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Retrato de
Celeste Cid
por Joselo Olascuaga

Motivos para no enamorarse
es una película argentina sin demasiadas
pretensiones que, sin embargo, supera los logros de
otras de su género que resultaron mejor
promocionadas. Da la sensación de que Motivos
para no enamorarse fue hecha de apuro. Adolece
desprolijidades varias. Pero tiene dos méritos
sustanciales: Uno es el guión, muy bien dialogado y
austero en su lenguaje minimalista. El otro es la
sorprendente actuación de Celeste Cid, una actriz de
teleteatros (desde Chiquititas hasta
Resistiré) que en ésta, su primera película,
deslumbra con su compromiso y sobriedad, encontrando
los momentos precisos de su personaje y haciendo una
perfecta lectura de la película. Como si ella la
hubiese dirigido.
Celeste Cid carga en
su sensibilidad todo el trasfondo de un film
temático que sólo al final se presenta como un
retrato de su personajes.
El coprotagonista,
Jorge Marrale, un actor con mucha más experiencia
que Celeste Cid, no parece tan comprometido con su
trabajo. Está lejos de notables actuaciones que le
he visto (la mejor en Las manos). Da la
impresión de que Marrale “carpetea” en su personaje
de viejo viudo con nostalgias y raptos suicidas. O
acaso resulta eclipsado por Celeste Cid, que en mi
opinión (y la comparación vale porque son dos
actrices que se manejan en una misma cuerda
interpretativa) está mejor que Penélope Cruz en
Vicky, Cristina, Barcelona y casi tan bien como
ella en La elegida (Penélope sintonizó mucho
más con Isabel Coixet que con Woody Allen –tampoco
Javier Bardem resultó un actor idóneo de Allen en
esa película, a diferencia de Scarlett Johansson–)
Últimamente los
argentinos nos proponen películas de tono europeo
por su intimismo. Supongo que se debe más a las
limitaciones de presupuesto que a un complejo
(justo) de su añeja sensiblería. Me da que
directores como Burman (Nido Vacío) o Mucci (Motivos
para no enamorarse), quieren demostrarnos que
los argentinos pueden ser sensiblemente maduros y a
veces apenas agridulces, sin estridencias
catárticas. Pero a mí me siguen pareciendo
insuperables sólo cuando se muestran como son,
desbordados de sueños y de broncas, como en Luna
de Avellaneda, chantas magníficos y artesanales
como en Siete reinas, idólatras paganos de
preciosa inocencia como El camino de San Diego.
Las excepciones, maravillosas, fueron El custodio
y XXY. Motivos para no enamorarse no
llega a ser una excepción, pero es una película
disfrutable, que revela a una actriz de formidable
potencial y no le sobra nada en su libreto.
LA
ONDA®
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