Cinco días que me
dieron vuelta la cabeza
por Adrián Paenza

Lo que sigue a continuación es “un relato sobre la conferencia del Grupo Ted en California”, que con el titulo “Cinco días en el futuro” publicó el periodista Adrián Paenza en “Página/12” el 15/02/09,  sobre este gran acontecimiento.

 

 

...Del 2 al 7 de febrero, desde las 7 y media de la mañana hasta las 10 y media de la noche, viví inmerso en un mundo apasionante: el mundo de las ideas. Ideas para ayudar a mejorar el presente. Ideas para pensar el futuro.

 

El mensaje que figuraba en todos lados por las calles de Long Beach decía: “TED: Ideas Worth Spreading” (TED: ideas que vale la pena difundir). Ideas que vale la pena compartir. Ideas que vale la pena discutir. Ideas sobre cómo cooperar para tener una sociedad mejor, más justa, más solidaria, más generosa y, sobre todo, en donde no haya exclusiones. Una sociedad más moderna también, mejor preparada para combatir el hambre, la pobreza, la miseria, la falta de educación, la injusticia social y la falta de placer. Casi en una utópica búsqueda de la felicidad.

 

TED fue creada en 1984 por el arquitecto Richard Saul Wurman y su socio Harry Marks para “potenciar la convergencia entre Tecnología, Entretenimiento y Diseño”. En los 25 años en que se realizan los encuentros se vieron hitos, como que Apple presentó la primera Macintosh, Sony exhibió el primer CD, el matemático Benoit Mandelbrot habló por primera vez de su descubrimiento de los fractales y Marvin Minsky, el gran gurú de la Inteligencia Artificial, describió su nuevo modelo sobre la mente. Hasta este año, las conferencias se hicieron siempre en Monterey, California, y sólo por invitación en grupos muy reducidos. Este año se mudó a Long Beach, unos 30 kilómetros al sur de Los Angeles.

 

La lista de oradores principales a lo largo de los años incluye a Bill Clinton, Bono, Al Gore, Bill Gates, Frank Gehry, Nicholas Negroponte, Billy Graham, Peter Gabriel, Quincy Jones..., el espectro se fue ampliando hasta que ahora la sigla original TED suena más a un recuerdo englobador que a una forma de describir los contenidos. Este año hubo biólogos, arquitectos, psicólogos, comediantes, físicos, antropólogos, ecólogos, cantantes, contorsionistas, mimos, industriales, computadores, políticos, diseñadores de videojuegos, sociólogos, oceanógrafos, diseñadores gráficos, filántropos, escritores, escultores, astrónomos, pintores, entrepeneurs, empresarios, economistas, químicos, bioquímicos, comunicadores, abogados, médicos y, claro, también había matemáticos y más, mezclados en un centro de convenciones pujando por no perder detalle y por entrar en contacto con la mayor cantidad de gente posible. Las conferencias de TED figuran en http://www.ted.com

 

Este año

Fue una de las experiencias más fascinantes de mi vida. Eramos 1500, representando a 51 países, que, convocados por TED, manteníamos un silencio casi de iglesia durante las charlas, bulliciosos y ansiosos en los intervalos o recreos, estimulados por lo que venía desde el estrado hacia acá y con el debate posterior sin moderador ni control alguno. En esos cinco días, hablaron 102 personas. Cincuenta expusieron durante 18 minutos. Sí, dieciocho minutos. La idea es que si uno tiene algo para comunicar, ese tiempo tiene que ser suficiente. Y la limitación temporal no toleró excepciones. Bill Gates, uno de los oradores, tampoco pudo extenderse. Chris Anderson, el presentador oficial y un poco el dueño de la pelota, los invitaba a pasar al estrado y dar la charla de su vida. Y así fue, al menos para casi todos.

 

Además hubo otros 52 que expusieron en forma más breve: exposiciones de tres y seis minutos. Por ejemplo, Al Gore habló seis minutos (para contar el estado de su cruzada personal sobre el calentamiento global) y Nicholas Negroponte, uno de los propulsores de la espectacular idea “Una computadora por niño” (OLPC, One Laptop Per Child), sólo expuso por tres minutos. Y todo esto incluía también la participación de música, teatro, arte.

