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Bolivia y Venezuela:
caminos políticos
cada vez más diferentes
por Susanne Gratius / Laura
Tedesco
Bolivia y Venezuela: Caminos políticos cada vez más
diferentes
23/03/2009 Por Susanne Gratius, Laura Tedesco
Bolivia y Venezuela han transformado sus Estados,
sus constituciones y sus democracias. Aún así,
transitan por caminos políticos diferentes. Más allá
de algunas semejanzas en las formas de hacer
política,
los proyectos no son los mismos.
Mientras que el presidente Evo Morales intenta
reconstruir un Estado y construir un régimen
democrático que incluyan a la población indígena,
Hugo Chávez intenta reconstruir el Estado venezolano
desde la concentración del poder, la militarización
de la política, la polarización y un liderazgo
populista carismático y autoritario. La respuesta de
la UE debería enfatizar estas diferencias y no
igualarlas.
Varios
países andinos están inmersos en procesos de
cambio. Bolivia y Venezuela han transformado sus
Estados, sus constituciones y sus democracias. En
enero de 2009 fue aprobada, por consulta
popular, una nueva Constitución en Bolivia. Un mes
más tarde, un referéndum en Venezuela dio luz
verde a la reelección indefinida del presidente,
alcaldes, diputados y gobernadores. La percepción
externa tiende a igualar estas transformaciones. Más
allá de algunas semejanzas en las formas de hacer
política, los proyectos no son los mismos. Para dar
respuestas adecuadas desde la cooperación
internacional y la promoción de la democracia, es
importante
subrayar estas diferencias.
Las disimilitudes entre
estos países tienden a desdibujarse ya que
algunos acontecimientos parecerían enfatizar la
semejanza de sus procesos políticos. En
septiembre de 2008, el presidente Evo Morales
expulsó al embajador norteamericano, Philip
Goldberg, a quien acusó de conspirar en contra del
gobierno desde la reunión que mantuvo con el
gobernador de Santa Cruz de la Sierra. Venezuela, en
solidaridad con Bolivia, también expulsó al
embajador de Estados Unidos. En marzo de 2009,
Bolivia hace lo propio con el segundo secretario de
la Embajada, Francisco Martínez, bajo las mis- mas
acusaciones de conspiración. A su vez, el gobierno
venezolano expulsó por esas fechas al eurodiputado
español del Partido Popular, Luis Herrero, que se
encontraba en el país invitado por la oposición
para presenciar la campaña y el referéndum
para modificar la Constitución. La decisión fue
tomada debido a que el eurodiputado calificara a
Hugo Chávez de dictador. Estos hechos muestran
cierto grado de intolerancia por parte de ambos
gobiernos y una tendencia hacia la confrontación.
Estos eventos favorecen que los
procesos políticos en Bolivia y Venezuela sean
analizados desde una óptica similar, centrada
especialmente en un tipo de democracia débil
signada por un liderazgo populista con tendencias
nacionalistas o socialistas. Sin embargo, detrás de
esta caracterización hay dos largos procesos
de cambios que, si bien muestran similitudes,
tienen raíces y resultados esencialmente distintos.
El presidente Evo Morales intenta reconstruir un
Esta- do y construir un régimen democrático
que incluyan a la población indígena, tradicional-
mente marginada, y que combine características
occidentales con las diversas culturas indígenas que
pueblan Bolivia.
Por su parte, el presidente
Hugo Chávez surge como alternativa a un
sistema de partidos corrupto y clientelista e
intenta reconstruir el Estado venezolano desde la
concentración del poder, la militarización de la
política, la polarización de la sociedad y los
ingredientes propiamente autoritarios de un
liderazgo populista carismático.
Transición a la autocracia
electoral en Venezuela
La consulta popular del 15 de
febrero de 2009 sobre la reelección indefinida
marcó un nuevo paso en la transición hacia un
autoritarismo electoral en Venezuela. Teniendo
vía libre para ser reelegido tantas veces como
quiera, se cumplió la sentencia del disidente ex
ministro de Defensa, Rafael Isaías Baduel,
quien dijo que “el alfa y el omega de Hugo
Chávez es perpetuarse en el poder”. Efectivamente,
Hugo Chávez celebró su última victoria pronosticando
que seguirá en el gobierno de por vida y dijo estar
dispuesto a sacrificar- se en nombre del pueblo
venezolano para abrir las puertas del futuro y el
camino hacia el socialismo. Es probable que
Chávez intente, en los próximos años,
implementar otros artículos de la reforma
constitucional rechazada en 2007.
