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Lo esencial es
(in)visible a los ojos
por El Perro Gil
elperrogil@gmail.com
A
la frase –inmortalizada por Saint-Exupéry, en su
obra El Principito- la modificamos deliberadamente
para reforzar la idea temática que nos impulsa en
estas líneas. En el caso que nos ocupa lo
esencialmente relevante se hace tangible para
regocijo de quienes sufrieron reiteradas
postergaciones a pesar de promesas esgrimidas
durante mucho tiempo.
Pero a esa
tangibilidad es necesario explicarla para que no
pase desapercibida. Porque no alcanza con hacer y
promover, también es necesario remarcar lo hecho
para que quien disfruta las mejoras, acuse recibo.
Es tan simple como decir que no basta con cambiar si
quien se beneficia con los cambios no los valora a
pesar de disfrutarlos. Es propio de la naturaleza
humana. Cuando ganamos –en cualquier orden- es
necesario comprender el alcance de la victoria para
que el regocijo no se agote en el efímero disfrute.
Así como también es primordial hacer lo mismo en la
derrota, para entenderla y transformarla en victoria
en cuanto se pueda. Es que lo esencial – en términos
políticos- debe hacerse visible a los ojos, para que
se conozca y compare con actuaciones anteriores. Y
esa visibilidad se consigue haciendo que la gente
-en victoria o derrota- entienda el verdadero
alcance de la misma.
Esta idea –que no es propia, sino que
nos fue referida del recordado dirigente comunista
Rodney Arismendi- encaja perfectamente para ilustrar
lo que debemos reforzar si aspiramos a concretar el
sueño de renovar un gobierno que nos merecíamos
desde hace mucho tiempo. Es necesario -y hasta se
diría que imprescindible- apuntar las baterías a
marcar eso que nos identifica y nos hace
particularmente diferentes del resto del espectro
político nacional, y hacerlo razonando. Para que se
entienda la magnitud de lo conquistado. Para que se
entienda cabalmente que:
somos diferentes.
Estamos en tiempos de
definiciones importantes, trascendentes. Las
elecciones internas marcan una etapa en el largo
camino hacia octubre. Pero vayamos por partes.
Mientras por tiendas opositoras se
manifiestan diferencias que llegan hasta lo
programático, en el Frente Amplio existe un único
programa. Principal diferencia que separa las aguas
y distingue dos formas diametralmente opuestas de
hacer política. En la fuerza política de gobierno,
no hay polaridad posible porque ésta ya laudó
soberanamente cual sería su partitura,
independientemente de quien resulte el ejecutante
instrumental de la misma. Ello es así porque:
somos diferentes.
Mientras en el
Parlamento la oposición nacionalista –única capaz de
dar pelea en la instancia- divide su accionar para
manifestar posición política en un tema medular como
la Ley de Caducidad, el Frente Amplio se mostró
monolíticamente encolumnado en una postura, más allá
de sus efectos vinculantes o no. Había que decirlo y
se dijo claramente, alto y fuerte sin usar los pies.
Extremidades que a la postre unificaron una conducta
opositora la que seguramente no compartan ni sus
propios simpatizantes, que hubieran querido
seguramente escucharlos dando una opinión terminante
contra una ley que avergüenza al Parlamento
Nacional. Por lo menos al espacio que integró el
voto verde. Otro ejemplo que demuestra lo esencial
y visible a los ojos de todos: somos diferentes.
La vida es una
mutación continua, y no se puede vivir ajeno a lo
que ella va condicionando, tanto es así que ante la
ausencia de consensos, vamos a unas internas con
tres candidatos. No obstante ello es un secreto a
voces, (que espera simplemente la confirmación de la
orgánica), que en las internas frentistas, el que
gana, gana, y detrás de él se encolumnará toda
la estructura y la fuerza política. A pesar de lo
que dispara una derecha que utiliza los medios que
tiene a su disposición para intentar hacer creer que
eso no es así. Cada militante trabajará por su
candidato, militará conciente de que lo hace para
ganar la interna, pero su lucha y trabajo tienen el
común denominador de ese sentimiento que amalgama y
aglutina detrás de una fuerza que vino para cambiar
la historia. Y eso es así porque: somos
diferentes.
Algunos intentan infundir la idea que
de no ganar determinado candidato la interna
frentista, se pierde las elecciones en octubre.
Infundado intento por torcer la voluntad de un
electorado que no se achica y se sabe dueño de sus
actos. Si algo ha cambiado también es la ausencia
del miedo que ha dado lugar a mayor participación de
la gente (como bien escuché decir tertuliando en
radio). Por lo tanto esgrimir ese pensamiento
derrotista va contra el carácter rebelde de un
pueblo que se sabe dueño de su futuro; que sabe que
pudo y que por lo tanto puede otra vez, (Gracias
Danilo!); pero por sobre todo, que también sabe que:
somos diferentes.
Particularmente soy
de la idea que sea quien sea el que gane la interna
en el Frente Amplio, se encamina a ser el nuevo
Presidente de los uruguayos, por la sencilla razón
que este gobierno fue –por lejos- el mejor de los
últimos años. A lo largo de este humilde espacio
hemos ido enumerando las razones de ello, y no
imaginamos un Uruguay en retroceso si ocurriera lo
contrario.
Por eso es
fundamental lo del principio, hay que razonar
para que se entiendan los cambios y se aprecien los
logros obtenidos, sin que pasen desapercibidos para
quienes, disfrutando de los mismos, no adviertan su
existencia.
No sea cosa que
después, se lamenten por la pérdida…
El perro ladraba y
ladraba,
buscando que el
hombre, entendiera el por qué de su ladrido.
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