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Murió Corín Tellado,
la pluma española más
universal después de Cervantes
Web de Corín Tellado
Corín Tellado nació en la localidad asturiana de
Viavélez, el 25 de abril de 1927. Fue la única mujer
de cinco hermanos, en una familia humilde cuya madre
era ama de casa y su padre era maquinista naval de
la marina mercante. Cuando murió su padre, en 1945,
su familia paso grandes dificultades económicas, lo
que precipito que la escritora a publicara sus
primeras novelas con la Editorial Bruguera. Desde la
primera, en 1946, titulada 'Atrevida apuesta', Corín
dedicó 56 años de su vida a su pasión: la literatura
romántica.
En 1959 se casó en Covadonga con Domingo Egusquizaga,
un año después nace su primera hija, Begoña. Al año
siguiente su hijo, Domingo. En 1962, se separó de su
marido
En 1966, la escritora inicia la publicación de la
fotonovela “Corín Ilustrada”, de la que llega a
vender 750.000 ejemplares en una semana. En 1973,
con su primera novela larga,
“Lucha oculta”, obtiene el reconocimiento,
en 1998 de la medalla al mérito en el
trabajo literario.
María del Socorro Tellado
López, más conocida como Corín Tellado, ha
muerto esta madrugada viernes 10 de abril en el
Hospital de Cabueñes, en Gijón, a los 81 años, según
fuentes del centro sanitario. Era la autora española
más leída después de Miguel de Cervantes, y figuraba
en el Libro Guinness de los Récords de la edición de
1994 como la escritora más vendida en lengua
castellana.
Ha sido llamada la "dama de la
novela sentimental", sin embargo, Tellado era una
escritora cuya obra estuvo relativamente reconocida.
Podría decirse que fue
denigrada por el gran público hasta que Vargas Llosa
se fijó en ella y la tildó de excepcional: "La vasta
producción de Corín Tellado quedará como muestra de
un fenómeno sociocultural".
Una obra sentimental
A lo largo de su dilatada
carrera literaria -56 años desde que publicó su
primera novela el 12 de octubre de 1946-, Corín
Tellado ha publicado unos 4.000 títulos, ha vendido
más de 400 millones de ejemplares de sus novelas
y ha sido traducida a 27 idiomas.
"No soy romántica ni soñadora,
pero alguien tenía que hacer novelas de amor". Desde
1948, y durante muchos años, produjo una novela
corta romántica por semana para satisfacer la
demanda de un público fiel que siguió sus historias
en la época de Franco.
La clave de su éxito fue un
estilo sencillo y eficaz con el que narraba una
historia de amor impregnada de un erotismo difuso
que consiguió burlar la censura con la complicidad
del lector. Historias románticas, pasiones,
matrimonios rotos y bodas se recogen en su vasta
obra literaria.
Escritores como Mario Vargas
Llosa, Gabriel García Márquez y Guillermo Cabrera
Infante expresaron su admiración por su obra, que
consideraron determinante en el acercamiento a la
literatura de millones de lectores hispanohablantes.
En una de sus últimas
apariciones públicas, en 2008, se adhirió a la
campaña "Doi la cara pola oficialidá", en favor del
reconocimiento del asturiano como lengua cooficial
de Asturias.
En 1998, el Ayuntamiento de
Gijón decidió dar su nombre a una calle de la
ciudad, año en el que el Rey le otorgó la Medalla de
Oro al Mérito en el Trabajo. Tres años después, la
escritora descubrió una placa con la calle que lleva
su nombre en su pueblo natal, Viavélez.
Una mujer racional
"No soy romántica ni soñadora
ni visionaria (...) pero alguien tenía que hacer
novelas de amor y si las hice yo, eso que tienen por
adelantado", afirmó la autora durante la apertura de
la exposición Corín Tellado. 60 años de novela de
amor.
Pese a su delicado estado de
salud, que desde 1995 la obligaba a someterse a tres
sesiones de diálisis por semana, Corín Tellado ha
seguido escribiendo hasta el final, aunque ya no se
enfrentaba a la máquina de escribir y era a su nuera
a quien dictaba sus relatos.
En 2002 la editorial Suma de
Letras decidió reeditar algunos de los títulos más
significativos que previamente había publicado con
la editorial Bruguera.
La prolífica autora
había terminado el pasado miércoles su última novela
por encargo de la revista Variedades, con la que
colaboraba desde hace muchos años. (Fuente:
Público.es/agencias – Gijón)
Corín
Tellado, la culminación de la literatura popular
Por el escritor Ignacio Gracia
Noriega del Lne.es
Corín Tellado representa la
culminación, a la vez que el tramo final, de la
literatura popular en España, y dos cosas sorprenden
con motivo de su muerte bajo la luna llena de Semana
Santa: que haya sobrevivido hasta el final de la
primera década del siglo XXI, en el que los
adelantados de la barbarie electrónica anuncian
exultantes el fin de la comunicación escrita con
frases normales sobre papel, y que haya muerto
relativamente joven, con poco más de ochenta años de
edad.