Este último plebiscito
confirmó que Venezuela es un país dividido en tres
bloques políticos: los chavistas, que en líneas
generales se encuentran bastante unidos; los
antichavistas, que sufren, hasta ahora,
fragmentaciones importantes; y los indecisos que no
pertenecen ni al oficialismo ni a la
oposición. Éstos representan casi un tercio de los
votantes del referéndum. Los opositores
alcanzaron el 45,14 por ciento, una cifra
menor que en el referéndum sobre la reforma
constitucional de diciembre de 2007 (50,7 por
ciento) cuando ganaron su primera votación
contra Chávez. Aún así, el porcentaje obtenido fue
mayor que en otras elecciones.
A lo largo de una década en el
poder Hugo Chávez ha convocado y celebrado once
elecciones, instrumentos utilizados para legitimar
su poder y su régimen.
Elecciones en Venezuela
(1998-2009)
1998 Presidenciales
y legislativas
1999 Elecciones a
la Asamblea Constituyente
1999 Referéndum
Asamblea Constituyente
1999 Referéndum Constitución
2000 Generales
2004 Regionales y
municipales (gobernadores y alcaldes)
2004 Referéndum sobre
Presidente Chávez
2005 Asamblea Nacional
(Parlamento unicameral)
2006 Presidenciales
2007 Referéndum Enmienda
Constitucional (68 artículos)
2008 Regionales y municipales
(gobernadores y alcaldes)
2009 Referéndum
enmienda sobre reelección (5 artículos)
Los argumentos del gobierno se
basan en todas estas contiendas electorales para
calificar a su régimen como democrático. Otra razón
esgrimida son los logros sociales que afirman que
la pobreza extrema y la indigencia han descendido en
los últimos años en el país. Sin embargo, la esencia
de su proyecto político es significativa y
crecientemente autoritaria. El Estado de derecho se
ha deteriorado, ya que no hay separación de
poderes; la libertad de prensa es limitada;
organizaciones de derechos humanos, como Human
Rights Watch, han sido expulsadas; y opositores o
disidentes han recibido amenazas.
Por otra parte, las fuerzas
armadas se han convertido en un factor político
clave que participa tanto en el gobierno como en la
administración de los programas sociales. En esta
semidemocracia, que camina hacia el autoritarismo,
parecería ser que el único elemento
participativo lo constituyen las constantes
elecciones. El régimen de Chávez muestra que una
democracia electoralmente activa no garantiza el
res- peto por el Estado de derecho ni contribuye
a la creación de instituciones democráticas.
Señalado generalmente como
populista se tiende a desconocer que el régimen
chavista está adquiriendo cada vez más un
carácter autoritario. El populismo, entendido
como un tipo de liderazgo, no es
necesariamente autoritario; pero en el caso del
gobierno venezolano se concentra cada vez más el
poder en las manos del presidente. Por lo tanto, el
régimen en Venezuela se podría caracterizar como una
autocracia electoral basada en un liderazgo
carismático populista y una ideología nacionalista
y socialista. Venezuela se aleja cada vez más de
una democracia liberal.
La transformación política en
Bolivia
La turbulencia política
acompaña a Bolivia desde hace décadas. Conflictos
con raíces políticas, económicas y sociales marcaron
la política boliviana tanto en tiempos
dictatoriales como democráticos. Uno de los
puntos clave para entender la permanencia y la
esencia de los conflictos es la existencia de
una Bolivia con dos mundos: el de los indígenas y
el de los blancos y mestizos. Estos dos mundos
convivieron con cierta calma mientras los indígenas
estuvieron subordinados al modelo de acumulación y
distribución de una clase política blanca y mes-
tiza. Sin embargo, a partir de los años noventa,
los grupos indígenas comenzaron a formar
movimientos sociales que fueron convirtiéndose en
alternativas electorales y de gobierno.