 

Los disertantes de las conferencias más importantes (las de 18 minutos) estuvieron agrupados en doce sesiones. Y cada una tenía un nombre que la identificaba: Reiniciar, Reenmarcar, Reconectar, Ver, Entender, Inventar, Soñar, Descubrir, Crecer, Atreverse, Predecir, Comprometerse.

 

Algunos ejemplos

Juan Enriquez habló sobre el homo evolutis, que sucederá al homo sapiens. La manipulación de células y tejidos, así como el salto cualitativo de la robótica, permitirán mejorar la capacidad auditiva del humano, hasta llevarlo a escuchar lo que hoy no está dentro de nuestro rango (sonidos que emiten ballenas, delfines, por ejemplo), o ver lo que hoy ningún humano puede (rayos ultravioletas, rayos x). Corazones, hígados, riñones y otros órganos artificiales que permitirán prolongar la vida de nuestra especie hasta límites que hoy son impensables. Enriquez es mexicano, profesor en Harvard, uno de los negociadores de la paz en Chiapas y uno de los socios de Craig Venter, quien lideró el proyecto privado que terminó decodificando el genoma humano. En una charla privada, me dijo que el principal objetivo que tiene ahora es publicar las distintas especies animales que encontraron con Venter, que llevan al doble (sí, ¡al doble!) la cantidad que se conoce hasta hoy.

 

Shai Agassi habló sobre su Auto 2.0 (Car 2.0), un auto eléctrico que ya existe, funciona y está en condiciones de competir con los actuales modelos. La única diferencia es que funciona a batería. Y las baterías se cargan en estaciones distribuidas en una ciudad como si fueran lugares en donde uno lava el auto. Y con cero emisión y polución. El usuario paga por kilómetro recorrido, como uno paga por minutos que habla por teléfono. Israel ya lo adoptó con el impulso que le dio Shimon Peres, y Dinamarca se sumó también. La pata que faltaba, quien construyera el vehículo, se cierra con la participación de Nissan-Renault.

 

Nalini Nadkarni, considerada la reina de la investigación en las junglas, se pasó dos décadas investigando la copa de los árboles en Costa Rica, Nueva Guinea, el Amazonas y los bosques en el noroeste de Estados Unidos, cerca del Pacífico, explorando el mundo de los animales y plantas que viven allí y que ¡nacen y mueren allí! sin haber bajado nunca a la tierra. Creó una base de datos sobre esas especies, su variedad y cantidad, y la preservación del ecosistema. Explicó su relación con los presos de distintas cárceles y los trabajos en cooperación con ellos para hacer crecer musgos y pequeños animales. Terminó su alocución con la gente de pie y aplaudiendo enfervorizada.

 

Sylvia Earle, la gran defensora de la fauna en los océanos, que encabezó más de 50 expediciones y pasó más de 6000 horas bajo el agua. Se la conoce como La Mujer Profundidad, o la Leyenda Viviente. Se ocupó de describir la depredación humana en el maravilloso mundo que vive en el fondo de los mares y los caminos que utilizaría para evitar que el hombre hiciera añicos el propio planeta que lo alberga.

 

Jill Tarter, la astrónoma que dirige el Centro en Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre, SETI (“Search for Extraterrestrial Intelligence”), dio una explicación muy visual e impactante del porqué de su pasión. Tomó un vaso y propuso que imagináramos que lo llenaba de agua al borde de un océano. Preguntó después: “Del hecho de que no haya capturado ningún pez acá, ¿es posible inferir que no hay ningún pez en las aguas de ningún océano de la Tierra?”. El trabajo de búsqueda continúa, usando telescopios distribuidos en Australia, Virginia del Oeste y Puerto Rico.

