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La energía nuclear no es, en
absoluto, la última opción
por Rubén Arvizu *
El
debate sobre la energía nuclear sigue vivo en todo
el mundo y está íntimamente relacionado con el que
se ha suscitado respecto al calentamiento global y a
la emisión de gases con efecto invernadero, el
cumplimiento de los compromisos adquiridos por los
países en el protocolo de Kyoto para reducir tales
emisiones teniendo como plazo el 2012 y por
supuesto, el incremento en los precios de los
combustibles fósiles.
Finlandia es un caso
paradigmático debido al proceso social, político
económico llevado a cabo en torno a la energía
nuclear y debe analizarse desde su comienzo hasta
los pobres resultados (especialmente los costes
económicos) obtenidos hasta hoy.
Mayo de 2002. El
parlamento Finlandés aprueba la construcción de un
nuevo reactor nuclear: Olkiluoto 3 el cual promete
ser construido en un tiempo récord de cuatro años
con un costo de 3 mil millones de euros. El Partido
Verde Finlandés presenta su renuncia a la coalición
de gobierno en señal de protesta.
De la electricidad
que se consume en Finlandia, más del 25% proviene de
las centrales nucleares que hoy funcionan en el país
(dos reactores en la ciudad isleña de Olkiluoto y
dos más en la de Loviisa). El tercer reactor
Olkiluoto 3 promete elevar ese porcentaje hasta 35%.
La discusión sobre la
apertura de un nuevo reactor llevó a la sociedad
finlandesa a discutir sus consecuencias y en 2001,
aún antes de haberse aprobado la construcción del
reactor, el Parlamento aprobó la construcción de un
depósito geológico definitivo para los residuos
radioactivos generados por los cinco reactores del
país que se ubicará a 500 metros de profundidad en
la roca granita de la isla. Lo que se destaca es que
dicho depósito comenzará a construirse en 2010 y se
plantea iniciar su utilización como tal hasta 2020.
“En esa época la
percepción de la gente fue mayoritariamente a favor
de la energía nuclear, en las encuestas de opinión,
más del 50% se mostraba positivo siempre y cuando se
resolviera el tema de la disposición final de los
residuos radioactivos”, me dice Anna, estudiante de
matemáticas e informática en la Universidad de Oslo.
Agosto de 2008. Seis
años después de la aprobación del Parlamento,
Olkiluoto 3 continúa en construcción. Su puesta en
operación se ha postergado dos años y se planea para
2011. Ha sobrepasado el presupuesto inicial en al
menos 50% más, alrededor de mil 500 millones de
euros y aún se ignora quien cubrirá los costos
adicionales.
Anna no está ya tan
segura de que se haya tomado la mejor decisión. “El
costo es altísimo y se dice que la planta tiene
graves errores de diseño y el almacenamiento de los
residuos radioactivos generados no acaba de
resolverse en el mundo”.
Al final, Olkiluoto 3
costará más de 5 mil millones de euros. Aún no
existen depósitos de almacenamiento permanente para
los residuos radioactivos de “alta actividad” ni en
Finlandia ni en ningún otro país de Europa.
“No debe perderse de
vista que la energía nuclear no es, en absoluto, la
última opción con que se cuenta”, dice Anna y tiene
razón. Como algunos de ustedes también lo han
señalado en el blog o en correos electrónicos, un
escenario realista mostraría a la energía nuclear
como “una opción entre otras” no como la única
opción.
Entonces ¿por qué no
iniciar mejor con esas “otras opciones”? a)
Incrementar de manera considerable las energías
renovables: solar, eólica, biomasa; b) Aumentar la
eficiencia en la generación y consumo eléctricos; c)
Frenar el crecimiento del consumo; d) Captura de
emisiones de carbón. Algunas al parecer son más
caras, pero la construcción de Olkiluoto 3 ha
demostrado que la energía nuclear tampoco es
“barata” y al final lo único que parece que
permanece es la radioactividad de los desechos
nucleares… aunque sólo sea por unos cuantos miles de
años.
Rubén Arvizu, actual
Director para America Latina de la Nuclear Age Peace
Foundation
Articulo del autor:
Los mares vivientes de la tierra
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