Existen dos procesos
históricos que abren la puerta a una
democracia distinta en Bolivia y contribuyen a
la transformación de los movimientos indígenas.
Tanto el proceso de descentralización impuesto por
el presidente Gonzalo Sánchez de Losada como su ley
de Participación Popular de 1994 transformaron
el escenario político e impulsaron la
formación de movimientos y partidos locales y
regionales. En 1995 los cocaleros de Cochabamba,
junto a grupos de indígenas y campesinos,
formaron la Asamblea de la Soberanía de los
Pueblos (ASP), con el fin de participar directamente
–sin la tutoría de los partidos políticos
tradicionales–, en las primeras elecciones
municipales.
Las elecciones municipales de
1995 transformaron el mapa político boliviano y
constituyeron el germen de un proceso de
radicalización, innovación e inclusión complejo
y sofisticado. En esas elecciones, 464 de los
consejeros municipales eran indígenas o
campesinos. Así, por primera vez, un tercio de
estos funcionarios eran de esa extracción. El
equilibrio impuesto por la clase política mestiza o
blanca comenzaba a resquebrajarse. Este es el origen
histórico del triunfo del sindicalista cocalero
Evo Morales como primer mandatario una década
después, lo cual marca una diferencia
fundamental con Hugo Chávez, cuyos orígenes se
caracterizan por su condición de militar y
golpista.
La descentralización permitió
que los movimientos indígenas y campesinos
accedieran a los gobiernos locales e impulsó una
lenta transformación que combinaba las tradiciones y
costumbres
políticas andinas con
instituciones weberianas. Comenzó entonces un
proceso de cuestionamiento del contrato social
existente que marginaba a la mayoría de los
habitantes del país mientras la minoría blanca
y mestiza controlaba las instituciones políticas
y la estructura económica.
El acceso a cargos
electivos y la llegada de Evo Morales a
la presidencia significó que aquellos que
ponían en entredicho la legitimidad del contrato
social que los marginaba podían presentar una
propuesta de cambio y un programa de gobierno en
un marco democrático. Es importante destacar
que la victoria del Movimiento al Socialismo
(MAS) en 2005, que permitió la llegada de
Morales a la primera magistratura, demostró
que su partido había logrado, además, superar
su origen de movimiento social rural para apelar
a distintas clases y etnias incluyendo a los
mestizos.
Así, el proceso
boliviano se puede analizar como una
transformación del Estado, una inclusión
democrática de la mayoría hasta entonces
política y económicamente excluida, un
cuestionamiento de la propiedad de la tierra,
de los recursos naturales y de la
distribución de la riqueza. Sin embargo,
sería inapropiado desconocer que este proceso
no sólo ha sido complejo sino que también ha
estado plagado de errores, de marchas y
contramarchas y debilidades democráticas.
Esta transformación política
no ha significado una creación de riqueza que
permita modificar la desigualdad en la
distribución del ingreso. El gobierno boliviano no
dispone de recursos suficientes como para modificar
la estructura económica del país en el corto plazo.
Sin embargo, la inclusión política de los
movimientos indígenas ha permitido invertir mayores
recursos en servicios y proyectos para mejorar la
calidad de vida de las poblaciones históricamente
marginadas.
El objetivo último del
proceso boliviano es la toma y la construcción de
poder; por lo tanto, ha dificultado la formación
de consensos. Este afán por tomar el poder y
transformar el Estado es la esencia misma del
movimiento que pretende modificar los años de
marginación, lo que debilita las posibilidades
de crear vínculos de confianza con los antiguos
dirigentes.
Bolivia y Venezuela: más
diferencias que semejanzas
Los continuos conflictos con
las regiones autonomistas, las movilizaciones
sociales, la polarización política y la alianza
con el presidente Chávez proyectan una imagen
hacia el exterior que parece desdibujar el
carácter innovador y progresista del proceso
boliviano. A primera vista, es cierto que
Morales siguió un camino electoral semejante
al de Chávez convocando comicios en 2006 para
elegir a los miembros de la Asamblea Constituyente,
en 2008 para con- firmar su autoridad, y en
2009 para aprobar una nueva Constitución.
