El fenómeno ascendente de
la izquierda radical en Francia
por Andrés Pérez
(Corresponsal en Paris del Público-es)

Los sondeos dan un 9% de intención de voto al NPA de Olivier Besancenot y un 17% a la suma de fuerzas ultraizquierdistas. La tensión social dispara el apoyo a los partidos anticapitalistas.

En los sondeos, en la calle y en las conversaciones de los altos tecnócratas, las señales de que en Francia algo se está moviendo son múltiples. Como una placa tectónica, los partidos de la izquierda que aboga por una ruptura con el capitalismo están subiendo y ganando adeptos.

 

Las encuestas lo apuntan. El surgimiento en el paisaje político francés del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), una agrupación política enteramente nueva, es la principal señal del movimiento telúrico que se está produciendo en el seno de una izquierda, cuyo color se va volviendo progresivamente más rojo.

 

Pero no un rojo a la antigua sino un rojo de tonos nuevos. El NPA reivindica alto y claro su condición de partido experimental que, reuniendo a jóvenes neorebeldes inexpertos con la vieja guardia trotskista que pasó 30 años sin renegar de ningún principio, planea inventar "el socialismo del siglo XXI", en palabras de su líder, Olivier Besancenot.

 

Si bien en Latinoamérica y otros puntos del Sur esos experimentos ya empiezan a surtir efecto, en la mayoría de países del Norte, la reinvención de los partidos de extrema izquierda no ha servido, por el momento, para salir de la marginalidad política en la que se encuentran.

 

Se llamen como se llamen, los postrotskistas italianos, españoles o belgas reúnen porcentajes de intenciones de voto infinitesimales, pero en el caso francés está ocurriendo todo lo contrario. El auge del NPA entre la opinión pública gala está haciendo crecer las intenciones de voto de la izquierda, y tiñéndola de radicalismo. Es como si la posibilidad del debate hubiera desplazado su centro de gravedad 180 grados a la izquierda. Frente a un poder conservador que repite constantemente el eslogan "voy a moralizar el capitalismo", hay todo un posible elenco parlamentario que articula una agenda política cuyo objetivo final es el de "otro mundo es posible".

 

Francia se ha convertido en el primer país rico donde la tensión social de la crisis puede desembocar en una batalla política entre conservadores y revolucionarios de nuevo cuño. La huelga general de seis semanas en la isla franco-caribeña de Guadalupe fue la salva de advertencia. Y los comicios europeos de junio serán la primera prueba electoral.

 

Según el último sondeo realizado por el Instituto Ipsos, el nuevo NPA de Olivier Besancenot cuenta con una intención de voto del 9% cara a las europeas. Ese porcentaje indica ya una subida considerable respecto al 2% y 4% que obtenía su predecesor político, la Liga Comunista Revolucionaria (LCR). Y eso a pesar de que la campaña todavía no ha empezado ni la crisis ha enseñado todos los dientes en Francia.

 

Los buenos augurios pronostican que el NPA no capta sus sufragios restándolos a las otras fuerzas de la izquierda, sino que atrae sus propios votos al campo de los partidarios del progreso. Allí donde no llegan ni el Partido Comunista Francés (PCF) ni el Partido de Izquierda (PG) llega la palabra del mediático Olivier Besancenot, muy cortejado por todas las televisiones, incluidas las privadas.

 

Intento fallido en los ochenta

Lucha Obrera el otro gran movimiento trotskista francés, que ha decidido mantener su independencia mantiene un 2% en intención de voto y el Frente de Izquierdas, formado por el PCF y el PG, alcanza el 6%.

 

Con ese 17% del bloque izquierdista, la dinámica comienza a inclinarse del lado de quienes desean renovar el intento de ruptura con el capitalismo y "desconectarse" de los mercados financieros mundiales, una experiencia que Francia ya intentó con escaso éxito en 1981. Pero el partido de Sarkozy parece haber tocado techo 24% y el Partido Socialista (PS) no supera la barrera del 20%.

 

Por este motivo, la dinámica que ha puesto en marcha esta izquierda radical recuerda mucho a la pesadilla vivida por los conservadores franceses en 2005. Entonces, el referéndum sobre la Constitución europea se convirtió en la catapulta de una plataforma innovadora por el No social. Más del 50% de los votantes tradicionales del PS desobedecieron a su dirección y optaron por el No , la clave de la victoria antiglobalización.

 

"El auge del NPA tiene una explicación endógena: en los 80 y 90, cuando la militancia iba mal, muchos trotskistas invirtieron energía en movimientos innovadores que ahora están dando frutos", explica Florence Johsua, investigadora del CEVIPOF, el principal centro de politología galo.

