, Peligro en Bangkok
permite otras lecturas sin forzarlas y cuando todo
hace prever que tendrá uno de esos tan recurridos
finales de cine z que se aplican a las películas de
acción, el remate sorprende por lo sugerente y la
adecua a todas las antiguas reglas del cine negro.
El escenario,
Bangkok, tiene toda la fascinación de la ciudad que
para siempre hemos asociado a Montalbán. Ya he
escrito sobre su muerte en Bangkok (http://joseloolascuaga.blogspot.com/2007/07/morir-en-bangkok.html).
Este es otro morir en Bangkok, en las antípodas del
de Manolo Montalbán. Pero aunque es el opuesto el
uno del otro, ambos se complementan.
Nicolas Cage, luego
de varios bodrios como Volver a Los Ángeles,
tiene aquí un papel con un proceso interior creíble
y lo juega muy naturalmente. Shahkrit Yamnarm lo
acompaña correctamente.
La Tailandia que supo
ser también escenario de Conrad, Somersed Maugham,
Graham Greene y Vázquez Montalbán dirá cual de las
correcciones es la apropiada.
Lo cierto es que con
El luchador, Escondidos en Brujas y
Peligro en Bangkok, los norteamericanos e
ingleses se cuestionan en películas de
entretenimiento sus andares por el mundo. Antes eso
lo dejaban a las películas más artesanales o de
culto. En general se entretenían reafirmando su
destino manifiesto. Todo cambia.
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