Porque la firma de la
escritora figura desde hace más de medio siglo en
libros de formato pequeño y portadas llamativas, de
«usar y tirar», que se vendían en los quioscos,
junto con los periódicos, las pipas de girasol y
otros materiales perecederos, y en las revistas
especializadas de la tendencia que ahora se denomina
«del corazón». Siendo yo muy niño ya sabía quién era
Corín Tellado sin que por ello la hubiera leído
(confieso que nunca leí una novela suya entera), ya
que mi madre recibía todos los meses la revista
cubana «Vanidades», cuyas últimas páginas estaban
ocupadas por una novela de la señora Tellado: sólo
texto como colofón de una publicación ilustrada. Tal
vez en la primera página hubiera la ilustración de
un chico guapo aproximándose a una chica guapa, pero
la primera impresión que me producían los relatos de
Corín Tellado era la abrumadora presencia del texto.
En aquella época, yo empezaba
a leer libros de mi madre, como «Santa Rogelia», de
Armando Palacio Valdés, y «La perfecta casada», de
fray Luis de León. Explicaré el hecho sorprendente
de que entre mis primerísimas lecturas figura aquel
pequeño gran libro clásico. Por aquel tiempo lo
habían publicado también en la famosa y popular
Colección Pulga, que ponía en circulación conocidas
novelas de aventuras convenientemente resumidas, y
tomándola por novela de aventuras también leí la
preciosa edición de Aguilar con prólogo de Astrana
Marín, y no debió parecerme mal, porque la terminé.
Sin embargo, no me permitían leer las novelas de la
señora Tellado alegando dos razones.
La primera era absolutamente
disuasoria: se trataba de «novelas de amor», que
eran para mujeres o, peor aún, «para niñas», aunque
el fundamento de la segunda parte de la prohibición
podía hacerlas atractivas. Porque no podía leerlas
un niño no sólo porque eran «para niñas» (un tanto
crecidas, es la verdad), sino porque eran «novelas
fuertes». Que algo fuera «fuerte» remitía
inmediatamente al sexto mandamiento. En el cine,
todo lo relacionado con el sexto mandamiento tenía
su conveniente traducción por medio de un número, el
4 (también traducido por «película gravemente
peligrosa») y un color, el grana, peor que el rojo,
que ya era decir. En cambio, todas estas sutilezas,
tratándose de libros, recibían el calificativo de
«fuertes», que era una especie de saco en el que
cabía todo y en el que siempre los personajes
principales (chica y chico, faltaría más) acababan
besuqueándose.
De manera que tan «fuerte»
podía ser una novela de Maxence van der Meersh como
de Corín Tellado, con ventaja en favor de la
escritora asturiana, porque el autor belga hoy está
completamente olvidado en tanto que la popularidad
de Corín Tellado sobrevivió a sus propios libros:
hoy supongo que será difícil encontrar novelas
suyas, pero todo el mundo sabe, no obstante, quién
fue Corín Tellado.
La literatura popular a la que
nos estamos refiriendo procede de los grandes e
interminables folletones que acompañaban a los
periódicos del siglo XIX. Durante la segunda mitad
del siglo XX hubo dos grandes manifestaciones de esa
«literatura popular»: la llamada «romántica»,
sentimental y de amor, o «novela rosa» (porque era
para chicas) y las novelas de acción, principalmente
del Oeste, pero también policíacas, de guerra,
etcétera, que leían los chicos e incluso los
camioneros.
La radio difundía este tipo de
historias, siendo memorables los seriales de «Ama
Rosa», de Sautier Casaseca, y «Dos hombres buenos»,
de José Mallorquí. Corín Tellado siempre fue más de
libro que de radio, aunque al final hizo guiños para
fotonovelas. En sus novelas, el esquema es
invariable: la enfermera se enamora del médico o el
gañán de la hija del dueño del cortijo, con lo que
el conflicto amoroso tiene su origen en un conflicto
de clases sociales. Finalmente, el amor triunfa
sobre las barreras.
Es el esquema de «Romeo y
Julieta», de Shakespeare, aunque aquí el problema es
más político que social, y en los años 50 y 60 del
pasado siglo, en España al menos, se podían plantear
conflictos sociales, pero no políticos. Calculo que
un marxista de antaño podría sacar conclusiones
sobre las novelas de Corín. Hace algunos años,
Cabrera Infante, Juan Cueto y otros, intentaron
reivindicar a Corín Tellado por la «vía intelectual»
de ser intelectuales los reivindicadores: mas no es
ése el camino. En realidad, Corín Tellado hubiera
querido ser Dolores Medio, para que la consideraran
como escritora «de calidad», y a Dolores Medio (me
lo confesó un día) le habría gustado vender tanto
como Corín. Corín Tellado fue una de las escritoras
más vendidas y difundidas de España, y esto es tan
magnífico que no necesita reivindicación.
LA
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