 

Crisis del PSF

"Hay otra explicación exógena: El PS es una ruina porque sigue sin tomar nota de las consecuencias de su aceptación del sistema y del fracaso de 2002", señala. "Está por ver cómo se repartirán el NPA, el Partido de Izquierda, los Verdes y un PCF en declive un espacio político que crece", dice.

 

El milagro del NPA se encuentra en las ideas innovadoras que los franceses esperaban desde hace años. "Es el único partido que ha realizado claramente un relevo generacional, representado además por Olivier Besancenot, un cartero joven, modesto, que gana menos de 1.300 euros, como la mayoría de los franceses", concluye Johsua.

 

Así, la subida de la izquierda radical es la respuesta francesa tanto a las consecuencias de la crisis como a su propia cultura política, siempre favorable a dar una oportunidad a activistas nuevos capaces de reintroducir la noción de progreso.

 

Al radicalismo juvenil con mil caras de las manifestaciones de la primera mitad de la década, responde ahora otra realidad: los veinteañeros y treintañeros que entran masivamente en política, por la izquierda, y sin creer en las filigranas verbales del PS.

 

Pese a las incógnitas que subsisten sobre el NPA y el Frente de Izquierdas ¿mantendrán la radicalidad o se acomodarán al sistema? hay algo claro. Frente a un sarkozysmo que habla de la crisis como "una catástrofe natural", en palabras del portavoz del presidente, la izquierda radical ha comenzado a producir un antídoto. Y, probablemente, más que eso: la primera muesca de que vuelve al ataque.

 

Sarkozy quiere usar al NPA contra la oposición

Un dato que prueba que el crecimiento de la izquierda alterglobalizadora va en serio es la importancia que le da el propio presidente francés, Nicolas Sarkozy. El líder conservador ha demostrado mucho interés por el líder del NPA, Olivier Besancenot, y espera poder manipularlo para quebrar toda perspectiva de alternancia.

 

La presidencia francesa vio con buenos ojos la subida de los postrotskistas. Su flaco servicio a la izquierda radical es hacer como si esa realidad no existiera. En junio pasado, la revista Le Canard Enchainé relató las palabras de Sarkozy en un vuelo de regreso del Líbano ante un líder del PS, François Hollande. "Nos habéis jodido bien con [el líder ultraderechista Jean-Marie] Le Pen durante años; ahora os vamos a joder con Besancenot", dijo el presidente.

 

Sigue persistiendo la duda sobre quién filtró esas palabras Sarkozy o los socialistas, para sembrar un antídoto anti-NPA, pero desde entonces es un parámetro objetivo que el presidente alienta a su televisión afín, la privada TF1, a sacar con profusión a Besancenot. Y ello para organizar un trasvase de votos masivo de izquierda hacia el radicalismo.

 

Varios sarkozyanos han confirmado esa tendencia a poner en primer plano al líder del NPA. El 21 de marzo pasado, el consejero especial de Sarkozy, Henri Guaino, explicitó al diario Le Monde que entre su jefe y Besancenot "no hay nada", afirmación falsa porque entre ambos hay siete partidos parlamentarios y una izquierda con más de 40.000 ediles que controlan de forma abrumadora los poderes locales. Y hay cientos de cerebros, del Partido Comunista Francés (PCF) y del Partido de Izquierda (PG), poniendo en aprietos a Sarkozy desde la isla de Guadalupe hasta el Parlamento de París.

 

Lo que sí despunta es una intención. Si el NPA crece y sigue manteniendo su negativa a todo Frente Popular, congelará votos y será garante de victorias conservadoras. Fred Borras, miembro del Buró Ejecutivo del NPA, toma en serio la amenaza. "Es probable que en sus cálculos, Sarkozy piense que nuestro partido puede servirle", explica Borras. Forma parte del juego político desde siempre pero, para este dirigente del NPA, el "cálculo" puede salirle caro.

 

Interés ciudadano

"Reparto pasquines desde hace décadas y lo que me llama la atención ahora es la cantidad de gente que muestra interés", subraya Borras. Pese a la apuesta maquiavélica de Sarkozy, el auge de Besancenot comienza a parecerse más a una bola de nieve. "Sé que un telediario se hace con objetivos precisos. Al mismo tiempo, a mí no me molesta tener un buen líder. Cuanto más sale, más popular es. Y cuanto más popular es, más le solicitan las televisiones", explica.

 

Si TF1 decidiera hoy cortar el oxígeno a Besancenot, ya no podría hacerlo porque se desplomaría su audiencia. En realidad, el dato clave que indica que el plan de Sarkozy para aplastar a la izquierda moderada no funciona viene de los sondeos realizados en las últimas semanas. El NPA es fuerte en la Francia provinciana, la que ve TF1. Así, donde no llegan los militantes del PCF y del PG, llega el verbo poderoso de Besancenot. Y, de momento, tanto el voto del NPA como el del Frente crece.

Fuente: Público.es

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