También es verdad que Morales, al igual que
Chávez, optó por una política de enfrentamiento con
Estados Unidos que culminó con la expulsión del
embajador a fines de 2008 acusándolo de promover
el caos para perjudicar al gobierno. Sin
embargo, la alianza con Chávez ha tenido
altos y bajos y Morales se ha perfilado como
un líder capaz de gobernar sin la tutela
permanente del venezolano. El contenido de las
dos constituciones es diferente. La concentración
de poder en Venezuela contrasta con el
mantenimiento de las instituciones de control
democrático en Bolivia. Otra diferencia
fundamental radica en las libertades
democráticas. La prensa en Bolivia goza de una
amplia libertad y no se registran
persecuciones ni a los medios ni a los periodistas.
Asimismo, las Fuerzas Armadas permanecen ajenas al
pro- ceso político y a los conflictos. También el
trasfondo de los discursos de ambos líderes es
distinto. El discurso de Evo Morales contra la
anterior élite tiene el fundamento real de una
profunda división étnica y territorial en
Bolivia, mientras que la retórica anti-establishment
de Chávez es polarizante y populista, basada
en una imagen simplista de la realidad entre amigos
y enemigos.
Finalmente, cabe destacar
que el proceso boliviano puede continuar sin Evo
Morales, ya que los movimientos sociales indígenas,
los partidos políticos y la sociedad civil en
general pueden articular las demandas para
profundizar o detener esta revolución de la
estructura política. Sin embargo, resultará difícil
que la revolución Bolivariana permanezca o
continúe sin Chávez en el poder. Este punto es
crucial para entender las potencialidades
democráticas del proceso boliviano frente a la
debilidad de la democracia electoral de Chávez.
Las respuestas desde la Unión
Europea
En un primer nivel de análisis
se puede señalar que la Unión Europea (UE) ha
dado un trato similar a Bolivia y Venezuela.
Efectivamente, la UE y sus Estados miembros
mantienen
compromisos de cooperación
diálogo e intercambio económico con ambos
países. Sin embargo, cabe destacar que la UE
mantiene relaciones más estrechas con Bolivia que
con Venezuela. Por ejemplo para el período
2007-2013, la UE ha comprometido recursos por
234 millones de euros para Bolivia, frente
a sólo 40 millones para Venezuela. Bolivia es un
país prioritario para la UE en temas de
cooperación, mientras que las relaciones con
Venezuela parecen estar solamente ligadas al ámbito
económico.
La UE es el donante más
importante de Bolivia que, a su vez, en
América Latina, es uno de los principales
receptores de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD),
la cual representa un 10 por ciento de su PIB. Los
proyectos de cooperación se concentran en desarrollo
local, desarrollo de cultivos alternativos a la
coca, apoyo a las comunidades indígenas y
fortalecimiento de la sociedad civil. En el
marco de su cooperación con la Comunidad
Andina, la UE mantiene un diálogo con Bolivia que
también forma parte de la actual
negociación sobre un
acuerdo de asociación. Asimismo, la UE envió
misiones de observación a las elecciones de la
Asamblea Constituyente y al referéndum autonómico,
comprobando la
transparencia de ambos procesos
electorales.
Además la UE a través de
la cooperación ha contribuido al proceso de
descentralización y al fortalecimiento de los
grupos indígenas y los movimientos sociales que
en la actualidad
participan en el gobierno. Esta
política ha continua- do durante el gobierno de
Morales. Asimismo, en varias declaraciones, tanto la
Comisión como el Consejo Europeos reconocen el
proceso político en curso de forma positiva y
apoyan la nueva política social y redistributiva.
Consciente de las profundas
fragmentaciones étnicas, políticas, culturales y
geográficas del país, en su Estrategia País
2007-2013, la Comisión Europea establece la
prevención de conflictos como una prioridad en
su cooperación con Bolivia. Cabe subrayar que
del lado latinoamericano ya hubo un exitoso
ejercicio de mediación que podría ser el
germen para un esfuerzo conjunto con la UE.
