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El mundo sin ozono,
convertido en un infierno
y rayos UV quemando todo
Video NASA
Atmospheric Chemistry and
Physics
Un equipo de científicos de la NASA recreó en un
video los efectos devastadores en la Tierra si la
radiación ultravioleta del Sol destruye
completamente el gas situado en la atmósfera
El equipo
investigador utilizó para la simulación un modelo
completo que incluía los efectos químicos sobre la
atmósfera, los cambios en el patrón de los vientos y
los cambios en la radiación. El análisis ha sido
publicado en
"Atmospheric Chemistry and Physics".
EL modelo de computadora dejó en evidencia lo que
hubiese ocurrido si hace 22 años no se hubiera
llegado a un acuerdo internacional para reducir el
uso de clorofluorcarbonos (CFC), que causan
anualmente un agujero en la capa de ozono formada
cerca del Polo Sur. Se cree que el CFC, usado en
rociadores y en equipos de refrigeración, es uno de
los principales causante de la destrucción en la
capa de ozono.
Paul Newman, experto en meteorología de la NASA, y
responsable de esta simulación, dijo que de no
haberse reducido el uso de CFC, para el 2065 dos
terceras partes de la capa de ozono se habría
desvanecido "y el agujero de ozono cubriría la
tierra".
Además, el CFC habría elevado la temperatura mundial
en más de un grado centígrado (4 grados Fahrenheit).
"Es el año 2065. Cerca de dos
tercios del ozono terrestre ha desaparecido. No sólo
en los polos, sino en todo el planeta. El
tristemente célebre agujero de ozono sobre la
Antártica, descubierto por primera vez en los años
ochenta, tiene un gemelo sobre el Polo Norte. La
radiación ultravioleta (UV) que cae sobre las
ciudades de latitudes medias como Washington D. C.
es lo suficientemente fuerte como para causar
quemaduras de sol en sólo cinco minutos".
Así comienza el relato
publicado por la NASA con motivo de un curioso
experimento llevado a cabo por sus científicos. Y
así es, según el relato, el mundo que nos habría
tocado vivir en el presente siglo si no habría sido
porque 193 países acordaron en 1987 prohibir
sustancias químicas dañinas para el ozono en el
llamado Protocolo de Montreal.
Paul Newman, científico del
Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, dirigió
el equipo responsable de la simulación de "lo que
habría sido" si los clorofluorocarbonos (CFC) y
otros químicos no hubieran sido prohibidos entonces.
La simulación empleó un modelo
completo que incluía los efectos químicos sobre la
atmósfera, los cambios en el patrón de los vientos y
los cambios en la radiación. El análisis ha sido
publicado en Atmospheric Chemistry and Physics.
Han pasado dos décadas desde
que se descubrió el agujero en la capa de ozono y se
le puso un remedio. "Estamos en el momento de
preguntarnos: ¿teníamos razón con el ozono?
¿Funcionó el Protocolo de Montreal? ¿Qué clase de
mundo hemos evitado eliminando las sustancias
nocivas para el ozono?", dice Newman, codirector del
Panel de Evaluación Científica del Programa de Medio
Ambiente de Naciones Unidas.
Los investigadores comenzaron
con un modelo de circulación atmosférica que prevé
cómo los cambios en la estratosfera influyen en los
cambios en la troposfera (las masas de aire próximas
a la superficie terrestre).
Las pérdidas de ozono modifican
la temperatura en distintas partes de la atmósfera,
y esos cambios promueven o suprimen las reacciones
químicas.
Los científicos incrementaron
las emisiones de CFC y compuestos similares en un
tres por ciento anual, un índice conservador que
sólo representa la mitad de lo que se emitía en los
años 70. A partir de ahí, dejaron que el mundo
simulado evolucionara desde 1975 hasta 2065.
En 2020, el 17 por ciento de
todo el ozono ha desaparecido a nivel global, Un
nuevo agujero de ozono empieza a formarse cada año
sobre el Ártico.
En 2040, las concentraciones
globales de ozono caen a los mismos niveles del
agujero de la Antártica. El índice de radiación
ultravioleta (UV) alcanza el 15 en las horas de
máximo calor de un día de verano en las latitudes
medias (como España). Actualmente, un índice de 10
es considerado extremo. El sol produce quemaduras en
unos 10 minutos.
A finales de 2065, los niveles
de ozono han caído un 67 por ciento con respecto a
los años 70. La intensidad de la radiación UV es el
doble. La exposición al sol produce cáncer de piel y
quemaduras en sólo cinco minutos.
La capa de ozono es el filtro
solar natural de la Tierra. Absorbe y bloquea casi
toda la radiación ultravioleta procedente del sol,
protegiendo así a la vida de radiaciones que dañan
el ADN. El gas es creado de forma natural y repuesto
a través de una reacción fotoquímica en la alta
atmósfera, donde los rayos UV rompen las moléculas
de oxígeno (O2) y dejan átomos individuales que se
recombinan luego en moléculas de tres átomos (O3).
Al ser transportadas por el
viento, el ozono va siendo eliminado poco a poco por
gases atmosféricos naturales, cerrando un ciclo
natural de equilibrio que vuelve a empezar
nuevamente.
Sin embargo, los
clorofluorocarbonos (CFC), inventados en 1929 como
refrigerantes y para los areosoles, alteran ese
equilibrio.
Los investigadores descubrieron
en los años 79 y 80 que los CFC, aparentemente
inocuos en la superficie terrestre, eran reactivos
en la estratosfera (entre 10 y 50 kilómetros de
altitud), donde se concentra el 90 por ciento del
ozono del planeta.
Allí, las radiaciones UV hacen
que los CFC y compuestos similares se rompan en
partículas elementales de clorinos y brominos, con
capacidad para destruir las moléculas de ozono.
Estas sustancias artificiales destructoras del ozono
permanecen durante décadas en la estratosfera.
Así fue como en los años 80,
las sustancias dañinas para el ozono abrieron un
"agujero" sobre la Antártida que duró todo el
invierno. Fue el comienzo de la concienciación de
los efectos de la actividad humana sobre la
atmósfera.
Fuente:
www.cooperativa.cl
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