 

José Antonio Abreu, el extraordinario director de orquesta venezolano, participó desde Caracas en una teleconferencia. Abreu es el creador de una organización llamada El Sistema (así, en castellano), que enseña música a los chicos de toda Venezuela desde el año 1975. En más de 30 años, El Sistema creó 102 orquestas juveniles, 55 de chicos, 270 centros de música y ya tocó las vidas de 250.000 niños que aprendieron algún instrumento. Mientras en Caracas, en simultáneo, un teatro lleno de orgullosos compatriotas de Abreu lo ovacionaba de pie, lo mismo ocurría en Long Beach.

 

Dan Ariely, profesor en el MIT sobre conductas humanas y autor del best seller Predeciblemente irracional (Predictably Irrational), quiere entender por qué los humanos hacemos trampa. Y cuáles son los límites. Usted, ¿se llevaría un lápiz de la oficina en la que trabaja o papel en blanco para su casa? Lo más probable es que su repuesta sea afirmativa, aunque le dé cierto pudor confesarlo. En cambio, ¿se llevaría el equivalente en dinero de ese lápiz o papel? Otro caso: si a usted le dijeran que para contestar las preguntas de un examen usted puede copiarse de un libro pero que nadie se va a enterar, usted, ¿miraría el libro? Entender por qué somos como somos, por qué procedemos como procedemos, nos muestra mucho más parecidos que distintos, independientemente de dónde hayamos crecido y qué cultura tengamos.

 

Yann Arthus-Bertrand, un apasionado por la fotografía, exhibió una cantidad increíble de vistas del planeta tomadas desde el cielo. Desde un helicóptero, o desde un zeppelin o desde cualquier objeto que vuele, Bertrand conmocionó a los que allí estábamos haciendo una descripción perfecta de lo que uno escuchó tantas veces: una imagen es mucho más que mil palabras. Sin embargo, su foco de atención fue mostrar en fotos las tremendas injusticias y desigualdades del mundo actual y se encargó de enfatizar que vivimos en un estado de negación, como si no quisiéramos creer lo que sabemos. Recorrió cincuenta países para hacer cinco mil entrevistas, de las que exhibió algunas en una edición abreviada de una película que se llamará Home (Hogar), se estrenará el 5 de junio de este año y por la cual no percibirá ningún dinero: quiere que la película tenga distribución gratuita. Otro ejemplo.

 

Oliver Sacks, el médico neurólogo dedicado a la antropología, quien fue el autor intelectual de la película protagonizada por Robin Williams, Despertares (Awakenings), se permitió sugerir una visión distinta de las alucinaciones que suelen tener algunos pacientes. Alucinaciones visuales que tienen personas con disminuciones o discapacidades en su visión y alucinaciones auditivas que tienen algunas personas con discapacidades para oír. Pero lo notable es que describió que en su experiencia con pacientes de la tercera edad muchos de ellos no quieren describir lo que les pasa por temor a que los consideren insanos o locos o dementes. Y explicó cómo tratarlos y cómo encontrar un marco diferente para su tratamiento. Fue otro más que se llevó una ovación de pie.

 

Bonnie Bassler, bióloga, presentó un concepto que describió como novedoso y del que varios se burlaron durante años: el hecho de que las bacterias pudieran comunicarse entre sí. Mostró ejemplos de colonias de bacterias que, cuando llegan a cierta cantidad, se encienden y generan luz. Como si tuvieran la chance de hacer un censo poblacional y, cuando les dan las cuentas, se activan. Y así como hay bacterias de la misma especie que se conectan entre sí en un lenguaje típico de esa colonia, una especie de intra-lenguaje, también tienen una manera de comunicarse con otros grupos (una suerte de ‘esperanto’ entre bacterias (sic) o de inter-lenguaje). Y esto podría dar lugar a una nueva generación de antibióticos si uno es capaz de desarrollar estrategias que impidan este censo poblacional, o, en el caso contrario, para estimular el crecimiento de otras que son beneficiosas para el ser humano.