En agosto de 2008, la UNASUR logró prevenir la
profundización del conflicto entre el
gobierno de Morales y los autonomistas de las
provincias de Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija,
Chuquisaca y Cochabamba. En Venezuela donde la AOD
no llega a representar ni el 1 por ciento de su PIB,
el protagonismo de Europa es mucho menor y se
concentra en la inversión en el sector petrolero.
Tras el abandono por parte de Venezuela de la
Comunidad Andina, la UE ya no mantiene ningún
diálogo político regular con este país. Ello
se enmarca sobre todo en la estructura
eminentemente interregional de las relaciones
entre la UE y América Latina. Venezuela parece no
ser un asunto político para la UE y, por lo tanto,
la política está impregna- da por la cautela.
El Consejo Europeo en su Declaración del 5 de
diciembre de 2007 valoró positivamente los
avances sociales alcanzados por el gobierno y no
ahondó más allá de la retó- rica que impregna este
tipo de documentos. En su Estrategia País
2007-2013, la Comisión Europea aprueba
enfáticamente los grandes esfuerzos de Venezuela
hacia el establecimiento de una democracia
participativa. Sin embargo, no se hace mención
alguna a los tintes autoritarios del régimen que se
está estableciendo.
Las profundas diferencias de
los procesos políticos en estos dos países llevan a
pensar que la UE debería seguir apostando por apoyar
la transformación en Bolivia, reforzando su
cooperación con todos los actores, apoyando
iniciativas de diálogo, y evitando por todos
los medios que este proceso se estanque o degenere
en enfrentamientos sociales o la división geográfica
del país. La UE debería poner un mayor énfasis en
fortalecer las instituciones democráticas locales y
centrales, tanto a nivel técnico como en el marco
del diálogo político con Bolivia. Asimismo,
debe- ría continuar colaborando con el
fortalecimiento de políticas sociales y
redistributivas a través de un mayor compromiso
con la cooperación al desarrollo. Finalmente, la
cooperación con la construcción de consensos es
otro tema clave en Bolivia.
En el caso de Venezuela la UE
debería advertir sobre los riesgos para la
democracia y el Estado de derecho dadas la creciente
militarización de la política y la
concentración del poder en manos del
presidente. Es fundamental que la UE se
involucre aún mas en apoyar, tanto a nivel
logístico como con una participación activa, los
esfuerzos de la OEA, de Brasil y de
instituciones como el Carter
Center para reabrir un diálogo entre gobierno y
oposición en el país. A pesar de las debilidades de
la oposición y de las fragmentaciones existentes,
la promoción del diálogo entre las partes puede
también ayudar a flexibilizar las posiciones
gubernamentales.
La UE debería tener en cuenta
que la polarización seguirá caracterizando el
escenario político en Bolivia y Venezuela. En ambos
países existen altas posibilidades de conflictos
que requieran una mayor atención y una estrategia
de prevención de conflictos por parte de la UE. En
el caso de Bolivia el enfrentamiento entre gobierno
central y los departamentos de la Media Luna
no desaparecerá en el corto plazo. Con o sin
Evo Morales continuará la transformación del Estado
y de la democracia protagonizada por un movimiento
indígena que se ha convertido en el principal actor
político. El proceso boliviano puede ser
considerado como una transformación del Estado
hacia un modelo democrático, complejo e
incluyente en un país con un grado de
diversidad étnica y cultural inmensa.
El proceso venezolano se
presenta actualmente como una permanente amenaza
que erosiona los mecanismos y las instituciones del
Estado de derecho y sus potencialidades de
construir un Estado democrático parecen cada
vez más lejanas. Esta tendencia se acentuará en
la medida en que continúen el deterioro económico
debido a una alta inflación y a la caída de los
precios del petróleo y la inseguridad ciudadana.
Los distintos caminos que estos
procesos indican prueban que es necesaria una visión
que enfatice las diferencias para apoyar iniciativas
que profundicen y empujen a estos países a mejorar y
fortalecer las instituciones democráticas.
Susanne Gratius es Investigadora Senior de FRIDE.
Laura
Tedesco es profesora visitante en
el
departamento de Ciencia Política de la Universidad
Autónoma de Madrid e investigadora asociada de FRIDE.
LA
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