 

Nathan Wolfe, cazador de virus, habló de sus repetidas experiencias en Africa, en donde logró demostrar que hay un número increíble de virus que saltaron de animales a humanos, como fue el caso del virus del sida. ¡Y lo siguen haciendo! La cantidad de virus es tan enorme que, si se publicara una enciclopedia de 30 volúmenes sobre todas los organismos vivientes, 27 de ellos corresponderían a los virus conocidos hasta hoy y los 3 restantes, dedicados a los otros animales. Ah, el hombre sólo sería una nota al pie en uno de los tomos. La vida de Wolfe está dedicada a evitar pandemias: predecirlas, combatirlas, erradicarlas.

 

Ed Ulbrich, director de efectos especiales de Hollywood, quien dirigió ese aspecto de la última película que protagonizó Brad Pitt (El curioso caso de Benjamin Button). Para los que no vieron la película (como yo), se trata de contar una historia en donde el tiempo para Pitt pasa al revés. Es decir, nació con 87 años y a medida que van pasando los años va siendo cada vez más joven. Ulbrich mostró qué tecnología usaron para que, en una película que dura casi 3 horas, la primera hora tuviera el cuerpo de una persona mayor, y la cabeza de Pitt fue producto de una animación hecha ad hoc. La capacidad tecnológica para poder lograr que algo generado artificalmente pudiera reproducir todos los gestos de Pitt mostró un grado de sofisticación nunca antes visto. Y se llevó otra ovación.

 

Willie Smits, especialista en bosques, se llevó el aplauso más grande y más prolongado de las 102 personas que hablaron a lo largo de los cinco días. Llegado desde Indonesia, Smits trabaja en la intersección entre el mundo animal, la conservación del espacio verde y la raza humana. Y su experiencia se inicia cuando el hombre invade Sulawesi, los bosques que cobijan a los orangutanes. Estos animales, considerados entre los más inteligentes, eran matados para ser comidos, o capturados para ser usados como mascotas, o algún otro acto de depredación humana. Smits creó una fundación (Masarang) con la que abrió una fábrica para tratar palmeras azucareras y, usando energía solar, extraer una sustancia que luego convierte en azúcar propiamente dicha y también etanol, con lo que al venderlo genera dinero que le da a la comunidad productora poder y la alternativa de no arruinar el planeta.

 

Mi experiencia (en resumen)

Yo viví una de las semanas más espectaculares de mi vida. Escuché a gente hablar de temas de los que no tenía la más vaga idea, que me conmovieron hasta las lágrimas (literalmente), y me encontré aplaudiendo de pie, emocionado por el compromiso de algunas personas con respecto a los destinos del prójimo. Me encanta espiar el futuro y TED me dio la ocasión. Me impacta ver la generosidad que tienen algunos de mis pares de especie, en particular con el ofrecimiento del tiempo, que es uno de los valores más preciados de los humanos.

 

Escuchar gente hablar de temas de los que no tengo idea me dio alternativas distintas para pensar los míos. Pensar por fuera del molde. Imaginarse lo que no existe. Atreverse a enfrentar el statu quo. No tolerar la neutralidad. Compromiso. Candidez para plantear problemas. Y no tener miedo al ridículo o a decir, “no sé” o “no entiendo”. Me sentí un hiperprivilegiado y me pregunté durante mucho tiempo por qué.

 

El futuro de la cirugía (y la robótica)

Catherine Mohr se presentó haciendo una brevísima historia de la cirugía. Mostró calaveras de humanos que vivieron entre 5 mil y 10 mil años atrás, con trepanaciones que sugieren que “algún tipo de operaciones” se hacían en aquella época. Pero en general los cirujanos eran percibidos como “carniceros”. Era obvio que tenían que hacer las operaciones con consentimiento mutuo del paciente. Y hacerlas lo más brevemente posible. Es más, al cirujano se le pedía un poco de misericordia. Por ejemplo, sacar una piedra en la vesícula llevaba aproximadamente dos minutos, porque sin anestesia el procedimiento era penoso, dolorosísimo.

 

La aparición de la anestesia modificó una gran parte, y para ponerlo en una palabra, trajo alivio. Los médicos tenían más tiempo para explorar y practicar, porque los pacientes no sentían nada. Fue una revolución en la historia de la cirugía. De todas formas, la frustración se generaba porque muchísimos pacientes no sentían nada durante las operaciones, pero se morían por las infecciones posteriores. Allí fue donde los médicos entendieron que era tan importante lavarse las manos “antes” como “después” de la operación.

 

Luego, la próxima etapa. Las operaciones no eran más dolorosas, los pacientes no se morían por las infecciones posteriores, pero la calidad de vida se modificaba sustancialmente. Y allí llegó la ambición. Por eso, aparecieron nuevas metodologías, como la laparoscopía, que permite hacer menos incisiones, de menor tamaño y la invasión al cuerpo es cada vez menor. Con todo, la técnica que se necesita para operar en esas condiciones requirió que los cirujanos tuvieran que re-entrenarse, o entrenarse para usar nueva aparatología. Pero las operaciones con laparoscopía tienen una desventaja particular: el médico pierde su visión tridimensional. Ve de acuerdo con lo que mira en un monitor en dos dimensiones. Amén de que manejar esa tecnología implica algo así como mover la parte de atrás de un acoplado, en donde el mundo se invierte. Y encima, uno sabe que está operando a un paciente, en donde el margen de error es ínfimo.

 

Y entonces, llega el mundo de la robótica más sofisticada. Aumenta la destreza del cirujano y empiezan la innovación. Mohr mostró una máquina para operar, la Da Vinci, que todavía no está aprobada para ser utilizada en operaciones reales, pero de acuerdo con lo que dijo en su exposición sólo faltan detalles. Mostró videos increíbles. Con sólo una incisión en el cuerpo del paciente, se introduce un pequeñísimo tubo. Este tubo, al llegar al centro de operaciones (imagínelo como un tubo con pasta dentífrica), expele un grupo de instrumentos que se despliega como si fuera una cortaplumas multiuso. Aparecen cámaras, luces, bisturíes, tijeritas, que le permiten al cirujano, a través de estos robots, llegar a lugares en donde los ojos y las manos no pueden acceder. Ahora parece todo más simple. Y los marcadores que tiñen los tejidos permiten entender dónde “cortar”, ver los bordes de la zona afectada, y en definitiva lograr un resultado eficiente y preciso.

 

La cirugía moderna apunta hacia allá. Y el futuro llegará inexorablemente con la proliferación de estos aparatos, que –dicho sea de paso– permiten operar a distancia, de manera tal que con los instrumentos en una parte del mundo y cirujanos en otra, la operación puede realizarse como si estuvieran todos en el mismo lugar. La idea es dejar todo lo más INTACTO posible.

 

Gates y la malaria

 Bill Gates no se presentó como el fundador de Microsoft ni nada de lo conocido que lo llevó a ser la segunda persona más rica del mundo. Lo que le dio fama mundial fue sólo motivo de un comentario tangencial por parte de Chris Anderson (el curador de TED). En cambio, Gates vino como filántropo, como presidente de la fundación que lleva su nombre y el de la mujer (Melinda). El objetivo de los Gates es cooperar con su fortuna para erradicar la malaria en el mundo. Subió al escenario con un frasco pequeño, como si contuviera mermelada. Sólo que adentro había algunos mosquitos. Preste atención a este dato: Gates se ocupó de decir que en el mundo se destina más dinero para combatir la calvicie que para combatir la malaria. Aún más: lo que resulta inexplicable es que la malaria es una enfermedad transmitida por un mosquito. Liberó entonces a los mosquitos que traía en el frasco y con seriedad dijo que alcanzaría con usar (y tener, claro) DDT para reducirla en un 50 por ciento. Y que por ahora reparten enrejados o redes en las zonas más afectadas del Africa para proteger a los pobladores. La mayor cantidad de dinero está afectada a la compra de esas redes.

 

Terminó con un dato: las tres enfermedades que más muertes causan en el mundo son malaria, diarrea y neumonía. Gates está involucradísimo en este proyecto. Se bajó del día a día en la conducción de Microsoft y ahora está utilizando todo su poder e influencia en el mundo para dejar un legado distinto en la historia de la humanidad.

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